26 de febrero de 2012

Espacios transformados (6): El primer pueblo abandonado en España



Se dice de él que fue el primer pueblo abandonado, por completo, en España. Quizá fue de los primeros sin duda, allá por 1956, antes de que el éxodo hiciera mella con fuerza en un mundo, el rural, cuyas gentes poco después habrían de fluir masivamente a la ciudad, con esperanzas no siempre bien fundadas. A 1.100 metros de altitud, sufrió el abandono no por su lejanía o las dificultades de acceso, sino por la pobreza de la tierra, por la miseria irrecuperable de un suelo que apenas daba para vivir y porque nadie veía futuro capaz de contrarrestar las expectativas ofrecidas por Baracaldo y sus Altos Hornos, a donde fue a trabajar un vecino que nada tenía y logró arrastrar a los demás, tras comunicarles que por primera vez en su vida había visto nada menos que un billete de mil pesetas "juntas".


Me lo contó mi abuelo que era de cerca. Desde entonces siempre he pensado que ver "mil pesetas juntas" era como contemplar, como descubrir, la tierra prometida.

16 de febrero de 2012

Nicolás Sarkozy o la presunta "fortaleza" del débil

Le costaría mucho desengancharse del duumvirato que ha acabado gobernando la escena comunitaria europea sin que, salvo en sus países, nadie les haya elegido para ello. Se llevaría un disgusto si dejase de ser el comparsa de la recia y con frecuencia adusta canciller alemana, que se impone a los gobernantes de la Unión hasta el punto de convertirlos en unos meros autómatas a sus órdenes y directrices. Difícil es encontrar algo en la historia de Francia durante la presidencia de Nicolas Sarkozy que sea merecedor de reconocimiento y admiración. La hiperactividad desplegada no se ha traducido en nada que merezca ser valorado positivamente de cara a su reelección. Cuánto ganarían Francia y la Unión Europea si el Palacio del Elíseo cambiase de inquilino y se impusiera un estilo menos frívolo, menos banal y más consciente de los problemas y de sus soluciones. Sin el confuso colega de marras, la propia Merkel se sentiría más obligada a tener en cuenta a la sociedad real y no a los intereses financieros y especulativos a los que sirve sin rechistar para obligar a los demás a que los sirvan también, mientras la UE se deshace en el magma de su propia inanidad.

Dispuesto a seguir su trayectoria de corredor errático, " à tout azimut", Nicolás ha emprendido la carrera preelectoral con mensajes que causan sonrojo y que ponen en evidencia la catadura de la mayor perte de los políticos europeos. A partir de un populismo barato - "soy el candidato del pueblo", dice sin ruborizarse, a la par que propaga la especie de que todo lo someterá a referendum - se identifica con la fortaleza mientras todo en él es vacuidad de vacuidades, para concluir afirmando que la derecha y la izquierda han dejado de existir, utilizando ese lugar común tan querido de la derecha, redundante hasta la náusea en la afirmación de que ambas son iguales e indiferenciadas. Qué más da, si lo que cuenta es "la fortaleza", concepto vacío de contenido cuando no se precisa en qué consiste.


Sin embargo, creo que nunca como ahora es tan necesario deslindar ambas posiciones y recuperar un pensamiento de solidaridad, de defensa de la igualdad, de apoyo a lo público, de lucha contra la exclusión, como reactivos frente al sálvese quien pueda, al discurso único y sumiso, a la mediocridad de los que carecen de voz propia para asumir acríticamente la que le imponen, a la verborrea del coyote correcaminos, que anda compulsivamente en todas las direcciones para acabar siempre en el mismo sitio. Mismamente como el chico que ejerció de alcalde en Neuilly-sur-Seine hasta que pensó que podía ser alguien en la historia de Europa sin ser consciente de sus limitaciones.

12 de febrero de 2012

¿Indignación o resignación?


Plaza Mayor de Valladolid (España). 19 de junio de 2011
Como un vendaval de palabras y de furia irrumpió Stèphane Hessel en la escena política y cultural del mundo, aunque los motivos de su clamor surgieran de una aguda reflexión sobre la realidad europea. En España sus frases y textos hicieron mucha mella hasta el punto de que las ideas vertidas en su libro "Indignáos", sencillo, contundente y provocador a la vez, encontraron un eco como hacia tiempo que no se veía en este panorama nuestro de intelectuales demasiado timoratos o evasivos en sus actitudes y críticas. A punto está de culminar el año desde que estalló de pronto el movimiento de los indignados, que llenó las calles y las plazas de las ciudades españolas - no olvidemos que, con un efímero precedente en Atenas, fue precisamente en España donde cristalizó en un movimiento prolongado, de gran resonancia mundial y con fuerte impacto urbano - y que, de momento, ha tenido un epílogo sonoro en el corazón de Nueva York, que aún colea, aunque bastante mortecino.
Leer la entrevista que Álex Vicente ha hecho recientemente a Héssel en Berlín supone un aldabonazo en la mirada de quienes se interesan por lo que sucede en el espacio público. La perspectiva alcanzada es suficiente para que el inspirador de aquel mensaje ofrezca un panorama de algunas luces y bastantes sombras, que dan lugar a la crítica justificada. Cuando señala que "el movimiento indignado acabó llevando a la derecha al poder" en España, uno se pregunta si esa conclusión es correcta o cuestionable, sobre todo porque carecemos de una valoración clara y sincera en ese sentido. No estaría de más que se hiciera, que se analizase bien qué ha sucedido y porqué.

Tras la primavera y el verano de manos en alto y voces rotundas al viento, llegó el otoño de miradas calladas y el invierno de brazos caídos. Hasta ahora. Silencio en el ambiente y poco más. Mientras tanto, se indulta inconcebiblemente a un banquero inicuo, pirañas de la pésima gestión financiera consiguen impúdicas recompensas que ofenden el sentido común, las elecciones se traducen en la mayoría superabsoluta de la derecha que involuciona a pasos agigantados (magnífica a este respecto la columna - "Involución" - de Miguel Delibes de Castro), el hombre que ha hundido a la Comunidad Valenciana en la miseria y que es el contraejemplo de la política digna sale, por los pelos pero sale, indemne de la justicia y consigue el grado de doctor por arte de birlibirloque, el juez que trató de frenar el blanqueo masivo de capitales es expulsado de la judicatura, los abogados de la mafia Gürtel, envalentonados, tratan de invalidar las pruebas del escándalo, se pone en entredicho al juez instructor de la trama Palma Arena, en la que está implicado un duque de altos vuelos y baja estofa, y el mercado de trabajo se sumerge en las simas de la indefensión laboral... ¿qué ha pasado para que pase lo que pasa?
¿Qué rumbo adoptarán, si es que adopta alguno, los clamores a favor de la dignidad y que tanto justifican las posturas indignadas y resistentes?

