30 de diciembre de 2025

Una reflexión sobre la lectura de la prensa en papel

 

Casualidades de la vida. Precisamente al lado mismo del viejo comercio de "confección de caballero" en el que trabajó mi padre, y al que a menudo acompañaba, en la calle Sombrerería en Burgos, hay una esbelta escultura en bronce que en cierto sentido representa un homenaje al lector de periódicos en papel. Esa escena, con la que me identifico como asiduo que soy a la lectura cotidiana en ese formato, y durante décadas, de las noticias impresas, me ha inspirado una reflexión que deseo compartir y someter a su consideración.
Opino que la lectura del papel impreso abre un campo de imaginación más profundo que su simple función como superficie de escritura. El periódico impreso simboliza el redescubrimiento de la curiosidad, el dominio de nuestra concentración, la disposición a avanzar lentamente y la resistencia a las violaciones de la privacidad que implica el uso de dispositivos conectados en un sistema impulsado y controlado por el mercado que trasciende a nuestra libertad e incluso la regula.

En cambio, en la era de la información algorítmica, el papel no controla a su lector, no captura su tiempo, no secuestra sus emociones, le confiere autonomía y libertad. No forja un camino estadístico contra la corriente de nuestra voluntad; al contrario, exige esfuerzo; manipular su diseño a veces incluso requiere un poco de contorsión. Cuando leerlo inspira una idea, lo dejamos, hacemos una pausa, reflexionamos, levantamos la mirada para pensar y, si acaso, interpretar con calma lo que acabamos de leer o afianzar las ideas volviendo sobre lo ya leido. Es el medio para recuperar la soberanía sobre los objetos de nuestra atención y, en consecuencia, sobre nuestras propias acciones. Por lo tanto, elogiar el papel no refleja una reacción conservadora, sino un movimiento racional y una necesidad intelectual.

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