Merece la pena prestar a este tema un momento de atención en un momento especialmente crítico y preocupante.
3 de mayo de 2026
Defensa de los derechos humanos y seguridad ciudadana en América Latina
Merece la pena prestar a este tema un momento de atención en un momento especialmente crítico y preocupante.
1 de mayo de 2026
Con motivo del Dia del Trabajo
A punto de asistir, como todos los años, a la manifestación convocada con motivo del Dia del Trabajo (para mí, una de las fechas más simbólicas del año), considero pertinente hacer, a vuela pluma, una reflexión sobre lo que esta fecha significa y lo que puede representar en un momento en el que la propia noción de TRABAJO aparece sometida a enormes transformaciones en virtud de los impactos que la afectan tanto conceptualmente como en sus propias pautas organizativas y de funcionamiento.
27 de abril de 2026
Una reflexión tras el tercer atentado a Donald Trump
Escribe hoy Jimina Sabadú, alias de Cristina García Pardo, afamada escritora y periodista: " no pretendo ser conspiranoica, pero si a Donald Trump quisieran matarle, ya le habrían matado. Si le quisieran deponer, ya le habrían depuesto".
Lo señalo como cita que induce a cuestionar todo, absolutamente todo, lo que proviene, dice, hace o emprende ese tal Trump. Y lo subrayo por principio, conocida ya su errática e impúdica trayectoria. Todo en él, amén de suscitar la duda o la sospecha, es una continua y alarmante distopía. Vive de la manipulación, la mentira, el odio y el engaño.
Está viviendo un momento de bajón, de cuestionamiento, de pérdida de popularidad y...en la guerra de Oriente Medio respira la sensación del fracaso. Tres atentados dice haber tenido. Los tres han fallado. Y es de celebrar. Pero esa sensación, que instintiva y sinceramente emana de la defensa de la vida y del rechazo a la violencia (tan cara, sin embargo, a la forma de actuar del individuo de marras), no impide apreciar en el hecho de ser afectado por esa agresión una modalidad, amparada en la solidaridad que motiva, de intento de recuperación de una imagen que se deteriora a pasos agigantados. Sin olvidar el uso que pueda hacer de cara a alterar las elecciones de noviembre e incluso a las modificaciones constitucionales que justifiquen su presentación a un tercer mandato. Atentos.
No sería la primera ni única vez que, sumido en la caída, alguien trata de capitalizar el infortunio fallido a falta de otros baluartes sobre los que sustentar una imagen respetable y digna, lo que no es el caso dada la ineptitud e inmoralidad del personaje.
25 de abril de 2026
52 años del cambio político en Portugal
24 de abril de 2026
¿Está la lectura amenazada?
23 de abril de 2026
Una nota de color a Castilla y León dedicada
De pronto la tonalidad del edificio se enriquece con una nota de color. Aparece aislada, ninguna otra señera similar comparte el escenario simple y monocorde. Humildemente el verde del árbol, que respira primavera, aporta una nota de esperanza. La imagen atrae instintivamente la mirada, la vista se siente complacida por esa referencia bien conocida y que tantas y tantas reflexiones, inquietudes, ilusiones y zozobras ha suscitado. En el Día de Castilla y León...y siempre.
20 de abril de 2026
¿Es aplicable el principio de la "prioridad nacional" en la gestión pública?
"Común es el sol y el viento/común ha de ser la tierra/que vuelva común al pueblo/lo que del pueblo saliera".
Son algunos de los versos simbólicos del Himno Comunero que durante años se han cantado en la campa de Villalar y en las tierras inmensas y deseosas de esperanza de Castilla y de León cada 23 de abril.
