26 de diciembre de 2016

Escándalo en la Universidad española: el caso del rector plagiario

Es necesario y urgente que las Universidades públicas españolas reaccionen ante tanto desvarío. El daño que el rector de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, acusado de plagio masivo en sus publicaciones, está haciendo al sistema universitario es enorme e injustificado, al poner en entredicho la labor de quienes se esfuerzan por dignificar la institución a través de la enseñanza y la investigación realizadas con honestidad, y que son la mayoria. Lo ocurrido con el personaje descubierto no tiene parangón con ningún otro país de la Unión Europea y, posiblemente, del conjunto de paises con una situación respetable en el ámbito de la educación superior.

El hijo de Luis Suárez Fernández, que fue rector de la Universidad de Valladolid en los últimos años del franquismo, de infausta memoria en esta Universidad (cuya participación fue decisiva en el cierre llevado a cabo por el gobierno del dictador el 7 de febrero de 1975), y al que incomprensiblemente se ha dedicado una calle en la ciudad donde nacieron Jorge Guillén y Rosa Chacel, ha demostrado ser un contraejemplo de profesor universitario. Una indecencia sin paliativos. Mentiroso, plagiario compulsivo, arrogante y despectivo hacia el sistema, no merece formar parte del profesorado que ejerce sus funciones en la Universidad. Conociendo como se han cubierto en España algunas plazas de Catedrático de Historia del Derecho,  me atrevo a afirmar que nos encontramos ante un intruso sin mérito alguno, y cuya presencia en la plantilla universitaria solo cabe atribuir al nepotismo y a la falta de un nivel básico de dignidad intelectual y ética personal, tanto por su parte como por quienes se lo han permitido.

Lo terrible es que, al observar cómo han actuado varios de sus colegas de la URJC, se tiene la impresión de que esa Universidad se asemeja, a la sombra caciquil de ese individuo, más a una mafia de intereses que a un Alma Mater digna de tal nombre.

10 de noviembre de 2016

Una justificación injustificable

Sorprenden los esfuerzos intelectuales, presentes en las redes y en muchos medios, realizados tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos para explicar y justificar la victoria - en número de electores que no de voto popular - de Mr. Trump. Todo un argumentario, propio de los adivinadores del pasado, aflora para encontrar una causa lógica, a fuer de inevitable, en la interpretación de lo sucedido. Se habla de derrota del establishment, del descrédito de la Sra. Clinton, de la consistencia e intensidad de la campaña del contrincante vencedor, de la capacidad de éste para conectar con amplias capas de la sociedad desfavorecida, de su posición enfrentada a la globalización y al deterioro de la fortaleza de Estados Unidos en el mundo.

Son ideas, en cualquier caso, que tratan de ofrecer una imagen antisistémica del nuevo presidente, diluyendo como por arte de magia su consideración de individuo paladín de iniciativas que, en esencia, se basan fundamentalmente en la pretensión de apuntalar los privilegios de la camarilla que le rodea y de la que se va a rodear para gobernar con la consiguiente exclusión del resto de la sociedad. Cuando, a través de la demagogia y el embaucamiento, se pretende crear una imagen de ruptura con los aviesos precedentes del establishment a invalidar y derruir, lo que nos encontramos es con una enorme falacia, con un infame trampantojo con el que enmascarar las intenciones de una política que, a la postre, ha de derivar en el agravamiento de las mayores perversiones del sistema que se dice cuestionar.

