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29 de agosto de 2025

La transformación del mundo rural: entre la nostalgia y la incertidumbre

 Tal vez convendría tener un debate sobre el significado de las transformaciones producidas en el mundo rural y sus implicaciones demográficas, económicas y ambientales. Es una cuestión que acabo de abordar esta tarde con unos amigos y que desearía comentar aquí.

Y es que no dejan de llamarme la atención las invocaciones, henchidas de pesimismo, nostalgia y añoranzas, sobre un mundo lastrado por el abandono poblacional y la pérdida de una añorada identidad en contraposición a una etapa en la que las formas de aprovechamiento mostraban una simbiosis positiva, entrañable, equilibrada y estable entre la sociedad, la producción y la naturaleza: una especie de Arcadia feliz, sostenible, ya desaparecida y sumida hoy, por mor de unas fuerzas externas demoledoras, en la desolación total.

Quienes hemos conocido el mundo rural tradicional aún recordamos que esa armonía, no exenta de tensiones y precariedades, estaba muy condicionada por las limitaciones inherentes a las economías de subsistencia, al trabajo oneroso, a los azares de la climatología y a una muy deficiente calidad de vida. En las tierras de secano de mi familia, de mujeres espigadoras deslomadas, entre ellas mi madre y mi abuela, y largos días de trilla, que viví subido durante los veranos en aquellos viejos trillos de Cantalejo, y bajo un sol implacable, he visto mucha incertidumbre y muchos ojos lesionados de tanto mirar el cielo. Cuando llegaba septiembre había que pagar las deudas y no "todo era maravilloso". Al poco aparecían el frío y más incertidumbres.

Como era inevitable, se trata de un mundo en evolución. Los cambios comenzaron mucho antes de la incorporación a las Comunidades Europeas y a los efectos de la "maléfica" Política Agraria Común. Por experiencia familiar tengo constancia de cómo el proceso migratorio de los primos más jóvenes, ocurrido a partir de finales de los cincuenta provocó una metamorfosis intensa en paralelo con la despoblación progresiva y con la mecanización asociada a un aumento de la productividad y a un cambio cualitativo de las condiciones de vida para quienes se mantuvieron en el campo o se fueron a vivir a la ciudad sin perder su condición de activos agrarios, al socaire de las posibilidades permitidas por la expansión del vehículo privado.

El tema da para mucho y conviene reflexionar si las decisiones adoptadas podrían haber sido otras o haberse planteado de otro modo. El tema está abierto al debate y a la clarificación de la función asignada a la ruralidad en una economía abierta a las reglas de la competitividad inexorable en una economía de mercado e interdependiente.

Es en este contexto donde, evitando caer en la aceptación acrítica de la realidad, cobra pleno sentido la reflexión de Kristen Ghodsee cuando afirma que tal vez "hemos perdido la habilidad colectiva para imaginar un mundo al margen de las lógicas del mercado". Lo dice en su interesante "Utopías cotidianas. Lo que dos mil años de experimentos pueden enseñarnos sobre vivir bien' (Capitán Swing, 2024).

14 de agosto de 2023

Cuando los pueblos cobran vida


Aunque sea puntualmente los pueblos de la España despoblada cobran vida cuando acuden a ellos los vecinos, allegados y oriundos que buscan el encuentro a la sombra del caserío y atraídos por la vega del río como espacio confortable y apetecido para la conversación profusamente regada con la cerveza y la palabra como elementos de unión. Es una sensación fugaz pero muy placentera.

Para mí son los paisajes de la infancia recuperados. Todos los sábados allá que nos íbamos en bicicleta a pasar el día a orillas del Arlanzón, el río con el que mantuve tantas confidencias y complicidades. Ay, si sus aguas hablasen. Hoy recuerdo aquellas vivencias regresando a Pampliega, el pueblo donde se dice que murió el rey godo Wamba y que se expande, altivo, en la espléndida cuesta que mira a poniente. Mis amigos de entonces ya no están, ni tampoco la querida bicicleta. No conozco a nadie pero a todos los comprendo, incluso al matrimonio búlgaro con el que casualmente comparto mesa y cuyas peripecias descubro aprovechando su franqueza y sus incontenibles ganas de hablar con alguien. Entre la nostalgia y la curiosidad, y aun en soledad, los paseos se hacen más gratificantes.



