26 de febrero de 2012
Espacios transformados (6): El primer pueblo abandonado en España
16 de febrero de 2012
Nicolás Sarkozy o la presunta "fortaleza" del débil
12 de febrero de 2012
¿Indignación o resignación?
9 de febrero de 2012
Espacios transformados (5): La normalidad ha vuelto a las calles de Miranda de Ebro
2 de febrero de 2012
El gran retroceso
Por la dignificación del trabajo
Cuando la consideración del trabajo se degrada hasta el punto de lesionar los principios en los que se basa la propia dignidad de los trabajadores mediante la destrucción del derecho laboral cuesta entender que los intereses y las sensibilidades afectadas o susceptibles de serlo no se sumen al clamor que justificadamente reivindica su defensa.
Son tan vagas las promesas de que la reforma laboral emprendida por el gobierno de la derecha vaya a aliviar la tragedia del desempleo incesante, tan cuestionables sus resultados pretendidamente positivos en un contexto de recesión incontrolada, que cobra plena justificación el derecho a la protesta como reacción lógica de una sociedad que cada vez se encuentra más inerme ante un modelo de gestión aberrante de la crisis, generadora de todas las fracturas e inseguridades que quepa imaginar.
Si en algo tan esencial como es la política aplicada al trabajo se resumen los aspectos sustantivos de la democracia y de los derechos humanos, no puedo por menos de plantear una cuestión, a la vista de lo observado en mi recorrido por las calles vallisoletanas esta mañana del 19 de febrero de 2012: ¿qué ha sido del movimiento del 15-M? ¿Dónde estaban los indignados que llenaron calles y plazas en la segunda mitad de 2011? ¿Hasta qué punto su ausencia perceptible en la manifestación contra la reforma laboral no supone una advertencia de que quizá sus movilizaciones fueron más la expresión de un clamor esporádico que el reflejo de una postura dotada de la consistencia necesaria, resistente al desgaste inexorable del tiempo?
30 de enero de 2012
Medidas frente a la crisis
Interrumpo por un momento el trabajo para tomar contacto con lo que se está tratando en la reunión del Consejo Europeo, en el que el políglota Mariano Rajoy Brey tenía depositadas todas sus complacencias. Observo, maravillado, que mis temores eran infundados, que la sensibilidad se ha apoderado de los líderes europeos y que, sin pararse en esquemas preconcebidos, han decidido hacer frente a la crisis con la mirada puesta en los ciudadanos que lo están pasando mal.
29 de enero de 2012
Un inmenso coste en capital humano
Un mensaje omnipresente en los tiempos que corren
Dudo de que el gobierno de Rajoy Brey lo haga, ignoro si está en las previsiones de los partidos políticos, no he oido a los responsables sindicales detenerse en este asunto con la atención debida... ¿quién lo hará? Porque es necesario hacerlo: es necesaria una valoración detallada, rigurosa, científica, de los impactos - en los salarios, en la capacidad adquisitiva, en el nivel de vida, en las relaciones sociales, en los propios comportamientos personales... - que las medidas de poda y desmoche están teniendo no sólo en los grupos socialmente más vulnerables sino también en aquellos que son esenciales para el desarrollo y el bienestar del país.
Es un tema crucial, que ha de ponerse de relieve como merece, estudiar e investigar para conocer su alcance real en la actualidad y su repercusiones hacia el futuro. Pues, a modo de muestra, bastaría con detenerse un momento en aquéllos sectores que están sufriendo ya las consignas demoledoras de Merkel - la que bloquea y condiciona el modelo de actuación del Banco Central Europeo como entidad financiera al servicio de la Unión - y que ven sobre sus cabezas esa guillotina inminente de la que Rajoy Brey, el sumiso discípulo de aquélla y dispuesto a todo con tal de complacerla, no se ha atrevido a solicitar el aplazamiento que aliviaría su aplicación traumática. Ni lo ha insinuado, mientras reduce incluso los plazos y la cuantía del déficit respecto a lo acordado antes de su llegada a la Moncloa.