9 de noviembre de 2016

La victoria de Mr Trump o los riesgos de la irracionalidad

Numerosos son los síntomas que apuntan al hecho preocupante de que un fantasma de irracionalidad e insolidaridad recorre el mundo. Uno se resiste a admitirlo, se rebela contra la tendencia, no se resigna a asumir que los avances conseguidos con enorme sacrificio puedan ser reversibles. Da la impresión de que, bien por silencio o por incapacidad para detectarlo, los sondeos demoscópicos arrojan resultados que inducen a la confianza y a la idea de sentir que los deseos acabarán identificándose con la realidad. Sin embargo, el viraje histórico que ha tenido lugar en la segunda década del siglo XXI está dando al traste con las seguridades que creíamos definitivamente conquistadas. El Brexit, el rechazo al plan de paz de Colombia, la defenestración de Dilma Rousseff, el auge del Frente Nacional en Francia, los liderazgos xenófobos respaldados en Hungría y Polonia... son los precedentes con los que guarda coherencia el triunfo de la xenofobia, la zafiedad, la misoginia y el rechazo a lo público ocurrido con el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Varios denominadores comunes presiden la escena: el racismo y el rechazo al diferente, el populismo demagógico, el afán de revancha, la destrucción de la cultura, el insulto, la descalificación y la falta de respeto al adversario. Tiempos de irracionalidad, miseria moral y pérdida de perspectiva histórica. Es lo peor que nos puede suceder. El rearme ideológico para contrarrestarlo no parece fácil pero sin duda es indispensable y urgente. Nos va en ello la supervivencia.



 *****

Da la impresión de que cuando las votaciones son decisivas se impone el silencio. La demoscopia entra en crisis cuando amplios sectores de la sociedad se muestran irreductibles a la sinceridad. Contra eso poco puede hacerse. Es el signo de los tiempos, marcado por la ocultación de los sentimientos inconfesables. "Ya se enterarán" parecen decir los que no dicen nada o miran para otro lado cuando alguien se interesa por lo que piensan hacer ante una urna. Algo muy grave está ocurriendo, pues, en las sociedades democratizadas. Desconfianza, recelo, vergüenza, afán de revancha, egoismo, introversión... Si se es consciente de que la xenofobia y la misoginia son perversiones del comportamiento, ¿cómo reconocerlo ante quien no se conoce?

19 de octubre de 2016

Frente al boicot, la palabra inteligente

"Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra".


Vigentes como siempre, estas ideas de Blas de Otero cobran plena fuerza cuando el insulto y el boicot dominan el ambiente impidiendo que aflore el poder inmenso de la palabra y del argumento sagaz y contundente. Si la protesta tiene sentido, si la crítica resulta necesaria y saludable, si la indignación parece justificada... ¿cómo entender que no se recurra a la palabra para exponer las ideas propias que permitan exponer tales actitudes y rebatir con inteligencia los argumentos del adversario? ¿Qué credibilidad tienen los que cierran esa posibilidad, y desaprovechan la oportunidad del debate, amparándose en la máscara, en el grito y en el primitivismo de la embestida? ¿Qué respeto merecen los que así actuaron y los verborreicos insufribles que lo calificaron como una simple protesta, escamoteando lo que no fue más que un boicot indigno y miserable en la misma puerta del Aula dedicada al profesor Francisco Tomás y Valiente en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid?

3 de octubre de 2016

El referendum colombiano o ¿la crónica de una sorpresa anunciada?




Por 54.000 votos de diferencia ganó el NO, en un cómputo de casi 13 millones de sufragios. ¿Una sorpresa en medio de un excesivo clima de confianza en el SI, que se daba por descontado? ¿Indiferencia o hartazgo por parte de una sociedad que ha dado la espalda a las urnas hasta arrojar el mayor nivel de abstención alcanzado en una consulta electoral? Sea lo que sea, todo parece indicar que el correctivo impuesto por el voto negativo no va a poner en peligro los acuerdos de Paz suscritos en La Habana. A nadie le interesa volver a la tragedia que la mayoría de los colombianos, a tenor de lo que dicen la prensa y los amigos, consideraban superados para siempre.


Mas sin duda algo tendrá que hacer el Presidente Santos, demasiado seguro de antemano de su respaldo popular, para reconducir la situación y evitarque el proceso naufrague. Tal vez le convenga volver a tomar la sartén por el mango y pensar que queda todavía mucho por hacer mediante explicaciones convincentes y más claras, con esfuerzo y tesón, dirigidas a un elector que todavía sigue recelando. Pues lo que es evidente es que más de medio siglo de guerra, con un balance tan atroz, ha dejado una huella dificil de superar en un amplio sector de la sociedad colombiana que se resiste a aceptar algunas de las concesiones que el acuerdo ha establecido como compensación por el cese de la violencia, la extorsión y el secuestro.

