28 de abril de 2009

Francia siempre interesará a España



No ha sido Francia un vecino fácil ni cómodo a lo largo de la Historia. No hace mucho hemos conmemorado con gran pompa y circunstancia el bicentenario de la lucha contra la ocupación francesa a comienzos del siglo XIX, es evidente que la postura de inhibición de Francia durante la guerra civil fue letal para la continuidad de la Segunda República, que no fueron gratos los años en los que grupos enormes de exiliados trataron de sobrevivir en aquellas ciudades y pueblos contra el menosprecio de muchos franceses, aunque pronto se verían, sin embargo, sorprendidos y admirados por la combatividad y el coraje que los que habían llegado de allende los Pirineos mostraban contra la presencia de los nazis en la Francia ocupada.


Los españoles estuvieron entre los primeros que liberaron la capital francesa y de España fueron también muchos de los que, con su trabajo e inteligencia, contribuyeron al progreso del país tras la Segunda Guerra mundial. Y, para concluir, no estaría de más recordar las resistencias de Giscard a la incorporación de España a las Comunidades Europeas, a lo que finalmente accedió porque no tenía más remedio, y las ambigüedades mostradas en la cooperación contra ETA, que durante años no dieron los frutos que cabria esperar de un país sin cuya colaboración seria imposible poner fin a esa lacra de muerte y extorsión apoyada en una causa y en unos métodos que siempre han tenido perdidos.

Todo parece indicar que las relaciones que actualmente se mantienen con Francia van viento en popa. Gracias a su presidente, y da la impresión que sin precio alguno, el Gobierno español ha logrado estar presente en las reuniones de los Grupos que tratan de hacer frente a la crisis mundial - sin que aún este muy claro el sentido de su estrategia y sobre todo su eficacia - y, lo que es más importante, parece ser que la actitud contra la banda terrorista es firme, resuelta y decidida. Continuará quizá su estela de muerte y destrucción, pero su persistencia va a resultar atroz para quienes la secunden. Ya lo estamos viendo, por fortuna.

Aunque solamente fuera por eso, y sin entrar en la peculiar personalidad del actual inquilino del Elíseo, bienvenida sea la visita oficial de Nicolás Sarkozy, por más que todavía subsistan prevenciones en ambos países sobre el grado de estrechamiento de sus vínculos y ante el hecho de que en sectores de las sociedades españolas y francesas afloren de cuando en cuando los recelos que normalmente surgen en toda relación de vecindad que se precie. Siempre será así, porque así suele ocurrir entre vecinos, pero de lo que no cabe duda es que Francia, más allá de sus vicisitudes políticas, siempre será en muchas cosas un referente incuestionable para los españoles. Lo es, en efecto, en cultura, en tecnología, en arte, en protección de sus paisajes, en ordenación del territorio, en el valor de lo público, en tolerancia, en espíritu critico, en respeto al adversario. En sentido del Estado. "Hay en mis venas gotas de sangre jacobina" decía Machado. Es una frase con la que siempre me he identificado.
Como todo país, Francia tiene sin duda muchos defectos, mas posee una cualidad que le caracteriza: con frecuencia se ha anticipado a los cambios históricos, lo que le ha permitido ir por delante de su tiempo, y su lema memorable - Libertad, Igualdad y Fraternidad - se corresponde con los ideales a los que debe tender la Humanidad. Por cierto, ¿se imaginan Vds. qué hubiera sido de España de haber arraigado en ella los aires de la Revolución francesa a comienzos del siglo XIX, dejando arrumbado para siempre el sórdido fardo de absolutismo e intolerancia que sobrevinieron cuando aquel infame Fernando VII decidio derogar el tímido soplo de libertad afrancesada que fue la Constitución de Cádiz de 1812?. Y es que "cuando canta el gallo negro es que ya se acaba el día, si cantara el gallo rojo otro gallo cantaría".



Imágenes: Arriba: El Panteón de Hombres Ilustres, en Paris. En el centro: Placa de reconocimiento a la participación de los republicanos españoles en la liberación de Francia, en Pau. Abajo: Alegoría de la República francesa en la plaza principal de Lille
No sé si les pasará a Vds., pero, dejando de lado su aire belicoso, a mí siempre me ha causado cierta emoción La Marseillaise





26 de abril de 2009

¿Racismo o desprecio a la pobreza?