Asistimos, mientras tanto, tras cinco años de crisis que no han cesado de agravarse, a un panorama desolador, que sume en la impotencia, en la zozobra y el sufrimiento a lo más creativo e innovador de nuestra sociedad, víctima de una responsabilidad que no es la suya, aunque la padezca. ¿Recuerdan aquella frase ofensiva que la atribuía de manera generalizada al hecho de "haber vivido por encima de nuestras posibilidades" o la que, en el colmo del cinismo, pedía a los ciudadanos "un mayor esfuerzo" para salir de la crisis? Veamos el elenco al que se dirigen: profesores, médicos, investigadores, agentes de desarrollo, técnicos de alta y media cualificación, artistas, empresarios innovadores, la juventud.... que se suman así al rango de los estructuralmente desfavorecidos, es decir, trabajadores en paro, pensionistas, deshauciados, dependientes, discapacitados. Generación perdida, generación marginada, abandonada a su suerte.
¿Quién se salva de la devastación? Ya lo sabemos con creces, lo vemos día a día, por lo que huelga reiterarlo. La brecha social se acentúa, los privilegios persisten y hay quienes se sienten inmunes a los efectos de la catástrofe ¿Cómo se puede sostener un país con tamaña criba, causante de una mutilación que se muestra irreversible a medio plazo y de una postración económica de la que será muy difícil recuperarse? ¿Quiénes lo aguantarán? ¿No será, en fin, el germen de ese inmenso ejército de parados los que vayan a nutrir las listas de las prestaciones voluntarias se servicios públicos impúdicamente propuestas por la inefable alcaldesa de Madrid o los crupieres empleados con contratos basura en el cenagal del juego que Aguirre quiere montar en la Comunidad madrileña, como si de Macao se tratase, para convertir definitivamente a España en el garito de Europa?
21 de enero de 2012
Mensajes en la calle (33): enseñar a cambio de casi nada
En el recorrido por los pasillos del espacio donde uno intenta trabajar me encuentro de pronto con la perspectiva que en ese momento mejor me transmite la sensación de vacío, la imagen de soledad. Nadie hay en el entorno, pese a que la hora no es extemporánea. La luz, natural, es nítida y no hay que forzar la vista para ver alrededor, ya que lo que se ve se ve enseguida. Un tablero inmenso y repleto de silencio se extiende ante mí. Observo que no hay quien acuda a su reclamo para manifestar nada, para expresar algo, para ofrecer lo que cree que es interesante y susceptible de atraer la mirada. Con una salvedad: sólo una persona se ha acercado para dar cuenta de lo que desea: dar clases de inglés. A cualquier nivel, a cualquier hora, no importa el precio. Basta con llamar al móvil señalado. Tan abiertas y laxas son las contrapartidas que exige a su enseñanza, que el anunciante no se atreve a reclamarlas en grande. Lo hace en un minúsculo papel, que, ante el vacío encontrado, aprovecha el lugar central del espacio disponible, con la intención acariciada de que quizá alguien, y sin esfuerzo alguno, le brindará la atención pretendida.
8 de enero de 2012
Los espacios truncados por “la grieta”: expresividad y compromiso en la fotografía de Ricardo González



4 de enero de 2012
La cultura, ese bien prescindible: desaparece "Revista de Libros"

Abonado desde hacia tiempo a la Revista de Libros, que veía la luz gracias al patrocinio de una Caja de Ahorros, hace unos días me llegó la carta que incluyo en esta entrada como otro más de los testimonios de lo que está pasando en nuestro país. En ella el director de la publicación señala, con un lenguaje elocuente y no ajeno al desencanto por lo ocurrido, que la Revista ya no volverá a editarse. Es una noticia que lamento muchísimo y que me lleva a compartir los argumentos que Elvira Lindo ha expresado en su columna periodística, como reflejo de un lamento tan generalizado como comprensible en la medida en que revela hasta qué punto la cultura está acusando los impactos de esa crisis que va a acabar por asfixiarnos en todos los sentidos, si no lo ha hecho ya.
Es un episodio más de los muchos a los deberemos habituarnos; una advertencia contundente sobre lo que avecina y que nos puede privar de valores y conquistas que considerábamos arraigados y cuya vulnerabilidad se muestra mucho mayor de la que nos temíamos. La Revista que comento era, lo sigue siendo, un soporte cultural excelente, muy cuidado, riguroso, ameno, intelectualmente enriquecedor. Uno de esos productos editoriales que dan lustre y prestigio a la institución que los promueve, y cuyo rendimiento social está sin duda muy por encima de su coste. Por eso sorprende que desaparezca, lo que lleva a la sospecha de que ante este vendaval de mutilaciones y recortes que se cierne sobre nuestras cabezas ya no se distingue entre lo banal y lo esencial. Todo forma parte de ese erial en el que, a la postre, culmina el paisaje de la devastación resultante.