 

2 de septiembre de 2016

Visitando a los grandes maestros de la Rusia eterna


No es hoy mi compositor preferido, pero en mi juventud muchas de sus obras me entusiasmaron. De cuando en cuando me deleito con algunas de ellas y me siento reconfortado. Por esa razón no he desaprovechado la oportunidad de rendirle un pequeño homenaje acercándome al lugar donde reposa en el pequeño cementerio situado al comienzo de la Avenida Nevsky en San Petersburgo.





Alli recordé, entonándolos discretamente en medio de un silencio total, algunos compases de su Obertura 1812 y del segundo movimiento de La Sinfonia núm. 6 Patética. Se trata de Pyotr Tchaykovski. A su lado descansan, entre otros genios, Borodin, Glinka, Cui, Stravinsky, Mussorsky, Risky Korsakov, el gran Dostoyevsky y mi admirado Lomonosov, el naturalista que descubrió las discontinuidades de la corteza terrestre. Respeto, evocaciones y admiración por todos ellos. Eso es lo que inspira aquel lugar.

30 de agosto de 2016

El gran balcón de la historia de Rusia a través de su arquitectura





Cuando el viajero se asoma al puente sobre el río Moscova, que se abre tras haber cruzado la Plaza Roja en la capital de Rusia, tiene ante sí la historia del país. Allí detiene su paseo durante un largo rato, de ninguna manera entorpecido por la lluvia, para contemplar una panorámica soberbia, expresiva e impresionante de la evolución de Moscú y del Estado que simboliza como ningún otro la trayectoria histórica y política de la Europa Oriental. Ante él se extiende la muralla que delimita la inmensa fortaleza medieval del Kremlin en cuyo interior se yerguen algunos de los más relevantes testimonios de la arquitectura de la religión ortodoxa hoy revitalizada de forma sorprendente y a la que acompañan los grandes palacios de la época zarista.  


Al fondo hace su aparición en medio de la bruma otro de los grandes Al fondo, hace su aparición en medio de la bruma otro de los grandes edificios que integran el conjunto arquitectónico - las siete hermanas las llaman- impulsado por Stalin en los años culminantes de la experiencia soviética. Y, como contrapunto, la mirada no puede permanecer indiferente ante las construcciónes en altura que simbolizan la imagen de los grandes centros financieros que en el mundo afloran al compás de los desafíos de la economía capitalista globalizada, también perceptible en la tierra que vio nacer a Leon Tolstoi y Pyotr Tchaikovsky. La reciente visita a Rusia me ha proporcionado elementos de juicio muy interesantes sobre la evolucíón de ese país, de sus tendencias, de sus contradicciones, de sus expectativas. No estamos ante una realidad baladí: se trata del país más grande de la tierra y de una de las piezas esenciales del equilibrio geopolítico mundialedificios que integran el conjunto arquitectónico- las siete hermanas las llaman- impulsado por Stalin en los años culminantes de la experiencia soviética. Y, como contrapunto, la mirada no puede permanecer indiferente ante las construcciones en altura que simbolizan la imagen de los grandes centros financieros que en el mundo afloran al amparo de la economía capitalista globalizada. La reciente visita a Rusia me ha proporcionado elementos de juicio muy interesantes sobre la evolución de ese país, de sus tendencias, de sus contradicciones, de sus expectativas.  No estamos ante una realidad baladí: se trata del país más grande de la tierra y de una de las piezas esenciales en el equilibrio geopolítico mundial.