9 de febrero de 2012

Espacios transformados (5): La normalidad ha vuelto a las calles de Miranda de Ebro

El gran río que cruza por múltiples paisajes y regiones ha recuperado, al fin, su ritmo habitual, acostumbrado ya a las corrientes de tibieza térmica y vapores casi permanentes que presenta a partir de la Central nuclear de Garoña, casi a tiro de piedra. Los leones que flanquean su espléndido puente están ya acostumbrados a estos vaivenes de humor del gran cauce, observador silencioso pero atento de las luces y las sombras que acompañan la historia de esta villa industrial, que se asoma y mira hacia Álava sin perder la perspectiva de su filiación castellana. Los mirandeses se saben ubicados en destacado lugar de encrucijada, cabe Castilla, el Pais Vasco y la Rioja, lo que les permite sentirse cómodos en escenarios tan contrastados, a sabiendas de que en las interfaces que los separa la personalidad mirandesa aparece siempre reforzada hasta el punto de ofrecer una imagen en cierto modo integradora, partícipe de todos ellos.

Muchas son las circunstancias que han marcado su historia reciente para contribuir a que esa entidad que le aporta su situación venga a ratificar aún más el hecho de que lo que sucede en Miranda no debe pasar desatendido, a sabiendas de que, si lo es, ya se encargarán sus vecinos de recordarlo hasta que todo el mundo se entere. Y que nadie olvide su tradición ferroviaria, con siglo y medio ya de perspectiva histórica. Representa esa referencia de transporte convertida en uno de sus símbolos esenciales, que la propia ciudad se encarga de recordar, como la recuerdo yo cuando, camino de San Sebastián en los veranos de mi infancia, el tren correo se detenía en Miranda durante dos horas y media mientras cambiaba de máquina y añadía otra nueva ( en total, dos) para afrontar con el suficiente resuello las pendientes que se le venían por delante, una vez cruzada la llanada alavesa a partir de Alsasua. La carbonilla en verano, con las ventanas abiertas, era terrible, dejaba los ojos como ascuas y obligaba a la ducha nada más llegar. Pero llegaba a San Sebastián, la ciudad de mis sueños infantiles, de mis inolvidables descubrimientos del mar, a más de tres horas de Miranda. Qué tiempos aquellos.



Las calles aparecen hoy sosegadas tras la peripecia que ha llevado a su equipo de fútbol a medirse con el Atlético de Bilbao, sin que hasta casi el último momento se desvanecieran en el aire las perspectivas de hacerlo con el Barcelona C.F. en lo que hubiera sido un hecho insólito en la historia del deporte universal. No ha sido así y lo cierto es que son pocos los que se han sentido frustrados, pues mostrarse en San Mamés, la meca del fútbol, para muchos mirandeses ya era indicio suficiente de que se ha tocado el cielo y de que a partir de ahora su presencia figurará en la crónica de la “catedral” por antonomasia. Sin embargo, las conversaciones han retomado su pulso habitual, por más que todavía coleen los comentarios de la hazaña relativamente inconclusa.

Vuelven los temas cotidianos, los mismos que motivan las preocupaciones e inquietudes de los ciudadanos españoles en estos momentos de grandes zozobras e incertidumbres, de confianzas debilitadas, de Tribunal Supremo sumido en la suprema e inconcebible iniquidad. La crisis industrial hace mella en la villa del Ebro, haciéndola perder la fortaleza de otro tiempo. Mas ello no resta un ápice a ese espíritu de progreso y de sensibilidad de que siempre han hecho gala la mayoría de sus habitantes. Por eso no sorprende que haya sido una de las primeras - ¿quizá la primera? – de las ciudades españoles que en la calle han dejado testimonio de solidaridad y respeto hacia las mujeres víctimas del maltrato y la ofensa. Es algo que debe saberse, pues Miranda es mucho más que el Mirandés, que es mucho.


Monumento, junto a la Plaza de Abastos, en recuerdo a las víctimas de violencia de género (obra de Manuel Páramo, 2007)

Todo ello convierte a esta villa del Ebro alto en un lugar que suena, en espacio transformado, digno de ser incluido en esta serie.

2 de febrero de 2012

El gran retroceso


Llega la noche en Tierra de Campos

Miro a mi alrededor, observo lo que pasa, hablo con la gente, paseo por las calles, leo los correos que me llegan... y por todas partes observo lo mismo: un enorme retroceso. España va para atrás, queda rezagada sin que nadie lo detenga, pierde pulso e ilusión y, sobre todo, se debilita a marchas forzadas. Con toda su gravedad y la magnitud de sus impactos,  la crisis económica no es ya sólo la única de las manifestaciones que ponen en evidencia la extrema vulnerabilidad del país para hacerla frente. No hay ningún indicador en estos momentos que invite al optimismo o estimule la esperanza. Desearía, si los hay, que alguien los pusiera de manifiesto.

Comienza febrero de 2012 y unas cifras descomunales, insólitas, nos dejan conmocionados ante la magnitud del desempleo. Cerca de 200.000 parados más en un solo mes, superando el listón inconcebible de los cinco millones. Ante este estigma pavoroso, que deja a una parte considerable de la sociedad española sumida en el estupor y la deseperanza, el recetario se limita a los eventuales efectos taumatúrgicos de una reforma laboral, que el propio Rajoy Brey califica de traumática, algo así como una anécdota, aprovechando las tertulias que se forman en el Consejo Europeo.

La propia advertencia del presidente del gobierno alerta sobre lo que se viene encima y que no puede ser otra cosa que la eliminación de las mínimas garantías que amparan a los trabajadores, abandonados a su suerte y a la búsqueda ansiosa de un empleo precarizado, al que tampoco tienen seguridad de acceder mientras sus derechos tienden a ser irrecuperables. Todos saben que esa reforma laboral, presentada como el bálsamo de Fierabrás, se mostrará fallida a la hora de crear significativamente empleo pues las causas esenciales de que eso ocurra – las características del sistema y de los comportamientos empresariales y la retracción del crédito – permanecen irresueltas..

Entre tanto, la pasarela ministerial, a través de proclamas que los comparecientes leen a toda prisa, como autómatas, o anuncian con sonora petulancia da prueba fehaciente de los reflujos que van a manar de los Consejos de Ministros. Marcha atrás en casi todo, artimañas justificativas presentadas de forma petulante, abandono de las salvaguardas ambientales, defensa de intereses corporativos, inseguridades para las mujeres, justicia selectiva, expolio frenético de lo público...vuelta al pasado. A un pasado que se creía superado  Embravecidos los grupos de presión y los fanatismos de toda laya, que se felicitan por lo que sucede, los jóvenes cualificados se van, o proyectan irse, y la investigación científica languidece mientras el país se descapitaliza y la consideración internacional se resiente día a día. Y, a todo esto, un tal Federico Trillo, experto en trapacerías miles, nos representará en Londres. Mon Dieu, ¿qué hemos hecho para merecer esto?

