El pasado domingo entrevistaron a Pablo Iglesias Turrión en TVE. Petulancia aparte, su clarividencia de otrora ha quedado ya meramente sesgada en pro del interés indisimulado por el futuro de su compañera, Irene Montero, a la que considera la quintaesencia acrisolada de la mejor izquierda. Justificó su pacto meramente personal, sin recurrir a primarias, con Gabriel Rufián, que no con Esquerra Republicana de Catalunya, con el argumento de que era, según Iglesias, el más Ilusionante que se podía conseguir, el no va más en la conquista de los cielos, con el triunfo garantizado. Una ilusión que, sin embargo, y a tenor de los sondeos, no se percibe por ninguna parte.
A la postre, creo que el señor Rufián, maestro en cultivar su imagen con esmero y en transmitir más ruido que nueces, ha aceptado ese acuerdo porque le favorece personalmente y afianza su posición en ERC, su principal y quizá única motivación, cuando él mismo se encuentra en horas bajas en su partido y lo necesitaba para demostrar su valía y amplitud de miras más allá de Cataluña siempre con la idea de que la proyección española avalaba su afianzamiento en el espacio nordestino. Pero no creo que se empeñe o implique demasiado en la estrategia de Podemos, que, conforme con asegurar el escaño de Montero y Belarra, que es lo que realmente interesa, se encamina definitivamente a la marginalidad irreversible - ¿recuerdan que en las generales de 2015 obtuvo 69 diputados con el 20,7 por 100 de apoyo electoral? - haciendo un flaco favor a la unidad de la izquierda, quizá porque entiende que en ese proyecto unitario la inconmensurable figura de Irene Montero podria quedar eclipsada. O los demás se pliegan a sus primarias, convencida de que no ponen en riesgo su liderazgo, o no tienen nada que hacer. Antes cabeza de ratón que cola de león.
Nada nuevo bajo el sol de un sector de la izquierda al que alcanzar el cielo la queda cada vez más lejos. Ni Rufian ni Iglesias ni Montero se han equivocado. Tras jugar a marear la perdiz, y dando la apariencia de voluntad en pro de la unidad quimérica de una izquierda que conciben en posición subordinada, han hecho lo que siempre habían pensado y decidido hacer: sentarse otros cuatro años más en la Carrera de San Jerónimo
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