15 de julio de 2010

El fútbol da mucho juego: Reflexiones futboleras de Eduardo Galeano

Soccer city Stadium de Johannesburgo, donde la selección española de fútbol ganó la Copa del Mundo. "El clamoroso silencio del estadio vacío" (E. Galeano)


Mi buen amigo Rubens Ferreira, el ingeniero uruguayo de Montevideo que hace años nos llevó a Luis Pastor y a mi a descubrir ese país y sus gentes, y a descifrar sus ilusiones mientras recorríamos su finca de Caraguatá, en el Departamento de Tacuarembó - donde dicen que nació Carlos Gardel - me envía este texto que acaba de escribir Eduardo Galeano sobre el Mundial de Fútbol. Lo incluyo aquí por admiración al autor de “Las heridas abiertas de América Latina”… y porque no tiene desperdicio. Con esta referencia concluyo mis entradas sobre el Mundial de Fútbol 2010. Creo que en este caso merece la pena.... ¿o no?
También aprovecho la ocasión - con algo de fatiga acumulada, ahíto de fútbol, atónito y desconcertado tras el debate sobre el estado de la nación que acaba de celebrarse en el Parlamento español (mon dieu, qué cosas se pueden llegar a decir sólo por el placer de hacer daño y de dar rienda suelta a ambiciones y resentimientos inconfesables) y necesitado de ordenar ideas y papeles que bullen, erráticos, a mi alrededor - para señalar que mis entradas se harán hasta los primeros días de septiembre más espaciadas, con paréntesis dedicados a tiempos más relajados y abiertos a otras tareas que precisan de momentos de calma que echo de menos, incluyendo las que me pondrán en contacto con otros horizontes. Vaya por delante, y hasta pronto, un afectuoso saludo para quienes de cuando en cuando os acercáis por aquí.


EL REINO MÁGICO
Por Eduardo Galeano (13/7/10)
Pacho Maturana, colombiano, hombre de vasta experiencia en estas lides, dice que el fútbol es un reino mágico, donde todo puede ocurrir.
El Mundial reciente ha confirmado sus palabras: fue un Mundial insólito.
Insólitos fueron los diez estadios donde se jugó, hermosos, inmensos, que costaron un dineral. No se sabe cómo hará Sudáfrica para mantener en actividad esos gigantes de cemento, multimillonario derroche fácil de explicar pero difícil de justificar en uno de los países más injustos del mundo.
Insólita fue la pelota de Adidas, enjabonada, medio loca, que huía de las manos y desobedecía a los pies. La tal Jabulani fue impuesta aunque a los jugadores no les gustaba ni un poquito. Desde su castillo de Zurich, los amos del fútbol imponen, no proponen. Tienen costumbre.
Insólito fue que por fin la todopoderosa burocracia de la FIFA reconociera, al menos, al cabo de tantos años, que habría que estudiar la manera de ayudar a los árbitros en las jugadas decisivas. No es mucho, pero algo es algo. Ya era hora. Hasta estos sordos de voluntaria sordera tuvieron que escuchar los clamores desatados por los errores de algunos árbitros, que en el último partido llegaron a ser horrores. ¿Por qué tenemos que ver en las pantallas de televisión lo que los árbitros no vieron y quizá no pudieron ver? Clamores de sentido común: casi todos los deportes, el básquetbol, el tenis, el béisbol y hasta la esgrima y las carreras de autos, utilizan normalmente la tecnología moderna para salir de dudas. El fútbol, no. Los árbitros están autorizados a consultar una antigua invención llamada reloj, para medir la duración de los partidos y el tiempo a descontar, pero de ahí está prohibido pasar. Y la justificación oficial resultaría cómica, si no fuera simplemente sospechosa: El error forma parte del juego, dicen, y nos dejan boquiabiertos descubriendo que errare humanum est.
Insólito fue que el primer Mundial africano en toda la historia del fútbol quedara sin países africanos, incluyendo al anfitrión, en las primeras etapas. Sólo Ghana sobrevivió, hasta que su selección fue derrotada por Uruguay en el partido más emocionante de todo el torneo.
Insólito fue que la mayoría de las selecciones africanas mantuvieran viva su agilidad, pero perdieran desparpajo y fantasía. Mucho corrieron, pero poco bailaron. Hay quienes creen que los directores técnicos de las selecciones, casi todos europeos, contribuyeron a este enfriamiento. Si así fuera, flaco favor han hecho a un fútbol que tanta alegría prometía. África sacrificó sus virtudes en nombre de la eficacia, y la eficacia brilló por su ausencia.
Insólito fue que algunos jugadores africanos pudieran lucirse, ellos sí, pero en las selecciones europeas. Cuando Ghana jugó contra Alemania, se enfrentaron dos hermanos negros, los hermanos Boateng: uno llevaba la camiseta de Ghana, y el otro la camiseta de Alemania. De los jugadores de la selección de Ghana, ninguno jugaba en el campeonato local de Ghana. De los jugadores de la selección de Alemania, todos jugaban en el campeonato local de Alemania. Como América latina, África exporta mano de obra y pie de obra.
Insólita fue la mejor atajada del torneo. No fue obra de un golero, sino de un goleador. El atacante uruguayo Luis Suárez detuvo con las dos manos, en la línea del gol, una pelota que hubiera dejado a su país fuera de la Copa. Y gracias a ese acto de patriótica locura, él fue expulsado pero Uruguay no.
Insólito fue el viaje de Uruguay, desde los abajos hasta los arribas. Nuestro país, que había entrado al Mundial en el último lugar, a duras penas, tras una difícil clasificación, jugó dignamente, sin rendirse nunca, y llegó a ser uno de los mejores. Algunos cardiólogos nos advirtieron, desde la prensa, que el exceso de felicidad puede ser peligroso para la salud. Numerosos uruguayos, que parecíamos condenados a morir de aburrimiento, celebramos ese riesgo, y las calles del país fueron una fiesta. Al fin y al cabo, el derecho a festejar los méritos propios es siempre preferible al placer que algunos sienten por la desgracia ajena. Terminamos ocupando el cuarto puesto, que no está tan mal para el único país que pudo evitar que este Mundial terminara siendo nada más que una Eurocopa. Y no fue casual que Diego Forlán fuera elegido mejor jugador del torneo.
Insólito fue que el campeón y el vicecampeón del Mundial anterior volvieron a casa sin abrir las maletas. En el año 2006, Italia y Francia se habían encontrado en el partido final. Ahora se encontraron en la puerta de salida del aeropuerto. En Italia, se multiplicaron las voces críticas de un fútbol jugado para impedir que el rival juegue. En Francia, el desastre provocó una crisis política y encendió las furias racistas, porque habían sido negros casi todos los jugadores que cantaron “La Marsellesa” en Sudáfrica. Otros favoritos, como Inglaterra, tampoco duraron mucho. Brasil y Argentina sufrieron crueles baños de humildad. Medio siglo antes, la selección argentina había recibido una lluvia de monedas cuando regresó de un Mundial desastroso, pero esta vez fue bienvenida por una abrazadora multitud que cree en cosas más importantes que el éxito o el fracaso.
Insólito fue que faltaran a la cita las superestrellas más anunciadas y más esperadas. Lionel Messi quiso estar, hizo lo que pudo, y algo se vio. Y dicen que Cristiano Ronaldo estuvo, pero nadie lo vio: quizás estaba demasiado ocupado en verse.
Insólito fue que una nueva estrella, inesperada, surgiera de la profundidad de los mares y se elevara a lo más alto del firmamento futbolero. Es un pulpo que vive en un acuario de Alemania, desde donde formula sus profecías. Se llama Paul, pero bien podría llamarse Pulpodamus. Antes de cada partido del Mundial, le daban a elegir entre los mejillones que llevaban las banderas de los dos rivales. El comía los mejillones del vencedor, y no se equivocaba. El oráculo octópodo influyó decisivamente sobre las apuestas, fue escuchado en el mundo entero con religiosa reverencia, fue odiado y amado y hasta calumniado por algunos resentidos, como yo, que llegamos a sospechar, sin pruebas, que el pulpo era un corrupto.
Insólito fue que al fin del torneo se hiciera justicia, lo que no es frecuente en el fútbol ni en la vida. España conquistó, por primera vez, el campeonato mundial de fútbol. Casi un siglo esperando. El pulpo lo había anunciado, y España desmintió mis sospechas: ganó en buena ley, fue el mejor equipo del torneo, por obra y gracia de su fútbol solidario, uno para todos, todos para uno, y también por las asombrosas habilidades de ese pequeño mago llamado Andrés Iniesta. Ello prueba que a veces, en el reino mágico del fútbol, la justicia existe.
* * *
Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía Cerrado por fútbol.
Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido.
Esa proeza me dejó frito, los músculos dolidos, la garganta rota; pero ya estoy sintiendo nostalgia.
Ya empiezo a extrañar la insoportable letanía de las vuvuzelas, la emoción de los goles no aptos para cardíacos, la belleza de las mejores jugadas repetidas en cámara lenta. Y también la fiesta y el luto, porque a veces el fútbol es una alegría que duele, y la música que celebra alguna victoria de ésas que hacen bailar a los muertos, suena muy cerca del clamoroso silencio del estadio vacío, donde ha caído la noche y algún vencido sigue sentado, solo, incapaz de moverse, en medio de las inmensas gradas sin nadie.