Por la dignificación del trabajo


 Cuando la consideración del trabajo se degrada hasta el punto de lesionar los principios en los que se basa la propia dignidad de los trabajadores mediante la destrucción del derecho laboral cuesta entender que los intereses y las sensibilidades afectadas o susceptibles de serlo no se sumen al clamor que justificadamente reivindica su defensa.

Son tan vagas las promesas de que la reforma laboral emprendida por el gobierno de la derecha vaya a aliviar la tragedia del desempleo incesante, tan cuestionables sus resultados pretendidamente positivos en un contexto de recesión incontrolada, que cobra plena justificación el derecho a la protesta como reacción lógica de una sociedad que cada vez se encuentra más inerme ante un modelo de gestión aberrante de la crisis, generadora de todas las fracturas e inseguridades que quepa imaginar.


Si en algo tan esencial como es la política aplicada al trabajo se resumen los aspectos sustantivos de la democracia y de los derechos humanos, no puedo por menos de plantear una cuestión, a la vista de lo observado en mi recorrido por las calles vallisoletanas esta mañana del 19 de febrero de 2012: ¿qué ha sido del movimiento del 15-M? ¿Dónde estaban los indignados que llenaron calles y plazas en la segunda mitad de 2011? ¿Hasta qué punto su ausencia perceptible en la manifestación contra la reforma laboral no supone una advertencia de que quizá sus movilizaciones fueron más la expresión de un clamor esporádico que el reflejo de una postura dotada de la consistencia necesaria, resistente al desgaste inexorable del tiempo?

30 de enero de 2012

Medidas frente a la crisis

 Interrumpo por un momento el trabajo para tomar contacto con lo que se está tratando en la reunión del Consejo Europeo, en el que el políglota Mariano Rajoy Brey tenía depositadas todas sus complacencias. Observo, maravillado, que mis temores eran infundados, que la sensibilidad se ha apoderado de los líderes europeos y que, sin pararse en esquemas preconcebidos, han decidido hacer frente a la crisis con la mirada puesta en los ciudadanos que lo están pasando mal.

¿Pruebas? Ahí van unas cuantas: el compromiso de déficit del 4,4% se retrasa a 2014, el Banco Central Europeo emitirá eurobonos a partir de junio para adquirir deuda a bajo interés a los Estados miembros, en septiembre comenzará a aplicarse un impuesto sobre transacciones financieras que aportará más de 70.000 millones, se eliminarán los privilegios fiscales con que cuentan algunas organizaciones confesionales, dado que no se corresponden con el principio de equidad tributaria, se prohibirá en las reformas laborales despidos gratuitos o con menos de 45 días por año trabajado, se reforzará el Fondo Social Europeo, sin detrimento de los Fondos Estructurales ya aprobados, para que incidan en las políticas activas de empleo.

He oido que en el ambiente del Consejo se plantea una declaración de apoyo a la justicia universal aplicada por Baltasar Garzón y a las víctimas de la dictadura criminal sufrida por España. Y, para terminar, parece ser se va a reconsiderar la reducción de las ayudas al desarrollo para que Europa recupere esa imagen de solidaridad internacional que antaño ha tenido. Al final, está programado un concierto de sirtaki para que los griegos sepan que los líderes de la UE tienen muy claro la historia de Grecia y su geografía. Una vez enterado de todo eso, y recuperada la confianza perdida, seguiré trabajando.

29 de enero de 2012

Un inmenso coste en capital humano

Un mensaje omnipresente en los tiempos que corren

Dudo de que el gobierno de Rajoy Brey lo haga, ignoro si está en las previsiones de los partidos políticos, no he oido a los responsables sindicales detenerse en este asunto con la atención debida... ¿quién lo hará? Porque es necesario hacerlo: es necesaria una valoración detallada, rigurosa, científica, de los impactos - en los salarios, en la capacidad adquisitiva, en el nivel de vida, en las relaciones sociales, en los propios comportamientos personales... - que las medidas de poda y desmoche están teniendo no sólo en los grupos socialmente más vulnerables sino también en aquellos que son esenciales para el desarrollo y el bienestar del país.

Es un tema crucial, que ha de ponerse de relieve como merece, estudiar e investigar para conocer su alcance real en la actualidad y su repercusiones hacia el futuro. Pues, a modo de muestra, bastaría con detenerse un momento en aquéllos sectores que están sufriendo ya las consignas demoledoras de Merkel - la que bloquea y condiciona el modelo de actuación del Banco Central Europeo como entidad financiera al servicio de la Unión - y que ven sobre sus cabezas esa guillotina inminente de la que Rajoy Brey, el sumiso discípulo de aquélla y dispuesto a todo con tal de complacerla, no se ha atrevido a solicitar el aplazamiento que aliviaría su aplicación traumática. Ni lo ha insinuado, mientras reduce incluso los plazos y la cuantía del déficit respecto a lo acordado antes de su llegada a la Moncloa.

Asistimos, mientras tanto, tras cinco años de crisis que no han cesado de agravarse, a un panorama desolador, que sume en la impotencia, en la zozobra y el sufrimiento a lo más creativo e innovador de nuestra sociedad, víctima de una responsabilidad que no es la suya, aunque la padezca. ¿Recuerdan aquella frase ofensiva que la atribuía de manera generalizada al hecho de "haber vivido por encima de nuestras posibilidades" o la que, en el colmo del cinismo, pedía a los ciudadanos "un mayor esfuerzo" para salir de la crisis? Veamos el elenco al que se dirigen: profesores, médicos, investigadores, agentes de desarrollo, técnicos de alta y media cualificación, artistas, empresarios innovadores, la juventud.... que se suman así al rango de los estructuralmente desfavorecidos, es decir, trabajadores en paro, pensionistas, deshauciados, dependientes, discapacitados. Generación perdida, generación marginada, abandonada a su suerte.

¿Quién se salva de la devastación? Ya lo sabemos con creces, lo vemos día a día, por lo que huelga reiterarlo. La brecha social se acentúa, los privilegios persisten y hay quienes se sienten inmunes a los efectos de la catástrofe ¿Cómo se puede sostener un país con tamaña criba, causante de una mutilación que se muestra irreversible a medio plazo y de una postración económica de la que será muy difícil recuperarse? ¿Quiénes lo aguantarán? ¿No será, en fin, el germen de ese inmenso ejército de parados los que vayan a nutrir las listas de las prestaciones voluntarias se servicios públicos impúdicamente propuestas por la inefable alcaldesa de Madrid o los crupieres empleados con contratos basura en el cenagal del juego que Aguirre quiere montar en la Comunidad madrileña, como si de Macao se tratase, para convertir definitivamente a España en el garito de Europa?



