¿Cuánto vale un árbol? ¿Qué valor tiene un bosque? ¿Cuáles son los criterios - científicos, estéticos, emocionales - utilizados para derribar una inmensa masa forestal de gran valor ecológico, sin permiso legal y bajo la iniciativa depredadora de una administración pública, la Diputación Provincial de Orense, en este caso? Se trata nada menos que de la eliminación de más de un centenar de árboles centenarios (amplias biomasas de robles y pinos), que desde tiempo inmemorial embellecen y dan personalidad paisajística a la Ribeira Sacra de Galicia, calificada, por su riqueza y biodiversidad ecológica, como Bien de Interés Cultural y abierta a la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Se ha cometido en Galicia: una salvajada, lisa y llanamente, a pesar de que el portavoz de la Asociación Amigos das Árbores ha recordado que el presidente de la Xunta gallega, Núñez Feijóo, “asegurou que coa declaración de Ben de Interese Cultural, a paisaxe da Ribeira Sacra estaba totalmente protexida”. Bien empezamos, Don Alberto. Un papelón, el suyo.
Es una prueba patente, otra más, de la falta de sensibilidad ambiental en nuestro país, que se sacrifica y elude en aras del aprovechamiento turístico intensivo y efectuada por el poder público al margen de la ley (Vean el video). No todo sirve para la promoción turística sin tener en cuenta la capacidad de acogida del territorio y su nivel de tolerancia a los impactos, principios sustanciales en los que se apoyan las evaluaciones de impacto ambiental requeridas como paso previo a cualquier intervención.
Por desgracia, es una práctica habitual en España donde la cultura del territorio - ¿alguien ha oído hablar de estas cuestiones en los debates parlamentarios? ¿recuerdan aportaciones en este sentido en el ámbito de la decisión pública? ¿Cuántos proyectos de ordenación sostenible yacen en el baúl de los recuerdos? - se supedita al cortoplacismo de los intereses que priman en la utilización del patrimonio y de los elementos territoriales más valiosos. España es el país de la Unión Europea donde la agresión a la calidad de los paisajes, y con harta frecuencia también al patrimonio cultural, alcanza mayores umbrales de incidencia.
Nunca fue un "Pazo", sino las " Torres de Meirás". Con ese nombre fueron concebidas y edificadas.
Por tanto, es justo defender que ese espacio, emblemático en la Historia de la cultura española, quede para siempre y únicamente identificado con la persona y la obra de Doña Emilia Pardo Bazán, sin vejaciones ni espurios intrusismos.
Cuán agradecidos debemos estar a los de Pontevedra. Bellísima ciudad, en la que resulta un placer pasear por sus calles, detenerse para contemplar sus plazas (gratísima la de Teucro), contemplar los rincones donde vivió el maestro Valle-Inclán, disfrutar de su pequeño y bien cuidado museo, deleitarse con el
espectacular trabajo de la piedra que embarnece sus edificios, desde los más
emblemáticos hasta los que a veces pasan desapercibidos. Hasta ahora los
enamorados de Galicia pensábamos que eso era lo mejor que tenía Pontevedra. Y,
desde luego, al menos en mi caso, así lo seguimos pensando, por más que no
podamos resistirnos, cuando la visitamos, a la tentación de recordar que allí empezó su carrera
política el político inefable que ahora nos gobierna y, lo que es más importante, vio la luz
nada menos que el almirante descubridor de las Américas, del que sólo se tiene la
certeza de que falleció en Valladolid, aunque pocos saben que, por lo visto, nació en la noble
villa de Pontevedra desde la que "cambió el destino del mundo", como
bien se recuerda junto al Lérez. ¿Curioso, no?
Ayuntamiento de Allariz. Es la fachada del Concello de ese hermoso lugar de la provincia de Ourense donde el granito da forma y consistencia a una atractiva e interesante trama urbana que se recorre con placer y con la curiosidad de quien va descubriendo el sinfín de matices que en sus plazas, calles, edificios y relieves ofrece esa roca cuando es esculpida y tratada con esmero. Hacer un alto en el camino que conduce a la costa atlántica es de todo punto
recomendable si se desea conocer las infinitas particularidades que el
territorio gallego ofrece.
