Artículo publicado en El Norte de Castilla
Cuando se analiza el estado de ánimo y la preocupación que en estos momentos embarga a la sociedad española frente a la tragedia de los incendios forestales, lo cierto es que no debe entenderse como una sensación imprevisible ni aleatoria, pues nada tiene de azarosa ni fortuita. La terrible experiencia vivida en España en 2025 –cerca de 9.000 incendios y conatos, 355.000 hectáreas quemadas, la superficie más elevada en tres décadas, y 63 grandes incendios forestales, es decir, los que afectan a más de 500 hectáreas – supuso una enorme advertencia que no fue tenida en cuenta con el nivel de sensibilidad y toma de conciencia que exigía, a sabiendas –como la experiencia y la sabiduría popular se han encargado de demostrar de manera sistemática y redundante – de que el incendio – las 'tormentas de fuego', de que habla Robert Chevrou – constituye el riesgo más recurrente y atroz en los países mediterráneos, en virtud de la coincidencia que en la secuencia climática anual se produce en el periodo estival entre las altas temperaturas y el mínimo pluviométrico, lo que determina un incremento muy elevado de la 'evapotranspiración' como el rasgo ambiental dominante durante el verano y el factor principal del riesgo de combustión masiva.
Ello explica la dificultad de neutralización que adquiere la quema incontrolada cuando afecta a biomasas arbóreas y arbustivas en espacios de relieve accidentado y afectados por regímenes de vientos propensos tanto a la intensificación de su fuerza como a las variaciones introducidas por el efecto de resonancia de la montaña, como ha ocurrido en las sierras almerienses y en la Cordillera Central. La dimensión de los dos factores que determinan su nivel de peligro – virulencia del fuego y altura de la llama – justifican la gravedad del fenómeno de acuerdo con la fórmula (fórmula de Byram) científicamente utilizada por su expresividad y que, aplicada a los escenarios señalados, arrojaría valores sorprendentes.
Fórmula de Byram:
P = 18.700 w R (en kilovatios por metro: kW/m): en el que w es la biomasa quemada (mantillo, hojas, acículas, ramitas, etc.) en kg/m², y R es la velocidad de propagación del fuego en m/s. El coeficiente 18.700 representa el calor de combustión de la vegetación (un valor promedio), expresado aquí en kJ/kg.
No me extenderé en este tema, pero sí pondré énfasis en las ostensibles carencias que aún existen en España en cuanto al tratamiento efectivo de un gravísimo problema tanto desde el punto de vista ecológico como económico. Las responsabilidades otorgadas no se han correspondido con la atención debida ni con la política territorial llevada a cabo. En síntesis, cabría decir que la clave del problema reside en la insuficiente, caótica, errática e ineficiente política de coordinación entre las administraciones con atribuciones en el tema, tal y como establece la Ley 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil, insistente con claridad en el modelo basado en la corresponsabilidad. Son carencias cuyo fundamento explicativo deriva a menudo de la desidia, cuando no de la falta de riguroso y proactivo cumplimiento, por parte de las Comunidades Autónomas de la competencia plena reconocida en el artículo 148.1.8ª de la Constitución, por el que se asigna a las regiones competencias específicas en montes y aprovechamientos forestales, a lo que habría que sumar lo establecido en la Ley 43/2003, de Montes, que las otorga en exclusiva la gestión ordinaria de los montes y la lucha contra los incendios forestales.
Sobre este soporte se asienta el ejercicio básico competencial de raíz autonómica que, de ser asumido como corresponde, debe ser complementado por las funciones que, dependiendo de manera complementaria del Estado y de los Ayuntamientos, han de ir orientadas al cumplimiento de tres grandes objetivos y enfoques metodológicos, avalados por una experiencia muy sólida en el mundo mediterráneo europeo. Tales son:
- Un enfoque integral, coherente y compartido con visión prospectiva sobre el riesgo de incendios, susceptible de afectar a diferentes escalas geográficas, lo que implica la indispensable planificación y aprovechamiento de los usos del suelo a fin de evitar la acumulación de residuos favorecedores de la ignición y su profusión en el territorio.
- Desarrollo y mejora del intercambio continuo de conocimientos (resultados de investigaciones, evaluación de impactos registrados, coordinación formativa e informativa, fijación de hipótesis anticipatorias), destinados a respaldar con rigor las medidas de evaluación y prevención del riesgo, abordando la problemática relacionada con los incendios desde la fase más temprana posible y asegurando una intervención rápida y bien dotada técnica y económicamente.
- Diseño y aplicación de instrumentos de resiliencia y adaptación frente a las consecuencias del cambio climático (visceral e irracionalmente cuestionado por las posturas anarco-populistas), que obliga a centrar la atención en las áreas con vegetación altamente combustible y en las interfaces con áreas urbanizadas (lo que está sucediendo en la Comunidad de Madrid es un ejemplo de libro), así como el fomento y el mantenimiento de una cultura de la prevención en los comportamientos de la ciudadanía y de las poblaciones con mayores posibilidades de verse afectadas sobre la base delprevio conocimiento empírico obtenido.


















