Tal vez habría que profundizar en los arcanos de la psicología humana para entender el grado de humillación, ausencia de pudor e ínfima autoestima a que puede descender y prestarse una persona para perder por completo la dignidad que en algún momento pudo tener o merecer.
La Sra. Corina Machado, tras entrar en la White House por la puerta de servicio, sabe que ese gesto, insólito y revelador de su nulo sentido de la vergüenza política ante el mundo, solo sirve para desacreditarse ella misma y el premio recibido, que, como todos, es personal e intransferible, y para elevar más aún el nivel de desprecio del individuo que la ha humillado por segunda vez hasta extremos que jamás pensamos que pudieran alcanzarse. Ha dilapidado con esa actitud, y para siempre, la oportunidad de ser una referencia democrática alternativa al "chavismo trumpista".
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