Soy de la opinión de que las actitudes racistas han debilitado su fuerza tal y como eran practicadas en los períodos más virulentos del siglo pasado. Bastaba con tener diferente color de piel para que el rechazo y la discriminación se manifestaran en toda su crudeza. El ejemplo de Estados Unidos nos lo ha revelado sin paliativos en la época en que Martin Luther King fue asesinado, las bandas del Ku Kux Klan campaban a sus anchas, la justicia miraba para otra parte cuando se agredía o asesinaba a un negro y todos recordamos la conmoción que supuso la postura de Rosa Parks cuando decidió no ceder su asiento en el autobús a un arrogante rostro pálido.

Hoy, sin embargo, Estados Unidos esta presidido por un hombre que no es blanco y cuyas raíces le remontan al África mas profunda, sin que nadie se haya rasgado las vestiduras. Hace años desapareció el apartheid en Sudáfrica, algo que para muchos resultaba imposible. Nelson Mandela es hoy una de las personas mas prestigiosas del mundo y en las elecciones sudafricanas se ha observado que el comportamiento electoral nada tiene que ver ya con los rasgos físicos de los ciudadanos. Más aún, la tonalidad del rostro se difumina cuando el dinero aparece por medio. Si los negros son millonarios, si los árabes nadan en la abundancia o los gitanos son señoritos de mucho tronío, nada han de temer: el aplauso o la pleitesía, cuando no la admiración, les están garantizados. La riqueza exime de connotaciones raciales.

Si ya no es la piel lo que explica la exclusión y lo que se entiende como racismo dista ya de identificarse con el rechazo de una “raza” por otra, ¿de que estamos hablando entonces cuando se habla de racismo?. O, para concretar las cosas, ¿hacia dónde se orientan los objetivos de la Cumbre de las Naciones Unidas contra el Racismo, que acaba de celebrarse en Ginebra y de la que no se ha dicho una palabras tras la denuncia del Presidente iraní a Israel, causante del abandono de la sesión por parte de los representantes de la Unión Europea, sin que ninguno de ellos haya dado después explicaciones de porqué lo hicieron, aunque todos sabemos porque lo hicieron?.

Ya no es, pues, la raza el motivo preeminente del rechazo sino la pobreza, la miseria, que aqueja a las sociedades y a las personas cuando, con independencia de su piel, son objeto de manifestación de repulsa que se acentúa cuando la pertenencia a una comunidad con rasgos culturales específicos las convierte en elementos inevitablemente destinados a nutrir las diferentes formas de la exclusión económica y social. Todo vale contra ellas con tal de preservar los privilegios adquiridos o de descargar en su cabeza una ira incontenible.

Ocurre en ocasiones cuando jovencitos descerebrados agreden a inmigrantes en los transportes públicos y en la calle o queman a los indigentes simplemente porque les molestan. Lo hemos visto en Barcelona, en Alicante, en Madrid.... y no será extraño que el hecho se reproduzca como la mala hierba, como la peste rabiosa que emana de la ignorancia y la brutalidad. Aflora , por fortuna sin violencia de momento, la aversión hacia el otro cuando se piensa que compite por un puesto de trabajo que, en momentos de crisis, ya no le pertenece. Lo acabamos de ver en Sestao y no ha mucho se ha recogido en titulares de primera en la prensa del Reino Unido. Pero más grave es aún el hecho cuando el apartheid se convierte en política de Estado, y nos pone al descubierto la verdadera catadura de tipos atrabiliarios como Silvio Berlusconi, tan aficionado a las bromas sin gracia como badulaque sin paliativos cuando habla o actúa, o alerta en su vertiente más amarga y decepcionante sobre lo poco o nada que cabe esperar ya del Estado de Israel cuando de materia de derechos humanos se trata.


Israel ha sido acusado de racista por Ahmadineyad, el presidente iraní, pero no es un Estado racista en el sentido estricto del término. O en todo caso las derivaciones racistas de su estrategia responden a motivaciones mucho más prosaicas y utilitarias. Israel practica pura y simplemente la política del apartheid y el bloqueo contra la comunidad que estorba sus apetencias de colonización y expolio del territorio que considera suyo, contraviniendo la legislación internacional, a la que desprecia y humilla. Y lo hace con saña e impunemente contra los palestinos que, sumidos en la miseria más absoluta, se convierten en un pueblo a asfixiar sin ninguna clase de contemplaciones para que nunca más vuelva a levantar cabeza.
Siempre he dicho que no hay esperanza alguna para Palestina, pues nadie con peso la defiende en los foros internacionales. Y si lo hace, pronto retira su reclamación ante el temor de que se le aplique el sambenito de “antisemita”, una etiqueta manida y utilizada sin pudor como patente de corso por quienes se creen impunes ante el Derecho y la sensibilidad hacia los oprimidos, que tratan de sobrevivir en la tierra ilegalmente ocupada o en asedio, y cuya suerte está echada hace ya mucho tiempo. Delenda est Palestina. Que nadie lo dude.

