20 de marzo de 2008

Los llamados biocombustibles agravan el cambio climático



Alejandro Schweitzer, geógrafo y apreciado compañero de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, en Argentina, me envia el siguiente texto, redactado por Steve Connor, el editor de la prestigiosa evista Science, en el que se hace una interesante reflexión sobre el impacto ambiental de los biocombustibles, que someto a vuestra consideración:
" Los científicos han dado datos irrefutables que indican que los biocombustibles podrían ser uno de los mayores timos ambientales, ya que realmente agravan el calentamiento global añadiendo a las emisiones de origen humano el dióxido de carbono a que supuestamente ponen freno. Dos estudios distintos publicados en la revista Science muestran que el cultivo de biocombustibles actualmente realizado para producir alternativas "verdes" a los combustibles fósiles basados en petróleo despiden más dióxido de carbono en el aire del que pueden absorber las plantas cultivadas.
Los científicos han descubierto que, en el caso de algunos cultivos, para saldar la "deuda carbonífera" causada por su cultivo inicial sería necesario cultivarlos durante varios siglos. Esos costes ambientales no tienen en cuenta ninguna otra destrucción adicional en el entorno, como la pérdida de biodiversidad causada por tratamientos de compensación de la prístina selva tropical.
"Todos los biocombustibles que utilizamos actualmente causan destrucción del hábitat natural, ya directa, ya indirectamente. La agricultura global está produciendo ya alimentos para seis millones de personas. La producción de biocombustibles basados en alimentos también requerirá que se destine aún más tierra a la agricultura", dice Joe Fargioine, de la organización de EEUU para la conservación de los recursos naturales y director de uno de los estudios. Los científicos realizaron el tipo de análisis que se está perdiendo en el fragor del incentivo irreflexivo de los biocombustibles fomentado por las políticas de los Estados Unidos y Europa, en que cuyos proponentes han sido entusiastas de las virtudes de los biocombustibles como alternativa verde a los combustibles fósiles utilizados para el transporte.
Ambos estudios examinaban cuánto dióxido de carbono se emite cuando se convierte un trozo de tierra en campo de cultivo de biocombustible. Han descubierto que, por ejemplo, cuando se convierten las turberas indonesias en plantaciones de aceite de palma se necesitan 423 años para saldar la deuda carbonífera. El siguiente peor caso es cuando se tala la selva forestal del Amazonas para convertirla en campos de soja. Los científicos han descubierto que se necesitan 319 años de fabricación de biodiésel de la soja para cancelar la deuda carbonífera causada por la tala de árboles en el lugar original. Los científicos calculan que tales conversiones de la tierra para cultivar maíz y caña de azúcar para el biodiésel, o aceite de palma y soja para el bioetanol, emiten entre 17 y 420 veces más carbón que lo que se ahorra anualmente con la sustitución de combustibles fósiles.

"Esta investigación examina la conversión de tierra para biocombustibles y pregunta si vale la pena. ¿Es mayor el carbón que se pierde por convertir bosques, praderas y turberas que el que se «ahorra» utilizando biocombustibles en lugar de combustibles fósiles?", se pregunta el Dr. Fargione. "Y, sorprendentemente, la respuesta es no. Esas áreas naturales acumulan mucho carbón, de manera que su conversión en tierras de cultivo redunda en toneladas de carbón emitidas a la atmósfera", dice.
La demanda de biocombustibles está destruyendo el entorno de otras maneras. Para los granjeros americanos, por ejemplo, acostumbrados a alternar soja y cultivos de maíz, la demanda de biocombustible ha significado que ya no cultiven maíz. Como resultado, los granjeros brasileños están talando bosques para cultivar soja que poner en la producción a corto plazo.
"En la búsqueda de soluciones al cambio climático debemos asegurarnos de que el remedio no sea peor que la enfermedad", dice Jimmie Powell, miembro del consejo científico de la organización para la conservación de los recursos naturales. "No podemos permitirnos ignorar las consecuencias de la conversión de tierras en campos de cultivo de biocombustibles. Eso significa que no podemos promover sin querer alternativas de combustible peores que los combustibles fósiles para cuya sustitución están diseñadas. Estos descubrimientos deberían incorporarse al avance de la política de emisiones carboníferas", ha dicho el Dr. Powell.
La Unión Europea ya tiene segundas intenciones sobre su política dirigida al estímulo de la producción de biocombustibles. Stavros Dimas, comisario de la UE de medio ambiente, admitió el mes pasado que la UE no previó el conjunto de problemas ambientales generados por el objetivo europeo de obtener el 10% de su combustible de transporte de sustancias vegetales.
El profesor John Pickett, director del reciente estudio sobre biocombustibles encargado por la Royal Society, ha dicho que, aunque puedan jugar un papel importante en la reducción de gases de efecto invernadero del transporte, es importante recordar que un tipo de biocombustible no es igual que otro. "El ahorro de gas de efecto invernadero que puede proporcionar un biocombustible depende de cómo conviertan las tierras y se realicen los cultivos y de cómo se utilice el biocombustible." "Dado que los biocombustibles están entrando ya en el mercado mundial, será vital aplicar criterios de certificación de carbón y sostenibilidad para la valoración de los biocombustibles, a fin de promover aquellos que sean buenos para la gente y el medio ambiente. Esto debe hacerse a escala internacional, para que no nos limitemos a transferir los potenciales efectos negativos de esos combustibles de un lugar a otro."
El profesor Stephen Polasky, de la Universidad de Minnesota y autor de uno de los estudios publicados en Science, dice que los incentivos actualmente empleados para fomentar que los granjeros cultiven terrenos para biocombustibles no consideran el balance carbonífero del cultivo. "No tenemos incentivos correctos porque los propietarios de tierra son recompensados por producir aceite de palma y otros productos, pero no por gestionar carbón. Esto crea incentivos para una explotación excesiva de la tierra y puede tener como resultado a largo plazo el incremento de emisiones de carbón."

(la imagen superior - de la Agencia France-Press- recoge la concentración realizada en Auckland el 8 de Diciembre de 2007)

22 de febrero de 2008

Siempre recordaremos a Luis

Hace tres años ya que falleció Luis Pastor Antolín (Palencia,1958 - Valladolid, 2005), una de las personas más admirables que he conocido en la vida. Su muerte me afectó muchísimo y su ausencia se me antoja inasumible. Conservo los recuerdos de una relación de amistad y profesional que me depararon momentos inolvidables. Quiero dejar en este blog constancia de quien fue un buen amigo y un excelente compañero. A él dediqué en su momento estas líneas que siguen, recogidas más tarde en un libro de homenaje elaborado por los amigos.


No es la fugacidad de la vida lo que alerta nuestros sentidos,
ni siquiera nos conmociona ya el saber que todo tiene un término inexorable,
sino tomar conciencia de que el paso del tiempo
nos lleva a asumir la defensa del valor de lo perenne
de aquello que fortalece y da sentido a la misma razón de vivir.
Y nada más perenne que aquello que se resiste a desaparecer en el fondo
en la esencia de nuestra memoria vivificada.
La memoria nos hace libres, porque nadie ni nada nos puede impedir
abarcar con ella lo más profundo de nuestros deseos,
de esos deseos empeñados en sobrevivir al desgaste del olvido.
De ahí ese afán justificado por evocar las vivencias que fraguaron
la formación de la madurez, de esa madurez
que nos lleva a contemplar las cosas con la perspectiva más enriquecedora,
más positiva, más diáfana en sus mensajes y evocaciones.
Son los paisajes de nuestra vida,
las experiencias más ilusionantes, los recuerdos más apetecidos,
las ilusiones compartidas, los proyectos apenas insinuados.
Son los cimientos sobre los que se edifica la amistad,
lo que da sentido a nuestras inquietudes, lo que mantiene nuestras esperanzas,
lo que da permanencia y vigor a los recuerdos imborrables.

