Reciente y exitoso viaje del presidente del Gobierno español a Argelia, proyecto de concesión de la nacionalidad española a miles de saharauis, victoria en la FIFA World Cup, alianza y sumisión del monarca alauita con Netanyahu y con Donald Trump, resentidos ambos con España, efecto Lamine Yamal y Niko Williams....
¿Con qué nos quedamos? ¿Representan, por separado o de consuno, los factores explicativos de la amenaza latente y real que ha supuesto y supone para nuestro país el régimen de Rabat, con sus presiones calculadas, haciendo uso de la pobreza migratoria como amenaza, a 14 kilómetros de distancia, y a sabiendas de que jamás el gobierno de España hará reproche alguno a Marruecos?
Algún día se sabrá, y quizá más pronto que tarde, los factores que han motivado la presión migratoria sufrida y que el gobierno no esperaba, aunque las declaraciones de Pedro Sánchez en Ceuta y en Madrid han sido contundentes y claras: de cara a España y al conjunto de la Unión Europea. Pero Sánchez es un gobernante a batir, como sea, sin límite ni pudor.
Intuyo, porque cada vez es más evidente, que en la experiencia vivida en Ceuta - esa ola inmigratoria masiva - no hay casualidad alguna: es el resultado de una estrategia de presión coordinada en la que no parece estar ausente, con la aquiescencia del monarca alauita, siempre dispuesto al chantaje permanente hacia España, la intervención interesada de los principales aliados en el mundo de tan siniestro personaje: el genocida Netanyahu y el proxeneta Trump.
Como hipótesis tampoco tendría nada de sorprendente la influencia, también afín a sus obsesiones políticas, que en ello haya podido tener los dirigentes de la mancuerna formada por PP-Vox, pues sus declaraciones, así como las obscenamente interesadas de Trump, los delatan de manera inequívoca. Como no pueden contra Sánchez, carentes de un programa alternativo que le haga mella, la veda se ha abierto de manera implacable.


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