26 de junio de 2016

El riesgo de los mensajes manipulados


No importa si el mensaje es cierto o no. Lo importante es impactar con la mayor incidencia que se pueda en la sensibilidad del ciudadano para motivar su conciencia acerca del enorme riesgo que sobre él se cierne si no se segrega del conjunto originario de todos sus malesque sobre él se cierne si no se segrega del conjunto originario de todos sus males. A modo de muestra representativa, he seleccionado ambos mensajes con los que se pretende justificar la opción defendida ante un referéndum nacionalista para ejemplificar hasta qué punto la distorsión de la realidad,  la mentira elaborada y la frase inapelable constituyen herramientas de alienación masiva al amparo del “todo vale” para llevarse, al fin, el gato al agua. Que nadie les reclame sinceridad y honestidad a toro pasado. Obscenamente, como ha hecho Nigel Farage, se llaman a andanas.

Desde la falacia del “España nos roba”, que tanta mella ha hecho en el imaginario colectivo catalán (foto obtenida por mí en Manacor en 2012), hasta la demagógica proclama de Boris Jonhson atribuyendo a la Unión Europea el peligro de supervivencia del National Health Serrvice (Servicio Nacional de Salud) británico, todo un cortejo de símbolos manipulados invade el panorama mediático y tergiversa las conciencias en pos del objetivo pretendido.

Con gran acierto lo ha expresado Manuel Vicent. No puede estar más acertada esta reflexión del valenciano indómito: “Cualquier referéndum siempre va dirigido al cerebro límbico que los humanos, incluso ingleses comparten con los mamíferos superiores, allí donde residen las emociones, el miedo, el odio, la desesperación.
Cuidado con los referéndums nacionalistas, que algunos irresponsable y oportunistamente preconizan. Rozan la perversión si no han caído ya flagrantemente en ella. La interesante reflexión al respecto del profesor Laporta arroja luces elocuentes sobre los riesgos que encierra esa modalidad de consulta.

24 de junio de 2016

En torno al BREXIT



Nunca estuvieron plenamente integrados. Excepcionalidad británica, cheque británico, fuera del euro, al margen de Schengen, reservas incesantes al proceso de integración, recelos continuados hacia los Tratados y las Directivas, euroescepticismo visceral. Un socio incómodo, en fin. La brecha generacional, manifiesta en el mayoritario respaldo de la juventud a la pertenencia al sistema comunitario, no ha sido suficiente para contrarrestar las inercias acumuladas durante tanto tiempo y que los políticos defensores, tibios y ambiguos, del REMAIN no han sabido – ni quizá querido -  superar.

Cuánta razón tenía en este sentido el General De Gaulle. La resolución británica contribuirá sin duda a repensar el proyecto europeo, corrigiendo las derivas que han llegado a cuestionar algunos de sus principios esenciales. No creo que sea el principio del fin, pues la experiencia comunitaria europea – única en el mundo e impensable en otro escenario- ha arrojado a lo largo de  su historia balances positivos que no pueden ignorarse. Tras la desafección  del Reino Unido hacia la Unión Europea urge fortalecer las posiciones de la Europa del Sur en ese contexto.

 No cabe duda que un afianzamiento de las opciones progresistas en el Mediterráneo contribuirá a este proceso de revitalización sobre la base de los objetivos de la cohesión económica, social y territorial inherentes a esa Unión Europea heredera del pensamiento de Robert Schumann, de Jean Monnet y del gran legado de Jacques Delors.

 

4 de junio de 2016

Indiferencia española en la despedida al presidente de la República Árabe Saharaui Democrática







Pocos hablan del tema en las redes sociales. Da la impresíón de que se trata de una cuestión menor, lejana en el tiempo y el espacio, cuando no incómoda, generadora de mala conciencia. Creo, sin embargo, que, como homenaje a la figura de Mohamad Abdelaziz,  Presidente de la República Arabe Saharaui, que acaba de fallecer, y como recuerdo de la relación que España ha tenido históricamente con ese territorio abandonado a su suerte y posteriormente usurpado por Marruecos, algo se debe decir y mencionar. Una palabra, una idea, una semblanza.... pública. Ha recibido honores en Tinduf, pero ningún representante de la política española ha hecho acto de presencia. Ni siquiera lo han mencionado en sus soflamas de precampaña, redundantes y propensas al hastío. Ni a la derecha ni a la izquierda. Nadie ha abierto la boca. Silencio, vacío, indiferencia. Lástima.