11 de febrero de 2008

Portugal, tan cerca y a la vez tan lejos



Como ha señalado el ex Presidente Mario Soares en el Diário de Notícias lisboeta, la última Cumbre hispano-portuguesa, celebrada en Braga a finales de Enero, “ha constituido un paso importante en las relaciones peninsulares, abriendo una oportunidad única, que no se debe perder, para los dos Estados, en el dominio de las convergencias políticas y económicas, en el marco europeo en particular, pero también en relación al Mediterráneo, al Atlántico y a América Latina”.Objetivos encomiables que seguramente han sido reiterados en ediciones anteriores con la misma grandilocuencia, aunque su repetición no haga sino destacar que una estrategia que debiera estar ya consolidada aparece en este XXIII Encuentro como la manifestación de un deseo aún por cumplir.
Sin embargo, y a la vista de lo acordado, es evidente que los avances en la cooperación entre ambos Estados han ido adquiriendo entidad a través de realizaciones importantes, cuya incidencia habrá de notarse tanto globalmente para cada uno de ellos como para las regiones y lugares en las que se materialicen. No son desdeñables las comprometidas en esta reunión, donde se ha acordado la instalación en Braga del Laboratorio Internacional Ibérico de Nanotecnología, o proseguir en el camino, ya emprendido, hacia la integración energética. Un proyecto tan ambicioso como necesario, cuyos hitos más relevantes han de venir dados por los avances en la compatibilidad reguladora y convergencia tarifaria en el sector energético que permitan configurar un Mercado Ibérico de la Electricidad (MIBEL), acordado en 2004, por la política de fomento conjunto de las energías renovables, y por la ordenación del Mercado Ibérico del Gas (MIBGAS), todo ello con la mirada puesta al tiempo en la creación de un gran operador del Mercado Ibérico de la Energía (OMI).
Ahora bien, el buen funcionamiento de los vínculos entre los dos países no ha de limitarse sólo a los grandes acuerdos interestatales, que dan cumplimiento al Tratado de Amistad y Cooperación, suscrito el 22 de Noviembre de 1977. Desde que, tras la caída de las dictaduras que los distanciaron durante décadas, vieron la luz los primeros intentos de crear espacios de relación a menor escala basados en estrategias compartidas de desarrollo, la cooperación transfronteriza descentralizada se ha convertido en el punto de referencia esencial a la hora valorar el éxito o la frustración de esa voluntad de encuentro a favor de estrategias beneficiosas para ambas partes. Se trata de una cuestión cuya dimensión como problema, variable en su gravedad según los espacios concernidos, no ha dejado de persistir a o largo del tiempo, por mor de unos resultados que ni siempre pueden calificarse de satisfactorios ni, menos aún, incurrir en la autocomplacencia.
Los estudios sobre el tema son tan explícitos que no ha lugar al equívoco cuando ponen al descubierto las insuficiencias de desarrollo o los crónicos problemas de regresión global de estas áreas, que siguen acusando, salvo excepciones singulares, el estigma de la fragmentación histórica. Algo que resulta particularmente perceptible en el tramo de la “raya” correspondiente a la Comunidad de Castilla y León, que sigue siendo el más refractario a la rentabilización de las posibilidades permitidas por la confluencia de fuerzas a uno y otro lado, como ya puse de manifiesto en estas mismas páginas hace años (El Norte de 21 de Mayo de 2001). De manera puntual algunas iniciativas revelan el alcance del esfuerzo realizado y de las ayudas que lo han hecho posible, pero en la mayor parte de los casos son precarias o carecen de las condiciones capaces de asegurar su continuidad en el tiempo como garantía para la creación de oportunidades de desarrollo realmente consistentes. Recurrir para explicarlo a la debilidad demográfica nos lleva, en mi opinión, a un argumento no cuestionable pero insuficiente. Pues cuando ha existido verdadera voluntad de avanzar en la formación de espacios de encuentro creativos e innovadores, la experiencia ha servido para lo que se pretendía, es decir, para fijar población y crear expectativas, y sobre todo confianza, hacia el futuro.
Y es que, en general, la cultura de la cooperación transfronteriza deja todavía que desear: ni está asentada en el conjunto del territorio ni es asumida como una opción estratégica integradora, por más que las proclamas entusiastas que de vez en cuando se hacen den la impresión de lo contrario. De todos modos, para que los propósitos bienintencionados se conviertan en logros contundentes no es necesario improvisar instrumentos de cooperación sino aprovechar convenientemente, y sobre la base de los recursos disponibles, los ya creados y garantizar su operatividad. En resumen, bastaría con centrar la atención en dos soportes de actuación esenciales. Por un lado, en el fortalecimiento de las posibilidades permitidas por la Fundación Rei Afonso Henriques y por el Instituto Interuniversitario asociado a ella, evitando que languidezcan o que sus actividades sean poco más que acciones esporádicas o de mera intencionalidad; y, por otro, dar consistencia a la voluntad política de aplicar en Castilla y León, con fuerte implicación de los municipios y las organizaciones más dinámicos, las directrices contempladas en los acuerdos adoptados en el Encuentro Luso-Español sobre Cooperación Transfronteriza de 13 de Enero de 2006, que fijaron los principios en los que se apoya la programación de los Fondos Europeos para el periodo 2007-2013. Si se tiene en cuenta que la próxima Cumbre (¿porqué no en Zamora?) va a celebrarse en Castilla y León – una oportunidad para recabar la implantación de iniciativas innovadoras de alcance interestatal, como se ha hecho en Braga - y que las posibilidades de las Comunidades de Trabajo constituidas con las regiones Norte y Centro de Portugal están avaladas por la contundencia de los diagnósticos y por el convencimiento de que existen potencialidades que han de ser aún valorizadas, nos encontramos ante una ocasión histórica que en modo alguno puede quedar desaprovechada, pese a que las inercias heredadas obliguen aún más a la prudencia que al triunfalismo. 

16 de enero de 2008

La mirada valiente de Kapuściński


En este artículo, publicado el 24 de Diciembre de 2007 en "El Norte de Castilla", Maria Antonia Salvador quiso dejar constancia del valor de las imágenes que sobre África nos legó Ryszard Kapuściński