En adelante, cuando vuelva a visitar Allariz
observaré esa fachada con mayor atención, pues tras ella se ha adoptado un
acuerdo importante: el de efectuar el cobro del Impuesto de Bienes Inmuebles
(IBI) a la iglesia católica por varios bienes urbanos. El acuerdo se reafirma
tras la desestimación por parte del juzgado de lo contencioso- administrativo
número dos de Ourense del recurso presentado por la diócesis el 28 de junio de
2012 contra el acuerdo de la junta de gobierno local de diciembre de 2011, en
el que pedía que se declarase la nulidad del cobro de estos recibos relativos a
varios bienes inmuebles. El juzgado ha dado la razón al Ayuntamiento y la
iglesia deberá abonar ese impuesto como un contribuyente más. Un precedente que
dará que hablar y que esperemos sea secundado.
He vuelto, después de muchos años, a la villa coruñesa de Padrón. Y lo he hecho, en principio, para evocar aquella tarde de abril de mediados de los setenta cuando en compañía de mi maestro, Jesús García Fernández, y de algunos compañeros de fatigas nos detuvimos en ella para resguardarnos de un día muy desapacible, de fuerte lluvia y rabiosa ventolera, encontrándonos de pronto frente a la estatua que se yergue al fondo de un bello paseo junto al Sar, que llaman del Espolón, erigida a la excelente poeta Rosalía de Castro (“A nosa Rosalia”) por los “padroneses do Uruguay”. Aquella imagen me quedó grabada para siempre tanto como la conversación que, a propósito de la dedicatoria, mantuvimos esa tarde sobre la importancia de la emigración de los gallegos a América, mientras procurábamos vencer el frío en torno a una placentera infusión en una cafetería que todavía existe.
Padrón ha cambiado mucho, pero aún conserva ese encanto especial de las ciudades gallegas que han permanecido fieles, al menos en sus centros históricos, a las edificaciones y a las plazas que han marcado su personalidad (¿cómo no recordar el paseo por la Pontevedra histórica?) Sin embargo, en esta ocasión no se ha tratado de un viaje profesional, sino de una visita orientada- en ese afán que mantengo para conocer de vez en cuando cómo han ido evolucionando los pueblos y los paisajes de España - al llamado “turismo literario”, que tanta profusión ha adquirido, aunque no siempre ofrezca la calidad deseable. Por eso, y al estar a tiro de piedra de la villa, Maria Antonia y yo decidimos conocer in situ el lugar donde radica la Fundación creada para perpetuar la memoria de Camilo José Cela Trulock, natural de Padrón y Premio Nobel de Literatura 1989.
Es un espacio singular, que impresiona por su magnitud y por su espectacularidad. Mucho dinero ha sido invertido, en efecto, en la compra y rehabilitación de las casas “de los canónigos” que en una sucesión de edificaciones a lo largo de la carretera configuran un recinto diseñado para enaltecer la figura de Cela a partir del ingente caudal de testimonios acumulados, en función de su obra, a lo largo de la vida. Frente al cementerio donde el escritor reposa, bajo un bello olivo, en una tumba sin flores (que, en cambio, sí embellecen las de alrededor) se abre, franqueada la carretera, el conjunto de instalaciones acondicionadas con ese fin.
La afabilidad de los anfitriones (un amable conserje y una guía tan culta como solícita) invita al recorrido por las diferentes estancias, organizadas de manera secuencial y temática. El inventario de los elementos allí recogidos debe ser inmenso: ediciones de sus obras (impresionante el número de las realizadas sobre La familia de Pascual Duarte), honores recibidos, diplomas de todo tipo, referencias de prensa… y un impresionante epistolario, en el que se clasifican más de 90.000 cartas, cuidadosamente ordenadas por orden alfabético para que quien lo desee pueda investigar aprovechando tan copioso y valioso bagaje documental.
