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17 de febrero de 2025

Nunca olvidaremos a los saharauis

 

Hacia mucho tiempo que no oía hablar del problema del Sahara Occidental en la ciudad en la que vivo. Cuando supe que iba a hacerlo Taleb Alisalem, y además bien acompañado y envuelto en la amplitud del Aula Mergelina de la Facultad de Derecho, pensé que era una oportunidad que no debía desaprovechar. La asistencia fue elevada y muy activa en el desarrollo del debate.
Me resisto a pensar que se trate de una tragedia olvidada, pese a que tanto afecta y afectará siempre a la memoria colectiva de España y los españoles.
Nacido en los campamentos de refugiados saharauis en 1992, Taleb ha dedicado su vida a la defensa de la causa saharaui para evitar, a través de sus obras, que quede sumida en el olvido. De ello, y como señaló en la charla, dio cuenta en Naciones Unidas cuando fue invitado en 2023 a participar en las sesiones dedicadas a los procesos de descolonización que en el mundo siguen sin resolverse. Ha sido galardonado con el Premio "Internacionalización de la causa saharaui" por parte de la Unión de Periodistas, Escritores e Intelectuales Saharauis (UPES).
Durante muchos años la tragedia del pueblo saharaui se ha identificado sobre todo con la terrible situación de los refugiados en los campamentos situados en la Hamada de Tinduf, al oeste de Argelia. Representaban el símbolo de una comunidad expulsada de su tierra, tenazmente defensora de su identidad y dispuesta a los mayores sacrificios mientras esperaba ansiosa, con la paciencia que proporciona el sentirse convencida de sus derechos, el cumplimiento de la legalidad internacional, que simplemente se limitaba, en sucesivas Resoluciones, a plantear, mediante referéndum, el fin del proceso vergonzosamente iniciado con la ocupación por la fuerza en 1975. Hoy se sabe ya que aquella "marcha verde" que invadió el territorio español y que forzó al llamado Acuerdo de Madrid de cesión del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania fue apoyada, tras consulta, por Estados Unidos durante la presidencia de Gerald Ford, culminando en una de las experiencias internacionales más ignominiosas del último cuarto del siglo XX. Obviamente aquel Acuerdo fue considerado ilegal a todos los efectos. Ha supuesto un baldón en la Historia contemporánea de España.
El asunto quedó zanjado hace tres años. Alisalem recordó que el 19 de marzo de 2022 el Gobierno de España dio un giro histórico a su política exterior al anunciar la decisión de que la ex colonia española del Sáhara Occidental se convirtiera en una región autónoma dentro de Marruecos, posición defendida por Rabat. «España considera que la iniciativa de autonomía es la base más seria, realista y creíble para la resolución de este diferendo», dijo el ministro español de Asuntos Exteriores, utilizando los mismos términos que el comunicado emitido al propio tiempo por el Gobierno marroquí.

20 de marzo de 2022

Una decisión injusta

 


Se presente como se presente, España -oficialmente la potencia administradora del Sáhara, según la ONU - ha sacrificado al pueblo saharaui, algo que resulta difícilmente asumible al coincidir en el tiempo con la brutal invasión de Ucrania. Son dos hechos que vulneran el Derecho Internacional y desoyen a las Naciones Unidas. Sucede además en un momento de máxima tensión en el mercado energético, que en el caso de España depende estrechamente de las importaciones de gas de Argelia. No está de más recordar que en los acuerdos de Madrid (1975) no se entregó la soberanía del Sáhara por lo que ese territorio sigue siendo español (ONU, 2002).

¿Qué resuelve España con esta decisión? ¿Qué garantías ha recibido del monarca marroquí, que celebra la decisión (vean la prensa alauita) como una victoria y como "la vuelta de España al buen camino"? " La solución de la autonomía del Sáhara gana notoriedad y la diplomacia marroquí gana en prestigio y liderazgo", afirma "Le 360". " España ha garantizado de manera irreversible la soberanía marroquí del Sáhara Occidental y la integridad territorial de Marruecos ", subraya el politólogo Tajeddine El Husseini.