"La Asociación de Periodistas Europeos ha brindado a la sociedad vallisoletana la excepcional oportunidad de contemplar la exposición de fotografías sobre África (“África en la Mirada”) realizadas por el afamado periodista polaco (1932-2007). No es sólo un merecido homenaje a su autor, sino a la par a todo un continente, en su mayor parte sumido hoy en la miseria y la desesperanza. Recordar lo que son África, sus gentes, sus paisajes y sus costumbres aporta una sensación que el europeo no puede eludir por dos razones tan imperiosas como palmarias: porque nos son cercanos en el espacio y en el tiempo y porque, pese a la resistencia en admitir la contundencia de los hechos, no son pocas las responsabilidades que conciernen a Europa en el rumbo de los acontecimientos que lo han convulsionado hasta nuestros días. “L’Afrique noire est mal partie” (“África negra ha empezado mal”) es el título de la obra, ya clásica, que René Dumont, uno de los artífices del movimiento ecologista europeo, publicó en 1962 cuando en el continente cobraron entidad propia los sueños de independencia a partir del entramado de países cuyas fronteras habían quedado sancionadas definitivamente en la Conferencia de Berlín (1885), que consagró el reparto colonial. Pretendieron en los sesenta del siglo XX “tomar el destino en su mano”, en expresión del propio Dumont, pero poco a poco las ilusiones creadas por una emancipación meramente formal se irían desvaneciendo, ante la indiferencia del mundo, para dar lugar a un panorama desolador, devastado en numerosos lugares por la guerra, la crisis, la explotación irracional de los recursos, la corrupción, el tribalismo y la casi desaparición del Estado. Poca atención se ha prestado desde España a cuanto sucede en África, no obstante la proximidad a que se encuentra y las numerosas tensiones que de ello se derivan. De ahí que cuando se nos brinda la oportunidad de acercarnos, siquiera sea con la curiosidad de la mirada, a las imágenes que evidencian los múltiples matices y desgarros de una realidad insoslayable, la oportunidad no puede ser desatendida so pena de incurrir en la banalidad de la indiferencia, a la que tan propensa es nuestra sociedad. Una oportunidad que, irrepetible, se acrecienta cuando lo que a nuestros ojos se ofrece es el resultado de las percepciones y vivencias que Kapuściński tuvo en su impresionante y admirable experiencia africana. Basta leer “Ébano” (Anagrama, 2000) para darse cuenta de lo que realmente significan la sensibilidad sin reservas de un intelectual comprometido con los problemas y los conflictos de su época. Expresarlos por escrito no es, desde luego, tarea fácil cuando las dificultades se acumulan, las privaciones son abrumadoras y el ambiente de incomprensión descorazonador. Aun así, la peripecia de Kapuściński en África se remonta al año 1957, cuando el “sol de las independencias” de que tan brillantemente habla Dumont comenzaba a surgir por el horizonte y las vivencias se enmarcaban en el contexto de las zozobras propias de la transición del modelo colonial a la nueva geopolítica a que se abrían los nuevos Estados con más entusiasmos que posibilidades. Durante cuatro décadas, el periodista polaco viajó reiteradamente a lo largo y ancho del continente “evitando las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política”. Por el contrario, los mensajes aportados por la realidad, y que recoge en descripciones excepcionales, le vendrían dados por el contacto directo con las gentes, por la vida vivida con las penalidades ocasionadas por todo tipo de carencias, por la inmersión sin paliativos en “la tela multicolor”, “el tapiz abigarrado” que el autor identifica con cuanto sucede en el turbulento entorno que le rodea. Sólo una experiencia tan dilatada en el tiempo le permitirá asistir vigilante a la trayectoria del África contemporánea, hasta el punto de que no es fácil encontrar en el panorama cultural de Occidente testigos tan cualificados y convincentes, a los que recurrir, con la confianza y credibilidad necesarias, para entender situaciones y acontecimientos difícilmente comprensibles. Ya se trate de dar explicación a la emergencia de la identidad política en Ghana, de describir la singular experiencia golpista de Zanzíbar, de interpretar las brutalidades del régimen de Idi Amin en Uganda o de Charles Taylor en Liberia, de encontrar una explicación al fracaso de los programas socializantes en Tanzania, de denunciar las atrocidades del apartheid sudafricano o las sinrazones bárbaras de las catástrofes de Ruanda o Sierra Leona…. siempre emerge la conciencia de quien siente todo lo que ve como propio, como entrañablemente afín, como algo que le incumbe más allá de la coyuntura o de la sensación momentánea de fracaso histórico que la comprobación fehaciente de los hechos proporciona. Nada le es ajeno, porque nada es trivial ni invita al desdén. En todos los casos, y de forma reiterada, cual constante enriquecedora de las perspectivas utilizadas, gentes y paisaje se entreveran en una simbiosis que en África resulta indisociable. Y lo dice con palabras que no admiten réplica: “¡cómo encajan las gentes en ese paisaje, en esa luz, en ese olor!, ¡cómo se convierten el hombre y la naturaleza en una comunidad indivisible, armónica y complementaria!, ¡cómo se funden en un solo cuerpo!”. Todas estas sensaciones, experimentadas en primera persona y sin intermediación alguna, se transmiten a las imágenes registradas por la cámara que Kapuściński utilizará sin cesar. Cuarenta años dan para mucho cuando de plasmar en fotografía lo vivido se trata, y sobre todo cuando coinciden con la época en la que se fragua el África de nuestros días con todas sus contradicciones e incertidumbres. Sentirlas como próximas no es un ejercicio de mera retórica: es la obligación de una sociedad como la nuestra, empeñada en vivir de espaldas a lo evidente".

15 de enero de 2008

Ciudadanía activa

Reproduzco aquí, integro, el artículo publicado por Miguel Angel Pérez Martín en el diario vallisoletano El Norte de Castilla (11 de Enero de 2008). Como hombre de cultura y de gran sensibilidad que es, Miguel Angel ha tratado en este texto de reconocer lo que con tanta frecuencia permanece oculto en un panorama donde la "cultura" del relumbrón eclipsa la callada labor de cuantos la dignifican en el buen sentido del término


"RESULTA simplemente doloroso, a las 6.30 de la mañana, camino de la estación de Campo Grande a mediados de diciembre -donde todavía cogeré el tren burra que nos lleva actualmente a los vallisoletanos a trabajar en Madrid, rompeolas de todas las españas; hay más de dos- leer algo como 'Valladolid es sabor' -cuando el sabor nos está dando problemas de propiedad intelectual con los cocineros 'giputxis'- frente a 'Valladolid es SABER', que es lo que han pretendido en estos años un puñado de conciudadanos nuestros a los que las instituciones y la sociedad deben un homenaje, una mención... no placas, ni columnas basálticas en el Calderón Teatro, ni una calle siquiera , un sencillo homenaje y recuerdo. Caminamos a hombros de gigantes, como en la ciencia, pero en este caso no miramos a los que nos han sostenido intelectual, cultural y artísticamente. Nadie pone en duda la contribución a la vida cultural, educativa y social de Valladolid de personas como Millán Santos, Pedro Gómez-Bosque o Antolín de Santiago.

Pero otros por suerte siguen en activo y lo seguirán estando, espero, por el buen de esta ciudad. Entre ellos están personas que hace muchos años dejaron la ciudad, como Rafael González Yáñez y Germán Losada, que junto a Fernando Herrero -al que nunca agradeceremos lo suficiente lo que hace por las artes escénicas de Valladolid- revivieron una Seminci, ya cadáver social, político y cultural. No es menor la contribución a esta empresa de Carmelo Romero, delegado de Cultura de la época, después director general de cine en el Ministerio de Cultura. Aquellos años de hierro y bajos presupuestos tuvieron una cabeza tractora de programas y actividad en la persona de Pilar García Santos, ella impulsó muchas instituciones, programas y actividades que aún sobreviven -algunas precariamente, como la Fundación Municipal de Cultura, y otras dando sus últimos alientos, como la Escuela de Arte Dramático-, otras sucumbieron a la piqueta popular cuando llegó al poder municipal, como la Muestra Internacional de Teatro. Discutí mucho con ella por temas teatrales, pero era un placer poder debatir e intercambiar respetuosamente puntos de vista con quien considero una amiga desde los tiempos de la prehistoria de la radio musical en Valladolid: Disco Clan de Radio Valladolid en los 70 , alta edad media para la ciudad actual. En aquellos años nos dejó Emilio Salcedo, escritor unamuniano y crítico teatral de EL NORTE DE CASTILLA. Fundó la librería que llevó Manuel Cambronero, a quien muchos vallisoletanos debemos lecturas muy influyentes y sigue al pie del tajo de la cultura como el primer día, recomendando los mejores libros, el mejor alimento.

Justino Duque dejó la universidad y se dedicó a participar como ciudadano sabio y desinteresado en los acontecimientos culturales y educativos en los que se precisó de sus conocimientos y experiencia. Fernando Valiño y Concha Chamorro dejaron pestañas y entretelas económicas para que esta ciudad tuviera una programación de jazz a la altura de una capital de provincias de Europa. Fernando Urdiales, leonés de nacimiento y vallisoletano de corazón, no sucumbió a los cantos de sirena de la 'madrileñidad' teatral y se quedó en esta región creando espectáculos, por suerte consiguió el Premio de las Artes de Castilla y León, esa ventaja que lleva. María Calleja puso a Valladolid en el panorama de las artes plásticas de la época, en la que tuvo que gestionar los escasos recursos que las cajas de ahorros dedicaban a estos temas. Ahora las cifras de las cajas de ahorros son macroeconómicas, pero no sé si llegan las microeconomías que más lo precisan. Dúdolo. Juan González-Posada sigue en activo organizando exposiciones para el Ayuntamiento, pero anteriormente corrió riesgos con programaciones innovadoras en el panorama cultural español, la Muestra Internacional de Teatro fue la más conocida en lo municipal; y en el plano regional, el acierto de un programa como el Estival, que la Junta mantuvo unos años. ¿Riesgos en cultura? Ni hablar. Y lo dicen aquellos que no dejan de pregonar que el futuro está en la I+D+i. Eduardo Usillos murió hace unos años trabajando en Gijón. Impulsó el asociacionismo profesional de los actores y bailarines en Castilla y León, hoy una muestra de Teatro en Medina de Rioseco lleva su nombre; aquí nada, nunca, nadie. Manuel Sierra sigue calándose la gorra de ferroviario de la montaña leonesa y regalando a la ciudad murales, carteles, ilustraciones que hacen la delicia de muchos fuera de esta región, por suerte cada día está más solicitado dentro. Lo mismo que Luis Laforga, fotógrafo de muchas de nuestras ilusiones musicales, de paisajes y paisanajes cercanos a la vez que inimaginables. La lista sigue con personas como Fernando Manero cuyas contribuciones al conocimiento de la sociedad castellano y leonesa en sus implicaciones geográficas y sociodemográficas ponen cifras y ciencia a nuestras intuiciones. Carlos Blanco, 'tan lluny pero tan prop' analizándonos en la distancia y con una hora menos, qué suertudo.