Y, desde luego, no es casual que la desaparición de esta Revista emblemática de la cultura española coincida en el tiempo con la supresión de la Dirección General del Libro dentro del organigrama del nuevo Ministerio de Educación y Cultura, dirigido por una persona relevante del mundo de la demoscopia, pero, por lo que sabemos, ajena por completo al de la educación y la cultura. Otro presagio más de lo que se nos viene encima.
31 de diciembre de 2011
La literatura como “fuerza ética”

29 de diciembre de 2011
¿Otro discurso es posible?
Estamos dominados por un discurso dominante y reiterativo que no hace sino sumirnos en la desesperanza y en la falta de perspectivas diferentes. Se ha acabado imponiendo una especie de dogma inapelable que hay que seguir al pie de la letra so pena de caer en el abismo. El problema es que, cuando nos acercamos a la realidad, observamos a las personas que nos rodean y captamos con la atención debida lo que sucede en el día a día, la sensación es que ante un escenario marcado por el abatimiento no todos los que forman parte de él lo sufren con la misma intensidad.
En este panorama de redundancias y simplificaciones, de sumisión y de falta total de sentido crítico desde las esferas de la decisión pública, se acentúan los contrastes, los desequilibrios tienden a crecer, la indefensión se generaliza, mientras la emergencia imparable y soberbia de unos pocos ofrece un contrapunto al debilitamiento incesante de la mayoría. Frente a situaciones privilegiadas que permanecen incólumes, alimentándose incluso de los despojos de la crisis, afloran y se expanden otras que agravan aún más los estigmas abrumadores de la desigualdad. A la postre, y en un ambiente de resignación autoimpuesta, sobreviene el desencanto mayoritario ante la ausencia de reflexiones que orienten la mirada en la dirección capaz de suscitar siquiera un mínimo de confianza y de expectativas alentadoras. Sobre todo cuando se comprueba que las medidas que se adoptan son las que han conducido a la depresión y que jamás el recorte del gasto, particularmente incisivo en variables esenciales de los derechos básicos, ha permitido recuperar los dinamismos perdidos. Es "la unión del rigor y del dolor a los socios de la moneda única", como la ha definido Lluis Bassets o "la unión de la inestabilidad y el estancamiento", en palabras de Martin Wolf, en el Financial Times del 4 de diciembre, contrariamente a la calificada por Sarkozy como "la unión de la estabilidad y el crecimiento". Es. en fin, el círculo vicioso que nos sumerge en el torbellino de la desolación, la injusticia y los horizontes sombríos. De ahí emana la pregunta ineludible: ¿es preciso alumbrar otro tipo de discurso? ¿Tan fuertes y contundentes son los mecanismos dogmáticos en los que se basan las reglas del juego dominante para que se cierren los resquicios que permitirían entender de otro modo la realidad, la gestión de los recursos y el trabajo? ¿Cómo salir de ese círculo vicioso en el que cada vez estamos más inmersos – recortes masivos y merma del poder adquisitivo, retracción de la demanda, descenso de la producción, aumento del desempleo.... disminución de la capacidad de compra, etc. etc. etc. – y que inexorablemente conduce, por paradójico que parezca, al agravamiento de los contradicciones del propio sistema que aplica esas terapias selectivamente restrictivas como salida a la crisis por él mismo provocada? Por todo ello, ¿qué valor asignar a argumentos como los que se esgrimen en esta intervención?21 de diciembre de 2011
Silencios elocuentes, olvidos clamorosos

Nada se dijo de ciencia e innovación, cuando tantos investigadores ven declinar sus horizontes y sus proyectos, mientras nos tememos que la sangría en ese campo vaya a ser brutal; nada se dijo de urbanismo, territorio y política de suelo, cuando el tema está en la raíz misma de la tragedia laboral y en el desastre ambiental que asuelan a España; nada de aplicación de código ético contra la corrupción y el transfuguismo; y, sorprendentemente, nadie habló ya de "memoria histórica", de reparaciones de heridas no cicatrizadas, de justicia y dignidad mancilladas, de mausoleos horrendos de la muerte manipulada. Se acabó el tema. Las cunetas seguirán intactas, el dolor quedará recluido entre las paredes de la casa, la esperanza cederá definitivamente paso a la resignación. ¡Maldita crisis, que todo lo emponzoña y es obscenamente utilizada para parar en seco y sin miramientos los relojes de las reclamaciones definitivamente inatendidas! Se inicia un nuevo rumbo, que sólo identificamos con una palabra: la lucha contra el déficit, manteniendo intangibles los intereses creados. ¿Y entre tanto? No veo a nadie capaz de despejar tanta bruma ni de recobrar la esperanza que los silencios deliberados y las miradas de soslayo han acallado por mucho tiempo, si no es para siempre.