21 de enero de 2012

Mensajes en la calle (33): enseñar a cambio de casi nada


En el recorrido por los pasillos del espacio donde uno intenta trabajar me encuentro de pronto con la perspectiva que en ese momento mejor me transmite la sensación de vacío, la imagen de soledad. Nadie hay en el entorno, pese a que la hora no es extemporánea. La luz, natural, es nítida y no hay que forzar la vista para ver alrededor, ya que lo que se ve se ve enseguida. Un tablero inmenso y repleto de silencio se extiende ante mí. Observo que no hay quien acuda a su reclamo para manifestar nada, para expresar algo, para ofrecer lo que cree que es interesante y susceptible de atraer la mirada. Con una salvedad: sólo una persona se ha acercado para dar cuenta de lo que desea: dar clases de inglés. A cualquier nivel, a cualquier hora, no importa el precio. Basta con llamar al móvil señalado. Tan abiertas y laxas son las contrapartidas que exige a su enseñanza, que el anunciante no se atreve a reclamarlas en grande. Lo hace en un minúsculo papel, que, ante el vacío encontrado, aprovecha el lugar central del espacio disponible, con la intención acariciada de que quizá alguien, y sin esfuerzo alguno, le brindará la atención pretendida.


Ay, estos tiempos nuestros de espacios infrautilizados, de mensajes tímidos y cautelosos, de exigencias pequeñas por el trabajo ofrecido. Hechos tanto más perceptibles, en cualquier caso, en ese ámbito de la transmisión del saber que se pone a disposición de los demás a cambio de casi nada.

8 de enero de 2012

Los espacios truncados por “la grieta”: expresividad y compromiso en la fotografía de Ricardo González



Siempre que puedo procuro no perder la oportunidad de descubrir, a través de las exposiciones, el inmenso caudal de posibilidades que encierra la fotografía. Desde hace muchos años cultivo esta afición, que progresivamente ha ido madurando a medida que la observación directa me ha permitido establecer contacto con verdaderos artistas de la imagen inmovilizada aunque viva, personas sensibles capaces de transmitir con fuerza los motivos que las llevaron a inmortalizar un motivo determinado sin dejar por ello cerrada la puerta a la libre interpretación del observador.

Infinitos son, en efecto, los matices que se pueden extraer de la obra fotográfica de calidad, lo que la convierte en una forma de expresión artística tan relevante como aquellas con las que comparte el fascinante mundo de la creatividad humana. Es algo que siempre logro apreciar en los cultivadores de la fotografía con los que mantengo una buena relación personal, y entre los que destacaría los nombres de Justino Díez, Borja Santos, Luis Laforga, Martín Henkel o Fernando Manero Salvador.





En ese elenco incluyo también de forma preeminente a Ricardo González, a quien me honro en conocer desde hace muchos años. Le he seguido de cerca, pues es un fotógrafo muy activo, no se arredra ante las dificultades y en todo momento está a la búsqueda de los escenarios susceptibles de ser recogidos expresivamente para siempre. Aludo ahora a él porque creo que merece ser conocido y valorado. La ocasión viene dada por la magnífica exposición que presenta en la Sala del Teatro Calderón de Valladolid y que brinda la oportunidad de profundizar en su obra y en los numerosos mensajes que transmite. En esencia, todos se compendian en la serie de reflexiones a que puede conducir la percepción del panorama ofrecido por los espacios marcados por la presencia de una “grieta” acusada en su evolución hasta cristalizar en la imagen que presentan cuando el autor decide enfrentarse a ellos para que no queden relegados al olvido o la indiferencia.





La Grieta: esa es la idea, ese el concepto sustancial, que vertebra y da sentido a los diferentes elementos de la muestra concebida por Ricardo. Es una noción precisa con la que, mediante un trabajo "lento y humilde", se quiere significar el hecho de que, como él mismo advierte en la presentación, “ a veces es sólo una pequeña grieta lo primero que percibimos de algunas realidades en conflicto, aunque en otras ocasiones ésta es ya más que evidente y la fractura se muestra en toda su crudeza”. En otras palabras, se trata de presentar los cambios producidos en una realidad que, siendo viva e incluso prometedora, de pronto se ve truncada por circunstancias y factores que la transforman hasta convertirla en un entorno donde priman el vacío y la desolación, bien manifiestos en los testimonios que revelan el deterioro de lo que fue o pretendió ser.




Los ejemplos ofrecidos son harto reveladores y muy bien seleccionados: “Costa del oxígeno”, ese ámbito de ocio y recreo, ambicionado y apetecido en otro tiempo, y hoy sumido en la crisis, en un sector de la Tierra Pinariega burgalesa; y “Tribunal de Justicia”, con el que se quiere significar la extinción de un espacio de servicio público que deja de prestar tal función para convertirse en el depósito de los despojos ante los que el tiempo parece ya detenido. En ambos casos, la mirada del fotógrafo se convierte en testigo fidedigno de lo que ocurre para que nadie ignore que lo representado ha sucedido. Más allá de la calidad incuestionable del producto, está el nivel de compromiso que lo inspira, pues no en vano, y evocando lo dicho por el propio autor, “la potencialidad del medio fotográfico para hablar de la gente por su ausencia, de la vida de la gente a través de rastros y huellas nos conduce indefectiblemente al objeto último de todo este discurso: el ser humano"

Nota: Las fotografías recogidas en la exposición figuran, junto a otras que responden al mismo objetivo temático, en el libro editado en 2011 con el título "La Grieta" por la Fundación Díaz Caneja, de Palencia (ISBN 978-84-614-7005-1)



4 de enero de 2012

La cultura, ese bien prescindible: desaparece "Revista de Libros"


Cuesta mucho desprenderse de aquello valioso a lo que uno se ha acostumbrado, sobre todo si además es reconocido con agrado e interés. Recibir de pronto la noticia de que ese bien ya no se va a tener más, de que lo periódicamente recibido con satisfacción ya no se volverá a recibir nunca (o por mucho tiempo), deja un sabor amargo, triste, y no tanto por la nostalgia que ello pudiera suponer como por la sensación incómoda de que algo que había contribuido positivamente al disfrute del tiempo libre ya no formará parte de esos hábitos que tan agradable nos hacen la vida de cuando en cuando.




Abonado desde hacia tiempo a la Revista de Libros, que veía la luz gracias al patrocinio de una Caja de Ahorros, hace unos días me llegó la carta que incluyo en esta entrada como otro más de los testimonios de lo que está pasando en nuestro país. En ella el director de la publicación señala, con un lenguaje elocuente y no ajeno al desencanto por lo ocurrido, que la Revista ya no volverá a editarse. Es una noticia que lamento muchísimo y que me lleva a compartir los argumentos que Elvira Lindo ha expresado en su columna periodística, como reflejo de un lamento tan generalizado como comprensible en la medida en que revela hasta qué punto la cultura está acusando los impactos de esa crisis que va a acabar por asfixiarnos en todos los sentidos, si no lo ha hecho ya.

Es un episodio más de los muchos a los deberemos habituarnos; una advertencia contundente sobre lo que avecina y que nos puede privar de valores y conquistas que considerábamos arraigados y cuya vulnerabilidad se muestra mucho mayor de la que nos temíamos. La Revista que comento era, lo sigue siendo, un soporte cultural excelente, muy cuidado, riguroso, ameno, intelectualmente enriquecedor. Uno de esos productos editoriales que dan lustre y prestigio a la institución que los promueve, y cuyo rendimiento social está sin duda muy por encima de su coste. Por eso sorprende que desaparezca, lo que lleva a la sospecha de que ante este vendaval de mutilaciones y recortes que se cierne sobre nuestras cabezas ya no se distingue entre lo banal y lo esencial. Todo forma parte de ese erial en el que, a la postre, culmina el paisaje de la devastación resultante.