¿Hay muchos más? Qué duda cabe, Javier Gutiérrez entra de lleno en esta categoría por su contribución al sentido común urbanístico y ecológico renunciando a una carrera universitaria para que el aire que respiramos sea, simplemente, más puro. Al igual que Manuel Saravia, que nos pregunta constantemente ¿qué ciudad queremos? ¿Quién toma las decisiones equivocadas? A otros nos toca todavía hacer méritos, pero como con la lotería, si no juegas no toca. Nos toca seguir jugando".

4 de enero de 2008

Catorce kilómetros: la tragedia de la inmigración africana

La inmigración como tragedia, como negocio, como engaño, como explotación. Muchas connotaciones convergen en torno un fenómeno que de pronto, y sin que nadie nos advirtiera de ello, hemos percibido en Europa en toda su magnitud y gravedad. Un entramado de rutas, conexiones y enlaces vertebran los flujos que desde el Africa profunda se dirigen hacia el Norte en búsqueda de horizontes que tienen más de quimera que de realidad.

Recientemente, el cine lo ha sabido captar en la excelente película - Catorce Kilómetros- dirigida por Gerardo Olivares (2007) y que fue galardonada con la Espiga de Oro en la Semana Internacional de Cine de Valladolid.
Y es que" 14 kilómetros es la distancia que separa África de Europa, pero también es la barrera que separa los sueños de millones de africanos que ven en Occidente su única salida para escapar del hambre y de la miseria. De la mano de tres jóvenes africanos -Violeta, Buba y Mukela- recorreremos un largo y peligroso viaje a través del Sahara para conocer lo que nunca enseñan los medios de comunicación.
Las repetidas imágenes en televisión de cayucos llegando a las costas del Mediterráneo y  Canarias han acabado por insensibilizarnos ante un drama que solo muestra la punta del iceberg. Esas imágenes de rostros exhaustos dan buena fe de la dureza del viaje, un viaje que tiene su origen a miles de kilómetros de distancia y que puede durar años. Y esto es lo que pretende “14 kilómetros”. Esta película quiere ser un homenaje a los que triunfaron y a los que fracasaron, a los que viven y a los que murieron en el empeño. Para todos ellos nuestra admiración y respeto".

21 de diciembre de 2007

Cien años de la matanza de Iquique


Maria Antonia Salvador (mariansalgon@gmail.com) ha publicado en El Norte de Castilla (Valladolid), el siguiente texto, en recuerdo de los sucesos ocurridos en Iquique (Chile) el 21 de Diciembre de 1907, hoy hace un siglo
"A comienzos de los años setenta del siglo pasado el grupo chileno Quilapayún dio a conocer al mundo la versión musical de la Cantata de Santa María de Iquique, en la que narraba la masacre que tuvo lugar en la zona minera del Norte chileno en 1907. Su impacto fue grande en la juventud de la época, ya que permitió descubrir un suceso del que jamás se había hablado. Un suceso remoto en el espacio y en el tiempo, que de pronto quedaría asumido en ese momento como una tragedia cercana, otra más de las muchas que la humanidad sufriría a lo largo del siglo XX. Fue un acontecimiento clave en los albores de la nueva centuria, en el que se pusieron de manifiesto las contradicciones de las economías mineras emergentes, la agudización de los conflictos asociados a la explotación de los trabajadores que ello traía consigo y la importancia que tiene la evocación histórica de las luchas sociales para entender el mundo contemporáneo y los logros sustentados sobre ellas.
Ocurrió exactamente hoy hace cien años en la región chilena de Tarapacá y, más concretamente, en la ciudad de Iquique, el gran puerto desde el que se comercializaba hacia todo el mundo el mineral del salitre, fertilizante del que Chile abastecía cerca de los dos tercios de la producción mundial del entonces llamado “oro blanco”, lo que proporcionaba al país un recurso estratégico y de gran abundancia, obtenido de las tierras de Perú y Bolivia tras la guerra que los enfrentó con Chile entre 1879 y 1884. En un ambiente, pues, de extraordinaria prosperidad mercantil, estimulado además por la fuerte depreciación del peso chileno respecto a la libra esterlina, tiene lugar un incremento fortísimo del precio de los bienes básicos del que derivarán graves repercusiones sobre el poder adquisitivo de los sectores más humildes, acentuadas además por la extrema dureza y severidad de las condiciones de trabajo. Los testimonios recogidos de la época son, en efecto, reveladores de una situación que poco a poco se iría haciendo insostenible, a medida que las reclamaciones planteadas para mitigarla eran sistemáticamente desatendidas. De plano serían rechazadas, entre otras, la demanda de lograr un aumento del salario que paliase el fuerte deterioro sufrido tras la devaluación y la de percibirlos en dinero legal y no mediante bonos que eran canjeados por bienes en las tiendas de las empresas a precios superiores a los del mercado, la solicitud de protección frente a la altísima siniestralidad de un trabajo enormemente arriesgado e insalubre, que habría de ir ligada también a la mejora de las viviendas en un entorno especialmente inhóspito o la petición de crear escuelas que permitieran a los trabajadores salir del analfabetismo en el que la mayoría se encontraba.
Tras múltiples y fallidos intentos de negociación el primer brote de huelga estalla el 4 de Diciembre, cuando los trabajadores del ferrocarril que transporte el mineral desde las “oficinas” (yacimientos) al puerto deciden paralizarlo, abriendo así un proceso de tensión que se generaliza en muy pocos días para, como demostración de su fuerza, adoptar la decisión de desplazarse a pie hasta la ciudad de Iquique, a fin de plantear directamente sus reivindicaciones ante las sedes de las compañías nacionales y extranjeras que tenían intereses en la industria y comercialización del que internacionalmente sería conocido como el nitrato de Chile. La llegada a la ciudad el 15 de Diciembre de los primeros grupos de trabajadores del salitre se vería engrosada por los que provenían del interior – los pampinos - , gentes humildísimas como corresponde a quienes ejercían labores agrícolas o ganaderas en el desierto más árido del mundo. Se crea en muy poco tiempo una corriente de solidaridad que suscita temor y provoca una actitud de desconfianza, refractaria a cualquier negociación en aras de la defensa del principio del “prestigio moral” frente a la avalancha de los que “nada tenían que perder”. Alojados en la escuela Domingo Santa María, la catástrofe no tardará en producirse cuando, ante la insistencia en el mantenimiento de la protesta y el temor suscitado por la aglomeración creciente de los trabajadores y sus familias, se decidió por parte del general Silva Renard y con el consentimiento del Presidente Pedro Montt, proceder al ametrallamiento indiscriminado de la multitud, reforzado por el uso del fusil y los ataques a caballo. Nunca se supo la cifra de fallecidos. La censura de prensa fue terminante a la hora de señalar, sin posibilidad de réplica, que la represión se había saldado con 126 muertos y poco más de una centena de heridos. Investigaciones posteriores elevaron este número por encima de los tres mil, pero nunca esta cantidad ha sido oficialmente reconocida. La Cantata de Quilapayún habla de 3.600. Nadie hasta ahora los ha desmentido.
Chile se apresta a conmemorar con toda solemnidad la tragedia de Tarapacá y es muy probable que en las reuniones científicas previstas afloren nuevos datos que ayuden a avanzar en el conocimiento del que sin duda ha de ser considerado como uno de los principales hitos en la historia contemporánea del movimiento obrero. De ahí que no pueda pasar desapercibido en la conmemoración de su centenario, pues forma parte de la historia de la humanidad como un acontecimiento que trasciende a su marco geográfico para aleccionar sobre lo que realmente significa la lucha contra la injusticia como solución de continuidad a través del tiempo entre las sociedades del pasado y las de nuestros días. Y es que, si partimos del hecho de que la conciencia de la injusticia de las sociedades es un hecho permanente en la historia, difícilmente podríamos entender lo conseguido hasta ahora sin rendir el merecido homenaje a los que lo hicieron posible con su esfuerzo y hasta con sus vidas".


