22 de junio de 2018

En torno a las posibilidades de regeneración del Partido Popular

Por una vez y sin que sirva de precedente me meteré en camisa ajena. Es a propósito de las elecciones a la presidencia del Partido Popular. Visto desde fuera, pero desde la sensibilidad del ciudadano interesado por cuanto sucede en la vida pública española. opino que, en el maremágnum de las candidaturas en liza, la perspectiva de que se dispone aconseja lo siguiente. El tema tiene su importancia.

Considerando que las señoras Cospedal y Sáenz son plenamente tributarias del legado de Rajoy y corresponsables de una imagen lesionada, que desaconseja la continuidad en el liderazgo del PP, y estimando al tiempo que la elección de una ellas provocaria en el partido una fractura traumática, y seguramente revanchista, dificil de superar, ambas están tan amortizadas e hipotecadas que ni una ni otra garantizarian la renovación que se pretende. Descartadas deberían quedar.

Por otro lado, si el señor Casado es un mero artificio, tan banal en su formación como frágil ante las sospechas que le amenazan y se ciernen sobre él, y si el ex ministro García Margallo, pese a sus reconocidas dotes intelectuales (de las que los demás carecen) se desenvuelve en la obsesión del desquite personal, sus perspectivas son tan endebles como la personalidad que los distingue. Y si nada con fuste puede decirse de Bayo y del edil valenciano, el observador foráneo llega a la conclusión de que el único electoralmente vendible y aprovechable es García Hernandez, el simpatico Joserra, un abulense que, amén de ser diplomático y parlamentario educado, tiene a su favor la discreción mantenida hasta ahora y la inconmensurable ventaja de no estar contaminado por las miasmas de Rajoy y de quienes hasta ahora han formado parte de su deteriorada guardia pretoriana, y de las que les va a ser muy difícil desprenderse.

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