Imágenes. Arriba: Viñeta publicada en The Guardian, de Londres (19.9.2002). Abajo: Protesta contra la usurpación del agua y la tierra de Palestina por parte de Isarel, organizada en Viena, junto al edificio de la Opera el 4 de Abril de 2009.

25 de abril de 2009

Así es la música. Así la entiende Diego

Ayer oi por vez primera tocar el piano a Diego Fernández Magdaleno. Coincidencias, viajes, situaciones diversas me lo habian impedido hasta ahora. Decidí, al fin, acudir a un concierto del ilustre pianista, nacido en la Tierra de Campos vallisoletana. Me apetecía disfrutar de un momento de satisfacción musical en una tarde relajada, tras un día de intenso trabajo. Siempre he deseado tocar el piano, pero, como el personaje de la película The Visitor (2007), he llegado tarde y ya no hay posibilidad de recuperar el tiempo que pude utilizar en esa tarea tan placentera.



Leal con sus amigos, Diego dedicó el concierto a la figura de Ramón Barce, recientemente fallecido, y de quien tantas veces ha hablado en su Las palabras del agua. Allí me presenté, y ésta es la sensación que tuve:


Suena el piano. El aire se detiene.
El silencio se transforma de repente
en sonidos que todo lo enriquecen.
La sala cambia de color y de sentido,
las aristas del espacio cobran otra dimensión
Ha llegado el momento de escuchar.
El deleite nos espera y lo esperamos todos.

Y escuchamos, asombrados,
lo que el piano transmite,
y que sabiamente Diego sabe transmitir.
Incesante, rotundo, decidido,
coherente, tierno a la vez.
Todas las actitudes se concilian en un rostro ensimismado,
que acostumbra a cuidar el detalle, a sentir cada tecla,
a crear expectación ante la nota que emerge y estalla.
Sin desfallecer, inagotables las manos.

Nos descubre la tenacidad y el empeño
que el artista ha de poner en la interpretación de la obra.
Nada queda al albur, nada a la improvisación,
todo está calculado,
porque así es la música.
Libertad creativa, disciplina para hacerla llegar
a un público entregado, que espera lo mejor,
mientras lo mejor le es entregado al fin.

19 de abril de 2009

Una voz autorizada sobre el exilio republicano



Cuando una sociedad trata de recuperar el conocimiento de un pasado que deliberadamente ha quedado oculto, minimizado o sometido a tergiversación, logra, al fin, restablecer su dignidad histórica. Si, para algunos, los esfuerzos que se están haciendo en España por rescatar del olvido las circunstancias trágicas que vivieron muchísimos españoles durante la guerra civil y la tragedia que la siguió son producto del revanchismo o del afán por reescribir la historia, para los más representan la necesidad de reparar el dolor sufrido y de no dejar sumidas en el pozo de la memoria realidades que existieron y que, puestas debidamente al descubierto, prestigian a un pueblo y hacen justicia a quienes las protagonizaron.

Se calcula que 600.000 personas salieron del país rumbo a lo desconocido huyendo del escenario de represión, muerte y expolio que trajo consigo el fin de la guerra civil. Entre ellas figuraba lo más selecto de la intelectualidad española en los más diversos campos del saber. La ciencia, la literatura, la medicina, el arte en todas sus manifestaciones… todo lo que de encomiable tiene la creatividad humana en un entorno de libertad sufrió un deterioro que aún no está calculado en toda su magnitud. Se ha adelantado mucho en esta línea de investigación, y cuanto más se avanza mayor es el asombro que provoca la mutilación sufrida, como expresión del “atroz desmoche” llevado a cabo, certera expresión utilizada por Pedro Laín Entralgo para referirse a la brutal depuración realizada en las Universidades.