13 de julio de 2010

¿Euforia momentánea o necesidad psicológica? ¿Y qué han opinado los grandes del fútbol patrio?



Sólo el paso del tiempo aclarará cuál va ser el verdadero significado del triunfo de la selección español en el Campeonato Mundial de Fútbol 2010, el primero celebrado en África. Es necesario comprobar la entidad del poso que finalmente quede en la memoria para darse cuenta de lo que verdaderamente suponga un acontecimiento que ha logrado rebasar, como parece, su estricta dimensión deportiva. Pero a falta de tener esa perspectiva, no estaría de más reflexionar sobre lo que ha representado o puede representar un hecho excepcional, inédito hasta ahora en España y que, como todo el mundo ha podido comprobar, ha tenido una resonancia insólita, que ha desbordado con creces todas las previsiones. Y eso que no es, desde luego, el primer gran éxito alcanzado por los deportistas españoles. Conquistas memorables en baloncesto, en tenis, en deportes de motor, en natación sincronizada, en waterpolo, en atletismo… engrosan un palmarés espectacular, todos logrados casi de manera simultánea en ese período mágico para el deporte español que se abrió con fuerza a partir de las Olimpiadas de 1992 y que se ha mantenido casi invariable hasta nuestros días.

Sin embargo, en ningún momento el país se ha movilizado como en esta ocasión. Para un observador de los sucesos sorprendentes que ocurren a su alrededor, y que precisamente llaman la atención por las connotaciones que pudieran ofrecer, no pueden pasar desapercibidos tres hechos singulares: el impresionante seguimiento del Campeonato, que ha ido in crescendo a medida que las expectativas de triunfo se iban haciendo mas firmes; la profusa utilización de la bandera del Estado, omnipresente en todos los sitios y de las más diversas maneras, y las manifestaciones de júbilo que, tras la merecida conquista de la Copa, resonaron de una punta a otra de la península, sin restricciones ni falsos prejuicios. Me detendré brevemente en los dos últimos.

Jamás la bandera española ha ocupado con tanta reiteración el espacio público. Un símbolo comúnmente poco utilizado, salvo en determinadas manifestaciones de sesgo conservador, de pronto se ha convertido en la enseña de todos o, al menos, de una abrumadora mayoría de ciudadanos que deseaban expresar, a través de ella, su identificación con los colores institucionales del país cuya selección de fútbol, y de la mano de ese excelente entrenador y persona que siempre ha sido el salmantino Vicente del Bosque, tan buen papel estaba haciendo en el extremo sur de África. Cabe preguntarse si la exhibición masiva de ese trozo de tela, de todos los tamaños y formas y cuya significación a muchos disuadía hasta hace bien poco, es atribuible únicamente al deseo circunstancial de reafirmar su solidaridad con “La Roja” o en el fondo no encierra el propósito de poner de manifiesto, siquiera sea como reacción favorable al sentimiento colectivo, una afinidad con la idea de pertenencia a ese ámbito de relaciones, convivencia e intereses que se llama España y que, como tal, es reconocida internacionalmente con todos los derechos y obligaciones que ello comporta.