Nada debe hacer España en política exterior sin el respaldo de la Unión Europea, su mecanismo de salvaguarda y al que no se ha tenido en cuenta para actuación tan decisiva.

En qué ha beneficiado a nuestro país y a nuestro crédito internacional esta medida? ¿Alguien lo ve?

4 de junio de 2016

Indiferencia española en la despedida al presidente de la República Árabe Saharaui Democrática







Pocos hablan del tema en las redes sociales. Da la impresíón de que se trata de una cuestión menor, lejana en el tiempo y el espacio, cuando no incómoda, generadora de mala conciencia. Creo, sin embargo, que, como homenaje a la figura de Mohamad Abdelaziz,  Presidente de la República Arabe Saharaui, que acaba de fallecer, y como recuerdo de la relación que España ha tenido históricamente con ese territorio abandonado a su suerte y posteriormente usurpado por Marruecos, algo se debe decir y mencionar. Una palabra, una idea, una semblanza.... pública. Ha recibido honores en Tinduf, pero ningún representante de la política española ha hecho acto de presencia. Ni siquiera lo han mencionado en sus soflamas de precampaña, redundantes y propensas al hastío. Ni a la derecha ni a la izquierda. Nadie ha abierto la boca. Silencio, vacío, indiferencia. Lástima.

11 de noviembre de 2010

El escándalo de mirar para otro lado cuando se destruye un pueblo. Nunca podremos desprendernos de la Historia del Sahara Occidental

Niños saharauis en el aeropuerto de Villanubla (Valladolid), a punto de regresar a sus lugares de vida en el exilio. Verano de 2009


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Durante muchos años la tragedia del pueblo saharaui se ha identificado sobre todo con la terrible situación de los refugiados en los campamentos situados en la Hamada de Tinduf, al oeste de Argelia. Representaban el símbolo de una comunidad expulsada de su tierra, tenazmente defensora de su identidad y dispuesta a los mayores sacrificios mientras esperaba ansiosa, con la paciencia que proporciona el sentirse convencida de sus derechos, el cumplimiento de la legalidad internacional, que simplemente se limitaba, en sucesivas Resoluciones, a plantear, mediante referendum, el fin del proceso vergonzosamente iniciado con la ocupación por la fuerza en 1975. Hoy se sabe ya que aquella "marcha verde" que invadió el territorio español y que forzó al llamado Acuerdo de Madrid de cesión del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania fue apoyada, tras consulta, por Estados Unidos durante la presidencia de Gerald Ford, culminando en una de las experiencias internacionales más ignominiosas del último cuarto del siglo XX. Obviamente aquel Acuerdo fue considerado ilegal a todos los efectos. Un baldón en la Historia contemporánea de España.


Sin embargo, lo que está ocurriendo en noviembre de 2010 aporta una dimensión nueva que, además de mostrar la gravedad de las condiciones en que se encuentran los saharauis que habitan el territorio ocupado, desbarata por completo los argumentos engañosos de Marruecos y las opiniones que desde Europa secundan las pretensiones de ese gobierno autocrático al proponer una opción que la comprobación de los hechos revela tan ofensiva como insultante. El ofrecimiento marroquí de sustituir el referéndum exigido por la ONU por un plan de autonomía constituye una afrenta cuando se observan las razones que han dado origen a la instalación del campamento en las proximidades de El Aaiun, la violencia con que ha sido desmantelado, la represión, el amedrentamiento y los saqueos sufridos por la comunidad saharaui y, lo que no hay que pasar por alto, la manipulación informativa propiciada por la imposibilidad de acceder a la capital del Sahara Occidental para conocer lo ocurrido y dar cuenta de ello a la comunidad internacional.
Pues, ¿qué fiabilidad, qué garantía, tiene un plan de autonomía aplicado a un territorio que ha sido agresivamente colonizado y cuyos residentes originarios aparecen sometidos a un proceso de marginación que les convierte en súbditos discriminados, sin posibilidad de acceder a los mismos derechos que se otorga a los ocupantes? ¿qué confianza, qué credibilidad, merece un país que vulnera los derechos a la información y a la verificación de lo sucedido, demostrando con arrogancia inadmisible un desprecio absoluto a las normas que regulan la libertad de expresión y el derecho a una información veraz, máxime cuando hay pruebas evidentes de violencia y maltrato?