El pasado viernes descubrí en Medina del Campo a una investigadora que ha hecho de este tema una razón de vida intelectual, tan fecunda como interesante. Arancha Díaz es una historiadora de origen palentino que estudió en la Universidad de Salamanca y que, con coraje y decisión, decidió acometer el estudio del exilio republicano centrando la atención en un tema apasionante y poco conocido todavía: la labor de los médicos republicanos españoles en la República Argentina. Ha viajado a ese pais, ha indagado en sus archivos, ha hablado con personas directa e indirectamente relacionadas con el tema, ha descubierto un mundo de solidaridad, entrega, generosidades y empeños a favor de un mundo mejor. Ha abierto un nuevo camino para disipar la bruma.

Es una mujer muy joven, que revela hasta qué punto desde la juventud española existe una inclinación decidida a favor de unas cuestiones que de pronto emergen como temas punteros tras haber estado durante años sofocados e impedidos en las líneas de investigación promovidas desde la mayoría de los Departamentos de Historia, refractarios hasta ahora ante este tipo de cuestiones. Doy a conocer el nombre de esta mujer investigadora porque lo merece y porque su labor la lleva a cabo con la soledad del corredor de fondo.




La he descubierto gracias a la iniciativa de la Asociación de Izquierda para el Debate, que en Medina del Campo promueve actividades culturales centradas en temas de actualidad, siempre polémicos, rigurosamente abordados y susceptibles de abrir el debate a la ciudadanía más sensible. Es un foro que, como he podido comprobar, atrae la atención de la sociedad medinense, que encuentra en el espacio de comunicación y reflexión organizado, entre otros, por Luis Gil y Carlos Lora, un ámbito no solamente grato para la convivencia sino también para el enriquecimiento cultural, social y politico.



Imágenes: Arriba: Fotografías expuestas en la conferencia, donde se recoge la imagen de Lázaro Cárdenas, Presidente de México, con el que los españoles mantenemos una deuda impagable. En el recuadro, la historiadora Arancha Díaz. Abajo: Amena conversación con Luis Gil, en el centro, y Carlos Lora, a la derecha.

17 de abril de 2009

La omnipresencia de Mozart



Retrocedamos en el tiempo y escuchemos sus sonidos,
nos advierten de que algo grande va a pasar.
Los Alpes nos envuelven con su calma amenazante,
praderas inmensas enriquecen la mirada.
Todo es posible ante esa perspectiva.

La ciudad se engalana cuando el sol la ilumina,
es ciudad de acogida, de paso y de emociones.
Las calles son cortas, sinuosas, elegantes,
ordenan plazas que invitan al reposo,
las casas se engalanan porque se saben hermosas.

Al fondo se yergue la imponente fortaleza
el acceso no es fácil, desafía el equilibrio, fuerza la respiración.
Mas, cuando se llega, la impresión sobrecoge,
la importancia de la iglesia, la alerta permanente,
el gusto por la altura, los horizontes sin límite.
Allí está el poder

En ese escenario estalla la creatividad del genio,
impregna la memoria y brilla sin buscarlo.
Todo es mínimo ante su talento, mínimo y grande a la par.
Los sonidos emergen sin apenas darse cuenta,
tejiendo la armonía más bella que imaginarse pueda.
Allí está el placer.

El placer de saberse en el lugar donde Wolfgang Amadeus vio la luz.
Y comenzó a andar el mundo de su época.
Ya no se detendría jamás el aire sonoro que destilan las calles de Salzburgo.




Amigos, ¿pero es que hay alguien en el mundo que pueda sustraerse al placer de escuchar el Concierto para Piano nº 21 o el Coro cantando la Lacrimosa y Domine Jesu del Réquiem?




14 de abril de 2009

Ian Gibson recuerda a Machado y a la Segunda República


Durante años he seguido de cerca la obra de Ian Gibson y los ingentes esfuerzos que el hispanista de origen irlandés ha realizado para desentrañar aspectos esenciales de la cultura y de la política española durante la Segunda República y la guerra civil. Entre otras aportaciones claves, sus investigaciones sobre Federico García Lorca son definitivas a la par que merecen el máximo reconocimiento los estudios realizados sobre Antonio Machado. No hace mucho he terminado de leer su excelente biografía del gran poeta sevillano (La vida de Antonio Machado. Ligero de Equipaje, Santillana Ediciones Generales, 2006), y he de admitir que me ha asombrado por su rigor, su amenidad y su impresionante erudición. Una obra plenamente recomendable en estos tiempos donde todavía aparecen de vez en cuando libelos de pseudohistoriadores, que manipulan los hechos para su propio peculio personal, aunque la inconsistencia de sus mensajes les convierte pronto en papel inservible. 

