Ello ratifica la consideración eminentemente geográfica que tiene ese mal llamado conflicto que no estriba sino en la superioridad racial y militar del Estado sionista sobre el territorio palestino, que es fragmentado y expoliado a partir de una estrategia de ocupación férreamente planificada, con la pretensión tanto de controlar el espacio y sus recursos como de dificultar irreversiblemente la viabilidad de una estructura estatal palestina claramente definida y organizada.
Representa la estrategia de robo desplegada sin freno y de manera violenta en Cisjordania y la que seguramente, como afirmé hace unos días, se aplicará ulteriormente en la franja de Gaza, abierta al mar. No otra es la razón de ser de la destrucción inmisericorde y total de ese territorio a costa de la humillación - por muerte indiscriminada y masiva, desplazamientos forzados y eliminación de infraestructuras -hasta el punto de hacer inviable su supervivencia. Supone, de lo que tampoco cabe duda alguna, la materialización de la política del "espacio vital", del Lebensraum, que practicaron los nazis en sus anexiones antes y durante la Segunda Guerra Mundial. En esto los sionistas practican una emulación de libro.
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