16 de abril de 2026
La infamia de la DESREGULACION como politica pública
La gente de Vox ha impuesto al Partido Popular, y en el nuevo gobierno de Extremadura, la asignación a su favor, entre otras, de una Consejería llamada de DESREGULACION (sic). Es un hecho sorprendente, insólito en la UE y de expresiva dimensión política y social por sus previsibles y negativas consecuencias. Bien sabemos lo que ese concepto - desmontaje, desmantelamiento - significa, sobre todo si, como en este caso, se presenta como un objetivo global susceptible de aplicación al conjunto de la política extremeña, del que específicamente se apropia, para su materialización, el grupo ultra. Y eso ocurre precisamente cuando Viktor Orban, el avalista de Vox en Europa, ha sido ostensiblemente derrotado y cuando todo lo que representa, gesticula, hace y dice Donald Trump se ha convertido en una referencia tóxica para la ultraderecha europea
6 de marzo de 2026
La venganza de la Geografía
Una vez más se pone en evidencia la importancia del conocimiento riguroso del territorio para explicar e interpretar lo que sucede. No es posible entender el significado de los procesos políticos, y las tendencias que los definen, sin analizar a fondo el contexto geográfico en el que tiene lugar. Por esa razón, he vuelto a leer esta obra que, muy aconsejable, es una referencia obligada cuando se trata de analizar los problemas de nuestro tiempo sobre la base de su fundamentación histórica y de los hechos que definen y configuran la tan compleja como desconocida realidad territorial iraní.
4 de marzo de 2026
Un mensaje decisivo del Presidente del Gobierno de España
He oído, íntegra, la intervención del Presidente del Gobierno de España a las nueve en punto de la mañana. Eran las nueve en todos los relojes. Eran las nueve en punto de la mañana del día 4 de Ventoso de 2026.
2 de marzo de 2026
La degradación permanente de la legalidad internacional
Cuando se observa la secuencia de ataques contra Gaza, bombardeos en Siria, amenazas sobre Líbano y ahora golpes directos contra Irán, emerge un patrón que va más allá de la coyuntura electoral o del cálculo inmediato. La lógica parece ser otra: impedir que en el entorno de Israel exista hoy, o pueda existir mañana, cualquier actor con capacidad real de desafiar su supremacía militar y su proyecto territorial.
11 de febrero de 2026
Cuando llegue la hora de la verdad tras el frenesí electoral en Extremadura, Aragón y Castilla y León
Una vez pase la euforia proporcionada por los resultados electorales obtenidos, llegará el momento de la verdad. Al fin. Se acabaron las soflamas, los insultos, las mentiras y las frases hechas, declamatorios sustitutivos de programas y propuestas de gobierno que brillan por su ausencia. Quien esto escribe no recuerda, siguiendo con atención los procesos ocurridos, nada con valor propositivo, por parte de quienes participan de esa euforia, digno de tal nombre.
21 de enero de 2026
Que nadie olvide el genocidio que no cesa
Manteniendo sin réplica su brutal estrategia de expolio y exterminio del pueblo y la tierra palestinos, el régimen genocida de Israel ha llevado a cabo la demolición de los edificios pertenecientes a la agencia de las Naciones Unidas (ACNUR/UNRWA) para los refugiados palestinos en la zona oriental de Jerusalén. Esta barbarie se corresponde con el empeño del gobierno israelí por neutralizar a esta organización, que desde 1949 desempeña un papel humanitario esencial en los territorios ilegalmente ocupados. Con esta operación el gobierno genocida israelí trata de impedir la labor de este actor clave en la protección de los refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, así como en Siria, Jordania y Líbano.
20 de enero de 2026
El interesante discurso de Mark Carney ante el Foro de Davos
Dado su indudable interés, las valiosas reflexiones planteadas y la oportunidad del momento, me parece pertinente, como documento aleccionador, insertar el discurso integro pronunciado el 20 de enero de 2026 por el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, en la Cumbre de Davos:
“Es un placer, y un deber, estar con ustedes en este momento decisivo para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré sobre la ruptura del orden mundial, el fin de una bonita historia y el comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ningún límite.
Pero también les digo que otros países, en particular las potencias medias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que encarne nuestros valores, como el respeto por los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de gran rivalidad entre potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como la lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma. Y, ante esta lógica, existe una fuerte tendencia de los países a apaciguar para llevarse bien. A adaptarse. A evitar problemas. A esperar que la docilidad les garantice la seguridad.