Quizá en la mentalidad de no pocos esta asimilación no aparezca tan clara y quede circunscrita a la sensación de que solo así es posible incorporarse de lleno al mundo de satisfacciones y zozobras que provoca - ¿inevitablemente? - la adicción futbolística en la mas impresionante competición deportiva del mundo. Pero, a la vista, de cómo han ido las cosas y de qué manera se ha exteriorizado ese sentimiento de alegría y complacencia, a que ha inducido una afición sentida y plenamente asumida, cuesta pensar que no esté presente también una postura que no muestra incomodidad cuando esgrime como imagen, a través de una escenografía que en ocasiones llega a ser apabullante, la que proporciona un estandarte que no es otro que el que representa a un Estado, llamado España, que con sus luces y sus sombras ha conseguido hacerse un lugar en el mundo, y no solo en el plano deportivo. Un espacio con capacidad para integrar proyectos compartidos, fraguados por gentes de la más diversa procedencia.

¿Euforia momentanea? ¿Jolgorio efímero y sin más trascendencia? Quizá, aunque está por ver. Porque lo que también parece claro es que el triunfo en Johannesburgo ha traido la sonrisa y la voz entusiasta a una sociedad que se sentía, y se siente, acongojada por el panorama sombrío que late a su alrededor. Un panorama no solo de crisis y de agobios económicos, sino también de hartazgo ante problemas institucionales irresueltos, ante discursos políticos tediosos y no exentos de cinismo, ante orates tertulianos que rezuman odios, mentiras y resentimientos, ante las desvergüenzas que emanan de una corrupción que no cesa, y que manipula los hechos con la pretensión de sentirse impune, ante visiones catastrofistas que lesionan la confianza en el futuro y empobrecen la autoestima en el corto plazo….

Y es que la psicología colectiva, como destacó tantas veces el maestro Castilla del Pino, se aferra de manera instintiva a hechos y circunstancias que pueden facilitar subjetivamente la supervivencia del ánimo en medio del desencanto y la desolación. Es una herramienta de salvamento frente al pesimismo, un recurso obligado frente a la negrura. ¿Y qué hay de malo en ello cuando basta un triunfo deportivo, conseguido en buena lid y con un equipo admirable, en el que todos los españoles, sean de donde sean, se sienten representados si se trata de recuperar la confianza y la percepción de que no todo es cieno y que algo de esperanza cabe en un pais que, al socaire de una proeza deportiva, se siente, al fin, solidario con valores sustentados en el espiritu de equipo, en el esfuerzo y en la ilusión?
Mientras tanto, estaremos atentos al día después. Cuando los focos de la fiesta se apaguen, cuando el ruido amaine, cuando el entusiasmo ceda paso a la realidad, cuando el trofeo quede definitivamente instalado en la vitrina, tiempo vendrá de escuchar las declaraciones serias y de saber el destino de las suculentas recompensas pecuniarias prometidas a los jugadores, que seguirán siendo famosos de por vida pero al tiempo ciudadanos, aquí y ahora, de un pais donde mucha gente lo está pasando mal. Será el momento de comprobar la sinceridad que encierran las muestras de generosidad recíproca. Con todos y para todos.

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A modo de conclusión, una curiosidad aflora. Tras seguir con cierto detenimiento cuanto se ha dicho en los distintos medios sobre el resultado conseguido, llama la atención el silencio clamoroso mostrado por grandes figuras nacionales del mundo balompédico. Quizá se me ha pasado, y de ahí la pregunta, que desearía despejar. ¿Alguien ha oido la opinión autorizada de personajes que sin duda mucho tenían que decir sobre el resultado conseguido como es el caso de Luis Aragonés, Florentino Pérez, Jorge Valdano, Pep Guardiola o Rafa Benítez, entre otros grandes del fútbol patrio? Silencio, desprecio, indiferencia.... cualquier cosa menos ignorancia. Los que tanto saben de fútbol en este país de envidias irreversibles han callado ante la gesta o estaban fuera de órbita. Menos mal que sí hemos oido la opinión de ese gran maestro del buen estilo en todos los órdenes, dentro y fuera de la cancha, que es Johan Cruyff. Un hombre que compone con Alfredo Di Stéfano y Pelé el trío que, en mi opinión, representa lo mejor de la historia del fútbol.

8 de julio de 2010

El fútbol, más que un deporte, es “una metáfora de la condición humana”

Niños sudafricanos simulando un Mundial. La foto es de Jerôme De Perlinghi y ha sido publicada en el diario francés Libération 


Cuando Richard Kapuscinski escribió “La guerra del futbol” para profundizar en las causas de la guerra que enfrentó a Honduras y El Salvador en la fase clasificatoria para el Mundial de1970, lo hacía consciente, como él mismo señala, de encontrarse ante uno de los sucesos más insólitos de cuantos hasta entonces habían atraído su interés como periodista. No hay que escarbar demasiado para encontrarse en el panorama intelectual a ilustres personajes de la literatura, del arte o del pensamiento que no sienten apuro alguno a la hora de dejar constancia de sus pasiones por el balompié. Casi siempre lo hacen mientras miran para otro lado cuando se habla de la trama de tejemanejes que rodea ese deporte en el que se mueven cifras astronómicas, se prima con recompensas que, al conocerlas, provocan el sonrojo y se acomete sin recato operaciones especulativas que inciden sobre aspectos esenciales de la actividad económica, de la vida política, de los comportamientos sociales o de la gestión territorial.

Si se analiza bien, pocas vertientes de la vida contemporánea permanecen ajenas, directa o indirectamente, a las implicaciones concatenadas que en ella provoca el fútbol, tanto en relación con quienes lo admiran como de cuantos lo rechazan. Baste señalar que las inversiones publicitarias movilizadas por el Mundial de Sudáfrica 2010 supondrán – estima la Gazzetta dello Sport – 5.000 millones de euros, en tanto que la FIFA ingresará en sus arcas una cantidad superior a los 2.500 millones por los derechos abonados por las televisiones y por contratos varios de esponsorización. Entrar en detalles respecto a lo que suponen los fichajes a los futbolistas o las operaciones inmobiliarias acometidas por los presidentes de los Clubes en armonía con los Ayuntamientos no haría si no elevar hasta niveles inimaginables la espectacularidad de la bola financiera y de intereses, ocultos o explícitos, creada en torno al fútbol.