20 de octubre de 2021

Frente a la despoblación, la capacidad de iniciativa

  El Norte de Castilla, 20 de octubre 2021

(décimo aniversario de la rendición y desaparición de ETA) 



Reflexionar sobre el fenómeno de la despoblación - tarea que no cesa como expresión de un compromiso social necesario y cada vez más compartido- solo tiene sentido cuando el análisis de los factores que lo provocan se contempla teniendo en cuenta al mismo tiempo las posibles alternativas encaminadas a su corrección. El reconocimiento del problema es indisociable del valor reconocido a las soluciones. Desde luego, no es un ejercicio fácil tanto por la multiplicidad de causas que motivan el problema como por las incertidumbres a que se enfrentan las estrategias comúnmente planteadas para resolverlo. La relación entre factores y opciones alternativas resulta, por tanto, necesaria, aunque este engarce tenga carácter asimétrico. Y es que, si la interpretación de los hechos alcanza niveles de precisión rigurosos, la indefinición, como corresponde a un escenario de incógnitas por resolver, marca el rasgo dominante cuando de plantear opciones viables y duraderas se trata.


        Ahora bien, alejados de actitudes voluntaristas, hay que admitir que, tratándose de un problema complejo y con dimensión socio-espacial relevante - las áreas rurales representan la tercera parte de la población de la Unión Europea y ocupan el 80% de su territorio -- no se debe perder la confianza en los esfuerzos y en las esperanzas manifestados, cada vez con más frecuencia, por aquellos movimientos que reiteradamente expresan su deseo de que esa realidad crítica no sea ignorada y, menos aún, desatendida. Se han convertido en un amplio clamor, en el que, junto a las proclamas expuestas en la calle, ofrecen notable consistencia los argumentos apoyados en sólidos análisis, con firme fundamentación empírica y demostrativos, cifras en mano, del alto nivel de inquietud alcanzado, susceptible de ofrecer una gran resonancia política, que emerge en un intento de búsqueda del amparo que creen no encontrar en las opciones convencionales. Así lo evidencia la dimensión de la III Asamblea General de la España Vaciada, celebrada el pasado septiembre en la villa conquense de Priego, en la que se han dado cita más de setenta grupos y asociaciones, provenientes de 28 provincias. A este respecto no deja de llamar la atención la presencia vigorosa en este afán reivindicativo de los jóvenes, que de esta manera tratan de dejar constancia de su sensibilidad por el problema – dar cuenta de que también existen y de que políticamente también pueden dejar constancia de ello- y de su disposición para asumir los retos que exige la recuperación siempre que encuentren las condiciones adecuados que lo hagan posible.


            De ahí que, por encima de las posiciones simplemente limitadas a dar cuenta de la preocupación que el hecho suscita y de las lamentaciones que lo acompañan, lo cierto es que para afrontar el debilitamiento económico de un espacio en crisis demográfica no hay otra posibilidad que la asociada al despliegue de la capacidad de iniciativa empresarial, ya sea de origen endógena o proveniente del exterior, y no sólo en la actividad agraria, aunque su capacidad para generar empleo sea ya muy limitada, sino también a través de la diversificación en el abanico de posibilidades que ofrecen la industria y los servicios ligados al aprovechamiento de la riqueza del territorio. 


            Es en este escenario de perspectivas en el que deben basarse las reflexiones estratégicas, de forma que vayan más allá del simple juicio de intenciones para plasmarse en actuaciones operativas, bien diseñadas, debidamente asesoradas y viables, capaces de encontrar en el territorio no necesariamente urbano la plataforma idónea para su implantación y desarrollo. Bastaría con otorgar sentido práctico a los objetivos contemplados en la Declaración de Cork 2016, que desglosa en diez apartados los principios en los que debe sustentarse la utilización eficaz de los recursos a sabiendas de que, mediante políticas públicas adecuadas, la gestión de las sinergias entre los diferentes sectores y la mejora de los servicios es posible asegurar las condiciones que faciliten “una vida mejor en el medio rural”.


