2 de marzo de 2026

La degradación permanente de la legalidad internacional

 Cuando se observa la secuencia de ataques contra Gaza, bombardeos en Siria, amenazas sobre Líbano y ahora golpes directos contra Irán, emerge un patrón que va más allá de la coyuntura electoral o del cálculo inmediato. La lógica parece ser otra: impedir que en el entorno de Israel exista hoy, o pueda existir mañana, cualquier actor con capacidad real de desafiar su supremacía militar y su proyecto territorial.

No es solo disuasión clásica. Es una estrategia de degradación permanente de la legalidad internacional. Golpear antes de que el adversario sea fuerte. Fragmentar antes de que se consolide. Destruir capacidades no para equilibrar, sino para garantizar que el equilibrio nunca llegue a producirse. En ese marco, Irán no es únicamente un problema nuclear, sino el último gran polo regional que podría articular resistencia política, militar o simbólica al dominio israelí, experto en robar tierras ajenas y asesinar niños. A mansalva e impunemente.
Esta doctrina se superpone con otra realidad incómoda: la consolidación prolongada de la ocupación ilegal y salvaje de Palestina. La expansión de asentamientos en Cisjordania, la anexión de facto de territorios y la fragmentación del espacio palestino han ido reduciendo progresivamente la viabilidad de un Estado palestino. En Gaza, la devastación masiva, el genocidio planificado, el desplazamiento de la mayoría de la población y la destrucción sistemática de infraestructura civil han generado acusaciones internacionales de limpieza étnica y genocidio. Más allá del veredicto jurídico final, la escala de destrucción es evidente.

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