No podía, pues, perderme la cita que le ha traído a Valladolid para impartir una conferencia con ocasión del 78 aniversario de la Segunda República española. Invitado por el Ateneo Republicano de la ciudad que baña el Pisuerga, Gibson ha enardecido a un público plenamente entregado a la defensa de la memoria de la República en el Paraninfo de la Universidad vallisoletana. Muchísimas veces he asistido a actos de toda índole en ese escenario: académicos, culturales, políticos... de todo tipo. Pero sólo recuerdo tres ocasiones en los que los asistentes casi doblaban la capacidad de la sala: cuando se homenajeó al cura Millán Santos, artífice de los programas de educación de adultos en la ciudad, cuando se invistió a Mario Benedetti como Doctor "honoris causa" y hoy. En los tres he estado y dejado constancia de lo que cada uno ha significado.

Impresionante. Y sorprendente a la vez. Magníficas las intervenciones previas del responsables del Ateneo, Fernando Valiño, que acompaña a Gibson en la foto, y extraordinarias las reflexiones del historiador sobre la figura de Machado y su compromiso con la libertad en la difícil y atormentada época que le tocó vivir. Confieso que no me identifico con la opción que reclama hoy en España la Tercera República, y creo tener motivos para ello que algún día comentaré. Pero he sentido un sensación de perplejidad y sorpresa, no exenta de surrealismo, cuando el entorno que acogía la conferencia se llenaba de mensajes reivindicativos de la causa republicana ante la mirada silente y fría del busto de Doña Sofía de Grecia, nombrada en su día Doctora honoris causa, y que en cierto modo preside el estrado donde tienen lugar los grandes acontecimientos académicos. La foto lo refleja y es llamativa. No sé si se volverá a repetir una imagen así, pero, como casi siempre me acompaña mi cámara de fotos, he querido dejar constancia de un hecho insólito, aunque virtual: la Reina de España presidiendo un acto de conmemoracion de la Segunda República y de reivindicación de la Tercera.



Poco puedo decir de la intervención de Gibson, "Machado en guerra". Cordial, campechano, sencillo y con el buen sentido del humor que le caracteriza, ha deleitado al público asistente, comentando la terrible historia personal, intelectual y política de Antonio Machado durante la guerra civil. Todo lo que ha dicho está recogido en su Biografía del poeta, aunque adobado en esta ocasión por comentarios, reflexiones y anécdotas que nos han acercado más aún, si cabe, a ese hombre excepcional, que representó con toda su dureza la tragedia de aquella experiencia que, hace 78 años, hizo pensar que, al fin, España emprendía su camino hacia la libertad y la modernidad, y cuyo fracaso abrió paso a una atroz guerra civil, a una represión larga e inmisericorde y a una dictadura despótica, mediocre y corrupta de casi cuarenta años.

13 de abril de 2009

Buscando desde Argentina a Clara Anahí Mariani por el mundo


Mi amigo Rubens Ferreira me envía desde Montevideo esta nota y la imagen que la acompaña (ampliarla mediante click del ratón/mouse). Me pide que la difunda en el blog, lo que hago con mucho gusto



"Chicha Mariani, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, ya está muy viejita. Quiere alcanzar a reencontrarse con su nieta. Ayudémosla a que su carta recorra el mundo y, en una de esas, genere dudas en alguien...

Reenviemos la carta hasta al menos pensado. Que su llamado pueda recorrer nuevos circuitos, que no quede restringido a personas vinculadas a organizaciones de derechos humanos, que pueda llegar hasta Clara Anahí !!!!


Gracias


11 de abril de 2009

La Ley de la Dependencia en España….. ¿como la falsa moneda?



La atención y el cuidado a las personas dependientes constituyen el cuarto pilar del Estado de Bienestar, junto a los servicios educativos, la sanidad y las pensiones a los jubilados. Su importancia, pues, es incuestionable a la par que creciente, habida cuenta de que el número de usuarios aumenta y se impone la necesidad de mitigar los altísimos costes personales y económicos que derivan de la asistencia a quienes se encuentran impedidos para valerse por sí mismos.

