20 de octubre de 2021

Frente a la despoblación, la capacidad de iniciativa

  El Norte de Castilla, 20 de octubre 2021

(décimo aniversario de la rendición y desaparición de ETA) 



Reflexionar sobre el fenómeno de la despoblación - tarea que no cesa como expresión de un compromiso social necesario y cada vez más compartido- solo tiene sentido cuando el análisis de los factores que lo provocan se contempla teniendo en cuenta al mismo tiempo las posibles alternativas encaminadas a su corrección. El reconocimiento del problema es indisociable del valor reconocido a las soluciones. Desde luego, no es un ejercicio fácil tanto por la multiplicidad de causas que motivan el problema como por las incertidumbres a que se enfrentan las estrategias comúnmente planteadas para resolverlo. La relación entre factores y opciones alternativas resulta, por tanto, necesaria, aunque este engarce tenga carácter asimétrico. Y es que, si la interpretación de los hechos alcanza niveles de precisión rigurosos, la indefinición, como corresponde a un escenario de incógnitas por resolver, marca el rasgo dominante cuando de plantear opciones viables y duraderas se trata.


        Ahora bien, alejados de actitudes voluntaristas, hay que admitir que, tratándose de un problema complejo y con dimensión socio-espacial relevante - las áreas rurales representan la tercera parte de la población de la Unión Europea y ocupan el 80% de su territorio -- no se debe perder la confianza en los esfuerzos y en las esperanzas manifestados, cada vez con más frecuencia, por aquellos movimientos que reiteradamente expresan su deseo de que esa realidad crítica no sea ignorada y, menos aún, desatendida. Se han convertido en un amplio clamor, en el que, junto a las proclamas expuestas en la calle, ofrecen notable consistencia los argumentos apoyados en sólidos análisis, con firme fundamentación empírica y demostrativos, cifras en mano, del alto nivel de inquietud alcanzado, susceptible de ofrecer una gran resonancia política, que emerge en un intento de búsqueda del amparo que creen no encontrar en las opciones convencionales. Así lo evidencia la dimensión de la III Asamblea General de la España Vaciada, celebrada el pasado septiembre en la villa conquense de Priego, en la que se han dado cita más de setenta grupos y asociaciones, provenientes de 28 provincias. A este respecto no deja de llamar la atención la presencia vigorosa en este afán reivindicativo de los jóvenes, que de esta manera tratan de dejar constancia de su sensibilidad por el problema – dar cuenta de que también existen y de que políticamente también pueden dejar constancia de ello- y de su disposición para asumir los retos que exige la recuperación siempre que encuentren las condiciones adecuados que lo hagan posible.


            De ahí que, por encima de las posiciones simplemente limitadas a dar cuenta de la preocupación que el hecho suscita y de las lamentaciones que lo acompañan, lo cierto es que para afrontar el debilitamiento económico de un espacio en crisis demográfica no hay otra posibilidad que la asociada al despliegue de la capacidad de iniciativa empresarial, ya sea de origen endógena o proveniente del exterior, y no sólo en la actividad agraria, aunque su capacidad para generar empleo sea ya muy limitada, sino también a través de la diversificación en el abanico de posibilidades que ofrecen la industria y los servicios ligados al aprovechamiento de la riqueza del territorio. 


            Es en este escenario de perspectivas en el que deben basarse las reflexiones estratégicas, de forma que vayan más allá del simple juicio de intenciones para plasmarse en actuaciones operativas, bien diseñadas, debidamente asesoradas y viables, capaces de encontrar en el territorio no necesariamente urbano la plataforma idónea para su implantación y desarrollo. Bastaría con otorgar sentido práctico a los objetivos contemplados en la Declaración de Cork 2016, que desglosa en diez apartados los principios en los que debe sustentarse la utilización eficaz de los recursos a sabiendas de que, mediante políticas públicas adecuadas, la gestión de las sinergias entre los diferentes sectores y la mejora de los servicios es posible asegurar las condiciones que faciliten “una vida mejor en el medio rural”.


