Pocos intelectuales han merecido en vida el reconocimiento otorgado a Edgar Morin (1921-2026), ese fecundo e infatigable pensador francés que ha partido a punto de cumplir los 105 años. Ha legado una obra inmensa, espectacular, innovadora, provocativa, henchida de interpretaciones que sugieren preguntas que solo el paso del tiempo logrará dilucidar por completo. Ha abierto expectativas asumibles como ineludibles desafíos intelectuales hacia el futuro. En sus obras se contienen reflexiones que ayudan a entender la complejidad de los procesos que organizan la vida humana, las decisiones políticas y las formas de relación de las sociedades con el medio natural.
Todo ello está sustentado en un sólido compromiso con la libertad y los derechos humanos (de origen judío, y hermanado en este aspecto con el palestino Sami Nair, fue muy crítico con la política genocida del Estado de Israel) así como en una potente construcción metodológica, a la que dedicó la parte sustancial de su obra: entre 1977 y 2004 publicó, en Seuil y Acts de Sud, los seis volúmenes de "El método" (La Méthode), una de las mayores aportaciones monumentales al pensamiento contemporáneo.
Ministro Jack Ralite, Leila Chahid, representante de la autoridad palestina y Edgar Morin, a la derecha. Paris, 16 de mayo de 1998, recordando el 50 aniversario de la Kakba o Catástrofe palestina
He seleccionado dos párrafos que dan idea del alcance de sus reflexiones. Ambos se relacionan con los contenidos expuestos en trabajos sobre la relación del ser humano con la Naturaleza. No en vano hizo también estudios de Geografía - la Geografía ha estado siempre muy presente en la formación intelectual de los franceses - y mantuvo estrecha conexión con investigadores de esta disciplina:
Afirma en su excelente trabajo: "Hacia una nueva conciencia planetaria" (1989).
"Ya no basta con reconocer los desastres ecológicos. Tampoco es momento de creer que los avances tecnológicos por sí solos puedan remediarlos, y mucho menos superar las graves disfunciones que amenazan con desestabilizar permanentemente el planeta y la biosfera. El despertar necesario solo puede surgir de una profunda transformación de nuestras relaciones con la humanidad, con los demás seres vivos y con la naturaleza. Una conciencia ecológica de solidaridad debe reemplazar la cultura de competencia y agresión que actualmente rige las relaciones globales. El problema ecológico nos concierne no solo en nuestra relación con la naturaleza, sino también en nuestra relación con nosotros mismos"
Y en el tomo 5 de "El método", que titula "L'Humanité de l'humanité" (2001) subraya:
"Durante casi 200.000 años, vivimos en grupos pequeños y sencillos de unas pocas docenas de individuos o menos. Solo en los últimos 10.000 años algunas sociedades humanas han comenzado a crecer y a volverse más complejas. Nuestra forma de vida actual es una anomalía. De hecho, en cualquier sistema vivo, la complejidad tiene un coste metabólico. Cuanto más complejo es un sistema, más energía requiere. Hoy no percibimos los costes de la complejidad porque están subvencionados por los combustibles fósiles. Sin estos combustibles, las sociedades modernas no podrían ser tan complejas como lo son. Por eso podemos prever un colapso de la sociedad termoindustrial..."


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