Pero, más allá de sus implicaciones económicas, es evidente que las actitudes de indiferencia hacia ese deporte quedan eclipsadas, a la postre, por la magnitud de lo que significa un “hecho social total” como expresivamente lo ha calificado Norbert Elias. Con mayor énfasis Ignacio Ramonet, que acuñó el concepto "Planeta Fútbol", afirma que ese juego "constituye una metáfora de la condición humana”, en la medida en que favorece una reflexión sobre el papel del individuo y del trabajo en equipo, permite debates apasionados sobre el valor, la camaradería, el espíritu de lucha, el descubrimiento de las ambiciones soterradas, lo arbitrario y la injusticia, mientras pone en evidencia los azares de la fortuna y el destino no previsto y, lo que no es menos importante, alienta complicidades y pasiones compartidas en la confianza de que quien participa de esta afición colectiva nunca se encuentra solo. "You’ll never walk alone" ("Nunca marcharás solo") : con esta frase se consuelan y animan en todos los encuentros los hinchas del Liverpool FC, un club representativo de los trabajadores en Gran Bretaña. Si en todos los deportes son más numerosos los que pierden que los que ganan, en el fútbol la crudeza de la derrota, más aún que en el caso de la victoria, sólo es soportable en un clima de solidaridad y consuelo masivos y sin fisuras.

Vehemente y apasionado manifiesto colocado en el entorno del Estadio Mestalla de Valencia, llamando a la solidaridad e incluso a la defensa de la identidad "racial", mientras sus autores dejan bien claro que la directiva puede hacer lo que le de la gana. Fotografía realizada el 30 de octubre de 2008 en la Avenida Blasco Ibáñez de Valencia.


Y, desde luego, no cabe duda de su dimensión sociológica y cultural. En torno a él gravitan y se entreveran actitudes capitales de la conciencia social e individual como son el sentimiento de pertenencia a unos símbolos y a unas referencias que sobreviven al paso del tiempo, el afianzamiento de la misma idea de identidad, las connotaciones pasionales en su grado más explícito, no exentas a veces de cierto misticismo casi religioso. No en vano los estadios se muestran como el escenario óptimo para la manifestación de ceremonias identitarias, para la exacerbación de los localismos o la materialización de comportamientos rayanos en lo tribal e incluso propensos a la violencia, amparada en tales santuarios para perder todo sentido cuando esos ámbitos se abandonan. Ya lo decía Eduardo Galeano: “podrás cambiar de profesión, de partido, de amigos o de cónyuge en la vida…. Pero nunca cambiarás de equipo de futbol". Es "la pasión", esa pasión que tan bien expresaba el curioso personaje, enamorado del futbol, que destaca entrañable en “El secreto de sus ojos”, la famosa película de Juan José Campanella, que recurre a la famosa frase de Galeano. ¿Lo recuerdan?

No hay espectáculo igual. Ningún otro evento, sea de lo que sea, es capaz de lograr, como se prevé en el Mundial de Sudáfrica, una audiencia acumulada de 21.000 millones de personas. Y, finalmente, la apoteosis ha llegado. Nunca hasta ahora un espectáculo ha sido visto al mismo tiempo por tanta gente. El domingo 11 de julio de 2010, cerca de 4.000 millones de personas, más de la mitad de la humanidad, han asistido expectantes a la final en que España, compitiendo con los Países Bajos en el Soccer City de Johannesburgo, ha logrado, al fin, hacerse por vez primera en la historia con la Copa del Mundo de Futbol. ¿ O es que alguien había puesto en duda que esto podía suceder?

7 de julio de 2010

Lo de Uruguay no es poca cosa


No se logró la victoria, pero la hazaña fue grande, heroica. Y debe ser destacada. Llegar a semifinales en el mayor espectáculo del mundo sólo está al alcance de cuatro equipos. El fútbol es así. La tensión en el rostro de los jugadores antes de salir a la cancha del Green Point Stadium de Ciudad del Cabo reflejaba lo mucho que representa ese deporte de multitudes, dinero, pasiones y simbologías inigualables en la cultura colectiva de un pueblo que, habitando un país pequeño, aspira a ser grande. A ser reconocido, a ser admirado, a merecer la atención que aparece desleída cuando la mirada se expande por los anchos horizontes de la América austral donde el Uruguay apenas es una cuña entre las inmensidades de sus vecinos.

Ya en el campo, la garra se enardece para dejar de lado el abatimiento y la sensación de que la victoria no es fácil objetivo, pero sí posible. La voluntad prima sobre el estilo, el coraje sobre la finura, mientras la astucia y la fortaleza del adversario, que calcula sus tiempos con la habilidad y precisión que en todo ponen los soberbios anaranjados de los Paises Bajos, cercenan el terreno que insistentemente los charrúas tratan de abrir para que el mundo aplauda la proeza de que son, o pueden ser, capaces los asesorados por Oscar Tabárez, cuyo parecido con José Gervasio Artigas, el héroe por antomasia de la Banda Oriental, resulta asombroso. Al final, 2 a 3. La menor de las diferencias.

Volverán, como los cuartos del Campeonato (¡qué lastima de larguero inoportuno en el último minuto!), al aeropuerto de Carrasco, allá donde Montevideo se adentra mansamente en las enormes fauces del Paraná. Recorrerán las calles y las esquinas de la ciudad que tanto amaba Mario Benedetti. Serán objeto de comentarios sabrosos por parte de Eduardo Galeano, que, al fin, saldrá de ese recogimiento sobre sí mismo y su pantalla de televisión que siempre, como ha reconocido, le provocan los Mundiales. Se acercarán a la Plaza de la Independencia, o quizá a la inmensa esplanada que se abre ante el Parlamento, donde Pepe Mujica les obsequiará con su sonrisa característica y alguna broma inesperada para levantar el ánimo. Recibirán el saludo fraternal de los que en Paysandú, Paso de los Toros, Tacuarembó o Rocha, entre tantos otros lugares, se sientan identificados con los colores celestes que han brillado con luz propia en la tierra de los bafana-bafana. Y ya en la soledad que algunos de los jugadores sientan mientras paseen por Pocitos frente al Rio de la Plata, no les será infrecuente evocar las sensaciones infinitas emanadas de una experiencia inolvidable que asociarán al ruido ensordecedor de las vuvuzelas en aquellos estadios en los que la sombra de Nelson Mandela ha estado omnipresente a través de esa espectacular riqueza de colores engarzados que sólo Sudáfrica - "the Rainbow Nation" como la definió Desmond Tutu- logra aportar al mundo.

Enhorabuena, Uruguay. Enhorabuena, orientales. Enhorabuena a cuantos sienten como propios los éxitos y las frustraciones de ese pais tan admirablemente recogido y descrito en la voz de Alfredo Zitarrosa.