Y, desde luego, no es casual que la desaparición de esta Revista emblemática de la cultura española coincida en el tiempo con la supresión de la Dirección General del Libro dentro del organigrama del nuevo Ministerio de Educación y Cultura, dirigido por una persona relevante del mundo de la demoscopia, pero, por lo que sabemos, ajena por completo al de la educación y la cultura. Otro presagio más de lo que se nos viene encima.

31 de diciembre de 2011

La literatura como “fuerza ética”



Es una de las columnas más hermosas, convincentes y motivadoras que he leído en mucho tiempo: "La fuerza ética de la literatura". Una crónica sintética, aunque muy elocuente, de nuestra realidad social y cultural. Quien lo ha escrito tiene menos de treinta años, pero su estilo, su forma de expresar las ideas, la contundencia de sus reflexiones evidencian una sorprendente madurez. No conocía ese nombre, que desde ahora lo retendré en la memoria y en esa libreta de notas volanderas y ocasionales que siempre me acompaña. Silvia Avallone se llama la autora. Es natural de Biella, una pequeña ciudad italiana, de la región de Piamonte, cabe los Alpes. Dedicada a la literatura, ha escrito una novela, cuyo título resulta en sí mismo una provocación - Acciaio –pues bien sabemos lo que se quiere decir cuando se menciona el acero, ese material resistente, dúctil y polivalente a la vez, capaz de afrontar las corrosiones existentes en el entorno que rodea a los productos fabricados con él. “ Las siderurgias que tenía ante mis ojos- escribe – eran el lugar más potente que podía encontrar para narrar; allí estaba la belleza desde la que se podía retomar el camino: la verdadera belleza de la vida que fatiga, que crea y no se rinde”.
Por ahí va la cosa, lo que convierte al texto que comento en algo admirable y digno de ser tenido en consideración. Es la manifestación rotunda de las reacciones que en los momentos actuales impulsan a la juventud a expresar una postura de rebeldía ante la situación en que se encuentra. De ahí ese empeño por hacer de la literatura algo más que un mero ejercicio de belleza expresiva, de calidad formal, pues entenderla simplemente así equivale a bien poco y pronto se desvanece en la indiferencia. Consciente de lo que sucede a su alrededor, de lo que ocurre con la juventud en Italia y fuera de ella, insiste en concebir la literatura como una “fuerza ética”, capaz de dar a la obra surgida de la imaginación y el compromiso “una energía inédita, una lengua cargada con la adrenalina de la realidad, con sus dolorosos vínculos, con su carga dura y vital”.


29 de diciembre de 2011

¿Otro discurso es posible?

Estamos dominados por un discurso dominante y reiterativo que no hace sino sumirnos en la desesperanza y en la falta de perspectivas diferentes. Se ha acabado imponiendo una especie de dogma inapelable que hay que seguir al pie de la letra so pena de caer en el abismo. El problema es que, cuando nos acercamos a la realidad, observamos a las personas que nos rodean y captamos con la atención debida lo que sucede en el día a día, la sensación es que ante un escenario marcado por el abatimiento no todos los que forman parte de él lo sufren con la misma intensidad.

En este panorama de redundancias y simplificaciones, de sumisión y de falta total de sentido crítico desde las esferas de la decisión pública, se acentúan los contrastes, los desequilibrios tienden a crecer, la indefensión se generaliza, mientras la emergencia imparable y soberbia de unos pocos ofrece un contrapunto al debilitamiento incesante de la mayoría. Frente a situaciones privilegiadas que permanecen incólumes, alimentándose incluso de los despojos de la crisis, afloran y se expanden otras que agravan aún más los estigmas abrumadores de la desigualdad. A la postre, y en un ambiente de resignación autoimpuesta, sobreviene el desencanto mayoritario ante la ausencia de reflexiones que orienten la mirada en la dirección capaz de suscitar siquiera un mínimo de confianza y de expectativas alentadoras. Sobre todo cuando se comprueba que las medidas que se adoptan son las que han conducido a la depresión y que jamás el recorte del gasto, particularmente incisivo en variables esenciales de los derechos básicos, ha permitido recuperar los dinamismos perdidos. Es "la unión del rigor y del dolor a los socios de la moneda única", como la ha definido Lluis Bassets o "la unión de la inestabilidad y el estancamiento", en palabras de Martin Wolf, en el Financial Times del 4 de diciembre, contrariamente a la calificada por Sarkozy como "la unión de la estabilidad y el crecimiento". Es. en fin, el círculo vicioso que nos sumerge en el torbellino de la desolación, la injusticia y los horizontes sombríos.

De ahí emana la pregunta ineludible: ¿es preciso alumbrar otro tipo de discurso? ¿Tan fuertes y contundentes son los mecanismos dogmáticos en los que se basan las reglas del juego dominante para que se cierren los resquicios que permitirían entender de otro modo la realidad, la gestión de los recursos y el trabajo? ¿Cómo salir de ese círculo vicioso en el que cada vez estamos más inmersos – recortes masivos y merma del poder adquisitivo, retracción de la demanda, descenso de la producción, aumento del desempleo.... disminución de la capacidad de compra, etc. etc. etc. – y que inexorablemente conduce, por paradójico que parezca, al agravamiento de los contradicciones del propio sistema que aplica esas terapias selectivamente restrictivas como salida a la crisis por él mismo provocada? Por todo ello, ¿qué valor asignar a argumentos como los que se esgrimen en esta intervención?


21 de diciembre de 2011

Silencios elocuentes, olvidos clamorosos


La niebla se extiende sobre el barrio de La Victoria, en Valladolid


Terminó el debate de investidura, se apagaron las luces del Congreso hasta nuevo aviso, la quietud se impuso en el ambiente, mientras se perdían a lo lejos las voces, los insultos, los desprecios y las calumnias que inundaron las dos últimas legislaturas. Los vencedores han enterrado, pretendidamente conciliadores, el hacha de guerra, porque ya no es necesaria. Misión cumplida, objetivos satisfechos. Y en medio de esos intercambios de nuevas palabras afables, y de cara a la galería, al final de un ciclo - tras el que se abre otro sumido en las incertidumbres y las preocupaciones de la mayoría social - el ciudadano vigilante observa desde fuera que nada se ha dicho de temas sustanciales, abrumados como estamos por el atroz desmoche que se avecina. 