            Reconociendo que de antemano se trata de un proceso territorialmente selectivo, existen experiencias que inducen a la reflexión. Recurramos a modo de ejemplo al hecho de que empresarios catalanes hayan instalado en un pueblo de Burgos una empresa innovadora, Centro Pamaso, digna de ser tenida en cuenta. Lo hicieron en Villahoz, un pequeño municipio de 300 habitantes, en el valle del Arlanza. Es una iniciativa interesante, concebida con criterios de sostenibilidad y en cuyo impulso ha intervenido la capacidad de estímulo ejercida por empresas relevantes del llamado Polo Positivo burgalés. En Milagros, cerca de Aranda, se esperan proyectos similares, así como en otros puntos del espacio regional, en paralelo con lo sucedido en otros poblacionalmente débiles, que convendría seguir de cerca y analizar in situ. No es un fenómeno masivo, pero conviene estar atentos a la tendencia, reveladora de una capacidad competitiva asumida por algunas empresas.


            Tengamos en cuenta que los procesos demográficos son el corolario de los procesos económicos. No son la causa sino el efecto. Y no cabe duda de que la reestructuración del sistema funcional básico (sanidad y educación) depende en sus perspectivas de futuro de la acreditación que la región pueda tener, también en el mundo rural, como ámbito de oportunidades, habida cuenta de que las infraestructuras de acogida con que cuenta la Comunidad Autónoma puedan favorecerlo sin olvidar lógicamente las políticas de mejora que puedan llevarse a cabo. Se trata, en suma, de asumir el desafío que supone la voluntad de afianzar el atractivo de Castilla y León como un escenario de oportunidades plurisectoriales y respetuosas con su calidad geográfica mediante la promoción activa de las cualidades del territorio como espacio bien dotado de posibilidades, explícitas y latentes, capaces de neutralizar la regresión demográfica de la que se ve afectado.

19 de octubre de 2021

Faltan palabras que denoten sinceridad ante la tragedia que asoló a España durante medio siglo

 Las palabras no son neutras. No son lo mismo unas u otras aunque lo parezcan. Las connotaciones son esenciales. Bien claro lo dejó Fernando Lázaro Carreter con sus atinados "dardos en la palabra ".

Declarar que se sienten los efectos provocados por una acción dramática de la que se es responsable no significa realizar de manera explícita e inequívoca su condena. Y lamentar que la catástrofe haya tenido lugar mediante una acción voluntaria, que en su momento apoyó sin reserva alguna (ay, Arnaldo Otegui, miserable Otegui, cómo resuenan aún sus palabras justificando el asesinato del periodista José Luis López de la Calle en Andoain), no es lo mismo que pedir perdón por el hecho que ahora se lamenta con un retraso inconcebible después del daño causado. Son las mismas que pronunció el 18 de abril de 2018. Nada nuevo ni nada que permita tipo alguno de reconocimiento. Tantos asesinatos sin resolver aún, tanta parafernalia de atención a los asesinos excarcelados. Insoportable.

Entre tanto, demasiado tiempo de silencio y complicidad frente al sufrimiento y la ansiedad. Condenar y pedir perdón. De eso no se habla en comunicado alguno. Es lo único que se pide. Y hacerlo además con sinceridad. Poca sinceridad cabe reconocer cuando el mismo que justificó la violencia y la extorsión encabeza los mensajes. Sólo su retirada, su salida de la escena como el único protagonista, el olvido de su rostro asociado tantas veces al horror, una imagen tóxica y degradada, puede generar la sensación de que el cambio ha sido real y realmente esperanzador.
De ahí la insuficiencia y pobreza del acto de lamentación solemne y enfática tan excesivamente postergado en el tiempo. ¿Y porqué en Aiete, con la simbología extraña que ese lugar tiene? ¿Por qué no en Mondragón, en Andoain, en Elgóibar o en Zaragoza?
¿No les parece?