Nota: La fotografía que abre esta entrada fue realizada por mí en Montevideo el dia 1 de mayo de 2010. Forma parte de una colección de imágenes sobre el Primero de Mayo en esa ciudad, que espero publicar, con sus correspondientes comentarios, algún día. Si alguien sabe de alguien que pudiera estar interesado en esa publicación, le agradecería me lo comunicase.



6 de julio de 2010

¿Pragmatismo turístico o voluntad de cooperación sincera? Todos nos necesitamos para salir adelante

Playa de Zumaya (Guipuzcoa)

No es un hecho baladí lo que acaba de suceder en el País Vasco. En el marco emblemático del Museo Guggenheim de Bilbao se ha firmado un acuerdo de colaboración para promocionar la imagen turística del Pais Vasco en el marco de la campaña globalmente concebida y diseñada para el conjunto de España. Es la primera vez que algo así sucede en nuestro país, donde este tipo de iniciativas no suele formar parte de las preocupaciones o de las líneas estratégicas de las Comunidades autónomas, más empeñadas en demostrar el gran poder que tienen, y lo mucho que con él saben hacer y gastar, que en establecer puentes de acuerdo con la Administración Central de Estado para emprender proyectos que interesan a ambas partes, salvo que vengan obligados por la Ley y no haya más remedio que asumir formalmente la integración en el Estado.

Pero lo llamativo es que el lema principal de la campaña emprendida al amparo de este acuerdo responde al slogan “I need Spain”. Necesito España. Sabemos que todos los lemas que se eligen para actuaciones de este tipo no surgen por casualidad. Son el resultado de un proceso de elaboración lento, muy pensado, que a veces culmina en la genialidad aunque lo habitual es que sirvan simplemente como reclamo de algo que se ve respaldado y reconocido por la frase escueta pero muy expresiva con la que se promociona.

El hecho de que el acuerdo se centre en la consecución de objetivos turísticos que pueden verse incrementados en el marco de las extraordinaria dimensión y reconocida capacidad de arrastre que en este sentido posee el territorio español y la propia imagen de “España”, no merma un ápice la trascendencia del compromiso, cuya aplicación durará lo que resta de año. Si llama la atención el que la propuesta provenga del Pais Vasco – cuyo Presidente fue el único de los flamantes y superocupados gobernantes autonómicos que asistió el 27 de junio al acto de reconocimiento a las víctimas del terrorismo efectuado en el Congreso de los Diputados – constituye al tiempo una lección y una prueba fehaciente de lo que en estos momentos representa el rumbo emprendido por Euskadi en España que, sin merma alguna de su capacidad de autogobierno, ha sabido entender el valor del acuerdo, el alcance de la cooperación al servicio de proyectos de interés conjunto, la importancia de sentirse bien en un marco estatal en el que todas las partes pueden verse favorecidas si hay voluntad sincera de compartir el futuro sobre la base del respeto mutuo.
Cuando la violencia desaparezca definitivamente de la tierra vasca, ni imaginarme puedo lo que eso representará a la hora de visitar el espacio donde, como diría Raimon, se dan todos los colores del verde.





25 de junio de 2010

Urbanismo colonial en Palestina


El territorio es poder. En realidad constituye la manifestación más representativa del poder, y controlarlo significa la demostración inequívoca de quién lo ostenta, para qué y de qué manera. En la tierra palestina, ilegalmente ocupada, la codicia por el territorio y sus recursos - especialmente, el agua (véase la Tesis de Ferrán Izquierdo) - alcanza cotas de violencia y agresividad insólitas en este nuestro mundo que con tanto esfuerzo como decepción trata de organizar el Derecho Internacional, sistemática e impunemente conculcado por el ocupante ilegal de Cisjordania.

Mas en ese espacio atormentado del Oriente Próximo los principios de respeto a la ley y a los derechos humanos desaparecen en aras de un desprecio absoluto hacia el vecino, cuya existencia se ignora y degrada. La esencia del problema radica en el dominio irrestricto del espacio. De ahí el urbanismo colonial, el urbanismo de la rapiña y la exclusión que se expande sin freno, que ofende la justicia, que humilla al adversario, que enaltece la violencia y trata de legitimar la usurpación ilegal de la tierra mediante argumentos que ofenden la inteligencia y suponen un inmenso ultraje a la dignidad del ser humano.


24 de junio de 2010

Severidad con los débiles, tolerancia con los poderosos


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No quisiera que el título de esta entrada rozase la demagogia, pero es el que se me ha ocurrido para poner en evidencia un hecho que de demagógico no tiene nada. ¿Cómo explicar al ciudadano que trabaja por cuenta ajena y que cumple con sus obligaciones fiscales el que hasta ahora la Administración tributaria española no haya decidido intervenir sobre las grandes fortunas depositadas en Suiza y que suponen, en una primera aproximación, la ocultación de más de 6.000 millones de euros? Durante mucho tiempo quienes recurrían a las prácticas de evasión de capital, características de quienes sienten que su dinero es apátrida, han tenido una sensación de impunidad que les reconfortaba de su forma de entender el ahorro o, mejor dicho, el destino de los beneficios obtenidos mediante procedimientos que difícilmente eran conciliables con el trabajo honesto y dignamente retribuido.

Sorprende que siendo algo sabido, y conscientes de que la prosperidad suiza debe mucho a la neutralidad que le lleva a ser el refugio de las finanzas fraudulentamente obtenidas o domiciliadas por las rutilantes figuras del deporte, la farándula o los "negocios" que presumen de patriotas y que en su terruño son objeto de toda suerte de pleitesías mientras su peculio permanece fuera a buen recaudo, el tema haya permanecido en el silencio que sólo cabe entender en función de una permisividad deliberadamente ejercida. Es sencillamente escandaloso. Pero no ha sido la Hacienda española la que ha tomado la decisión de controlar esos depósitos de españoles fiscalmente opacos, sino la advertencia de las autoridades francesas, que han informado de los contribuyentes con fondos depositados en la filial suiza del HSBC (Hongkong and Shanghai Banking Corporation), bien conocido en el mundo por su política financiera sin escrúpulos.