Nada se dijo de ciencia e innovación, cuando tantos investigadores ven declinar sus horizontes y sus proyectos, mientras nos tememos que la sangría en ese campo vaya a ser brutal; nada se dijo de urbanismo, territorio y política de suelo, cuando el tema está en la raíz misma de la tragedia laboral y en el desastre ambiental que asuelan a España; nada de aplicación de código ético contra la corrupción y el transfuguismo; y, sorprendentemente, nadie habló ya de "memoria histórica", de reparaciones de heridas no cicatrizadas, de justicia y dignidad mancilladas, de mausoleos horrendos de la muerte manipulada. Se acabó el tema. Las cunetas seguirán intactas, el dolor quedará recluido entre las paredes de la casa, la esperanza cederá definitivamente paso a la resignación. ¡Maldita crisis, que todo lo emponzoña y es obscenamente utilizada para parar en seco y sin miramientos los relojes de las reclamaciones definitivamente inatendidas! Se inicia un nuevo rumbo, que sólo identificamos con una palabra: la lucha contra el déficit, manteniendo intangibles los intereses creados. ¿Y entre tanto? No veo a nadie capaz de despejar tanta bruma ni de recobrar la esperanza que los silencios deliberados y las miradas de soslayo han acallado por mucho tiempo, si no es para siempre.


Por cierto, ante tanta vaciedad sobre el modelo económico alternativo, del que en algún momento se habló, basado en la innovación y la mejora de la competividad, ¿porqué ese interés desmedido por quien haya de ser ministro o ministra de Economía? Se habla de que ha de ser persona muy cualificada. ¡Qué mas da! Esa cualificación queda desvaida cuando de lo que se trata es de aplicar el recetario impuesto desde Berlín. Por lo que cabe pensar que el nombramiento del responsable del asunto tendrá ante todo que ver con la aquiescencia que merezca por parte de la capital alemana y de los lobbies financieros a los que sirve. No se prevé otra política económica que la ceñida al cumplimiento estricto de las medidas reductoras del gasto sin que las que favorezcan los ingresos sean contempladas con la importancia compensatoria que debiera. Que nadie espere grandes alardes de creatividad estratégica de cara al futuro. Cuidado con los eufemismos y con la fraseología falsamente edulcorada que se van a utilizar con profusión para llamar al "pan" "vino" y al "vino" "pan". Cualquiera puede hacer lo que se va a hacer, pues el "catón" está marcado.. Obediencia estricta y a callar. Ni más ni menos.

18 de diciembre de 2011

Espacios transformados (4): Si el pequeño comercio declina ¿qué será de nuestras calles?

Comercio tradicional en la Plaza Mayor de Aguilar de Campoo

Recorro detenidamente las calles de mi ciudad, observo los comercios, me detengo en los escaparates, aprecio el bullicio que me rodea, me asombro del derroche de luz que invade el escenario por doquier... pero solo detecto concurrencia de gente en los bares, en las cafeterías, en los lugares de relación en torno a los placeres de la mesa o de la barra más o menos surtida. Es cierto que hay establecimientos que atraen más la atención que en otros, demostrando así su mayor atractivo para el personal. Procuro tomar nota de los comportamientos de esa gente, y me llama la atención, a primera vista y a falta de un seguimiento más detenido, que priman la mirada, la curiosidad, el simple devaneo en medio de lo mucho que se ofrece sobre el hecho mismo de comprar. Deduzco que la decisión de adquirir y abonar un producto no siempre se traduce en el hecho de acercarse al lugar donde se brinda a la voluntad del cliente por hacerlo definitivamente suyo mediante la satisfacción del importe requerido.

¿Será la crisis económica que nos asuela el motivo de esa relación no culminada entre la curiosidad - como algo indisociable del uso gratuito del espacio público – y la materialización de una voluntad decidida a favor de la adquisición mediante pago en metálico del bien que se desea? Analizar en este sentido el momento en que nos encontramos – las festividades de fin de año – va a ser un buen indicador para comprender hasta qué extremo el decaimiento de la demanda, debido a los factores que están lesionando la capacidad adquisitiva de la mayoría de los ciudadanos, va a repercutir en la evolución del consumo y poner en evidencia la incertidumbre en que aparecen sumidos los circuitos que garantizan el normal funcionamiento de la economía, hoy postergados en aras de una política de restricciones que corre el riesgo de debilitar sensiblemente el aparato productivo y comercial europeo.

Sin embargo, al propio tiempo hay otro factor que quizá no sea ajeno tampoco a la situación crítica en que se encuentra el comercio tradicional. Es un tema que he comentado hace tiempo con mis colegas, y que hoy he visto bien reflejado en el artículo de José Ignacio Wert, donde se plantea la posibilidad de llegar a “un mundo sin tiendas”. Puede llegar a ser algún día la manifestación de una tendencia que no cesa de crecer. Una tendencia asociada al incremento imparable del comercio a través de la Red, que actualmente supone un gasto cercano a los 10.000 millones de euros, el 4% de todo el desembolso efectuado en los comercios.

Calle Platerías, en Valladolid



¿A dónde nos conducirá este proceso? El impacto socio-laboral será muy fuerte, como también se acusará ostensiblemente en el paisaje urbano. ¿Se imaginan calles con los comercios cerrados? ¿Quién animará con su presencia el espacio público de relación que se fragua en la calle concurrida? Me dirijo a casa mientras observo a uno y otro lado la calle Platerías de Valladolid, en el mismo corazón de la ciudad. Ocho tiendas han cerrado en lo que va de año; otras cuatro han cambiado de tipo de negocio. La recuerdo como una arteria principal en las compras de todo el año. Peatonalizada, rehabilitadas sus viviendas, inmersa en un entorno grato y placentero, la calle declina mientras la apariencia bulliciosa se circunscribe a su condición de lugar de paso de camino seguramente hacia uno de los muchos lugares de refrigerio, que proliferan aquí allá, por más que también en ellos la crisis sea perceptible.

17 de diciembre de 2011

Se abre un camino de incógnitas y zozobras al final de la otoñada


Caminos que se abren en medio de la fronda silenciosa, ya avanzada la otoñada y a punto de empezar el invierno. Ofrecen perspectivas remotas que muy pocos saben hacia dónde conducen, por más que quepa intuirlas, porque los precedentes que avisan no admiten confusiones. No hay nadie alrededor para preguntar, nadie que despeje las numerosas incógnitas que se le abren, nadie que ayude a entender el silencio clamoroso que antecede al riesgo, ya que lo que decida le afectará inevitablemente. El viajero, el ciudadano, solitario y expectante, duda antes de emprender la marcha porque no tiene claro lo que le espera al final de ese trayecto. Así es la vida cuando uno se enfrenta a las grandes decisiones que de una u otra manera han de marcar su futuro y de quienes comparten con él las mismas inquietudes e idénticas esperanzas.

Con todo, sabe lo que quiere, lo que le gustaría conseguir al cabo del recorrido. Por ello se arma de valor, no se abstiene de avanzar, asume su responsabilidad, pues solo a él se representa, y, coherente con su conciencia y sus convicciones, toma la decisión de no sortear la dificultad que entraña la incertidumbre para, al fin, convertirla en la certeza de que se decanta por la opción que dignifica al mundo y a la sociedad que le rodean. Y, sobre todo, harto de ruido y de mediocridades en alza, lo hace con libertad, pues bien sabe que los árboles nunca le ocultarán lo que el bosque significa.