Más de dos años han transcurrido desde que a finales de 2006 se puso en marcha en España la llamada Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, una gran iniciativa del Gobierno socialista. de las que mejor identificaron el alcance del primer mandato de Don José Luis Rodriguez Zapatero. Promovida por el entonces ministro de Trabajo, Don Jesús Caldera, cuya salida del Gobierno siempre me pareció desacertada, la aplicación de una Ley tan ansiada como necesaria ha tenido más sombras que luces. Aquejada de limitaciones financieras evidentes, ha tropezado también con la inoperancia de las Comunidades autónomas, especialmente de algunas gobernadas por el partido de la oposición, que incomprensiblemente la han utilizado más como arma contra el gobierno que como instrumento al servicio de unos ciudadanos, que la reclaman con insistencia frente a situaciones que con frecuencia rozan lo dramático.

No es tampoco marginal la razón que explica estas limitaciones en virtud de un modelo de gestión caracterizado por los bandazos en la responsabilidad encargada del desarrollo de la Ley. Asignada inicialmente al Ministerio de Trabajo, pasó después a formar parte, sin una justificación clara y menos aún convincente, de las competencias otorgadas al Ministerio de Educación, culminando finalmente con su traspaso al Ministerio de Sanidad en la última remodelación del Gobierno. Un baile de atribuciones que sólo ha traido confusión y ralentización de un proceso, que debiera haber sido mucho más ágil y efectivo. Parece que nos encontráramos ante esa falsa moneda, “que de mano en mano va, y ninguno se la queda, parafraseando aquella copla desgarrada de hace muchísimos años.

Creo que se ha actuado con demasiada frivolidad en un asunto de tanta trascendencia. Las variaciones estratégicas acometidas al respecto por el Sr. Rodríguez Zapatero no han estado a la altura de las circunstancias, lo que resulta lamentable si se considera la ilusión con que fue recibida la ley y las esperanzas que tantos españoles pusieron, y siguen poniendo, en ella. No se puede experimentar al albur con algo así. A la postre, y de momento, será el Ministerio de Sanidad el que tome las riendas del tema, una vez encomendada la tarea a Doña Trinidad Jiménez, nueva ministra del ramo. Deseémosle toda la suerte del mundo, acompañada de un voto de confianza y, por supuesto, del beneficio de la duda. Pero qué quieren que les diga. No las tengo todas conmigo.

Salvo el papel clave que, al parecer, tuvo Jiménez en la promoción política del Sr. Rodríguez Zapatero, del resto de su gestión pública poco reseñable cabe destacar. Ni como fugaz concejala y portavoz de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid ni como Secretaria de Estado para Iberoamérica el balance ofrecido es como para tirar cohetes. Por razones de coherencia y eficacia, sigo pensando que el desarrollo de la Ley de la Dependencia debiera haber sido acometido desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, y desde su promulgación, por quien la promovió, es decir, Don Jesús Caldera y Sánchez-Capitán, retirado del Gobierno y sumido en un ámbito de responsabilidad del que apenas se sabe nada y, desde luego, muy por debajo de sus capacidades, como ya he señalado varias veces en este blog. “Raisons de la politique”, que diría el general Charles De Gaulle.

Imagen: Ancianos tomando el sol en Toro (Zamora)


9 de abril de 2009

Un lugar que debe ser dignificado


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Atravieso en tren las campiñas apacibles de la región de la Baja Austria y del Burgerland. Las he visto espléndidas hace unos días, camino de Salzburgo y Munich. En ellas las aguas del Danubio se deslizan mansamente sin que ningún obstáculo natural se interponga en su camino. Nada parece alterar la paz y la mansedumbre de un espacio en el que el silencio marca la pauta de las horas y los días. Lugares para la calma, apenas turbados por el ruido de las campanas, el tráfico moderado y las conversaciones quedas de las personas que en las calles dan cuenta de historias mínimas que a nadie llaman la atención. Historias de todos los días, convencionales y repetitivas, sin que nunca pase nada. Diríase que el tiempo se ha detenido hace tiempo en este ámbito de quietudes y rutinas en las que aparece envuelta la sociedad, símbolo de esa Europa tranquila que por nada se inmuta en los verdes y feraces campos de la Austria próspera y bienpensante.