La madurez, la credibilidad y la solvencia de un país se miden, en buena medida, por el nivel de su cultura fiscal y por el respeto a las normas que llevan a entender que la tributación sin privilegios beneficia a toda la sociedad. Nunca he sido partidario de la objeción fiscal, pero sí de la justicia fiscal sin paliativos de ningún tipo. Porque cuando se observa que el cumplimiento de las reglas es estricto con unos y tolerante con el fraude y la evasión, la indignación aflora de inmediato, ya que no hay que ser demasiado perspicaz para darse cuenta de cuántos sacrificios serían mucho más livianos si todas esas fortunas que escapan al fisco o se desenvuelven en el terreno etéreo de la irregularidad impune aflorasen y no permitieran que la lucha contra la deuda y el recorte consiguiente recayesen vergonzosamente en las espaldas de los más indefensos a la par que cumplidores.

19 de junio de 2010

José Saramago: compromiso y coherencia de un portugués sin fronteras


Admiro la figura del intelectual comprometido. Comprometido con su tiempo, con los problemas y vicisitudes de la época que le ha tocado vivir, alerta y vigilante hacia cuanto acontece a su alrededor y con la mirada puesta en la defensa de quienes más necesitan el amparo y el aliento que hagan posible el alivio de sus tragedias. Y comprometido con su espacio también, con ese entorno convulso y repleto de contradicciones en el que todos nos desenvolvemos y que cada dia ofrece a nuestra vista perpleja las tensiones motivadas por el estigma omnipresente de la desigualdad.

Cuánta razón tenía Gabriel Celaya al escribir aquel poema que tanto me impactó en mi juventud:
(...)
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
(...)
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Sirva este recuerdo como testimonio de admiración, respeto y reconocimiento a la figura de José Saramago, el portugués de mil miradas que acaba de partir. Ninguna causa noble le supuso incomodidad. Consciente de que su palabra era un buril incisivo sobre la injusticia, jamás puso obstáculo alguno para hacerla notar y combatirla - siempre con el coraje de la palabra - allí donde era necesario. En el Sahara Occidental, en Palestina, en Haití, en el África admirada….
Su obra es inmensa, tanto como el océano que se extiende sin límites frente a las costas de Portugal, el mismo que divisaba desde su atalaya de Lanzarote. Recuerdo haberle visto en varias ocasiones en el Circulo de Bellas Artes de Madrid, en la Feria del Libro del Parque del Retiro madrileño, en el Dia del Libro y de la Rosa de Barcelona, en la manifestación contra la guerra de Irak aquel memorable 13 de Febrero de 2003 en la Plaza de Cibeles... Valiente y decidido, enamorado de la “balsa de piedra” que identificó con la Península Ibérica, nunca comulgó con la feria de las vanidades ni se sumó a la conjura de los necios. Anteponía la sinceridad a la petulancia tan frecuente en el oficio, no se recataba ante la barbarie y enarboló como nadie la bandera de la libertad.
Coherente consigo mismo, nos hizo intuir que otro mundo era posible. Un mundo alejado de la mediocridad, de la explotación, del lucro desmedido, de la banalidad y, ante todo, de la opresión y la injusticia
¿Cómo homenajear a Saramago en estos momentos?. No se me ocurre nada mejor que , recurriendo a la voz de Carlos do Carmo, traer a colación la imagen de Lisboa y el rumor del Tajo que se abren al Atlántico, y que con tanta fuerza nos evocan los aires de Portugal. Y es que, aunque hombre de un mundo sin fronteras y no bien comprendido a veces por algunos de sus compatriotas, dificilmente podría entenderse la creatividad de Saramago sin asociarla a lo más encomiable y recóndito de la personalidad portuguesa.








12 de junio de 2010

Mensajes en la calle (28): ¿por qué correr innecesariamente?


La frase es lacónica, pero muy expresiva. Y es que, aunque la prisa es mala consejera, lo cierto es que ha acabado por adueñarse de nuestras vidas. Se dice que el tiempo es el bien más escaso que existe, pues, una vez perdido, ya no se puede recuperar. Hasta tal punto se ha afianzado en la conciencia la sensación de que el tiempo nos falta que cualquier propósito de entenderlo de manera relajada resulta, a la postre, baldío. ¿Despilfarramos el tiempo o nos invade la sensación de que lo hacemos simplemente por el hecho de que nos parece insuficiente para hacer lo que pretendemos, sin saber muy bien cómo debemos utilizarlo? Nos hacemos con un sinfín de instrumentos - agendas, móviles, papeles sueltos, confianzas en la memoria ... - para ordenar las tareas que marcan el ritmo cadencial de los compromisos contraidos, que asumimos advertidos y conscientes de que muchas veces quizá no podremos afrontarlos como desearíamos. Se apelotonan en esos formatos informales que ordenan los recuerdos y ocupan una parte sustancial de la mente, ante la incapacidad que tenemos para desprendernos de sus referencias más o menos esporádicas. Correr por algo o por alguien se ha convertido en un hábito asumido sin apenas resistencia.


Si uno de los aspectos esenciales de la felicidad consiste en ser dueños del tiempo que nos pertenece, si admitimos que resulta necesario detenerse de cuando en cuando para ordenar las ideas amalgamadas, si consideramos que la lentitud en hacer las cosas no es sinónimo de indolencia sino muchas veces de creatividad, buen gusto y resultados satisfactorios…. Entonces, ¿por qué correr incesantemente? ¿Porqué sentirnos prisioneros de algo o de alguien que nos impulsa a la aceleración permanente de nuestras vidas a sabiendas de que quizá esa actitud nos puede suponer, sin desearlo ni necesitarlo, el viaje apresurado a ninguna parte?


Nota: La frase estaba escrita en en el centro de una ciudad uruguaya. No sorprende que así sea. El Uruguay es un pais tranquilo, donde se respira ambiente relajado y donde nada consigue alterar una buena conversación perfumada por los vapores que surgen en torno al mate compartido.




4 de junio de 2010

La lucha de Gaby Lasky por la paz

Hace años que Gaby Lasky se esfuerza en Israel por buscar la paz en un ambiente cada vez más radicalizado tras años de horror y sufrimiento. Israelí de origen mexicano, y ex oficial del Ejército, es actualmente Secretaria General de Shalom Ajshav (Peace Now/Paz Ahora), una organización de defensa de los derechos humanos que busca denodadamente la paz mediante iniciativas que cuestionan los métodos y las estrategias del Estado de Israel y su política de humillación y expolio hacia la comunidad palestina.