Bellísima chopera junto al río Carrión, en Villoldo (Palencia)

11 de diciembre de 2011

Una formación infrautilizada

Se les llena la boca con que los jóvenes españoles no están preparados para afrontar los desafíos a que se ven obligados los empresarios. Se insiste una y otra vez en el argumento de que el sistema educativo ha de adaptarse a las necesidades de las empresas, mitificando así el sentido de una relación a la que se atribuye la estricta responsabilidad de la salida a la crisis. Sin embargo, todo queda en falacia cuando se observa lo mucho que aportan nuestros graduados cuando se van a trabajar al extranjero y los enormes esfuerzos que hacen para integrarse en los equipos que aprovechan su formación cuando se quedan en España. Esos desajustes que el discurso neoliberal simplificador, redundante en nuestra tierra, exacerba, tratando de eludir sus propias responsabilidades, quedan enseguida subsanados por la propia capacidad de reacción y adaptación de quienes solo disponen de su formación y de sus ansias de trabajar, como tantas veces han demostrado.

Frente al tópico emerge el argumento contundente que lo rebate: la sobrecualificación respecto al trabajo desempeñado distingue, según el informe de Eurostat, a los integrantes de la población activa española, más aún que en cualquier otro país europeo. Es decir, tenemos una mano de obra subtilizada, malgastada, por la sencilla razón de que quienes ostentan la capacidad de iniciativa empresarial han antepuesto el modelo especulativo al modelo productivo, la cultura del pelotazo a la cultura del valor añadido. Una mano de obra repleta de ilusiones perdidas.

El resultado no puede ser más lamentable: el desaprovechamiento de nuestro potencial humano y la puesta en evidencia de que los liderazgos empresariales priman una categoría que no está a la altura de lo que el verdadero desarrollo exige.

10 de diciembre de 2011

La victoria inequívoca de "los mercados"


¿Realmente nos hemos sorprendido de la actitud británica respecto a su negativa a suscribir el acuerdo de disciplina presupuestaria adoptado por el Consejo Europeo? Estaba cantado por varias razones: porque el Reino Unido siempre ha tenido una postura renuente a la plena integración del espacio comunitario (que siempre ha entendido más como un mercado común que como unión económica y política), porque nunca ha querido vincular su economía a los controles y vigilancia que implica la moneda única y porque la disciplina a que obliga el citado compromiso - déficit estructural no superior al 0,5 % del PIB, y con reconocimiento constitucional - es para ellos inasumible. Por eso, la reflexión a que conduce la decisión británica nos lleva a una conclusión ambivalente, ya que si, por un lado, quedan claras las distancias marcadas respecto al proyecto europeo y la estrategia de insolidaridad, egoísmo y desafección que ello representa, no es menos cierto que también suscita una cierta envidia, ya que no se va a ver acogotado por la disciplina feroz que se impone a los demás, entre ellos a España, a los que el acuerdo va a suponer recortes terribles mientras Gran Bretaña puede permitirse el lujo, exonerada de la obligación del déficit, de ser más generosa con sus ciudadanos y con las prestaciones sociales, que, en cambio, serán sensiblemente cercenadas en los demás. La victoria abrumadora de Merkel y de su modelo de Unión - lo que Josep Ramoneda ha denominado el "protectorado alemán" - no ha de llevarnos a aplaudirla por el mero hecho de que los británicos no hayan decidido secundarla.

En cualquier caso, lo que revela este acuerdo es la sumisión completa a los criterios e intereses de los bancos alemanes y franceses que, traumatizados por el impacto que les ha producido la crisis griega y en general los problemas asociados a la magnitud de la deuda soberana, han presionado a Merkel y Sarkozy para que les saquen las castañas del fuego imponiendo a los gobiernos europeos una disciplina presupuestaria socialmente atroz sin contrapartida alguna, ya que lo de los eurobonos ha quedado en suspenso y a nada se obliga al Banco Central Europeo, más allá de la vaguedad e imprecisión de sus promesas. Bajo estas coordenadas, las perspectivas de crecimiento aparecen remotas y relegadas a un proceso de ajuste sin fin, que sin duda agravará aún más la desigualdad. Y es que en el fondo todo se resuelve en una lucha de intereses financieros - de eso que se identifica genérica y eufemísticamente mente con “los mercados”- que se superponen a los de los Estados, y que en cierto modo explican también el desmarque de la City de Londres, a la que, como explicación de lo sucedido y con particular énfasis crítico, se acusa de la espantada de Cameron, como si el duumvirato que gobierna la Unión Europea no participase del mismo enfoque en lo que atañe a los intereses que defiende y preconiza.

Y, lo que no es menos grave, todo ello en un contexto de debilitamiento democrático, ya que solo tres países (Suecia, Hungria y República Checa) van a someter la cuestión a sus Parlamentos - un gesto elemental de deferencia democrática - mientras observamos que por parte de los demás no hay disposición alguna en ese sentido y asistimos impávidos al desprecio solemne hacia el Parlamento Europeo que ostensiblemente ha brillado por su ausencia en todo este proceso. Como si no existiera, nadie lo ha mencionado. Sin tampoco olvidar el escasísimo margen de atención prestada a la labor de la Comisión, que ha aparecido totalmente ninguneada. La imagen de Van Rompuy, Barroso y Ashton, fantasmas silentes en una ceremonia rígidamente prediseñada, no se ha asemejado siquiera a la de los convidados de piedra.

4 de diciembre de 2011

La impresionante labor de la Fundación Música Abierta, en Urueña: el “Arte Solidario”

Cartel anunciador de la Exposición “Arte Solidario” en el Centro e-LEA de Urueña

Existe una iniciativa de ayuda a la discapacidad que debe ser conocida y valorada. Recibe el nombre de Fundación Música Abierta, y está domiciliada en la villa de Urueña, en la provincia de Valladolid. Nació en 2009, impulsada por un propósito encomiable: “facilitar el acceso a la práctica musical a personas con alguna limitación, permitiéndole aprovechar todos los beneficios de la música, mejorar sus condiciones físicas (ampliar y mejorar la fluidez de los movimientos) y, sobre todo, lograr su participación en la sociedad con las mismas oportunidades que los demás”. Desde entonces ha llevado a cabo una labor impresionante, desplegada en un sinfín de actividades, todas ellas caracterizadas por una extraordinaria sensibilidad, el buen gusto, el afán integrador de las personas y el empeño en procurar que las situaciones de discapacidad no fuesen un obstáculo para que quienes las padecen no disfruten de las posibilidades creativas, culturales y de mejora de la calidad de vida que encierran la música y su interpretación.


