10 de julio de 2026

Incendio en Almería: el impacto en la Sierra de Cabrera-Bédar

 



Área afectada por el incendio 

La Sierra de Cabrera-Bédar simboliza y compendia los rasgos que definen el modelo de ocupación en las áreas de montaña y su vulnerabilidad frente al riesgo. Cuando prima la visión a corto plazo, la cultura de la prevención queda relegada a un segundo plano o subsumida en el convencimiento de que nada va a alterar la placidez alcanzada en entornos definidos por la belleza del paisaje y las confortables sensaciones que aportan el silencio y la soledad.

Tal es la percepción que hace décadas llevó a un grupo de ciudadanos británicos a seleccionar este espacio almeriense como el lugar idóneo para alcanzar la paz deseada tras la vida activa. Llegaron atraídos por el clima mediterráneo, la tranquilidad y un ritmo de vida alejado de las grandes ciudades. El paraíso. Y además muy barato. Compraron antiguos cortijos, rehabilitaron viviendas dispersas por la sierra o levantaron sus hogares en urbanizaciones rodeadas de naturaleza.
Ese mismo entorno que los sedujo ha acabado convirtiéndose en el escenario de una de las mayores tragedias vividas en un incendio forestal en España. Este espacio natural, protegido bajo la Red Natura 2000 como Zona Especial de Conservación (ZEC), ejerce de transición entre la aridez de las llanuras costeras y las primeras estribaciones montañosas del interior, configurando un terreno tan rico en biodiversidad como hostil para las tareas de extinción. Y es que la Sierra de Cabrera Bédar está surcada por una densa red de barrancos profundos, cárcavas y hendiduras rocosas de materiales carbonatados.



A esta compleja morfología se suma la alteración histórica del suelo de la comarca, un importante núcleo de minería de hierro y plomo durante el siglo XIX y principios del XX. Esta actividad configuró un paisaje salpicado de antiguos caminos mineros, escombreras y taludes que hoy, abandonados y colonizados por la vegetación baja de matorral, impiden el acceso de maquinaria pesada y convierten los fondos de los barrancos en auténticas chimeneas para el fuego.
Considerado uno de los pulmones verdes de la comarca, el Pinar de Bédar alberga excepcionales masas forestales de pino carrasco (Pinus halepensis). Son repoblaciones de finales de los años 60, que forman un dosel continuo que, en pendientes pronunciadas, propicia los incendios de copas, los más difíciles de controlar.



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