No obstante, tanta densidad de bienes y recursos no se ve correspondida por la atención y el interés de la gente. Sólo cuatro personas en hora punta de una tarde de agosto formamos la expedición de que constó la visita guiada. Una vez asumida la magnificencia y megalomanía del conjunto, impera de inmediato la sensación de soledad, de vacío humano, de silencio….seguramente motivados por el desinterés que suscita. Incomoda la falta de vida en ese entorno concebido a mayor gloria de quien presumía de desaforado vitalismo. Todo ese acondicionamiento, costoso y abrumador, debe servir de poco cuando se observa la llamativa infrautilización de las instalaciones, totalmente desmesuradas para el uso que parecen tener. No hay alusiones a un programa de actividades que justifique el enorme salón de actos, que haría las delicias de muchos lugares y centros culturales en España; tampoco se destacan las referencias sobre los patronos que integran la Fundación, y a quienes se destina en teoría una sala de reuniones de gran empaque que rezuma, empero, soledad y muy poca frecuentación.
¿Y qué decir de las ausencias? No hay alusión alguna a quien durante años fue la esposa de Cela, Rosario Conde, que tanto le ayudó cuando empezó a darse a conocer, y a su hijo, de nombre Camilo y prestigioso profesor de Literatura en la Universidad de las Islas Baleares. Ni tampoco a su nieta. Como si no hubieran existido en una vida cuajada de experiencias y relaciones personales sin cuento, de las que se informa selectivamente como dando la impresión de que, a su muerte, la imagen de Cela queda mediatizada por la discriminación impuesta entre afines y desafectos. Al final del recorrido, que se reconoce con el obsequio de un libro, uno tiene la sensación de que, parafraseando aquella novela de García Márquez, Don Camilo José Cela no tiene quien le visite. Alguien, en cuya forma de gestionar las cosas confluyen el resentimiento con la mediocridad, se ha debido encargar de que, al final, tan impresionante legado haya quedado, al fin, sumido en la indiferencia.
La situación crítica por la que atraviesa la Fundación ha llevado a solicitar ayuda a la Xunta de Galicia, dispuesta a ofrecerla a cambio de llevar parte de los fondos a Santiago de Compostela. La sociedad padronesa no está de acuerdo, por lo que se ve, con que eso ocurra.
Ya que lo que sucede no es por desconocimiento de su figura, sino simplemente por desdén, máxime cuando en la misma ciudad la casa donde vivió Rosalía de Castro es objeto de significativa atención. Ese mismo día, una hora más tarde, la modesta vivienda donde “A nosa Rosalía” pasó varios años de su vida era visitada, las conté ex profeso, por 52 personas. Pero de eso ya hablaré otro día.
Busto del escritor Camilo J. Cela en la Fundación que lleva su nombre en Iria Flavia (Coruña)
Admiré mucho a Camilo José Cela en mi juventud, sobre todo tras leer obras como La colmena o La familia de Pascual Duarte (no valoro tanto la tan mitificada Viaje a la Alcarria), que me sirvieron para descubrir aspectos ignorados para mi de la realidad española y cuyo estilo incluso llegó a influirme en algún momento cuando abrigué pretensiones, finalmente fallidas, de orientar mi vida hacia la Literatura. La trayectoria posterior de ese escritor , y pese a conseguir el Premio Nobel en 1989, dejó de interesarme porque ni su imagen, ni sus ínfulas ni sus obras tenían ya la enjundia y el atractivo que las que le dieron merecido prestigio en los años en que Cela dio a conocer lo mejor de sí mismo.