12 de diciembre de 2007

Una obra sobre el pensamiento económico de la Ilustración española


Cuando Caja España de Inversiones me encomendó la tarea de seleccionar y editar una obra que formase parte de la colección de textos cuidadosamente publicados por la Entidad sobre temas de especial relevancia económica, opté por dar cumplimiento a un deseo intelectual durante mucho tiempo abrigado. Quería satisfacer la curiosidad y el interés que siempre he sentido hacia las cuestiones relacionadas con la modernización de la sociedad y de la economía españolas en el periodo de la Ilustración, y particularmente con esa etapa que, coincidente con el último tercio del siglo XVIII, ve florecer un movimiento organizado de sensibilización pública, auspiciado desde el poder central, hacia los cambios que esos momentos tienen lugar en Europa, razón que explica esa alusión concreta y reiterada a las Academias Reales de Londres y París, aunque las alusiones a Inglaterra sean las más frecuentes, ante la importancia dada al hecho de que “a finales del siglo último abrió los ojos a sus verdaderos intereses”.
Son experiencias que movilizaron la atención de los ilustrados españoles, motivados por la necesidad – “forzosa”, como aquí se dice - “de imitar las naciones industriosas, si queremos mejorar la aplicación y utilidad que rinde la ocupación bien ordenada de las gentes”, lo que les llevaría a mostrarse dispuestos, por eso mismo, a romper definitivamente con las arcaicas estructuras de producción y de trabajo existentes en España, mediante la asimilación de las innovaciones, la introducción de nuevas pautas organizativas y los esfuerzos de formación que lo hicieran posible.
No se trataba ciertamente de un movimiento aislado ni de una posición espontánea ni oportunista. La voluntad de introducir reformas obedecía a un estado de ánimo creciente, permeable a los principios y a los objetivos del Siglo de las Luces, y planteado con el propósito de que también llegasen a formar parte de la economía, de la sociedad y de la cultura españolas. Actitud que en cierto modo ha de ir poco a poco cobrando carta de naturaleza si, como señala Gonzalo Anes, el pensamiento ilustrado reformista consiguió impregnar y cohesionar las sensibilidades de una parte significativa de la sociedad hasta el punto de provocar “la colaboración de nobles, eclesiásticos, burgueses, campesinos y trabajadores de las ciudades en el intento de intensificar la producción y de conseguir una cierta liberalización”. Mas es obvio que este proceso no hubiera sido posible sin la implicación directa de las propias estructuras del poder de la época, personificadas por la figura del Rey Carlos III y por la muy relevante de Don Pedro Rodríguez Campomanes, cuya impronta cristalizó de manera muy significativa en el ambicioso proyecto de puesta en marcha de las Sociedades Económicas de Amigos del Pais, a las que se otorgó un papel fundamental en la transformación y modernización del país “mediante la ordenación de las ciencias con un criterio de utilidad, la dirección de la producción con la proliferación de centros de enseñanzas prácticas, la verificación de ensayos económicos, etc.”.
Las numerosas y elocuentes ideas plasmadas en este obra, que recupera en edición facsímil las Memorias de la Sociedad Económica Matritense existentes en la Biblioteca Histórica del Palacio de Santa Cruz de la Universidad de Valladolid, nos acercan con claridad a la realidad económica y social española del último cuarto del Setecientos y, particularmente, a las reflexiones, debates y alternativas que suscitan los problemas, muchos de ellos seculares, encontrados a la hora de facilitar la transformación del país. La obra fue presentada en Valladolid el 12 de Diciembre de 2007.


3 de diciembre de 2007

Cuando la juventud cualificada emigra

Pocos temas han suscitado tanta atención en la Comunidad Autónoma de Castilla y León en los últimos años como los problemas que aquejan a su realidad demográfica. La mayor parte de los análisis posee ese nivel de madurez y concreción que permite hacer diagnósticos rigurosos y llegar a conclusiones fiables para comprender sus tendencias esenciales e interpretar correctamente tanto los problemas que afectan a la sociedad castellana y leonesa como a sus perspectivas de futuro. Y es que la dinámica de la población no es sino fiel reflejo de la economía de un territorio. Todos los procesos que desde esta perspectiva tienen lugar en él responden a los efectos derivados de las actividades económicas y, por tanto, de las estrategias que las orientan. Profundizar en esta relación de interdependencia se convierte en un ejercicio obligado cuando se detectan síntomas de alarma que exigen la toma en consideración de factores que, yendo más allá de lo estrictamente demográfico, posibilitan su mejor comprensión y tratamiento.

No es una apreciación sin fundamento la que destaca la importancia que tiene la pérdida de población juvenil en los censos de Castilla y León. Aparte de las numerosas referencias efectuadas por los más relevantes estudiosos del problema, de él se han hecho eco también un sólido informe auspiciado por el Consejo Económico y Social en el año 2002 y, más recientemente, el estudio de la Fundación BBVA – “Actividad y territorio: un siglo de cambios - , uno de los análisis más completos sobre los impactos provocados por la movilidad de la población en España.

Como aproximación a la magnitud del fenómeno, bastaría señalar que, según datos contrastados, en lo que va de siglo XXI cerca de 110.000 personas entre los 16 y los 29 años han salido de la región, en su mayoría para encontrar empleo en otros ámbitos. Mas, con ser una cifra elevada, no se trata sólo de un hecho cuantitativo. Su alcance, cualitativamente hablando, es aún mayor si cabe, teniendo en cuenta lo que significa la pérdida de población joven en una estructura demográficamente problemática. Representa la circunstancia que más debe alertar en la medida en que a ella aparecen asociadas las tres tendencias que distorsionan la dinámica de una sociedad, a saber, el aumento progresivo del envejecimiento, el declive del capital humano y la desvitalización natural, en función de la mella ocasionada en los índices de natalidad y fecundidad. La concatenación entre estos aspectos sitúa, por tanto, al descenso de los niveles de población joven en el centro mismo de la preocupación socio-política sobre la cuestión y las medidas encaminadas a afrontarla.

Precisar las causas que lo explican no es tarea fácil, a falta de una investigación a fondo sobre el tema, pendiente de realizar. Con todo, y como contribución al debate abierto, no está de más apuntar algunas de las razones que pudieran estar en la raíz de esta preocupante tendencia. A mi juicio, resulta muy cuestionable el argumento que la atribuye a la falta de adaptación del sistema formativo a las necesidades de la oferta de empleo. Aunque siempre se puede avanzar en este sentido, es obvio que el nivel de preparación proporcionado por la dotación académica con que cuenta la Comunidad permite disponer suficientemente de la plataforma adecuada para lograr una buena inserción de la juventud en el potencial mercado de trabajo. Hay que recurrir a otras motivaciones que, por lo que puede percibirse, tienen más que ver con los dos aspectos que con especial énfasis esgrimen quienes optan por orientar su vida fuera de la región en la que se han formado y a la que, en no pocos casos, desearían volver.

De un lado, existe para muchos jóvenes la percepción de que las oportunidades de empleo en Castilla y León son limitadas, de que las exigencias de experiencia previa acaban creando un círculo vicioso del que a veces es muy difícil salir, de que la precariedad de la contratación es excesiva, de que los estímulos a la mejora de su bienestar (vivienda) adolecen de insuficiencia o de que las expectativas de promoción y mejora, una vez logrado el empleo, no son precisamente alentadoras. Y, de otro, no es menor la verificación de que la capacidad de iniciativa empresarial se encuentra muy por debajo de las posibilidades que en principio cabría esperar de una sociedad dinámica, comprometida con su territorio y dispuesta a asumir los riesgos necesarios a la hora de optimizar los recursos disponibles. Cierto es que la trayectoria económica de Castilla y León ofrece experiencias muy encomiables en la creación y gestión de proyectos empresariales innovadores, con un balance positivo en la generación de riqueza y empleo, al tiempo que han servido como plataforma de proyección comercial y tecnológica hacia el exterior. Pero también hay que reconocer que los valores inherentes a la cultura empresarial no presentan la dimensión generalizada en el espacio ni la continuidad en el tiempo ni la escala que haga posible la consolidación de un tejido productivo con posibilidades a largo plazo y con la suficiente fortaleza para resistir los reveses de la coyuntura.