7 de abril de 2016

Las perversiones de la insolidaridad fiscal. No hay argumentos que valgan frente al deterioro de lo público





Tanta y tan espectacular es la profusión espacialmente alcanzada por los refugios del dinero evadido de sus lugares de origen, que nada sorprende el número y las características de quienes se acogen a las posibilidades del enriquecimiento fácil que les ofrecen, simplemente motivados por el lucro personal y la insolidaridad con sus conciudadanos. Cuando se les descubre, recurren a las mismas martingalas y sofismas argumentales para justificarse sin importarles ofrecer, haciendo gala de una inmensa caradura, una mezcla de ingenuidad, cinismo, desfachatez y estulticia, que entienden como un "precio" a pagar como deterioro de imagen, a sabiendas de que el paso del tiempo todo lo diluye mientras permanece íncólume la riqueza preservada, que es, es esencia, lo que les interesa. Tampoco les importa que su actitud evasora y especulativa revele contradicciones ideológicas con sus proclamas aparentemente progresistas, que ahora llaman la atención - mostrándose falaces - cuando estaban escudadas en comportamientos antitéticos, nada edificantes.


Ciertamente son legión los que se adscriben a los sacrosantos postulados de la economía golfa, pero no son los más. La mayoría la forman los ciudadanos honrados, luchadores, trabajadores, los que entienden que la justicia tributaria es inherente a la justicia socio-espacial, razón de ser de comportamientos sensibles con lo que significa contribuir al erario público, porque son conscientes de lo que lo público significa. Son los únicos ciudadanos que interesan, los defensores de lo público, con todas las connotaciones que ello encierra. De ahí el valor de la transparencia, venga de donde venga y tan a menudo perseguida (gracias, Assange, Snowden, Falciani. Gracias, Tax Justice Network....), porque es lo que permite poner a cada cual en su sitio, esto es, dignificar la labor de los contribuyentes honestos y poner al descubierto la catadura de los sinvergüenzas que, reconocidos e incluso ocasionalmente admirados por su relumbrón, acaban siendo - si no delincuentes - personajes de bajísima estofa. Sin excepciones ni matices. Ya está bien.

 

 

 

16 de marzo de 2016

El mérito de enseñar en Palestina: la figura de Hanan Al Hroub

¿Se imaginan ustedes en qué condiciones se imparte la enseñanza en la tierra palestina? Las dificultades superan sin duda lo imaginable. Precariedad, falta de medios, problemas de seguridad, miedo, sensación de vigilancia permanente, futuro marcado por la incertidumbre, por los horizontes sórdidos que el Muro de la infamia cierra en Cisjordania o por los límites de la cárcel a cielo abierto en que la violencia israelí ha convertido la franja de Gaza. Espacios estigmatizados por la opresión que deriva de una ocupación trasgresora del Derecho Internacional. 


Dar clase en esas circunstancias es una heroicidad, que debe ser reconocida por lo que tiene de proeza y admirable en ese espacio atormentado, vejado y sistemáticamente expoliado por el ocupante ilegal que destruye y lesiona los derechos humanos y los recursos en la más inicua impunidad y ante la indiferencia de esta Europa que se nos va de las manos... quizá para no volver. Por ese motivo, hay que aplaudir y felicitar a Hanan Al Hroub, una mujer, una maestra, una palestina, que vive, trabaja y sueña en Palestina. 

Son tan excepcionales las referencias que nos poner al descubierto la cultura, la formación y la intelectualidad de ese pueblo que cuando afloran, y lo hacen con gran dignidad como en este caso, uno no puede por menos de sentir admiración, satisfacción y respeto. Mucho respeto. Un respeto inmenso que nos lleva a sentir como propios esos logros a cuantos en cualquier lugar del mundo defendemos la causa de los pueblos oprimidos y maltratados de la Tierra.