Me apena, sin embargo, que la Fundación que creó en Iria Flavia haya acabado como “el rosario de la aurora”. La sensación de abandono, desolación y tristeza se impone a la vista de ese impresionante legado, del que todo el mundo parece desentenderse, falto de apoyos externos, que se han retirando ante las perspectivas de una pésima gestión. Su director gerente, un hombre sencillo y que hace lo que puede, trata de salvar la imagen, pero ésta se encuentra ya plenamente arrumbada por la incompetencia, los recelos y la insensibilidad de la segunda esposa de Cela, llamada Marina Castaño, que ha unido en su persona la ineptitud con la codicia, para finalmente dejar por los suelos la memoria del escritor coruñés. Hoy implora ante la Xunta de Galicia una ayuda para apuntalar la ruina, aunque esa institución desconfía de esos ruegos, que encubren el desastre ocasionado, mientras se plantea recuperar ese patrimonio para integrarlo en la Ciudad de la Cultura instalada en Santiago de Compostela, lo que supondría la extinción de la Fundación.
El balance obtenido por la Sra. Castaño no puede ser más demoledor. Baste señalar que, al fallecer Cela, el escritor se encontraba en la indigencia técnica, al no poseer bien alguno a su nombre ni ser el titular de sus obras. El matrimonio Castaño-Cela habia efectuado el traspaso de esos haberes, mediante sinuosas operaciones de “ingenieria mercantil” a sociedades gestoras creadas ex profeso para colocar a Cela en la insolvencia frente a las reclamaciones justificadas de su único heredero, Camilo José Cela Conde, hijo del escritor y excelente profesor en la Universidad de las Islas Baleares.
De momento la justicia ha puesto en evidencia las artimañas de Castaño, uno de los ejemplos más lamentables de avaricia e insensibilidad observados en la cultura española. El Juzgado nº 40 de Madrid ha determinado que el escritor perjudicó los derechos legítimos de su hijo y que debe ser compensado con cinco millones de euros, de los cuales la Fundación debe aportar una parte (1,8 M) y el resto la trama en la que durante años se ha apoyado Marina Castaño para eludir los derechos del hijo de Cela, es decir, ella misma y las sociedades creadas para transferir a su favor ese patrimonio. ¿Lo entienden, no?. "La avaricia rompe el saco", dice el viejo refrán. En este caso, las alforjas henchidas han estallado por la codicia indisimulada de una mujer que ha hundido la imagen de Cela y que ocasiona una pena inmensa cuando se visita la Fundación que reune el inmenso legado del escritor y que hoy parece estar abandonada a su suerte.
Finalmente, y arrumbadas las maniobras dilatorias de Castaño, la justicia ha hecho justicia y ha dado la razón a Cela Conde. La resolución - de 4 de junio de 2012 - es meticulosa y satisface comprobar el cuidado que algunos jueces ponen en desenredar madejas inextricables, una auténtica "colmena financiera", como se la ha calificado. Pero la cuestión parecía tan evidente que hubiera sido inconcebible otra salida. Enhorabuena al profesor de Literatura de la Universidad de las Islas Baleares. Se lo merece y que lo disfrute en compañía de su familia.
Los errores y las arrogancias han sido sancionados en Galicia, donde ha quedado claro que, cuando se propone un cambio, hay que saberlo llevar a cabo y no defraudar las esperanzas de una sociedad, que siempre exige más cuanto mayores son las expectativas que se le ofrecen. Emilio Pérez Touriño, que es un excelente político, ha pagado caro, sin embargo, errores inexplicables, que sin duda le harán reflexionar muy seriamente en la oposición. Una lección seria y contundente ha recibido el Partido Socialista de Galicia. En ese escenario, acentuado por las particularidades de la sociedad y de la economía gallegas, ha recuperado el apoyo mayoritario un candidato que ofrece una imagen no deteriorada en medio de las turbulencias que actualmente sacuden al Partido Popular. Alberto Núñez Feijóo, con tenacidad y prudencia, ha sabido galvanizar el voto que le ha dado una holgada victoria a la par que mitigado la debilidad en que se encontraba Mariano Rajoy en el panorama de una derecha que en una parte nada desdeñable, y apoyada por sus feroces huestes mediáticas, no ha dejado de desearle los peores augurios.