Afrontar la pérdida de efectivos juveniles con éxito no es tarea fácil, pues las inercias en demografía suelen ser muy fuertes, por más que existan instrumentos reguladores que tiendan al fomento del empleo o traten de alentar políticas de rejuvenecimiento. Bastaría, sin embargo, con conocer a fondo las causas que desde el punto de vista económico y social justifican este problema para intervenir decididamente sobre ellas con la firmeza y contundencia que la situación requiere. De ahí el interés que el recientemente llamamiento del Presidente de la Junta a robustecer “el músculo financiero” de la región tiene quizá como parte de una estrategia que, más allá de las declaraciones bienintencionadas, reafirme la convicción de que la competitividad y el prestigio de una región son siempre indisociables del buen aprovechamiento de sus recursos humanos.

21 de noviembre de 2007

Ruinas de Copán (Honduras)




Impresiona el silencio del recinto.
Todos los colores se entremezclan
para confundirse sin perder su claridad
en un espacio de miradas infinitas.
Las ruinas no son ruinas. Son señales
de que el tiempo transcurre sin cesar,
pues de repente, en su aparente quietud,
la selva se rebela, se hace clamor,
transforma el legado con sus troncos retorcidos
y se enfrenta a la fuerza de la obra construida.
La luz, finamente tamizada entre las sombras,
el olor de la ceiba imperceptible
el susurro de la conversación apaciguada.
Todo parece invitar a la reflexión de lo que fue
testimonio de una cultura maya extinta y floreciente,
violenta en sus mensajes y en sus formas
que nos acoge hoy silente y enigmática.

19 de noviembre de 2007

La arquitectura al servicio de la educación

El 15 de Noviembre de 2007 fue presentada en acto público celebrado en el Paraninfo del IES Zorrilla de Valladolid esta obra que recoge la edición facsímil del proyecto de construcción del que en su momento fue conocido como el Instituto General y Técnico de Valladolid, inaugurado en 1907, y que actualmente alberga el Instituto de Enseñanza Secundaria Zorrilla.

Después de muchos años de indagaciones, la toma de contacto con el Archivo Central de Educación (Archivo General de la Administración) despejó todas las incertidumbres que hasta entonces habian existido al respecto. Fue merced a la información, precisa, pormenorizada y rigurosa, suministrada el 16 de Febrero de 2007 por Evelia Vega González, facultativa de dicho Archivo, como le fue posible a Maria Antonia Salvador González disponer de tan importante documento y proceder a su publicación.
El resultado de este esfuerzo editorial, propiciado por el entusiasmo de Paz Altés Melgar, responsable del Departamento de Publicaciones del Ayuntamiento de Valladolid, está a la vista y ha sido objeto de los comentarios más elogiosos.

Tras una breve presentación de la profesora Salvador y de la referencia archivística efectuada por la Sra. Vega, el libro recoge íntegramente la Memoria técnico-económica y los Planos de la obra (1902), diseñados por el arquitecto municipal Teodosio Torres, y un excelente estudio introductorio del Dr. Juan Carlos Arnuncio Pastor, Catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valladolid. En conjunto, constituye una gran aportación al conocimiento de la arquitectura civil española de comienzos del siglo XX, reflejada en un edificio que simboliza el empeño a favor de una mejora de la infraestructura educativa del país.




Junto con el catálogo de la Exposición conmemorativa del 150 aniversario del Centro y del centenario del edificio, este libro completa hasta hora la producción bibliográfica relacionada con la efeméride. Está previsto la publicación de los textos de las conferencias impartidas a lo largo del Curso.


(En la fotografía, de izquierda a derecha, Evelia Vega, Juan Carlos Arnuncio y Maria Antonia Salvador)

Guatemala: entre la esperanza y la incertidumbre




Aunque las experiencias vividas en el conjunto de la región hayan sido en ocasiones terribles, no hay en todo el continente que se identifica con el Nuevo Mundo un espacio tan castigado y convulso como el istmo centroamericano. Si exceptuamos la singularidad política de Costa Rica, no cabe duda de que el tortuoso brazo de tierra que enlaza México con el ámbito andino ha acusado de manera crónica las huellas de la violencia y la desestabilización, casi tan patentes como las que revela una naturaleza que de cuando en cuando transmuta su espectacular magnificencia por las manifestaciones de la catástrofe más demoledora.
Pese a sus fuertes vínculos históricos y culturales con España, poca atención mediática suele prestarse, sin embargo, al espacio mesoamericano, al que sólo se alude cuando algún hecho dramático lo afecta o su consideración parece episódicamente justificada en función de los intereses que desde fuera se concitan sobre la zona. Y pese a que las diferentes formas de cooperación al desarrollo dejan notar en nuestros días un legado nada desdeñable, lo cierto es que ante los grandes problemas que le aquejan prima el silencio cuando no la indiferencia, frecuentemente entendida por sus sociedades como la expresión de un inmerecido desamparo.
Reflexionar en estos momentos sobre lo que sucede en Centroamérica no carece de interés por dos motivos que conviene resaltar. De un lado, porque por primera vez en mucho tiempo todos los países de la zona gozan de una situación de estabilidad política, consecuente con el cumplimiento de los acuerdos de paz allí donde se ha logrado poner fin a larguísimas guerras civiles o, en cualquier caso, con la normalización del proceso democrático, finalmente resuelto en un ambiente político donde las alternancias no posibilitan sorpresas significativas, ya que las fuerzas en liza se autolimitan a márgenes de maniobra plenamente asumidos por los distintos contendientes. Y, de otro, porque lo que antaño era un rasgo distintivo, asociado a los enfrentamientos armados o a la feroz represión, hoy ha cedido paso al agravamiento de los problemas internos, reflejados en un panorama donde son patentes las tensiones motivadas por la pobreza, la extrema desigualdad, la violencia, la inseguridad, el narcotráfico y la corrupción, síntomas de un profundo deterioro en el que todos estos aspectos guardan entre sí íntimas correlaciones, en cuya génesis no son irrelevantes la crisis del Estado y la debilidad de los instrumentos institucionales.
Es en este contexto donde cobra importancia y suscita curiosidad el horizonte abierto con la reciente elección presidencial en Guatemala. Las particulares características del país (su magnitud física, su contigüidad con México, su fuerte componente indígena y una trayectoria histórica demasiado marcada por la violencia: (“uno de los países más desgraciados de América Central, de toda América Latina”, diría Ryszard Kapucinski) justifican la atención que merece la preferencia mostrada a favor de un candidato, Álvaro Colom, ingeniero industrial decantado hacia objetivos que tienen más que ver con la voluntad de justicia e integración social que con la defensa de la seguridad a ultranza que preconizaba su adversario, Otto Pérez, militar retirado y artífice de una campaña repleta de descalificaciones que con frecuencia alcanzaban niveles inaceptables en una sociedad democrática.
Es cierto que la figura de Colom no responde a priori a los perfiles que en Europa o en Sudamérica se adscriben al modelo de político socialdemócrata con el que él mismo se ha tratado de revestir durante la contienda electoral. No es un reproche que deba hacérsele, pues quien conozca la historia guatemalteca convendrá en que difícilmente es posible construir trayectorias políticas coherentes en un entorno tan inestable e inseguro. Colom ejemplifica la capacidad de resistencia del político que en la esfera civil ha tratado de mantenerse fiel a sus principios y objetivos incurriendo en contradicciones y altibajos que, más que por su personalidad, han venido impuestos por una realidad que en ese país ha ido modelando las trayectorias de sus mejores cuadros al compás de las exigencias a que ha obligado el elemental deseo de supervivencia.
Lograda la victoria con un margen muy ajustado, habría que remontarse a lo que fue la figura de Jacobo Arbenz a mediados del siglo pasado para encontrar un precedente asimilable, aunque las circunstancias históricas condicionantes de las perspectivas de ambos no tengan ya nada que ver. En este escenario la sociedad guatemalteca más sensible a los problemas de su sociedad y de su tiempo, la que abomina de una etapa política que se encuentra entre las más funestas de Latinoamérica (no es fácil olvidar una guerra civil de 36 años), la que busca con esfuerzo su lugar en el mundo y pugna por una mayor transparencia y sentido de la justicia en la acción de gobierno, mira con cierta esperanza la nueva etapa que se ha abierto tras las elecciones. No hay que esperar a la toma de posesión del nuevo Presidente para adquirir conciencia de la gran expectación suscitada a través del particular debate que está teniendo lugar como expresión de una inquietud centrada en la composición del nuevo gobierno, en la relación que ha de mantener con los municipios (una realidad muy activa y de gran resonancia ciudadana), en la orientación de la política social y en las que hayan de ser las primeras medidas en sintonía con el programa defendido, ante el convencimiento de los grandes obstáculos que sin duda van a entorpecer su labor. Demasiadas incógnitas a la vez para incurrir en el optimismo, de momento reemplazado por una actitud repleta de incertidumbres sobre lo que habrá de ser el gobierno de la Unidad Nacional de la Esperanza - tal es el nombre del partido ganador - para el futuro del tan atormentado como hermoso país de los mil colores.