22 de enero de 2016

Una propuesta de efectos concatenados y decisivos en la política española

Tengo la impresión, discutible por supuesto, de que con su particular propuesta al Partido Socialista de configurar un gobierno con Podemos e Izquierda Unida, Pablo M. Iglesias Turrión, secretario general de Podemos, HA HECHO UN INMENSO FAVOR A MARIANO RAJOY BREY. Nunca se lo agradecerá suficientemente el impasible hombre de Pontevedra. Y, ¿por qué? Me explicaré.

Lo que ha planteado Iglesias, en el fondo y en la forma, no es una propuesta de gobierno de la izquierda, sólido y apoyado en el conocimiento previo y en la confianza mutua entre las partes implicadas, sino una trágala inasumible – “te voy a hacer una propuesta que no podrás rechazar”, le dijo Vito Corleone a un compinche en El Padrino I - adobada de dosis notables de desprecio, humillación y prepotencia hacia los potenciales socios de gobierno. Más o menos en el mismo tono empleado hacia Alberto Garzón en su día, y a quien no tardaré en abatir tras servirse de él. Un estilo demasiado habitual, marca de la casa y del personaje, propio de ese "núcleo irradiador" del que se vanagloriaba Errejón, mucho más inteligente y sensato que su secretario general. No hay en ella ideas, estrategias, directrices programáticas abiertas al encuentro y al compromiso compartido. No hay espacios de respeto. Solo notoriedad e impacto calculado. Verborrea a raudales y repetitiva. El grito como método. Aparente modernidad de una política que, pretendiéndose nueva, adolece de prácticas propias de la vieja marrullería.

Expuesto el envite con el efectismo y la escenografía a las que Podemos nos tiene tan acostumbrados (“el medio es el mensaje”, afirma, imbuidos de Mac Luhan), no se percibe una voluntad constructiva y proclive a la culminación de la iniciativa siquiera sea en posiciones de igualdad. Tal y como fue presentado, lo único relevante del asunto fue su formulación con una actitud de desconfianza predeterminada y redundante hacia el destinatario ("que sea presidente es una sonrisa del destino que Pedro Sánchez me tendrá que agradecer” reveló con una actitud de enorme arrogancia y de burla excesiva hacia la trayectoria política del responsable socialista) y el propósito explícito de repartir el botín ministerial, autoasignándose sin pudor alguno las carteras más relevantes, con la intención de marcar la altura de un listón inasumible de antemano y, lo que no es menos importante, de satisfacer las expectativas pendientes de sus fichajes estrella (Rosell, Jiménez, solícitos acompañantes en la rueda de prensa de marras) y de rendir pleitesía a la señora Colau, muñidora esencial de la fortaleza adquirida, mediante la creación de un ministerio llamado de Plurinacionalidad (¿cabe mayor disparate una denominación así, con la intencionalidad desestabilizadora que se le supone?)

En este contexto, la iniciativa ha de traer consigo varios efectos concatenados. Sitúa al PSOE en una posición de gran riesgo, ya que no importa que la suma de los escaños de Podemos (¿tendrá asegurados Iglesias los 69 de que presume?), PSOE e IU quede por debajo de la mayoría requerida y de los votos en contra (incluso con la abstención de ERC y DyL), pues lo que realmente interesa es provocar en Sánchez una reacción contraria que pueda ser esgrimida como rechazo a un gobierno de izquierdas, cuando en realidad el objetivo de la propuesta no está planteado en esos términos sino como hechos consumados a modo de trampa insorteable.

A falta de esa reacción, que está por ver y que resulta decisiva para el porvenir del PSOE, que se aventura azaroso y quizá traumático,el panorama político se simplifica a medida que la posición de Ciudadanos tiende a debilitarse en un entramado en el que su voz no va más allá de la voluntad testimonial, reiterada en un discurso que ya no aporta nada nuevo, mientras la figura de Rajoy Brey queda preservada desde la barrera (“renuncio pero me quedo”, “ni subo ni bajo”) a la espera de que los demás se enzarcen en una refriega de descalificaciones y de que la ciudadanía, hastiada del espectáculo, vuelva la mirada a los que no se la merecen, atribuyéndoles estabilidad en medio de la batahola. En esa bambalina se encuentra el PP, que hará suyo, de repetirse las elecciones, buena parte del voto de Ciudadanos y quizá también de otros votantes inducidos por la misma motivación.