Al tiempo trabaja como asesora jurídica del Comité Público contra la Tortura en Israel, una organización no política dedicada a la eliminación de la tortura como medio de interrogatorio por las fuerzas de seguridad de ese país. Asimismo, cuenta con el apoyo del movimiento Rompiendo el Silencio, que militares del Ejército de Israel han creado para denunciar la ocupación de la Palestina usurpada. Si se sigue la trayectoria de esta abogada judía en un entorno que le es francamente hostil, nos encontraremos ante un caso realmente admirable de coherencia, tenacidad y dignidad humana. Hace unos años manifestó en la BBC una postura rotundamente contraria al muro de la vergüenza que el Estado hebreo está construyendo para dividir el territorio y a las sociedades hasta hacer de esta iniciativa una de las medidas más ignominiosas de nuestro tiempo.

En cuanto al muro, afirmaba entonces, puedo decir de primera mano, porque he visto las cosas, que el muro está, en los lugares donde se está construyendo, creando infracciones muy grandes de los derechos humanos hacia la población civil palestina, quitándoles su tierra, su modo de vida agrícola, quitándoles la posibilidad de reuniones familiares. Hay gente que tiene que vivir casi diría dentro de jaulas, porque su casa quedó de un lado del muro y sus familiares y la escuela del otro lado, pero al mismo tiempo no pueden entrar al territorio israelí, por lo cual quedan casi enjaulados en lugares muy pequeños. Yo estoy de acuerdo en que Israel tiene que terminar la ocupación, regresar a la "línea verde", a las fronteras de 1967, y permitir a los palestinos crear un país independiente en el que puedan vivir como a ellos les parezca”.
La misma actitud de denuncia ha mantenido en conversación con la prensa española cuando con gran escepticismo ha llegado a afirmar que "cambiar la política de Israel es imposible, pues me he dado cuenta que sólo se difunde la narrativa judía antes y después del Holocausto. El pueblo judío tiene derecho a un Estado, pero no a privar a otros del suyo. No puede haber democracia y ocupación al mismo tiempo". Si se siguen sus declaraciones en el tiempo da la impresión de que su pesimismo se ha acentuado. Varias de sus frases lo revelan:
"La clase política dice que quiere la paz. No les creo. La solución es simple, y si no hemos llegado a ella es porque Israel no quiere”.
"Estamos permitiendo que el Ejército cree los mitos de la sociedad civil, formando una sociedad militarista incapaz de comprender los derechos humanos, porque siempre prevalece la seguridad".
"He comprendido por mi trabajo que si hablaran todas las personas buenas que callan, se podrían cambiar muchas cosas".

1 de junio de 2010

Merecido homenaje a un hombre bueno, digno y memorable: Antonio García Quintana, el último alcalde republicano de Valladolid

Antonio García Quintana, alcalde de Valladolid (1932-1934 y 1936)


La biografía de Antonio García Quintana revela las características de un hombre bueno, sensible, de un político honesto, sencillo y obsesionado con un objetivo que marcó esencialmente su vida pública: el desarrollo de la educación. La tarea realizada en este sentido fue ingente y hoy se reconoce en el mundo de la enseñanza como una de las más activas de las llevadas a cabo en España. Baste señalar que en 1931 había en Valladolid 13.500 niños entre 6 y 11 años, de los que solo asistían a clase 3.000. Para afrontar este grave problema de falta de escolarización, impulsó la creación de nuevas escuelas, cuyo número se elevó, durante su mandato, de 59 a 127 centros, al tiempo que impulsó los comedores escolares en los que se atendía diariamente a 886 niños sin recursos. Conocido como el programa de “la gota de leche”, fue la primera vez en España que se puso en marcha una iniciativa de estas características.

Fue alcalde de Valladolid por el Partido Socialista entre 1932 y 1934, para presidir de nuevo el Ayuntamiento tras las elecciones de febrero de 1936. Al estallar la rebelión militar, que en la ciudad de Valladolid, sumidero del falangismo más brutal, se tradujo en una represión atroz, el alcalde García Quintana fue depuesto y durante algún tiempo permaneció escondido hasta que se produjo su detención, por delación, el 27 de febrero de 1937. Mediante un juicio farsa, realizado con pretensiones humillantes y de escarnio en el salón de plenos del Ayuntamiento y presidido por un tal Fajardo, fue condenado, por los sicarios de la rebelión golpista, por “delito de rebelión militar”, con pena de muerte. Su asesinato por fusilamiento el 8 de octubre de 1937, a las 6,30 horas, fue concebido de modo ejemplarizante por el matonismo falangista que atemorizaba la vida de la ciudad bañada por el Pisuerga. Ajusticiar al alcalde se convirtió en un ejercicio de insania calculada con el único fin de sembrar el terror y demostrar lo que los rebeldes, profesionales de las amanecidas sangrientas, eran capaces de hacer. He conocido testimonios personales del pavor provocado por aquella salvajada. La ciudad quedó durante mucho tiempo traumatizada por el hecho.

Setenta y tres años después, su nieta, Carmen Cazurro García Quintana, catedrática de Literatura y residente en Puerto Rico, ha viajado a Valladolid para presentar la obra en la que narra la vida de su abuelo, centrándola en la experiencia de su madre, Teresa, hija del alcalde, y que aún vive. Asi se titula la obra – La Hija del Alcalde – editada en Puerto Rico.



El acto de presentación de la obra, celebrado en el Paraninfo del Instituto de Enseñanza Secundaria Zorrilla de Valladolid ha sido un acontecimiento cultural particularmente emotivo en el que se trató de recuperar, en un salón abarrotado, la memoria del último alcalde republicano de Valladolid y de una de las figuras emblemáticas del municipalismo democrático en España.

De izquierda a derecha: Maria Antonia Salvador (profesora de Geografía e Historia del IES Zorrilla de Valladolid), Carmen Cazurro García de Quintana (nieta del alcalde republicano fusilado), Carlos Duque (Director del Instituto anfitrión) y Pedro Martín (poeta y actor)

Coordinado por el director del Centro, Carlos Duque, contó con la intervención, como presentadora de la obra, de Maria Antonia Salvador, Profesora de Geografía e Historia del IES Zorrilla y autora de varias investigaciones de gran resonancia sobre procesos de depuración del profesorado de Enseñanza Secundaria durante la guerra civil, de Pedro Martín, excelente actor y poeta, que leyó las cartas que García Quintana dirigió a cada uno de sus tres hijos dias antes de ser ejecutado, y de la autora del libro, Carmen Cazurro García de Quintana, que en la actualidad es profesora de Literatura en la Universidad de Puerto Rico.


