31 de diciembre de 2014

Incertidumbres en un cambio de década




Finalizamos la primera mitad de la década que ha coincidido con una de las crisis económicas y sociales más profundas de la historia contemporánea. Cuando empieza un nuevo año se hace balance de lo sucedido pero la mirada se empeña en vislumbrar el futuro con la intención de encontrar en él algún atisbo de esperanza. Los clamores oficiales, interesados en el cortoplacismo electoral, se afanan en ofrecer indicios optimistas, pero el tren, la maquinaria que lo sustenta y quienes manejan los mandos no suscitan la confianza pretendida. 

Utilizar los datos en sus magnitudes absolutas sin relativizarlos adecuadamente en función de su impacto social objetivo deriva en la manipulación y la demagogia. En ese tren estamos subidos inexorablemente. ¿Hacia donde emprenderá el rumbo? ¿Qué habrá más allá del horizonte confuso que la vista percibe? ¿Estamos en la via adecuada? ¿Son éstos los railes que nos aseguran lo que necesita la mayoría de la sociedad, empobrecida durante una travesía en la que las diferencias entre unos vagones y otros no han cesado de acentuarse?

 Un sinfín de preguntas emergen cuando se comienza un año que se intuye decisivo, en virtud de los escenarios que sin duda van a alterar la dirección de la locomotora de la que va a depender la trayectoria hacia un futuro en el que les deseo lo mejor.

21 de diciembre de 2014

Un impacto decisivo en la política española





Es evidente su papel de catalizador esencial de la vida política española. Ha convulsionado el panorama tal y como estaba ahora diseñado y lo ha hecho con un mensaje reiterativo, insistente, basado en una serie de denuncias concretas, claras y muy incisivas, que calan fácilmente en un sector importante de la sociedad, que se siente identificado con ellas y con quienes las propalan, beneficiarios de esa cualidad de recién llegados a la política de masas, sin contaminación alguna previa que los desautorice de antemano. Modulando sus propuestas programáticas al socaire de sus objetivos electorales, que se pretenden masivos y transversales, el núcleo central de su discurso persiste aferrado a la crítica con fines de ruptura con el pasado. En ello cimentan su razón de ser y sus expectativas. Pragmatismo, habilidad expositiva y discurso lapidario frente al resto, tales son sus ingredientes esenciales. Espadas como labios, recordando el magnífico poema de Vicente Aleixandre. 

¿La coherencia del programa?... Ya se verá. Todo un fenómeno de estrategia política de laboratorio, didácticamente concebido, que de momento les está dando resultados asombrosos. A la espera de cómo pueda evolucionar en el año decisivo que se abre ante los españoles, lo más importante de su presencia en el acto de Barcelona , celebrado el 20 de diciembre de 2014 e hito histórico indiscutible, ha consistido en su capacidad para transmitir un mensaje que cuestiona el independentismo, mediante la reafirmación de una voluntad integrada del Estado - los "puentes" frente a los "muros"- que los otros partidos estatales no han logrado proyectar. Bajo las premisas de un "proceso constituyente", destinado a sustentar los pilares de un "país de países", no parece, en principio, una propuesta original, pues, con palabras similares, ya se habían planteado desde otras posiciones.

Es curioso de qué manera la fortaleza adquirida por Podemos en Catalunya y en el Pais Vasco, y testificada por un presunto apoyo más que significativo, puede constituir a la postre una garantía de la integración del Estado, que muchos veíamos amenazada. El nerviosismo mostrado por los nacionalistas de toda laya ante el auge electoral de Podemos es buena prueba de ello. Impresionante, a mi modo de ver. ¿O no?

16 de diciembre de 2014

Mensajes en la calle (44): la pervivencia del libro

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Cuando todo parece indicar que la presentación formal del libro está en crisis, resulta reconfortante tener la sensación de que ese maravilloso producto de la inteligencia humana permanece vivo en quienes siguen defendiendo su existencia tal cual lo hemos conocido y lo seguimos admirando. Visitar las librerías cuando se viaja es un verdadero placer que hace del conocimiento del lugar recorrido una experiencia aún más gratificante. Siempre he pensado que una parte sustancial de la imagen de una ciudad la ofrecen sus librerías, depositarias de esa función de referencia cultural que las pertenece, lejos de la banalidad y de la despersonalización ofrecida por las grandes superficies, en las que jamás he comprado ni compraré un libro. 

Basta con leer algunas de las páginas del excelente libro de Jorge Carrión con este mismo título - Librerías (Anagrama, 2014) - para percatarse de ello. Por eso, el viajero que callejea por una ciudad - en este caso, una bellísima del Norte de Francia - no puede por menos de detenerse ante el escaparate que, al tiempo que identifica su imagen como "calle de los poetas", brinda a quien se detiene ante él una definición sencilla, pero elocuente, de lo que el libro realmente representa y significa.

8 de diciembre de 2014

La Universidad pública en el punto de mira

Ninguna institución debe estar al margen de la crítica. Cuanto más rigurosa, mejor. La crítica debe ser inherente a la Universidad, pues solo así será capaz de corregir sus deficiencias y resolver las contradicciones que una estructura tan compleja y variopinta presenta. En un país donde la autocrítica está ausente - e incluso quienes se reclaman depositarios políticos de la mayor honestidad son incapaces de hacerla - la defensa de esta postura, aplicada al mundo académico no deja de ser algo excepcional, a fuer de necesario. 

Pero, ojo, de ahí a denostar con virulencia a la Universidad pública, sin resquicio alguno al reconocimiento de lo que se hace y al sinnúmero de profesionales solventes que en ella trabajan, media un gran trecho. Nada se dice de las Universidades privadas, que comparten con aquélla el mundo de la formación, aunque no el de la ciencia, mientras permanecen inmunes a la crítica. Ciencia y formación se funden, en cambio, en las aulas de los Centros superiores financiados por todos, arrojando resultados que deben ser valorados en lo que representan, pues tras ellos hay con frecuencia una enorme carga de esfuerzo, dedicación y, a menudo, sacrificio personal, que deben ser tenidos en cuenta. Hay de todo, ciertamente, pero conviene también reconocer que pocas estructuras son tan irreductibles a la simplificación como la Universidad.

En cualquier caso, ¿cabría pensar que en medio de esta corriente de descrédito no se esconde otra vertiente más del empeño por justificar el trato injusto que en España está recibiendo la enseñanza pública en los tiempos que corren?
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