Mas cuando se echa la noche, ya de regreso, y el tren se detiene en una estación cualquiera camino de Viena, la mirada del viajero se dirige de pronto al nombre de un lugar que la memoria tardará mucho en olvidar. Un nombre que resuena por doquier, que duele en los ojos e irrita las mentes, cuando se asocia al horror cometido por un tal Josef Fritzl que en la ciudad de la parada ha ofendido al hecho de ser humano como responsable, y ya condenado a perpetuidad, de una de las mayores atrocidades que se recuerdan en mucho tiempo. No es justo que el nombre de un lugar cualquiera se identifique con tamaña vergüenza y depravación. Una historia abominable, que durante veinticuatro años ha coexistido, ignorada, con las muchas que, intrascendentes, suceden alrededor sin que nadie se percatara de ello.

2 de abril de 2009

De cuando los Ayuntamientos democráticos nacieron, hace treinta años, en España



Con razón se afirma que la democracia adquiere a nivel local su grado de expresión más claro y convincente. Los ciudadanos perciben a los Ayuntamientos como las instituciones más cercanas, más ligadas a sus intereses, las que les atienden – o debieran atenderlos – en algo tan fundamental como es la calidad de la vida cotidiana. Por esa razón no carece de importancia la celebración del trigésimo aniversario de las elecciones que dieron lugar a las primeras Corporaciones Municipales Democráticas tras la “larga noche de piedra” como definió el insigne poeta gallego Castelao a la dictadura franquista.

Recuerdo perfectamente el ambiente de entusiasmo con que la sociedad española tomó parte en aquel acontecimiento, acudiendo a las urnas un brumoso sábado del 3 de Abril de 1979. Las calles estaban repletas de cartelería de todos los colores y rostros que uno quepa imaginar. Los slógans incitaban a la broma y favorecían los comentarios en pro y contra de una ristra de candidatos, donde lo más llamativo era la contraposición entre el discurso suficiente y engolado del candidato que trataba de mantener las esencias y el momio de los que hasta entonces habían ocupado la poltrona municipal y los nuevos políticos que se incorporaban a las lides democráticas con enorme bisoñez y no sin cierto pudor, sin creerse mucho todavía que aquellos edificios solemnes que durante tantos años les habían resultado inaccesibles y cerrados iban, al fin, a abrir sus puertas a los vientos entusiastas, renovados y críticos de la calle.

Y ocurrió. Vaya si ocurrió. Si las elecciones municipales de 1931 arrumbaron una Monarquía insostenible para impulsar la llegada entusiasta de la Segunda República, las de 1979 sirvieron para afianzar la idea de que la democracia se iba consolidando y que los pasos hacia la normalización de la vida política eran firmes y seguros, conscientes de que la cultura del pacto que se inició para configurar las mayorías en muchísimos Ayuntamientos ponía a prueba la solidez de las convicciones y la seguridad de que sólo así se podría afianzar el espacio público de libertad. Ese espacio que, por fortuna, logró sobrevivir y fortalecerse tras la asonada militar del 23 de Febrero de 1981, cuando los estertores de la política vieja y represiva auspiciada por el dictador durante cuarenta años quedaron barridos para siempre.

Optimismo, confianza e ilusión. Tales eran los ingredientes con que nacieron los nuevos Ayuntamientos en España hace treinta años. No es fácil hacer una valoración de lo que significó la democratización en un conjunto tan numeroso y heterogéneo. Mas de lo que no cabe duda es de que en sus inicios la andadura municipal estuvo marcada por el esfuerzo, por el afán de renovación y mejora de los servicios públicos, por la modernización de la administración local y por una ejecutoria regida por los principios de la honradez en la gestión de lo público. Se entendió con claridad que una nueva etapa empezaba y que las prácticas heredadas de un régimen liberticida y corrupto debían ser sustituidas por la transparencia, el contacto con la sociedad, la protección del patrimonio hasta entonces maltratado y la participación ciudadana. Sí, defiendo el recuerdo de aquella época y de aquellas primeras administraciones municipales, aunque tampoco ignore los errores cometidos, de los que con mucha frecuencia se pedían disculpas.

Sin embargo, creo que la evolución ulterior del municipalismo en España deja mucho que desear. A mi juicio, la década de los noventa supone un momento de inflexión en esa imagen valorativa con la que cabe interpretar la experiencia comenzada en 1979. Tantas cosas han cambiado, tantos hábitos y actitudes han sufrido el deterioro del tiempo y del propio empobrecimiento de la democracia, que cuando se analiza el tema las luces iniciales se difuminan ante las sombras que posteriormente dominan el horizonte, y de las que hablaré en otra ocasión.

Imagen: Ayuntamiento de Pajares de Adaja (Avila)
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