Era sin duda Nicolás Maduro Moros el eslabón más débil, el dirigente más desacreditado y marginal de la política latinoamericana. Al tiempo, ese hombre gobernaba el país con las reservas de petróleo y gas más abundantes de la Tierra. Era una presa fácil: la concesión del Premio Nobel de la Paz a su principal opositora, y artífice de una victoria electoral no reconocida por el poder chavista (y a la que ahora Estados Unidos desprecia, aunque encandile a la derecha española), era un factor que contribuía a la demolición del sucesor de Hugo Chávez en un contexto en el que la violación del Derecho Internacional, cuya expresión más atroz está asociada al genocidio palestino y a la impunidad de sus criminales responsables, daba vía libre a toda suerte de maquinaciones, pretextos y artimañas para poner fin a la presidencia de Maduro a sabiendas de que poco más que unas declaraciones de condena genéricas a la intervención - pero nunca, como se ha visto, de apoyo al gobernante caído - favorecían que la estrategia llevada a cabo no tuviera coste alguno para quien la cometía, aunque sí iba a deparar pingües beneficios en todos los sentidos que imaginarse pueda.
Se veía venir, era un hecho cantado hace tiempo, asesinando sin pruebas a quienes navegaban en pequeñas lanchas en el océano, y siguiendo el guión ya conocido de la intervención en Irak, obscenamente justificada por la "existencia" de armas de destrucción masiva, que nunca existieron, y ahora recuperada la argucia con el pretexto del narcotráfico como argumento que se ha revelado ya como un mero pretexto sin fundamento. Tampoco es la recuperación de la libertad la causa perseguida, pues interesa bien poco al Estado que ha llevado a cabo más de un centenar de intervenciones en la América Latina precisamente destinadas a destruir los atisbos de democracia emergentes. Nunca ha interesado en la Casa Blanca la pobreza o la situación de los derechos humanos en Latinoamérica. Nunca.
Que nadie se engañe. El motivo no es otro que el de dar cumplimiento, rápido y taxativo, al documento estratégico oficial (Estrategia de Seguridad Nacional (NSS-2025), presentado por Donald Trump en 2025, cuyo objetivo no es otro que el de "restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger [nuestro] territorio nacional y el acceso a áreas geográficas clave en toda la región".
Y es que para la Casa Blanca, la amenaza china ha reemplazado a la europea, y los estados "comunistas" o "narcoterroristas" latinoamericanos son considerados responsables de "casos flagrantes de irregularidades o impotencia". "Impediremos -subraya de manera inequívoca- que competidores no hemisféricos posicionen fuerzas amenazantes u otras capacidades, o que posean o controlen activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio". Aunque nunca se menciona por su nombre, China es el objetivo en todo momento. Su control comercial, financiero y tecnológico sobre América Latina se describe en detalle y se denuncia implícitamente.
Para contrarrestar a Pekín, el presidente estadounidense aboga por una nueva "diplomacia comercial" hacia los países del subcontinente. Los insta a actuar conforme a las directrices de Washington, tanto a nivel nacional como en su política exterior. Dado que América Latina "posee numerosos recursos estratégicos" esenciales para Estados Unidos (hidrocarburos, materias primas, productos agrícolas, infraestructura y localizaciones geográficas de uso militar), sus Estados pueden contribuir a "fortalecer las cadenas de suministro críticas en este hemisferio, lo que reducirá las dependencias y aumentará la resiliencia económica estadounidense". El documento invita a los gobiernos a convertir a Estados Unidos en "su socio predilecto". Quienes cumplan serán recompensados. Quienes se resistan serán disuadidos (por diversos medios) de colaborar con otros.
Más claro, imposible. La eliminación de Maduro, por quien nadie daba un duro, y de ahí la facilidad de su eliminación, tiene un efecto ejemplarizante y aleccionador. Significa, en un panorama de violación del Derecho Internacional y de utilización sin reservas del uso de la fuerza, el resurgimiento de la Doctrina Monroe en América Latina, acompañada de un corolario de Trump. Los objetivos de Estados Unidos son restaurar su dominio continental, contrarrestar la influencia china y poner la región al servicio de las prioridades estrictamente estadounidenses.
¿Qué papel corresponde desempeñar a la Unión Europea en este contexto?