Tinduf, Gdeim Izik. He ahí dos lugares que se unirán para siempre en la historia de la infamia y en la vulneración de los derechos humanos. Por si faltara una muestra más de la magnitud en que se plantea la tragedia saharaui, ya no hay duda que valga. Todo ha quedado en evidencia: tanto los exiliados como los residentes conforman una comunidad que siempre será maltratada por Marruecos. El colonialismo ha quedado en evidencia a través de la usurpación de los derechos y las propiedades. En el Sahara Occidental lo mismo que en Palestina. Dos situaciones que se entrelazan mientras los grandes del mundo asisten impávidos y cobardes a la ceremonia implacable de la destrucción. De ambas me he ocupado varias veces en este blog, pues son causas que defiendo de manera decidida.
Y, por lo que respecta al Sahara Occidental, a la tierra de Saguia el Hamra y Río de Oro, no cabe otro sentimiento que el que mezcla la solidaridad con la decepción. Solidaridad que será larga pues la batalla se muestra interminable. tras siete lustros de ilegalidad impune. Y decepción brutal y desconsolada ante lo que estamos viendo: silencios clamorosos en los cuatro vientos, muestras indecentes de hipocresía, ningún atisbo de condena ni denuncia de los hechos (salvo las honrosas excepciones de los Parlamentos de Andalucía y Navarra), miembros del gobierno español que se contradicen con declaraciones lacónicas y de circunstancias sin saber qué más decir, visitas vergonzantes a Argelia para aplacar al Frente Polisario, declaraciones contemporizadoras y elusivas del problema, Unión Europea sumida en sus aspavientos sin rumbo, en manos de liderazgos mediocres, mientras consiente con todo lo que debiera indignar su personalidad tradicionalmente defensora de los derechos humanos, intelectuales de fuste a los que solo interesa destacar “au dessus de la mêlée”, tertulianos de rabia incontenible que apenas mascullan vaguedades cuando de la catástrofe se trata, infomativos de la televisión pública que relegan la noticia al cuarto plano. Miseria por doquier, adobada de mala conciencia que fuerza a bajar la vista y hundir la cabeza. ¿Sensación de impotencia, olvido deliberado, hastío incontenible?



7 de noviembre de 2010

Todas las voces son necesarias para defender al pueblo saharaui … y cuanto más resonantes mejor



Ningún Estado reconoce la soberanía del Reino de Marruecos sobre el Sahara Occidental. Después de 35 años de ocupación ilegal y por la fuerza, sigue siendo el único territorio en el mundo pendiente de descolonización, mientras permanece incumplida la Resolución de Naciones Unidas que obliga a la celebración de un referéndum de autodeterminación que ponga fin a la situación de inseguridad jurídica en que se encuentra un territorio que sigue aún bajo la administración española. Mientras tanto, el acoso y la humillación no cesan. Tanto en el exilio como en la zona sometida a ocupación.

A medida que se conoce la situación de los saharauis residentes en el territorio ocupado, la indignación se acrecienta, porque ya no ha lugar a la sorpresa. Lo que está sucediendo en estos momentos clama al cielo y no hace sino acumular, experiencia tras experiencia, demostraciones más que suficientes de que la política de Marruecos sobre el Sahara Occidental se basa en tres ejes permanentes: marginación de los saharauis, relegados a la precariedad y el abandono, represión sin límites hacia cuantos defiendan la causa justa del pueblo sojuzgado y expolio permanente de los recursos. ¿Qué más argumentos cabe esgrimir para que al fin el mundo exija a Marruecos que cumpla la legalidad internacional? ¿Porqué no se le aplican con la misma contundencia las medidas utilizadas contra aquellos gobiernos que han incumplido también las normas internacionales e incluso se ha sometido a sus dirigentes al Tribunal Penal Internacional? Nada parece inmutar al jefe del Estado marroquí: mientras mantiene en un guetto a la población acampada en condiciones infrahumanas en el campamento de Gdeim Izik, aprovecha la ocasión para reclamar la parte del territorio saharaui en poder del Frente Polisario, mostrando una arrogancia tan insultante como mezquina.