Concierto organizado por el Campamento musical para niños en el verano de 2011


Soy socio de la Fundación y he seguido de cerca, cuando he podido, la labor llevada a cabo, y he de decir que en todas las ocasiones he celebrado el enriquecimiento personal que me ha aportado el hecho de haber conocido a Rosa Iglesias Madrigal, médico de profesión, y principal artífice y responsable de una experiencia excepcional. Pero al tiempo ello me ha permitido también tomar conciencia de los enormes esfuerzos realizados para que esas actividades, muy laboriosas, pudieran tener lugar. No es fácil afrontarlas económicamente cuando lo que se pretende es asegurar que tengan la calidad necesaria y cumplan satisfactoriamente los objetivos para los que fueron concebidas.

De ahí que todas las iniciativas sean pocas cuando de respaldar el proyecto se trata. En esa línea se inscribe la que se acaba de poner en marcha y a cuya inauguración asistí ayer. Un acto entrañable y concurrido, en el que se habló de lo que significa la lucha a favor de la superación de las dificultades que impiden el normal ejercicio de la interpretación o el disfrute pleno de la música, y que, cuando se consigue, depara grandes satisfacciones, como quedó bien reflejada en ese excelente documental – “Héroes, no hacen falta alas para volar” – que acompañó el encuentro inaugural.

Rosa Iglesias Madrigal en el acto inaugural de la Exposición “Arte Solidario”


Se trataba de crear el entorno adecuado para dar cabida y justificación a la Exposición Arte Solidario que el dia 3 de diciembre - y hasta el 23 de ese mes - ha abierto sus puertas en el Centro e-LEA Miguel Delibes, espacio central de la Villa del Libro de Urueña. Es una exposición nutrida con las 96 aportaciones que diferentes artistas han cedido para allegar fondos al programa elaborado por la Fundación. La visita es muy grata y sumamente aleccionadora. Revela creatividad, mucha generosidad y mucho empeño en seguir adelante. Invito a visitarla, a conocerla de cerca, a saber de la existencia de esta Fundación, aunque, si la distancia o el tiempo lo impiden, no estaría de más adentrarse a través de la Red en ese mundo construido por Rosa y quienes la acompañan, para prestar su interés y, si es posible, su ayuda en algo que realmente merece la pena. Algo, y es mucho, que, al comprobarlo en toda su riqueza de detalles y manifestaciones, nos lleva a valorar mejor el mundo en que vivimos y a quienes, cada cual dentro de sus posibilidades, se afanan por avanzar en esa dirección.

27 de noviembre de 2011

El declive de la Ayuda Oficial al Desarrollo: ¿otra víctima de la crisis o la crisis como pretexto?


Como era previsible, la ayuda al desarrollo no permanece al margen de esa poda generalizada que implacablemente se está llevando a cabo bajo el argumento reiterado y obsesivo de la austeridad a cualquier precio. La lógica de los recortes se impone poco a poco y , de manera inexorable, hace mella con particular incidencia en cuantas dotaciones tienen que ver con la justicia social, con la función integradora de lo público y con la solidaridad. Desconozco si se han hecho estimaciones sobre los impactos que la aplicación de tales medidas en aspectos tan sensibles pueden tener a corto y medio plazo en el bienestar de los ciudadanos, en la articulación de la sociedad y, por supuesto, en la evolución de la economía, por cuanto la prevalencia del mensaje omnipresente a favor de la restricción no augura sino desempleo, depauperación y marginalidad, que difícilmente podrán ser corregidas en un tiempo razonable dada la magnitud de los efectos traumáticos que provoca.

Como decía, la transferencia de recursos orientados al desarrollo de los países desfavorecidos acusa con claridad el sentido de esta tendencia. Acabamos de saber, por ejemplo, que la Diputación de Málaga ha decidido suprimir los fondos de cooperación para ONG que llevan a cabo proyectos en el extranjero. El argumento de la institución provincial apunta al criterio que insiste en la necesidad de “reconducir esos fondos al interior de la provincia para aliviar la situación de urgencia de muchos malagueños. En el mismo sentido, hace unos meses el Gobierno de Canarias comunicó a las organizaciones receptoras de fondos que las ayudas previstas en el Plan Director de la Cooperación Canaria para el Desarrollo con destino a África para el periodo 2010-2013 iban a ser totalmente eliminadas, tras la reducción drástica efectuada en el cuatrienio anterior y que también afectó a las asignaciones destinadas a América Latina y la Educación para el Desarrollo. Otra prueba más la ofrece el Ayuntamiento de Madrid, donde la ayuda al desarrollo contemplada en el presupuesto municipal descendió del 0’48 en 2003 al 0’26 % en 2010, con la advertencia de que ese mismo año cesarían por completo las subvenciones destinadas a este fin. El 26 de marzo de 2009 se realizó por parte del Ayuntamiento madrileño la última convocatoria de ayudas a entidades e instituciones sin ánimo de lucro que lleven a cabo proyectos de Cooperación al Desarrollo, Codesarrollo y Educación para el Desarrollo. Se acabó.

Todos ellos son ejemplos elocuentes de una decisión que no ha tardado en arraigar en las administraciones públicas arropada con el argumento de la crisis y justificada con el principio de que “primero nosotros y, luego, los demás”, como han dicho los dirigentes malagueños. Hacer un seguimiento del proceso – desde la AECID hasta las Corporaciones Locales, y sin olvidar a las Comunidades autónomas - revelará sin duda la magnitud creciente del cambio producido o susceptible de producirse en muy poco tiempo en una de las perspectivas que hace una década se entendía en dirección progresiva, inspirada en la voluntad de avanzar con paso firme hacia el cumplimiento de los objetivos del Milenio. Ya nada se habla de ese horizonte, fijado con la mirada puesta en 2015 y convertido en quimera inalcanzable.

Mas no es solo una tendencia que trata de encontrar en la crisis un motivo de justificación. No es extraño que tal postura coincida en el tiempo con lo que se ha venido en denominar "el cansancio o la decepción" de los donantes, cuyo escepticismo aumenta al comprobar los insuficientes resultados conseguidos tras un dilatado periodo de ayudas. En este contexto, y como resumen elocuente de lo que está pasando, vale la pena traer a colación las afirmaciones efectuadas por la Directora del Centro de Educación e Investigación para la Paz, Manuela Mesa, cuando señala que “este fenómeno, conocido como “fatiga de la ayuda” se ha producido en un contexto de recesión económica y fuertes restricciones presupuestarias, en el que se incrementa la sensibilidad hacia los problemas internos y se multiplican las dudas acerca de la eficacia de la ayuda. No hay que olvidar que el cuestionamiento público y las presiones presupuestarias explican la fatiga de la ayuda en los países del Norte” para concluir con una afirmación contundente: “el futuro de los actuales sistemas de ayuda pasa necesariamente por la aplicación de procedimientos transparentes de rendición de cuentas, acordes con las exigencias de los ciudadanos”.

El problema surge, digo yo, cuando esa reflexión autocrítica no tiene lugar y se opta directamente por la total supresión de las ayudas

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