No importa si el
mensaje es cierto o no. Lo importante es impactar con la mayor incidencia que
se pueda en la sensibilidad del ciudadano para motivar su conciencia acerca del
enorme riesgo que sobre él se cierne si no se
segrega del conjunto originario de todos sus malesque sobre él se cierne
si no se segrega del conjunto originario de todos sus males. A modo de muestra
representativa, he seleccionado ambos mensajes con los que se pretende
justificar la opción defendida ante un referéndum nacionalista para
ejemplificar hasta qué punto la distorsión de la realidad, la mentira elaborada y la frase inapelable
constituyen herramientas de alienación masiva al amparo del “todo vale” para
llevarse, al fin, el gato al agua. Que nadie les reclame sinceridad y
honestidad a toro pasado. Obscenamente, como ha hecho Nigel Farage, se llaman a
andanas.

Desde la falacia del “España nos roba”, que tanta mella ha hecho en el
imaginario colectivo catalán (foto obtenida por mí en Manacor en 2012), hasta
la demagógica proclama de Boris Jonhson atribuyendo a la Unión Europea el
peligro de supervivencia del National
Health Serrvice (Servicio Nacional de Salud) británico, todo un cortejo de
símbolos manipulados invade el panorama mediático y tergiversa las conciencias
en pos del objetivo pretendido.
Con gran
acierto lo ha expresado Manuel Vicent. No puede estar más acertada esta reflexión
del valenciano indómito: “Cualquier referéndum siempre va dirigido al cerebro límbico
que los humanos, incluso ingleses comparten con los mamíferos superiores, allí
donde residen las emociones, el miedo, el odio, la desesperación.
Cuidado con
los referéndums nacionalistas, que algunos irresponsable y oportunistamente
preconizan. Rozan la perversión si no han caído ya flagrantemente en ella. La interesante reflexión al respecto del profesor Laporta arroja luces elocuentes sobre los riesgos que encierra esa modalidad de consulta.
Hola, Fernando. Desde hace mucho tiempo sigo tus artículos sobre nacionalismos. Escribes casi siempre sobre el nacionalismo catalán y muy poco, o nada, del español. Siendo catalán me han dicho de todo (siempre correctamente) sobre lo que creen que pienso o soy, pero solo desde su punto de vista. Nacionalista, Independentista, catalanista…. En el caso que citas:”España nos roba” es verdad que fue muy desafortunado todo, pero pienso que de alguna manera sí que es así. No porque España no pague a Catalunya un dinero que teóricamente nos correspondería (esta es o era la creencia) El robo no es este. En España siempre ha habido, a lo largo de su historia, dos concepciones de España. Una, la España de siempre, continuadora de la España imperial, basada históricamente en la Corona de Castilla (lo que explica que la lengua oficial de España sea el castellano), con una visión jacobina del Estado, dominado este por la Monarquía, el Ejército, la Iglesia y los poderes fácticos –económicos y financieros– que dominan la vida económica y política del país. Esta España, centrada en Madrid, la capital del reino, es la que ha tenido y continúa teniendo como himno la Marcha Real, y como bandera la bandera borbónica. Su jefatura ha ido variando de monarcas a dictadores, y de dictadores a monarcas. Su Estado nunca ha respetado la plurinacionalidad de España. Un indicador de esta visión de España se conserva todavía en su sistema de transporte ferroviario, de claro carácter radial.
ResponderEliminarAclaremos el punto de partida. Nacionalismo deriva de nación, pero no de cualquier concepto de nación sino, al menos en el contexto europeo moderno, de uno específico: del concepto de nación identitaria (o cultural), muy distinto al de nación jurídica (o política).
No quiero entrar en complejas discusiones, yo entiendo por nación aquella comunidad cuyo vínculo de unión entre las personas que la componen está basado en un sentimiento de pertenencia Estos rasgos, suelen ser una lengua, un pasado histórico, una cultura, un territorio o unas arraigadas costumbres. Pero claro todo esto que para mí es tan fácil de entender para vosotros tiene otro camino. El castellano.
El nacionalismo es democráticamente legítimo ya que está amparado por la libertad de pensamiento, pero deja de serlo cuando se impone como obligatorio. Es entonces cuando se le suele denominar nacionalismo excluyente, contrario al pluralismo ideológico, imprescindible en todo Estado democrático. Cuando en tiempos de Franco se decía que alguien era antiespañol, o en tiempos democráticos se tacha a algunos de ser anticatalanes o antivascos (o antiespañoles), se está hablando desde esta perspectiva excluyente. Es tan legítimo, desde un punto de vista democrático, ser nacionalista como no serlo. Pero negar esta última alternativa, sostener que “cuidado con los nacionalismos” es decir lo de siempre: “No os vayáis porque estaréis dando vueltas por el espacio infinito miles y miles de años”
Me encantaría que algún día a los españoles que se les llena la boca de patria se preguntaran mientras quieren españolizar a los niños catalanes si existe el nacionalismo español o no. Pienso que la contestación seria: “Nación feliz, sin duda, la que no tiene ningún pensamiento sobre sí misma”
Por mi parte te aseguro que no me quiero ir a ningún planeta desconocido.
Saludos.