Tanto ha sufrido el pueblo saharaui, tanto ha sido el menosprecio vivido por los españoles solidarios con ese pueblo, tanta la ignominia padecida dia a día, tanta la desesperanza… que resulta difícil resistirse a la reclamación de que otras voces se unan a las nuestras para encontrar la salida que ponga fin a uno de los episodios más trágicos de la geopolítica mundial en nuestros días. Y si esas voces poseen la resonancia que merecen, serán coherentes con lo que pretenden en este mundo de problemas irresueltos, evitando posiciones críticas selectivas y el empleo de distintas varas de medir frente a la injusticia y la violencia.

Por esa razón, y tras casi siete lustros de vergüenza, ¿no sería el momento de que el papa de Roma aprovechase el interés y el celo que muestra por cuanto sucede en este país, que tanto le aflige pese a que tanto le da, para hacer oir su voz reclamando justicia y respeto hacia el pueblo saharaui? Y ya que el flamante Premio Nobel 2010 ha dejado por escrito su inequívoca voz de denuncia contra la colonización del Congo y la explotación de la Amazonia peruana en su excelente El sueño del celta, ¿no parece llegado el momento también, como ciudadano español que es, de que Mario Vargas Llosa reclame, con la rotundidad y fuerza con que lo hace para otros escenarios, el cumplimiento de la legalidad internacional y la defensa de los derechos humanos allí donde, como en el espacio que nos ocupa, están conculcados hasta extremos inconcebibles?

31 de agosto de 2010

Las provocaciones de Marruecos a España son contundentes advertencias sobre el Sáhara Occidental

Don Alfredo Pérez Rubalcaba, Ministro de Interior de España, se reune en Rabat con su homólogo marroqui para resolver la tensión en Melilla. Sonrisas y buenas palabras. Hasta la próxima.

La política exterior del Reino de Marruecos se sustenta, en mi opinión, sobre cuatro pilares: sumisión plena a los intereses de las grandes potencias, con especial cuidado hacia Estados Unidos; vinculación estrecha con Francia, como principal valedor ante la Unión Europea y socio privilegiado desde el punto de vista económico; distanciamiento y proximidad calculados, según convenga, respecto a las estrategias del mundo árabe y, last but not least, puesta en escena de actitudes provocativas hacia España, que obligan a la negociación – siempre mediante desplazamientos de los gobernantes españoles a Rabat – para recuperar la calma no sin antes haber dado muestras de que el que el marca la agenda de las relaciones a ambos lados del Estrecho es el hijo de Hassán II, de nombre Mohamed VI. Ciertamente los vínculos con España se inscriben en un panorama de anomalía permanente, de inestabilidad letal, que roza el chantaje y establece las pautas a seguir bajo el estigma de la amenaza periódica y siempre imprevisible.

Lo sucedido en Melilla este mes de agosto es buena prueba de ello, por más que los dirigentes del Partido Popular, secundados en el Congreso por la inefable Rosa Diez, hayan tratado de sacar tajada sin percatarse – o, en todo caso, para servirse de ellas de forma oportunista - de las artimañas utilizadas allende el Mar de Alborán. Y lo mismo cabe decir de la brutal represión sufrida el 29 de este mismo mes por los ciudadanos que, procedentes de Canarias, han clamado en El Aaiun por el derecho a la libertad del pueblo saharaui y contra la ocupación ilegal por parte de Marruecos de un territorio que no le pertenece, tal y como recoge el Derecho Internacional. Con frecuencia acuden desde las islas personas que apoyan la causa de un pueblo sojuzgado, pero nunca como hasta ahora se ha dejado ver la violencia como reacción y escarmiento. No se les ha detenido, simplemente se les ha golpeado con saña para demostrar quién es quién en esta causa cuya irresolución ofende la dignidad humana.