            Reconociendo que de antemano se trata de un proceso territorialmente selectivo, existen experiencias que inducen a la reflexión. Recurramos a modo de ejemplo al hecho de que empresarios catalanes hayan instalado en un pueblo de Burgos una empresa innovadora, Centro Pamaso, digna de ser tenida en cuenta. Lo hicieron en Villahoz, un pequeño municipio de 300 habitantes, en el valle del Arlanza. Es una iniciativa interesante, concebida con criterios de sostenibilidad y en cuyo impulso ha intervenido la capacidad de estímulo ejercida por empresas relevantes del llamado Polo Positivo burgalés. En Milagros, cerca de Aranda, se esperan proyectos similares, así como en otros puntos del espacio regional, en paralelo con lo sucedido en otros poblacionalmente débiles, que convendría seguir de cerca y analizar in situ. No es un fenómeno masivo, pero conviene estar atentos a la tendencia, reveladora de una capacidad competitiva asumida por algunas empresas.


            Tengamos en cuenta que los procesos demográficos son el corolario de los procesos económicos. No son la causa sino el efecto. Y no cabe duda de que la reestructuración del sistema funcional básico (sanidad y educación) depende en sus perspectivas de futuro de la acreditación que la región pueda tener, también en el mundo rural, como ámbito de oportunidades, habida cuenta de que las infraestructuras de acogida con que cuenta la Comunidad Autónoma puedan favorecerlo sin olvidar lógicamente las políticas de mejora que puedan llevarse a cabo. Se trata, en suma, de asumir el desafío que supone la voluntad de afianzar el atractivo de Castilla y León como un escenario de oportunidades plurisectoriales y respetuosas con su calidad geográfica mediante la promoción activa de las cualidades del territorio como espacio bien dotado de posibilidades, explícitas y latentes, capaces de neutralizar la regresión demográfica de la que se ve afectado.

12 de enero de 2017

La despoblación al descubierto



Villafrechós (Valladolid)

Julio Llamazares es un escritor a quien respeto y leo desde hace mucho tiempo. Es del valle del Curueño, provincia de León, y reside en la villa de Madrid, la ciudad más poblada de España. Hace bien en manifestar su interés y sensibilidad por el problema de la despoblación en el mundo rural español. Enarbola con brío la bandera de la ruralidad destrozada por el vaciamiento demográfico. Y lo hace, con razón y para bien, con atinada alusión a las obras que en los últimos tiempos (Sergio del Molino, Avelino Hernández, a quien yo publiqué en Ambito sus espléndidos libros sobre Soria, Francisco Cerdá...) han insistido en una tendencia atroz, que se muestra irreversible y que pone en peligro la supervivencia de un patrimonio cultural digno de mejor suerte.

Pero, ay, sin menoscabar un ápice lo que esa generación de periodistas aporta, se da la circunstancia de que el silencio se cierne injustamente sobre las numerosas obras, trabajos, estudios e investigaciones que, mucho antes que estos libros bienvenidos, ya han dado cuenta, con pelos, datos, mapas y un sinfín de referencias y señales, de esa tragedia.

No es por presuimir, pero nadie podrá cuestionar que en ese empeño por dar a conocer una realidad tan crítica, los geógrafos españoles han - hemos - puesto hace décadas la primera piedra, cuando muy pocos hablaban del tema. Quizá faltó sentido del marketing para que esos esfuerzos tuvieran la proyección pertinente. Y es que desde los años cincuenta del siglo XX encontramos trabajos pioneros que describieron la cuestión con los rasgos preocupantes que el tiempo - pues las tendencias también aparecían explícitas en esos textos - se ha encargado de perfilar con mayor acuidad aún. Ahí están esas aportaciones que engrosan las estanterías y que convendría rescatar, para que no queden relegadas al olvido y, sobre todo, para que se sepa que en esto de la despoblación fueron muchos los afanes desplegados en solitario cuando, en el contexto del desarrollismo y la urbanización rampantes, muy pocos volvían sus ojos hacia lo que estaba pasando en el mundo rural, sumido en el progresivo abandono. 
 
Por cierto, así se lo reconoció Miguel Delibes a mi maestro Jesús García Fernández cuando recurrió a la ayuda del ilustre geógrafo vallisoletano para que le comentara el fenómeno a fin de contextualizar debidamente aquella obra tan afamada como es "El disputado voto del Señor Cayo", que Delibes ambientó en tierras de Huidobro, en el septentrión de la provincia de Burgos. Doy fe, porque yo asistí a aquella conversación en la Cafetería Granja Terra de Valladolid. Comenzaba la primavera del año 1976.
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