18 de diciembre de 2011
Espacios transformados (4): Si el pequeño comercio declina ¿qué será de nuestras calles?
¿Será la crisis económica que nos asuela el motivo de esa relación no culminada entre la curiosidad - como algo indisociable del uso gratuito del espacio público – y la materialización de una voluntad decidida a favor de la adquisición mediante pago en metálico del bien que se desea? Analizar en este sentido el momento en que nos encontramos – las festividades de fin de año – va a ser un buen indicador para comprender hasta qué extremo el decaimiento de la demanda, debido a los factores que están lesionando la capacidad adquisitiva de la mayoría de los ciudadanos, va a repercutir en la evolución del consumo y poner en evidencia la incertidumbre en que aparecen sumidos los circuitos que garantizan el normal funcionamiento de la economía, hoy postergados en aras de una política de restricciones que corre el riesgo de debilitar sensiblemente el aparato productivo y comercial europeo.

Calle Platerías, en Valladolid
¿A dónde nos conducirá este proceso? El impacto socio-laboral será muy fuerte, como también se acusará ostensiblemente en el paisaje urbano. ¿Se imaginan calles con los comercios cerrados? ¿Quién animará con su presencia el espacio público de relación que se fragua en la calle concurrida? Me dirijo a casa mientras observo a uno y otro lado la calle Platerías de Valladolid, en el mismo corazón de la ciudad. Ocho tiendas han cerrado en lo que va de año; otras cuatro han cambiado de tipo de negocio. La recuerdo como una arteria principal en las compras de todo el año. Peatonalizada, rehabilitadas sus viviendas, inmersa en un entorno grato y placentero, la calle declina mientras la apariencia bulliciosa se circunscribe a su condición de lugar de paso de camino seguramente hacia uno de los muchos lugares de refrigerio, que proliferan aquí allá, por más que también en ellos la crisis sea perceptible.
17 de diciembre de 2011
Se abre un camino de incógnitas y zozobras al final de la otoñada
Caminos que se abren en medio de la fronda silenciosa, ya avanzada la otoñada y a punto de empezar el invierno. Ofrecen perspectivas remotas que muy pocos saben hacia dónde conducen, por más que quepa intuirlas, porque los precedentes que avisan no admiten confusiones. No hay nadie alrededor para preguntar, nadie que despeje las numerosas incógnitas que se le abren, nadie que ayude a entender el silencio clamoroso que antecede al riesgo, ya que lo que decida le afectará inevitablemente. El viajero, el ciudadano, solitario y expectante, duda antes de emprender la marcha porque no tiene claro lo que le espera al final de ese trayecto. Así es la vida cuando uno se enfrenta a las grandes decisiones que de una u otra manera han de marcar su futuro y de quienes comparten con él las mismas inquietudes e idénticas esperanzas.
Con todo, sabe lo que quiere, lo que le gustaría conseguir al cabo del recorrido. Por ello se arma de valor, no se abstiene de avanzar, asume su responsabilidad, pues solo a él se representa, y, coherente con su conciencia y sus convicciones, toma la decisión de no sortear la dificultad que entraña la incertidumbre para, al fin, convertirla en la certeza de que se decanta por la opción que dignifica al mundo y a la sociedad que le rodean. Y, sobre todo, harto de ruido y de mediocridades en alza, lo hace con libertad, pues bien sabe que los árboles nunca le ocultarán lo que el bosque significa.
Bellísima chopera junto al río Carrión, en Villoldo (Palencia)
11 de diciembre de 2011
Una formación infrautilizada
Se les llena la boca con que los jóvenes españoles no están preparados para afrontar los desafíos a que se ven obligados los empresarios. Se insiste una y otra vez en el argumento de que el sistema educativo ha de adaptarse a las necesidades de las empresas, mitificando así el sentido de una relación a la que se atribuye la estricta responsabilidad de la salida a la crisis. Sin embargo, todo queda en falacia cuando se observa lo mucho que aportan nuestros graduados cuando se van a trabajar al extranjero y los enormes esfuerzos que hacen para integrarse en los equipos que aprovechan su formación cuando se quedan en España. Esos desajustes que el discurso neoliberal simplificador, redundante en nuestra tierra, exacerba, tratando de eludir sus propias responsabilidades, quedan enseguida subsanados por la propia capacidad de reacción y adaptación de quienes solo disponen de su formación y de sus ansias de trabajar, como tantas veces han demostrado.