Mas la satisfacción se acrecienta enormemente cuando vemos aflorar el nuevo horizonte en tierras de Euskadi, que lo necesitaba. A gritos. Por fin, después de treinta años de gobiernos del PNV, se consigue la alternancia. Por fin, el cambio, tan conveniente en la vida democrática de un país. Por fin, la voluntad de superación de esa dicotomía, de esa fractura, que ha fragmentado a la sociedad vasca desde sus orígenes como Comunidad Autónoma. Fuera el sectarismo y las veleidades soberanistas excluyentes. Fuera la representación parlamentaria de los que no condenan el terrorismo, y que ahora progresivamente derivarán hacia otros opciones independentistas no violentas, hasta colocar a aquéllos en la más absoluta marginalidad.
Muchos vascos y españoles nos sentimos, por tanto, aliviados y gratificados por lo sucedido hoy en el Pais Vasco. Gobernará Patxi López y el Partido Socialista logrará, al fin, satisfacer la frustración histórica que tenía en esa tierra, mientras el Partido Popular, liderado por un político, Antonio Basagoiti, que suscita confianza y mucho respeto, enarbolará, conjuntamente con aquél, la bandera constitucional, en la que se enmarca el cumplimiento del Estatuto de Gernika, y dará prueba de lo que significa el compromiso con una tierra en la que tanto han sufrido sus militantes y partidarios. Les acompañará el apoyo de Unión, Progreso y Democracia, una opción todavía inédita en materia de poder de decisión, que debe acreditar realmente lo que quiere y cómo lo quiere. Ha llegado el momento de Rosa Diez.On verra, aunque nadie duda de su sintonía en lo esencial con quienes habrá de entenderse, si es que finalmente se confirma la importancia crucial de su escaño por Alava.
Enhorabuena a todos. Un día histórico para el bienestar de Euskadi y para el futuro del Estado.
No importa que la obra sea buena, mala o regular. Que nadie se preocupe por su calidad o sus resultados. Si sirve, bien, y, si no, pues también, que para el caso no es eso precisamente lo que importa. El ciudadano paga y, aunque en teoría es el destinatario de la iniciativa llevada a cabo, que nadie le pida opinión o valoración, pues los cauces para ello son tan complicados como disuasorios.
Pues, ¿qué interesa entonces?, se preguntarán ustedes. Bien sencillo. Pura y simplemente figurar. Y a ser posible por los siglos de los siglos. Y cuantos más, mejor. Que los nombres de los próceres, desde el cabeza de serie, conocido personaje de la política española inasequible al desaliento, hasta el que pasa la pluma para firmar dejen constancia expresa de que algo tuvieron que ver con el hecho, a fin de que su familia, sus amigos y, sobre todo, él mismo se sientan complacidos cuando vean grabada sobre piedra su identidad. Que no falte nadie, no vaya a ser que alguien le eche de menos, pues no importa si alguien le echa de más.
Este comentario, que se pretende nota de humor en medio de la bruma que nos embarga, surge a propósito de esta placa que localicé en un aparcamiento del municipio de Viveiro, en la provincia de Lugo. Tras contemplar la hermosa perspectiva que se divisa desde el cabo de la Estaca de Bares, decidí dejar el auto bien recogido para recorrer una villa cuya visita merece realmente la pena. Deben conocerla, pues encierra un casco histórico de cierta relevancia, y además se come de maravilla, dulces incluidos. Pero nunca he visto en un simple aparcamiento nada parecido. Cosas veredes, que dijo Alonso Quijano. Cosas de la política y de la feria de las vanidades, que diría un servidor de ustedes.