15 de noviembre de 2007

Homenaje a los profesores olvidados del Zorrilla


Por fin, el merecido reconocimiento, tantas veces ocultado y tantas veces deseado. Ha sido necesaria la celebración de una efeméride tan destacada como el 150 Aniversario del Instituto de Enseñanza Secundaria “Zorrilla” de Valladolid para que se hiciera justicia con una generación de profesores e intelectuales sumida en el olvido, tras la depuración y el castigo sufridos en la guerra civil.
El trabajo de indagación, meticuloso y paciente, de Maria Antonia Salvador, con la ayuda y el asesoramiento de Evelia Vega, tan entusiasta como eficaz facultativa del Archivo Central de Educación (Archivo General de la Administración, ubicado en Alcalá de Henares), lo han hecho posible.

Los resultados de este esfuerzo fueron presentados el 14 de Noviembre de 2007 en un acto multitudinario celebrado en el Paraninfo del IES Zorrilla. En la imagen, y con los nombres de los profesores recordados a sus espaldas, Maria Antonia Salvador al finalizar su intervención, acompañada por Antonino González.

12 de noviembre de 2007

Quo Vadis Argentina?


En una de las paredes exteriores del edificio central de la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, hay una inscripción que dice: “Cuidado: por aquí se entra al laberinto de la realidad”. Aunque sin duda alude al juicio que merece la siempre crítica situación universitaria argentina, no es desacertado aplicarla a lo que sucede en el país que acaba de salir de una contienda electoral agotadora con resultados que hacía tiempo eran previsibles. Y es que adentrarse en la evolución política de Argentina nos lleva a un escenario que no admite parangón en el Cono Sur latinoamericano. Las fronteras entre opciones electorales que en Chile, Brasil o Uruguay aparecen coherentes con lo que ocurre en Europa, en este caso están difuminadas en un heteróclito abanico de candidaturas que se modelan de manera oportunista durante la campaña, se modifican al albur de los sondeos, se contradicen en sus mensajes y, sobre todo, se supeditan en exceso a la imagen personalista de quien las encabeza, adobadas a menudo de una dosis de populismo expuesto sin ningún rubor.
No es posible entender el momento actual de Argentina y sus horizontes de futuro sin analizar de qué manera ha logrado superar la profunda convulsión vivida en 2001: “un embudo siniestro y colosal que nos arrastró a las cavidades del infierno”, en palabras de Marcos Aguinis. Con un estruendo brutal, estallaron los problemas larvados durante la etapa de Menem y que De la Rua fue incapaz de afrontar. La crisis económica, asociada a una paridad forzada del peso con el dólar, al deterioro galopante de la competitividad y de la producción, al engrosamiento desbocado de la deuda externa y a la evasión masiva de capitales, derivó en una catástrofe política de enorme envergadura, que llevó a la ciudadanía a proferir aquella terrible frase, nunca oída hasta entonces, de “¡Que se vayan todos!”, reflejo de hasta qué punto la imagen de los políticos se hundía sin remisión. Visitar Argentina en aquellos años era desolador: sentimiento de frustración histórica, deseo de abandonar el país, falta de proyecto personal y profesional, sensación de que no había nada que hacer, vivir al día…
La presidencia de Néstor Kirchner introdujo un cambio de rumbo que llamó la atención por sus aspectos de forma y también de fondo. Proveniente de la provincia patagónica de Santa Cruz, donde había sido gobernador, las directrices de su acción de gobierno estuvieron marcadas desde el primer momento por la voluntad de establecer claras distancias con sus predecesores para así de demostrar que no era uno más. Los análisis que se han hecho sobre su labor son redundantes cuando describen un modo de actuación en el que se mezcla la contundencia (supeditación de las Fuerzas Armadas, derogación de las leyes de punto final, postura de firmeza frente las empresas extranjeras, voluntad de demostrar independencia de las siglas convencionales, estilo iracundo…) con la toma de decisiones que, en el ámbito económico, no han hecho si no poner en práctica lo que parecía inevitable: devaluación del peso, fomento del comercio exterior en un clima coyuntural favorable y renegociación de la deuda con el FMI. La responsabilidad que en ello concierne a Roberto Lavagna, candidato en estas últimas elecciones, es clave. Si durante los últimos cuatro años, Kirchner ha gozado de niveles de aprobación insólitos en la historia argentina, este reconocimiento no es indiferente al hecho de haber logrado, gracias a Lavagna, fortalecer su posición competitiva en el comercio internacional, mientras afianza su proyección comercial en relación con Europa y se consolida como un país fuerte dentro de MERCOSUR, ampliando al tiempo sus conexiones con el mundo andino.
Mas cuando se examina de cerca este proceso de recuperación las cautelas no son pocas. Desde la perspectiva económica, Argentina no ha modificado de momento un ápice sus pautas de crecimiento clásicas. Dos pilares lo sustentan: la exportación masiva de productos agrarios, en la que a los tradicionales rubros de cereal y ganado se ha unido el espectacular impulso de la soja (expandida a costa de las superficies de uso pecuario) y el turismo, que acude a Argentina al socaire de sus buenos precios y de sus espectaculares bellezas naturales. Sin embargo, y pese a disponer de excelentes profesionales, no hay innovación, la industrialización está casi paralizada, los salarios son muy bajos, la inflación supera los dos dígitos y la modernización de los servicios a las empresas ni se plantea. Entre tanto, el modelo político kirchnerista retoma en esencia los cánones sustentadores del peronismo de siempre, de esa mezcla de populismo y voluntarismo posibilista, que anega otras formas de hacer política e impide que opciones alternativas puedan competir en igualdad de condiciones. Cristina Fernández, respaldada por un aparato mediático y gubernamental impresionante, ha sido elegida sin efectuar ningún debate ni someter a la controversia con los demás candidatos ni con la prensa un programa vacuo e intrascendente.
Con todo, los reclamos para que las cosas sean de otro modo no cesan de aflorar. Baste mencionar la interesante reflexión publicada por Enrique Kleppe en el diario “La Nación” tres días antes de las elecciones: “Necesitamos un partido que con entidad suficiente, conducta y buen proyecto, logre galvanizar el hartazgo social, diferenciarse, ser creíble y desatar la movilización que inaugure una nueva y fundacional manera de hacer política, en la que pueda florecer la Argentina que merecemos”. La Argentina que merecemos”: ese era precisamente el lema de campaña de Roberto Lavagna, el ministro que sacó a Argentina del infierno económico de 2001, que ahora presentaba un verdadero plan de desarrollo económico y social y que ha visto fallidas sus aspiraciones. Una oportunidad perdida