Frente al tópico emerge el argumento contundente que lo rebate: la sobrecualificación respecto al trabajo desempeñado distingue, según el informe de Eurostat, a los integrantes de la población activa española, más aún que en cualquier otro país europeo. Es decir, tenemos una mano de obra subtilizada, malgastada, por la sencilla razón de que quienes ostentan la capacidad de iniciativa empresarial han antepuesto el modelo especulativo al modelo productivo, la cultura del pelotazo a la cultura del valor añadido. Una mano de obra repleta de ilusiones perdidas.
El resultado no puede ser más lamentable: el desaprovechamiento de nuestro potencial humano y la puesta en evidencia de que los liderazgos empresariales priman una categoría que no está a la altura de lo que el verdadero desarrollo exige.10 de diciembre de 2011
La victoria inequívoca de "los mercados"

¿Realmente nos hemos sorprendido de la actitud británica respecto a su negativa a suscribir el acuerdo de disciplina presupuestaria adoptado por el Consejo Europeo? Estaba cantado por varias razones: porque el Reino Unido siempre ha tenido una postura renuente a la plena integración del espacio comunitario (que siempre ha entendido más como un mercado común que como unión económica y política), porque nunca ha querido vincular su economía a los controles y vigilancia que implica la moneda única y porque la disciplina a que obliga el citado compromiso - déficit estructural no superior al 0,5 % del PIB, y con reconocimiento constitucional - es para ellos inasumible. Por eso, la reflexión a que conduce la decisión británica nos lleva a una conclusión ambivalente, ya que si, por un lado, quedan claras las distancias marcadas respecto al proyecto europeo y la estrategia de insolidaridad, egoísmo y desafección que ello representa, no es menos cierto que también suscita una cierta envidia, ya que no se va a ver acogotado por la disciplina feroz que se impone a los demás, entre ellos a España, a los que el acuerdo va a suponer recortes terribles mientras Gran Bretaña puede permitirse el lujo, exonerada de la obligación del déficit, de ser más generosa con sus ciudadanos y con las prestaciones sociales, que, en cambio, serán sensiblemente cercenadas en los demás. La victoria abrumadora de Merkel y de su modelo de Unión - lo que Josep Ramoneda ha denominado el "protectorado alemán" - no ha de llevarnos a aplaudirla por el mero hecho de que los británicos no hayan decidido secundarla.
En cualquier caso, lo que revela este acuerdo es la sumisión completa a los criterios e intereses de los bancos alemanes y franceses que, traumatizados por el impacto que les ha producido la crisis griega y en general los problemas asociados a la magnitud de la deuda soberana, han presionado a Merkel y Sarkozy para que les saquen las castañas del fuego imponiendo a los gobiernos europeos una disciplina presupuestaria socialmente atroz sin contrapartida alguna, ya que lo de los eurobonos ha quedado en suspenso y a nada se obliga al Banco Central Europeo, más allá de la vaguedad e imprecisión de sus promesas. Bajo estas coordenadas, las perspectivas de crecimiento aparecen remotas y relegadas a un proceso de ajuste sin fin, que sin duda agravará aún más la desigualdad. Y es que en el fondo todo se resuelve en una lucha de intereses financieros - de eso que se identifica genérica y eufemísticamente mente con “los mercados”- que se superponen a los de los Estados, y que en cierto modo explican también el desmarque de la City de Londres, a la que, como explicación de lo sucedido y con particular énfasis crítico, se acusa de la espantada de Cameron, como si el duumvirato que gobierna la Unión Europea no participase del mismo enfoque en lo que atañe a los intereses que defiende y preconiza.
4 de diciembre de 2011
La impresionante labor de la Fundación Música Abierta, en Urueña: el “Arte Solidario”
Cartel anunciador de la Exposición “Arte Solidario” en el Centro e-LEA de Urueña
Concierto organizado por el Campamento musical para niños en el verano de 2011
Soy socio de la Fundación y he seguido de cerca, cuando he podido, la labor llevada a cabo, y he de decir que en todas las ocasiones he celebrado el enriquecimiento personal que me ha aportado el hecho de haber conocido a Rosa Iglesias Madrigal, médico de profesión, y principal artífice y responsable de una experiencia excepcional. Pero al tiempo ello me ha permitido también tomar conciencia de los enormes esfuerzos realizados para que esas actividades, muy laboriosas, pudieran tener lugar. No es fácil afrontarlas económicamente cuando lo que se pretende es asegurar que tengan la calidad necesaria y cumplan satisfactoriamente los objetivos para los que fueron concebidas.