¿Porqué ha ocurrido todo esto? ¿Hay alguna relación entre lo de Melilla y lo del Aaiun? Personalmente entiendo que sí. Ambas situaciones son el reflejo de sendas provocaciones destinadas a ser entendidas como advertencias severas de lo que puede volver a ocurrir si España no acepta el plan de autonomía del Sahara Occidental que, en contra de Naciones Unidas, Marruecos pretende poner en práctica de forma inmediata con el propósito de que la ocupación del Sahara quede legitimada para siempre. España sigue siendo un escollo en este proceso, ya que, pese a las muestras de pleitesía que los gobernantes españoles brindan periódicamente en Rabat, no está claro el apoyo que Marruecos pretende, ante el rechazo mayoritario de la sociedad española a ceder la soberanía de un territorio que fue ocupado por la fuerza y que está obligando a vivir a la población saharaui en condiciones inhumanas desde hace 35 años.
No es, a mi juicio, la situación de Ceuta y Melilla lo que a Marruecos le preocupa – máxime cuando los flujos comerciales y de personas que se producen en ese contexto tan singular resultan beneficiosos para la población marroquí – sino la posesión plena, sin fisuras, del Sahara Occidental aceptada por la comunidad internacional a través de la fórmula de la autonomía diseñada ad hoc por Rabat. De ahí el sentido que tienen estas manifestaciones hostiles hacia España o los españoles, con el fin de que no se pierda nunca de vista quién controla los tiempos, las situaciones y la secuencia del conflicto.

A la vista de lo sucedido cunde el pesimismo, por cuanto la sola posición española nunca bastará para dar al problema del Sahara Occidental la solución legalmente prevista desde hace mucho tiempo. España está aislada en esta batalla, en la que los gobiernos se hallan atados de pies y manos mientras la Unión Europea, y particularmente Francia, no demuestren una postura solidaria en ese sentido. Y, desde luego, Francia no la va a ofrecer porque un tupido entramado de intereses y complicidades enlazan a Marruecos con su antigua metrópoli. Mucho me temo que lo que ha sucedido este mes de agosto vuelva a ocurrir hasta que el gobierno español, tan dispuesto a viajar para templanza del vecino del Sur y a hacer declaraciones - elocuentes y patéticas las palabras exculpatorias de Moratinos y Valenciano - que jamás incomoden al soberano de la blanca chilaba, acepte que lo que este desea hacer con el Sahara Occidental ya no tiene vuelta de hoja. Y sobre todo cuando no son escasas las voces que en los cenáculos del poder aconsejan claramente en esta línea, como ya he comentado en este blog.
Otra cosa bien distinta es lo que pensemos los numerosos españoles que consideramos que la responsabilidad histórica de España en el Sahara Occidental no debe culminar en la ocupación ilegal del territorio del que fuimos responsables, y al que abandonamos a su suerte.

Esta entrada ha sido traducida al francés en el blog Diaspora Saharaui

13 de enero de 2010

Los que apoyan la entrega del Sahara Occidental a Marruecos omiten muchas cosas mientras tergiversan otras. En respetuosa respuesta a Don Máximo Cajal



Era previsible que, tras la experiencia vivida a raiz de la huelga de hambre de Aminetou Haidar en territorio español, la cuestión del Sahara Occidental iba a cobrar nuevos bríos y suscitar un debate que, oculto durante mucho tiempo, emerge ahora con fuerza para poner al descubierto las posturas no siempre coincidentes que existen en la sociedad española sobre un tema tan sensible. La polémica no ha hecho más que comenzar, aunque es probable que tenga un recorrido largo ante el cariz que están tomando los argumentos esgrimidos por quienes consideran que lo mejor que le puede pasar a ese territorio irredento es que pase a formar parte definitivamente de Marruecos porque, según ellos, es la opción que más conviene a los intereses españoles.

De todas las opiniones vertidas en esta línea, la que mayor consideración me merece hasta ahora es la expuesta por Don Máximo Cajal, que la ha manifestado en el diario El Pais (11.Enero.2010) en un artículo que no debe pasar desapercibido. No es cualquiera el Sr. Cajal. Es embajador de España, representante de nuestro pais en Guatemala cuando se produjo en Enero de 1980 el asalto de la embajada, y una persona estrechamente vinculada al Partido Socialista e inequívocamente comprometido con la causa de los derechos humanos. Su opinión debe, por tanto, ser tenida en cuenta, tanto por la personalidad de quien la plantea como por la envergadura del tema planteado.