13 de octubre de 2021

Una ofensa al Estado

 Es inimaginable que los abucheos acompañen al Presidente de la República Francesa en los actos que convocan a los Campos Elíseos de París el 14 de julio. Como tampoco sabemos de agresiones verbales de esa naturaleza en actos similares en países civilizados de mundo.

Cuando esos bramidos, minoritarios o no, empañan un acto institucional de Estado como sucedió ayer en Madrid, la ofensa no sólo se dirige al Presidente del Gobierno. También lesionan la simbología del acontecimiento mismo, haciendo daño a la imagen del país, al Jefe del Estado y al respeto merecido por las Fuerzas Armadas y por la sociedad en general. Es una ofensa total, degradante para una conmemoración de ese nivel. Cuando se manipula el concepto de 'libertad de expresión" pasan esas cosas.
Mayor gravedad tendría si esa actitud no fuese contenida, criticada y públicamente denunciada. Si los grupos que, de manera cobarde y amparados en el anonimato así actúan en ésta u otras ocasiones, no son reprobados con la contundencia debida por todas, todas, las opciones políticas del arco parlamentario e incluso por aquéllas que con las que teóricamente sintonizan ideológicamente, algo preocupante está pasando en España.

2 de octubre de 2021

Imágenes sobrecogedoras del cierre ferroviario

 



Por nada del mundo me perdería una exposición de las fotografías que salen de la sensibilidad y la mirada crítica de Ricardo González. Fue alumno mío y ahora me une a él una entrañable amistad, fraguada en la confianza y en las complicidades que suscitan temas y espacios de interés común, en torno a los cuales es posible construir reflexiones sin límites. Recupera entornos olvidados, rescata horizontes que creíamos perdidos, recupera, en fin, los motivos que ayudan a valorar la utilidad inmensa de la fotografía que no envejece. Abre a la sociedad una nueva exposición en el Patio Herreriano. El tema es muy motivador. Ha sido un placer acompañarle en la inauguración. Aprendiendo y tomando nota, a sabiendas de que la conversación estaba servida y habría de ser muy apetecible.

Como un zarpazo implacable en la memoria. Esa es la sensación que me ha producido la visita que de nuevo y sin prisas he realizado a la Exposición de las fotografías que Ricardo González dedica a los impactos dejados por el cierre del servicio ferroviario entre Valladolid y Ariza, consumado el primer día del año 1985. Treinta y seis años han pasado ya, pero aquello permanece incólume en el recuerdo.
Las imágenes son un látigo en la mirada de quien las contempla y las observa durante un rato, ya que (lo aconsejo) es una muestra que hay que ver en calma y en silencio. Cada detalle es una lección de las relaciones entre espacio y tiempo. Cuando se hace así, y recurriendo a la imaginación, la sala cobra vida invitando al espectador a la evocación por un momento de los sonidos, los colores, las voces y las estampas asociadas al tráfico ferroviario y a los servicios que prestaba. Un mundo apasionante para quienes lo conocimos e hicimos uso de él.
Se trata evidentemente de una sensación ilusoria que enseguida contrasta con la quietud desazonante que las imágenes definitivamente transmiten, reproduciendo ese zarpazo del que antes hablé. En ese ejercicio trabado de recuerdos y hechos actuales, se llega a la conclusión de lo mucho que han perdido la sociedad y el territorio a raíz de la desaparición de esas líneas que seguían articulando vínculos, trasiegos y sociabilidades. De pronto desaparecieron para siempre, dejando un poso de nostalgia, y también de rabia, que la mirada implacable y sincera de Ricardo González ha puesto de nuevo al descubierto.
En el Patio Herreriano. Museo de Arte Contemporáneo Español, en Valladolid. Hasta el 6 de febrero 2022.
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