De ahí que todas las iniciativas sean pocas cuando de respaldar el proyecto se trata. En esa línea se inscribe la que se acaba de poner en marcha y a cuya inauguración asistí ayer. Un acto entrañable y concurrido, en el que se habló de lo que significa la lucha a favor de la superación de las dificultades que impiden el normal ejercicio de la interpretación o el disfrute pleno de la música, y que, cuando se consigue, depara grandes satisfacciones, como quedó bien reflejada en ese excelente documental – “Héroes, no hacen falta alas para volar” – que acompañó el encuentro inaugural.Rosa Iglesias Madrigal en el acto inaugural de la Exposición “Arte Solidario”
27 de noviembre de 2011
El declive de la Ayuda Oficial al Desarrollo: ¿otra víctima de la crisis o la crisis como pretexto?

Como era previsible, la ayuda al desarrollo no permanece al margen de esa poda generalizada que implacablemente se está llevando a cabo bajo el argumento reiterado y obsesivo de la austeridad a cualquier precio. La lógica de los recortes se impone poco a poco y , de manera inexorable, hace mella con particular incidencia en cuantas dotaciones tienen que ver con la justicia social, con la función integradora de lo público y con la solidaridad. Desconozco si se han hecho estimaciones sobre los impactos que la aplicación de tales medidas en aspectos tan sensibles pueden tener a corto y medio plazo en el bienestar de los ciudadanos, en la articulación de la sociedad y, por supuesto, en la evolución de la economía, por cuanto la prevalencia del mensaje omnipresente a favor de la restricción no augura sino desempleo, depauperación y marginalidad, que difícilmente podrán ser corregidas en un tiempo razonable dada la magnitud de los efectos traumáticos que provoca.
Como decía, la transferencia de recursos orientados al desarrollo de los países desfavorecidos acusa con claridad el sentido de esta tendencia. Acabamos de saber, por ejemplo, que la Diputación de Málaga ha decidido suprimir los fondos de cooperación para ONG que llevan a cabo proyectos en el extranjero. El argumento de la institución provincial apunta al criterio que insiste en la necesidad de “reconducir esos fondos al interior de la provincia para aliviar la situación de urgencia de muchos malagueños. En el mismo sentido, hace unos meses el Gobierno de Canarias comunicó a las organizaciones receptoras de fondos que las ayudas previstas en el Plan Director de la Cooperación Canaria para el Desarrollo con destino a África para el periodo 2010-2013 iban a ser totalmente eliminadas, tras la reducción drástica efectuada en el cuatrienio anterior y que también afectó a las asignaciones destinadas a América Latina y la Educación para el Desarrollo. Otra prueba más la ofrece el Ayuntamiento de Madrid, donde la ayuda al desarrollo contemplada en el presupuesto municipal descendió del 0’48 en 2003 al 0’26 % en 2010, con la advertencia de que ese mismo año cesarían por completo las subvenciones destinadas a este fin. El 26 de marzo de 2009 se realizó por parte del Ayuntamiento madrileño la última convocatoria de ayudas a entidades e instituciones sin ánimo de lucro que lleven a cabo proyectos de Cooperación al Desarrollo, Codesarrollo y Educación para el Desarrollo. Se acabó.
Todos ellos son ejemplos elocuentes de una decisión que no ha tardado en arraigar en las administraciones públicas arropada con el argumento de la crisis y justificada con el principio de que “primero nosotros y, luego, los demás”, como han dicho los dirigentes malagueños. Hacer un seguimiento del proceso – desde la AECID hasta las Corporaciones Locales, y sin olvidar a las Comunidades autónomas - revelará sin duda la magnitud creciente del cambio producido o susceptible de producirse en muy poco tiempo en una de las perspectivas que hace una década se entendía en dirección progresiva, inspirada en la voluntad de avanzar con paso firme hacia el cumplimiento de los objetivos del Milenio. Ya nada se habla de ese horizonte, fijado con la mirada puesta en 2015 y convertido en quimera inalcanzable.