Fue un acto de gran emotividad y de extraordinario valor como homenaje al último alcalde democrático de Valladolid antes de la guerra civil. Fue también la oportunidad, inédita hasta ahora en la historia de la ciudad, de rendir el reconocimiento que merece a la figura de su hija pequeña, Teresa, presente en la sala y en la que basan los recuerdos recogidos en un libro necesario para que una figura clave del municipalismo democrático español no quede relegada al olvido.

En segundo lugar por la izquierda, Teresa García Quintana, La Hija del Alcalde

Sin embargo, la inquina que deriva de la envidia continúa, promovida por quienes no admiten que la memoria de García Quintana siga vigente y permanezca asociada en la ciudad a una imagen ejemplar, que dista mucho de corresponderse con la que ofrecen sus debeladores. Obsesionado está con el tema el actual alcalde Valladolid, que en 1995 comenzó su mandato en el Ayuntamiento y al que le cuesta aceptar que otra forma de gobierno de la ciudad es posible. No entraré en detalles, pues la paranoia que le persigue aparece bien descrita en el texto que Orosia Castán ha publicado a propósito de unas declaraciones de dicho personaje tratando de desacreditar al último alcalde republicano, utilizando para ello la peor de las artes: la insidia, la descalificación velada, la sospecha sin explicación. Simplemente para hacer mella sobre el prestigio del padre de Teresa García Quintana, hoy residente en Puerto Rico, aunque es muy dudoso que lo consiga porque las sociedades  - o la mayor parte de sus miembros -  son refractarias a miserias morales o a resentimientos sectarios como el que nos ocupa. 



Enterada la familia de Don Antonio García Quintana de la insidia realizada por el sr. León de la Riva,  me hace llegar el siguiente comunicado: 


REACCIONES DE LA FAMILIA DEL ALCALDE GARCíA QUINTANA A JAVIER LEÓN DE LA RIVA

Hasta Puerto Rico, lugar donde vive actualmente la única hija viva de Antonio García Quintana, Teresa García Quintana,  junto a la nieta de éste, Carmen Cazurro García Quintana, han llegado estas declaraciones del alcalde Javier León de la Riva: "Sería bueno que no hablaran y no profundizaran en el fusilamiento de García Quintana a ver si tienen que escuchar lo que no quisieran".
Este desafío al PSOE sobre el alcalde que perteneció a este partido y que fue asesinado en la Guerra Civil se produjo en una rueda de prensa el 3 de junio del 2013 como réplica del político popular al portavoz del Grupo Municipal Socialista, Javier Izquierdo, molesto por las continuas referencias de los populares no sólo al anterior presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, sino a Felipe González. Por eso Izquierdo dijo que esperaba que no hubiera ninguna alusión al alcalde socialista que fue asesinado en 1936.
Las declaraciones de la familia, por boca de la nieta, en seria discrepancia con las de Javier de la Riva, se producen como era de esperar.

Hay estilos de gobernar una ciudad en plena democracia que abochornan a sus ciudadanos. Son estilos de prepotencia e intimidación que si bien, a veces, acompañan a acertadas decisiones admistrativas en el aspecto físico de Valladolid, van creando una costra de insensateces e infundios propios de toda personalidad que, cuando no tiene contestaciones claras sobre sus adversarios políticos, responde con innuendos que tratan de ensombrecer  el camino de luces que otros que le precedieron en el cargo, como Antonio García Quintana, demostraron y pusieron a prueba ante circunstancias tan fuertes como la Guerra Civil. 

Javier León de la Riva ha tenido múltiples oportunidades de profundizar en la gestión edilicia de Antonio García Quintana, más conocido por “el alcalde de todos”: reconocimientos, destaques y muestras de recuerdo y afecto popular que se han ido produciendo en Valladolid, haciendo justicia a la temida Memoria Histórica. Momentos todos ellos propicios para que una persona como él mostrara a la ciudadanía eso “que deben escuchar sobre el fusilamiento de Antonio García Quintana”, pues si de lo que se trata es de predominar hubiera sido la gran estocada para el PSOE develar lo que le ronda en mente a Javier de la Riva. Pero el valor no acompaña forzosamente la mentira que, siempre frente a la verdad, sale maltrecha tarde o temprano.

¿Qué es lo que le sucede ahora , tan tardíamente, al alcalde? Piensa quizá que disminuir la dimensión de la eficaz y enérgica política  de la vivienda y la educación realizada en Valladolid por Antonio García Quintana - como se vio en la Exposición del Centenario del Ayuntamiento- y no  contestar la carta airada que Teresa García Quintana le envió engrandecen su respetable figura; piensa quizá que con el tiempo las cosas se olvidan y se le puede echar impunemente a un muerto no ya tierra, sino lodo; piensa quizá que, ausente la familia más cercana del alcalde socialista, será más fácil ensombrecer su figura…  

Cualesquiera que sean las razones de Javier León de la Riva para escoger como blanco de sus dardos políticos a un gran servidor de los vallisoletanos ya muerto, sacrificado y sepultado, pero consagrado en la memoria de toda la gente de bien y exaltado en su gestión edilicia por rigurosas investigaciones históricas, es a todas luces un acto ruin de Javier León de la Riva que perjudica la imagen de su gestión y le resta la debida inspiración moral para arrastrar las convicciones de los demás.

Dicho esto con el ardor de todo corazón atacado en lo más profundo, el mensaje sincero de la familia de Antonio Garcia Quintana a Javier León de la Riva es escueto y sencillo:

Moderación, señor alcalde, gane prestigio laborando por la ciudad por encima de partidismos políticos; busque el valor de la sinceridad y haga justicia con Antonio García Quintana. Tiene usted la oportunidad de cerrar heridas, máxime cuando aún se cierne la mancha  persistente sobre la sala de plenos, insultantemente convertida el 11 de mayo de 1937 en sala de justicia militar para condenarlo a muerte. García Quintana siguiera siendo ese imposible olvido; esa deuda pendiente que los hortelanos del recuerdo jamás se cansarán de abonar. Acepte la petición del PSOE e instaure una placa dedicada a él con la debida inscripción de  reconocimiento, no más, no menos, en la sala de plenos.  Usted no perderá, ganará ¡y mucho! se lo aseguro.


Dra. Carmen Cazurro García Quintana
Catedrática Universidad de Puerto Rico

27 de junio de 2013


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