No será así.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él, planteaba una pregunta sencilla: ¿cómo se mantenía el sistema comunista?
Su respuesta comenzaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero colocaba un cartel en su escaparate: ‘¡Proletarios de todos los países, uníos!’. Él no creía en ello. Nadie cree en ello. Pero coloca el cartel de todos modos, para evitar problemas, para mostrar su conformidad, para llevarse bien con los demás. Y, como todos los tenderos de todas las calles hacen lo mismo, el sistema persiste.
No solo a través de la violencia, sino también a través de la participación de la gente común en rituales que, en privado, saben que son falsos.
Havel lo llamó ‘vivir en una mentira’. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la voluntad de todos de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar así, cuando el verdulero quita su cartel, la ilusión comienza a resquebrajarse.
Es hora de que las empresas y los países quiten sus carteles.
Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamábamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, elogiamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos aplicar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor en función de la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a proporcionar bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los marcos para la resolución de controversias.
Así que colocamos el cartel en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las diferencias entre la retórica y la realidad.
Ese acuerdo ya no funciona.
Permítanme ser directo: nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición.
Durante las últimas dos décadas, una serie de crisis en las finanzas, la salud, la energía y la geopolítica pusieron de manifiesto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias comenzaron a utilizar la integración económica como arma. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar.
No se puede ‘vivir en la mentira’ del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación.
Las instituciones multilaterales en las que confiaban las potencias medias —la OMC [Organización Mundial del Comercio], la ONU, la COP [Conferencia de las Partes, la cumbre anual de Naciones Unidas sobre el cambio climático]—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, se han visto muy mermadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar una mayor autonomía estratégica: en materia de energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro.
Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de combustible o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú mismo.
Pero seamos claros sobre adónde nos lleva esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la apariencia de normas y valores para perseguir sin obstáculos su poder e intereses, los beneficios del ‘transaccionalismo’ serán más difíciles de replicar. Las potencias hegemónicas no pueden monetizar continuamente sus relaciones.
Los aliados se diversificarán para protegerse contra la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán sus opciones. Esto reconstruye la soberanía, una soberanía que antes se basaba en las normas, pero que cada vez se fundamentará más en la capacidad de resistir la presión.
Como ya he dicho, esta gestión clásica del riesgo tiene un precio, pero el coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que construir cada uno su propia fortaleza. Las normas compartidas reducen la fragmentación. Las complementariedades son sumas positivas.
La cuestión para las potencias medias, como Canadá, no es si adaptarse a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La cuestión es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue uno de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar fundamentalmente nuestra postura estratégica.
Los canadienses saben que nuestra antigua y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras alianzas nos conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado ‘realismo basado en valores’ o, dicho de otro modo, nuestro objetivo es ser pragmáticos y guiarnos por principios.
Esos principios que nos guían son nuestro compromiso con los valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza, salvo cuando sea conforme con la Carta de las Naciones Unidas y el respeto de los derechos humanos.
Somos pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser gradual, que los intereses divergen y que no todos los socios comparten nuestros valores. Nos comprometemos de manera amplia y estratégica, con los ojos bien abiertos. Aceptamos activamente el mundo tal y como es, sin esperar a que sea como deseamos.
Canadá está calibrando nuestras relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos dando prioridad a una amplia participación para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del orden mundial, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego para el futuro.
Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fortaleza en nuestro país.
Desde que mi gobierno asumió el poder, hemos reducido los impuestos sobre los ingresos, las ganancias de capital y la inversión empresarial, hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial y estamos acelerando una inversión de un billón de dólares en energía, inteligencia artificial, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y mucho más.
Vamos a duplicar nuestro gasto en defensa para 2030 y lo estamos haciendo de manera que se fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el extranjero. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, que incluye la adhesión a SAFE, el acuerdo europeo de adquisición de material de defensa.
En los últimos seis meses hemos firmado otros 12 acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes.
En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Qatar.
