24 de enero de 2015

El obligado comportamiento ético del profesorado universitario.

La Universidad pública se nutre esencialmente de recursos públicos y sus actividades son inherentes a su condición de servicio público. El profesorado está sujeto a unas normas de conducta que deben ser respetadas, so pena de vulnerar la imagen de la institución. Cuando se participa de un proyecto de investigación, financiado con cargo a convocatorias públicas, todos los procedimientos a seguir deben estar cuidadosamente regulados y formalizados. Los permisos, las modificaciones del equipo, los ajustes en el presupuesto, la movilidad de los investigadoras han de atenerse a las solicitudes y autorizaciones reglamentarias, siempre por escrito y con registro de salida, que después se unirá al documento con registro de entrada, recibida la autorización. 

Cuando, por su parte, se acomete un contrato de investigación (de acuerdo con el Art. 83 de la Ley Universitaria), el desarrollo del proceso contractual tiene que figurar pormenorizadamente en un contrato suscrito entre la entidad financiadora y la Universidad, de modo que todos los pagos se canalizan a través de ésta, que supervisa tanto las entregas para gastos como los abonos correspondientes, entre ellos las retribuciones del personal adscrito a la investigación. Jamás el investigador, que siempre opera en el seno de un equipo, gestiona directamente un euro o un dólar. Lo de Juan Palomo suscita en este caso todas las sospechas. 

Por su parte, la Universidad detrae una cantidad del contrato (generalmente el 15%) que nutre su presupuesto, lo que parece lógico teniendo en cuenta que los profesores investigadores hacen uso de los medios e infraestructuras universitarios para realizar sus trabajos y el tiempo ocupado en ello se hace a costa de la dedicación - a tiempo completo o parcial - a la que el profesor - funcionario o contratado - se compromete con la Universidad y por la que se le retribuye todos los meses. Así han de funcionar las cosas si no se quiere incurrir en omisiones, opacidades, irregularidades o corruptelas. 

¿Sabían esto o acaso lo ignoraban los profesores Iglesias Turrión, Errejón Galván o Monedero Fernández-Gala, docentes vinculados a la Universidad Complutense de Madrid, de cuya plantilla forman parte? Que cada cual saque sus conclusiones. Defendamos la ética como principio rector de las conductas.

8 de enero de 2015

Interesante y pertinente el artículo publicado en Le Monde Diplomatique por Alexis Tsipras, dirigente de Syriza y, según las encuestas, el líder de la formación con mayor respaldo electoral en Grecia. Más allá de lo que pudiera opinarse sobre esa opción, vale la pena recordar los argumentos que el político griego esgrimió hace dos años al traer a colación la política adoptada por los paises europeos respecto al cobro de la deuda alemana en los años posteriores a la SGM. Si somos conscientes de hasta qué punto nos ahoga el pago de la deuda, a la que España destina 35.000 millones de euros anuales para el abono de intereses, no carece de importancia la postura favorable a la negociación y al reajuste de esas escalofriantes cifras, que es precisamente lo que permitió a Alemania levantar cabeza en los años cincuenta del siglo XX.

Basta tener en cuenta el primer párrafo del texto:

"Febrero de 1953. La República Federal de Alemania se ahoga en su deuda y amenaza con llevar a todos los países europeos a la crisis. Preocupados por su propia salvación, los acreedores - incluyendo Grecia - constatan un fenómeno que solo ha sorprendido a los liberales: la política de "devaluación interna", es decir, la reducción de los salarios, no garantiza el reembolso de las cantidades adeudadas, sino todo lo contrario.

Reunidos en Londres en una cumbre especial, 21 paises decidieron volver a evaluar las capacidades reales de Alemania para cumplir con sus obligaciones. Acordaron recordar en un 60% de la deuda nominal acumulada y conceder una moratoria de cinco años (1953-1958) y un período de amortización de treinta. Introdujeron también una "cláusula de desarrollo" que permite a no dedicar al servicio de la deuda de más de una vigésima parte de sus ingresos. Europa contrarresta el Tratado de Versalles (1919), sentando las bases para el desarrollo de la República Federal de Alemania después de la guerra".
¿Oportuno, no?

7 de enero de 2015

Un obsequio maravilloso


Quisiera hacerles partícipes de un obsequio que acabo de recibir de allende el Atlántico y que confieso que me ha emocionado. Se trata de la edición facsímil del texto elaborado por Santiago Cortés, fundador de la Sociedad Colombiana de Geografía, en el que describe la “Historia Natural y Paisajes de la Guajira, región del Catatumbo y del Páramo de Tamá”, fechada en 1900. 


Con el título “Una geografía hecha a mano” recoge los dibujos y los textos realizados por Cortés como parte de los trabajos destinados a trazar la frontera entre Colombia y Venezuela, un litigio que solo podía resolverse diplomáticamente sobre la base de un conocimiento detallado del territorio. Como se señala en la presentación “es la primera muestra de la minucia, aprendida en el microscopio, que usó en los dibujos y acuarelas del territorio que recorrió paso a paso este botánico, zoólogo y geógrafo” o, como se le denominaba en la época, este “naturalista” bogotano”. 

La obra fue editada en 2014 por la Subgerencia Cultural del Banco de la República, en Bogotá. Una delicia bibliográfica, que me ha hecho llegar gentilmente la profesora Lucila Reyes, de la Universidad Nacional de Colombia. ¿Quien, al observar estas imágenes, no se siente transportado a las vivencias que describe Gabriel García Márquez en "El amor en los tiempos del cólera", con sus travesías incesantes, henchidas de sensibilidad, a lo largo del río Magdalena?



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