Patricia França nos informó hace unos días en su magnífica ventana bloguera de la manifestación, convocada este domingo 18 de Mayo en Santiago de Compostela, por la Mesa pola Normalización Lingüística en defensa del desarrollo del gallego y de su reconocimiento como parte de la lusofonía, es decir, de ese espacio culturalmente integrado por la lengua portuguesa. La manifestación se ha celebrado con normalidad y la asistencia a ella no ha sido desdeñable. Más de 8.000 personas, según la policía, y 25.000, a juicio de los organizadores, recorrieron en tono festivo las calles de Santiago, desde la Alameda hasta la Plaza de A Quintana arropando el lema "'Polo dereito a vivirmos en galego". Sé que éste es un tema muy debatido en Galicia. Así que poco más tengo yo que decir, salvo destacar lo establecido en los Arts. 5 y 27.20 del Estatuto de Autonomía, que garantizan el fortalecimiento de la lengua gallega. En todo caso, que hablen los lingüistas, que los políticos asuman el alcance y significado de la iniciativa, que todos comprendan el sentido y la conveniencia de una conexión lógica, en la que no hay - ni debiera haber- amenazas o recelos para nadie y por parte de nadie. Pero, si de lo que se trata es de fortalecer las relaciones entre las lenguas de Galicia y Portugal, no cabe duda de los estrechos vínculos que históricamente han unido a ambos territorios, por lo que sólo cabe defender que nos sigan aportando experiencias y resultados que evidencien lo mucho que representa el mensaje trasmitido desde la bellísima lengua de Camoëns, Pessoa, Saramago o Torga, del mismo modo que nos adviertan de que jamás podremos pasar por alto el valor de las obras de Castelao, Cunqueiro, Rosalía o Manuel Rivas. Un patrimonio inmenso para todos.
Y todos nos sentiremos siempre enriquecidos con todo lo que nos venga del Oeste, de las tierras que han mirado históricamente al Atlántico y que hoy dirigen el otro de sus ojos hacia Europa en una complementariedad de enfoques y miradas que les procura admirable personalidad. Vivo cerca de Portugal, tengo excelentes amigos portugueses y disfruto cuando visito ese país, como también me encuentro a gusto divisando el océano desde Finisterre, desde Camariñas o desde la Estaca de Bares. En Tras-os-Montes tomé hace años esta fotografía, que dedico a todos los amantes del ámbito galaico-portugués.
En estos tiempos en que la palabra "innovación" se emplea para todo, de manera indiscriminada, y con efectos pretendidamente taumatúrgicos, viene a cuento dar a conocer la llamativa y curiosa denominación que este establecimiento comercial, no precisamente ultramoderno en apariencia, utiliza para que todo el mundo sepa que está a la última, en la punta de lanza de lo que los tiempos demandan. Un diseño clásico para un nombre de reclamo. Me llamó la atención en el verano de 2007 y por eso lo traigo aqui cuando el nombre del lugar en el que se encuentra ha vuelto a los medios.
Este comercio está localizado en la villa de Ribadeo, provincia de Lugo, en la siempre atractiva región española de Galicia. Ayer fue enterrado en ella, y tras los honores merecidos, Don Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, que fuera Presidente del Gobierno de España entre Febrero de 1981 y Diciembre de 1982. Aunque su nombramiento no provino de una elección popular, en aquellos momentos supo estar, y muy dignamente, a la altura de las circunstancias. Su mandato coincidió con el proceso judicial a los militares golpistas que el 23 de Febrero de 1981 quisieron arrumbar la democracia española. No lo consiguieron y se les juzgó. El Consejo de Justicia Militar fue en exceso benévolo con las condenas, que practicamente dejaban en un juego de niños aquella brutalidad. El Gobierno recurrió con diligencia y firmeza ante el Supremo y las condenas finalmente impuestas fueron las justas. Aquel hecho contribuyó en buena medida a eliminar el espantajo del golpismo militar en España. Por ese motivo, por su discreción y honradez, Don Leopoldo Calvo-Sotelo, recientemente fallecido, se merece un recuerdo agradecido y muchísimo respeto. Descansa para siempre en Ribadeo, el lugar donde "Galerías La Innovación" sigue promocionando su particular estilo e imagen. Esperemos que con éxito.