Sin embargo, y como es lógico, sus puntos de vista no están libres de la crítica que razonablemente puede hacerse en torno al argumentario por él desarrollado. Lo que defiende gravita sobre una idea básica y recurrente: no siendo Argelia un país de fiar, cualquier posibilidad de que el Sahara Occidental pueda ser un Estado independiente debe crear temor, pues sería un apéndice de Argelia, que pondría en peligro la estabilidad de Marruecos y las expectativas de Canarias como región española. Dicho de otro modo, puesto que hay que optar entre dos Estados dominantes, optemos por Marruecos, que es el que más nos interesa y del que nos fiamos plenamente. Marruecos forever. La realpolitik por encima de todo.
Sobre esta base descansa todo lo demás: el Sáhara Occidental nunca ha sido, según él, el germen de un posible Estado, se trata tan sólo de “250.000 kilómetros cuadrados de arenal en el bajo vientre marroquí” (sic), “la reivindicación saharaui es inviable” y "su identidad artificial", de modo que el hecho de que la RASD pase a formar parte de la Comunidad Internacional supondría “una amenaza añadida a las que ya ponen en riesgo la seguridad de España”, por cuanto lo que defiende Argelia “es contrario al interés nacional de España”.
Mientras su decantación por Marruecos frente a Argelia le lleva a recordar la época en la que este pais acogía a los movimientos independentistas de Canarias, algo que ocurrió en los años setenta y de lo que ya nadie habla (¿alguien en su sano juicio puede pensar actualmente en riesgos de independentismo canario, alentado por Argelia?), omite, sin embargo, la estrecha relación comercial (decisiva desde el punto de vista energético) y de normalidad política que ahora existe con ese país, así como los numerosos y reiterados chantajes y desplantes practicados por Marruecos frente a todo lo que tenga que ver con la presencia española en el Norte de Africa. La vecindad con Marruecos, como bien sabemos, siempre ha sido muy complicada y nunca ha ofrecido garantías de seguridad con perspectivas duraderas. De eso he hablado ya varias veces en este blog.
Tampoco menciona el Sr. Cajal de qué manera se apropió Marruecos del territorio saharaui en 1975, evita toda referencia a la dimensión e importancia de las riquezas naturales de que dispone ese espacio (¿habría Marruecos hecho lo que ha hecho si se tratase sólo de un arenal improductivo y de una costa sin uno de los bancos de pesca más importantes del mundo?) y, lo que es más sorprendente en un diplomático, no alude una sola vez las resoluciones de Naciones Unidas sobre el problema ni al hecho de que en estos momentos ningún país del mundo reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio del Sahara Occidental. Bien es verdad que, en un alarde de sinceridad, admite que le gustaría que Marruecos fuera un Estado más garantista en materia de derechos humanos y que la autonomía ofrecida al Sáhara “solamente es creíble, y por ello aceptable, en un régimen de auténticas libertades”, que, desde luego, y él mismo lo reconoce, no se da.
Entonces, ¿en qué quedamos?. ¿Qué criterios deben primar a la hora de definir lo que ha de ser el Sahara Occidental, cuyas perspectivas como Estado no difieren de las que tenían la mayor parte de los Estados africanos antes de la independencia?. La contradicción, muy condicionada por el maniqueismo obsesivo que sustenta la argumentación, acaba primando en la postura defendida, aunque, a la postre, acabe irritando, y mucho, cuando el sr. Embajador, en un alarde de ignorancia (quizá más que de inhumanidad), se permita decir que, debido a la ayuda del vecino argelino, “desde hace más de tres décadas, (Argelia) permite que en su interior malvivan las decenas de miles de saharauis acampados en Tinduf”. Como si los campamentos de refugiados fueran una opción a la que Argelia ha obligado en vez de un exilio forzado por una ocupación ilegal y vejatoria que sume a todo un pueblo en la mayor de las ignominias, en contra precisamente - lo que para un diplomático no debiera ser cuestión baladí - de la legislación internacional.
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