Estamos negociando acuerdos de libre comercio con la India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y el Mercosur.
Para ayudar a resolver los problemas mundiales, estamos aplicando una geometría variable, es decir, diferentes coaliciones para diferentes cuestiones, basadas en valores e intereses.
En lo que respecta a Ucrania, somos un miembro fundamental de la Coalición de los Voluntarios y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad.
En cuanto a la soberanía del Ártico, apoyamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca y respaldamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia. Nuestro compromiso con el artículo 5 [de la OTAN] es inquebrantable.
Estamos trabajando con nuestros aliados de la OTAN (incluidos los ocho países nórdicos y bálticos) para reforzar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, entre otras cosas mediante inversiones sin precedentes de Canadá en radares de horizonte lejano, submarinos, aviones y tropas sobre el terreno. Canadá se opone firmemente a los aranceles sobre Groenlandia y pide que se celebren conversaciones específicas para alcanzar los objetivos comunes de seguridad y prosperidad para el Ártico.
En materia de comercio plurilateral, defendemos los esfuerzos por tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas.
En cuanto a los minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse del suministro concentrado.
En materia de inteligencia artificial, estamos cooperando con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemonías e hypercalers [grandes empresas de servicios de infraestructura y nube privada, que cuentan incluso con millones de servidores].
No se trata de un multilateralismo ingenuo. Tampoco se trata de depender de instituciones debilitadas. Se trata de crear coaliciones que funcionen, tema por tema, con socios que compartan suficientes puntos en común para actuar juntos. En algunos casos, esto supondrá la gran mayoría de las naciones.
Y se trata de crear una densa red de conexiones entre el comercio, la inversión y la cultura, a la que podamos recurrir para afrontar los retos y oportunidades del futuro.
Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú.
Las grandes potencias pueden permitirse actuar por su cuenta. Tienen el tamaño del mercado, la capacidad militar y la influencia para dictar las condiciones. Las potencias medias, no. Pero cuando solo negociamos bilateralmente con una potencia hegemónica, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros para ser los más complacientes.
Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía al tiempo que se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por el favor o unirse para crear una tercera vía con impacto.
No debemos permitir que el auge del poder duro nos impida ver que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte, si decidimos ejercerlo juntos.
Lo que me lleva de vuelta a Havel.
¿Qué significaría para las potencias medias ‘vivir en la verdad’?
Significa llamar a las cosas por su nombre. Dejar de invocar el ‘orden internacional basado en normas’ como si siguiera funcionando tal y como se anunciaba. Llamar al sistema por lo que es: un periodo de intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias, en el que las más poderosas persiguen sus intereses utilizando la integración económica como arma de coacción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a los aliados y a los rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica procedente de una dirección, pero guardan silencio cuando proviene de otra, estamos manteniendo el cartel en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que se restablezca el antiguo orden, crear instituciones y acuerdos que funcionen tal y como se describe.
Y significa reducir la capacidad de influencia que permite la coacción. Construir una economía nacional fuerte siempre debe ser la prioridad de todo gobierno. La diversificación internacional no es solo prudencia económica, es la base material de una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a adoptar posturas basadas en principios al reducir su vulnerabilidad a las represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Tenemos vastas reservas de minerales críticos. Contamos con la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones se encuentran entre los inversores más grandes y sofisticados del mundo. Tenemos capital, talento y un gobierno con una inmensa capacidad fiscal para actuar con decisión.
Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestra arena pública es ruidosa, diversa y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad.
Somos un socio estable y fiable —en un mundo que es todo lo contrario—, un socio que construye y valora las relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está sucediendo y la determinación de actuar en consecuencia.
Entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal y como es.
Estamos quitando el cartel de la ventana.
El antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia.
Pero, a partir de esa fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo.
Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de fortalecer nuestra posición interna y de actuar juntos.
Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos con franqueza y confianza.
Y es un camino abierto a cualquier país que desee recorrerlo con nosotros".
17 de enero de 2026
Diplomacia y acuerdo frente a la barbarie





