Echo de menos en estos momentos un debate sobre Cuba y su futuro. Sorprende que esto ocurra cuando tan cercana nos resulta la historia, la realidad y las perspectivas de la que Cristóbal Colón describió en 1492 como "la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto". Ningún país del mundo conserva como España los estrechos vínculos de todo tipo con la patria de José Martí, Vilma Espin y Leonardo Padura. entrte otros cubanos admirables.
Sin embargo, es un tema que aparece eludido, postergado, olvidado, limitado en sus referencias a la dramática situación en que se encuentra, que parece no importar a nadie. Poco a poco, e irreversiblemente, van cayendo los pilares sobre los que se ha sustentado el modelo cubano desde 1959.
Ante el enorme derribo y la incertidumbre a que se enfrenta el panorama observado sólo propende al silencio, cuando no a la indiferencia ominosa, respecto a la asfixia que asuela a la isla y a quienes residen en ella. La Unión Europea calla mientras mira para otro lado, España incluida. Ni Rusia, ni China, ni Vietnam, esos viejos aliados la prestan la menor atención. Ni tampoco la voz se escucha en el mundo latinoamericano. Abandonada a su suerte.
¿Desinterés, resignación, aceptación inevitable de un futuro sombrío en un escenario en el que únicamente emerge la verborrea gangosa e impúdica de Donald Trump, desempeñando un protagonismo que nadie, nadie, se atreve a matizar ni contrarrestar?
Planteo el tema porque me preocupa y como español y europeo me interesa, considerando que éste es un buen foro para ello. Y no para aportar ningún tipo de soluciones: simplemente para cuestionar el clamoroso e indecente silencio que se observa ante una de las situaciones más dramáticas de nuestros días.

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