No es imprevisible que en ese escenario quizá el hombre de la Galicia profunda, de los recortes y de la corrupción de dimensiones incomensurables , aumente su respaldo electoral e incluso se aproxime a la mayoría que le permitirá de nuevo gobernar sin incomodidades con lo que quede de Ciudadanos. Mira por dónde, hasta la broma de la emisora catalana le ha añadido un plus de campechanía que ha de jugar sin duda a su favor. Gracias, Iglesias, pensará Rajoy, mientras se deleita con un puro a la salud del Celta de Vigo. 




14 de enero de 2016

Una nueva legislatura comienza en España: cuando el fondo debe primar sobre la forma




A lo largo del tiempo los Parlamentos han sido espacios en los que los aspectos formales han coexistido con los comportamientos de fondo. La experiencia nos revela situaciones de lo más diverso. Solemnidades de todo tipo, declaraciones para todos los gustos, pronunciamientos brillantes o desafortunados, imágenes insospechadas. En fin, considero que el espectáculo es inherente a la vida parlamentaria, sencillamente por el hecho de que sólo así cabe entender lo que le define y significa: su condición de ámbito de representación de la sociedad a la que debe servir. Y qué duda cabe que la sociedad es compleja, contradictoria, desigual, repleta de matices y singularidades. En ello reside su naturaleza y su proyección en el espacio donde se dan cita para cumplir la función que corresponde a sus representantes.

Y de eso se trata en realidad, y no de otra cosa. Lo sucedido ayer en el Palacio de Congresos es un síntoma y la constatación de una realidad que nadie puede ignorar. De ahí la necesidad de asumirla con inteligencia y sentido común, sin olvidar tampoco, cuando proceda, el sentido del humor, tan saludable siempre. En los últimos cuatro años España ha vivido una etapa traumática en muchos aspectos, que, por centrarme en uno de los más significativos, se ha plasmado con nitidez en el cambio o, mejor aún, en la ruptura generacional. La presencia representativa de la juventud que reclamaba por otra política en las plazas hace cinco años era más pronto que tarde inevitable. Hay que entenderlo como el signo de los tiempos y como la manifestación de una tendencia inexorable, que además ha venido respaldada por el mayor aval que quepa esperar: el que otorgan las urnas. Ante todo, la legitimidad.

Mas, si observan a su alrededor, la singularidad de España se ha vuelto a poner de manifiesto: si las concentraciones del 15 M situaron a nuestro país en una posición pionera a nivel mundial (anticipando incluso el Ocuppy Wall Street, de NYC), lo sucedido a partir del 20D nos coloca de nuevo en la excepcionalidad, pues en ningún país de Europa se ha producido fenómeno análogo (las diferencias con lo de Syriza son bien marcadas, en mi opinión).

Así que olvidémonos de la pelambrera de Rodriguez,  del pequeño de la diputada Bescansa, y de otros alardes y aspavientos de mayor o menor interés. ¿Espectáculo, teatro, mise en scène, escenografía para la galería, exhibicionismo? Quizá. Tendremos que acostumbrarnos a ellos, porque forman parte de la táctica en la que quienes así actúan basan su estrategia. Pero no importa, no hay que exagerar. Son flashes de un día, destellos efímeros al calor de la circunstancia histórica en que se producen. Pero enseguida quedarán relegados a las hemerotecas, cuando ya, sin más demora, llegue el momento de la verdad y, apagados los focos de lo puntual, de lo llamativo y de la excentricidad calculada, el Congreso deje de ser un plató para convertirse en un lugar de debate serio y constructivo, en el que el fondo acabe prevaleciendo sobre la forma. Cuando eso suceda, el recurso reiterado al espectáculo devendrá en hastío y desdén al observar que lo que pretendía ser genial ya estaba visto. Será entonces cuando los ciudadanos separen la ganga de la mena y distingan al político de verdad del que sólo se apoya en las apariencias o en los meros efectismos fugaces. 
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