6 de octubre de 2007

América redescubierta


Miguel de la Quadra Salcedo ha sido el primero de los premiados con el "Huevo de Colón", que se concede a quienes, personal o institucionalmente, se han caracterizado por su capacidad de iniciativa, por su coraje y por sus esfuerzos a favor de las causas más nobles. Se me encargó presentar al premiado, lo que hice gustosamente con las palabras siguientes:
"Decía el gran maestro Alejandro de Humboldt que quien conocía el continente americano conocía el mundo. Desde la percepción de ese gran naturalista, considerado como uno de los padres de la Geografía moderna, y que recorrió el continente entre 1799 y 1804, la perspectiva del espacio americano cobraba una dimensión universal que, sin menoscabar la enorme relevancia de otras áreas del mundo, simbolizaba la riqueza de paisajes, de matices, de realidades, de sociedades y de culturales que coexisten en la Tierra.
¿Cómo representarla en toda su magnificencia y expresividad? ¿Cómo captar lo que significan y aportan a la cultura humana y a la percepción de quien de pronto se encuentra con ella y trata de transmitirla convincentemente a través de las diferentes formas y posibilidades con las que se despliega la creatividad humana?. Lo han hecho los novelistas, lo han expuesto los poetas, se han afanado también en ello los diseñadores de tecnología y, por supuesto, jamás han permanecido al margen de ese empeño los artistas, en sus variadas formas de proyección.
Asistimos a un acto de homenaje y reconocimiento al espacio americano y, de manera representativa, a algunos de quienes sienten a América con tanta pasión como inquietud. Nada más pertinente que hacerlo cuando se conmemora el aniversario del fallecimiento en Valladolid del descubridor, que en nuestra ciudad vivio una etapa de tensiones y desasosiegos que con el tiempo han hecho indisociable el nombre de Cristóbal Colón de la ciudad donde daría sus últimos pasos y pronunciara sus últimas palabras. Hacer coincidir esta efeméride con la entrega del premio de Turismo de Castilla y león al artífice e impulsor de la Ruta Quetzal, D. Miguel de la Quadra Salcedo, supone una feliz iniciativa que subraya la muy relevante participación de nuestra comunidad en la historia americana, de la que quedan testimonios personales, urbanos, culturales y científicos de valor imperecedero.
Y al tiempo nos permite enlazar bien con el reconocimiento de la sensibilidad que Andrés Coello supo en su momento desplegar en ese afán por abrirse al mundo sin otros límites que los que en cada ocasión le depara el horizonte que culminaba ante sus ojos, tan inquietos y abiertos como incansables. Conozco bien la obra de Andrés, la sigo de cerca y dispongo de algunas de sus muestras más representativas. Pero confieso que es ahora por primera vez cuando descubro la manifestación de su reacción estética ante la grandiosidad e infinitas motivaciones del espacio, de los espacios americanos. Cada cual puede ver en sus cuadros lo que quiera, porque cada cual somos testigos de las vivencias que personalmente matizan el alcance de nuestras percepciones. Pero yo, como geógrafo, lo que veo ante todo y sobre todo son paisajes. Paisajes violentados por la naturaleza frenética de un mundo en el que confluyen todos los climas, todos los relieves, y una impresionante participación en la riqueza florística y faunística de la Tierra. Paisajes de la inmensidad, donde la montaña y la gran planicie se entremezclan en una trama de experiencias que revelan las tensiones que aquejan a un territorio convulso, que está cambiando sin cesar. Y ello se traduce en una panoplia de colores donde el espectro cromático no admite límites ni simplificaciones. Paisajes de hielo, de desierto, de cordilleras imponentes, de masas arbóreas donde confluyen todos los colores del verde, de ríos que la vista no acierta a alcanzar. Paisajes indomables, en fin. Tan indomables como la voluntad de Miguel de la Quadra que nos acerca a la América total. Gracias por el entusiasmo que siempre has puesto en las causas más nobles y que tu renovada juventud te sobreviva al inexorable paso del tiempo".

(Fotografía: Miguel de la Quadra, en el centro, en compañia de Fernando Manero)

20 de septiembre de 2007

Perspectivas Universitarias


En uno los sondeos de opinión efectuados por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) a mediados del año 2007 destacaba la observación de que la Universidad era, en ese momento, la institución más valorada por la sociedad española. Aunque la referencia apenas suscitó comentarios en la prensa o en los foros académicos, no faltaron quienes en el mundo universitario mostraron ante la noticia una actitud de cierta perplejidad: ¿cómo es posible – se preguntaban – que con todos los problemas que la aquejan, sus carencias, sus contradicciones y defectos, con todas esas imputaciones críticas que tan a menudo se la hacen, unas injustas y otras más fundamentadas, sea la institución universitaria merecedora aún de tan alto reconocimiento, por encima de la administración de justicia, de los empresarios o, a distancia notable, de quienes se dedican al ejercicio de la política?.

Sin otra pretensión que la de apuntar ideas en torno a una cuestión necesitada de un debate más a fondo, me permito señalar que la valoración de la Universidad, recogida en la encuesta del CIS, puede deberse al hecho de que la sociedad hace caso omiso de aquellos aspectos de funcionamiento que, por complicados o ajenos a la preocupación ciudadana, pueden pasar desapercibidos o minimizados. En su lugar, reconoce, en cambio, y con toda la carga meritoria que posee, lo que verdadera revalida el alcance social de las actividades universitarias en aquello que realmente la distingue, esto es, la labor realizada en el desarrollo del conocimiento y en la transmisión de los saberes y destrezas que cualifican para el ejercicio profesional o, en cualquier caso, contribuyen el enriquecimiento intelectual de quienes de una un otra manera accede a sus enseñanzas e investigaciones.

Ahora bien, aunque sin duda estos atributos son consustanciales a la Universidad, y, por lo que se ve, siguen influyendo positivamente en su imagen, nadie puede ignorar que el prestigio socialmente adquirido no constituye un valor en sí mismo más que en la medida en que pueda estar preservado de las disfunciones que pueden llegar a ponerlo en entredicho en unos momentos en los que las perspectivas universitarias se hallan expuestas a transformaciones decisivas, capaces de poner a prueba la solidez de sus aparentes o reales fortalezas. Se avecinan, en efecto, tiempos de cambio trascendental, cuya incidencia se ha de mostrar inevitable tanto en el diseño de las titulaciones o en la configuración de las plantillas como en los mecanismos de gestión responsables de sus estrategias básicas de funcionamiento. A la vista de cómo se están planteando los hechos no es aventurado afirmar que en estos momentos la Universidad es, en el sistema institucional europeo, la organización abocada a mayores transformaciones, que en esencia se apoyan en una premisa que conviene subrayar: la necesidad de hacer compatible su condición de servicio público con la inevitable asimilación de las lógicas inherentes a la eficacia y la competitividad. Lejos de suponer una contradicción, este planteamiento permite entender hasta qué punto del modo en que cada Universidad, al amparo de la autonomía reconocida, ejerza sus funciones va a depender algo tan fundamental como la consolidación de su prestigio y la posición que puedan alcanzar las respectivas fortalezas y capacidades de cara a un sistema de relaciones cada vez más abierto y exigente.

La eficacia ha de ir indefectiblemente asociada a la calidad de los servicios prestados. Una exigencia tan ineludible como necesaria de asumir, pues ya no basta con que las Universidades ejerzan de manera convencional las actividades que les son propias sino que es indispensable dar a conocer cómo lo hacen, para qué lo hacen y con qué resultados, entre otras razones porque la sociedad, los organismos responsables de su financiación, los procesos de competencia, la dinámica de diferenciación y las metas de calidad y excelencia incorporan una perspectiva evaluadora y de verificación de resultados que en modo alguno es posible cuestionar.

El compromiso a favor de la calidad integral de las responsabilidades universitarias, garantizado por las medidas e instrumentos – de ahí la importancia de la cultura de la evaluación y su efecto incentivador – que permitan lograr avances irreversibles en esa dirección representa el más sólido soporte para el fortalecimiento de su competitividad. A quienes rechazan este concepto aplicado al complejo y diverso ámbito que nos ocupa, convendría advertirles de que una Universidad pública competitiva ni es en principio excluyente ni ha de primar unas vertientes de su actividad científico-docente frente a otras ni representa tampoco una amenaza para el aprovechamiento de todos sus recursos, opciones y enfoques que en ella se cultivan y confluyen. Se trata, por el contrario, de entenderla, como la capacidad que han de tener las organizaciones “para crear estructuras que respondan a las oportunidades y retos del entorno en el que operan y a la velocidad adecuada”.

Es, en fin, sobre la base de esta simbiosis que en el nuevo horizonte en perspectiva se impone entre calidad y competitividad como la Universidad debe asegurar y fortalecer a la vez su condición de servicio público y de espacio crítico, entre otras razones porque nada hay de malo, sino todo lo contrario, en poner el mercado al servicio del bien público. De ese modo, no sólo se evitaría que el nivel de reputación aún merecido pueda verse deteriorado, sino que al tiempo podría aprovechar el amplio margen de posibilidades que existen en el mundo globalizado, sobre todo cuando son bien gestionadas desde la perspectiva de la mejora continuada de la función universitaria y con la seguridad que aporta un modelo de Universidad donde el saber y la innovación aparezcan debidamente imbricados.

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