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4 de marzo de 2009

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Barack Obama en política exterior?


Desde luego, son sorprendentes las iniciativas impulsadas por el nuevo presidente norteamericano en los primeros meses de su mandato. Da la impresión de que ese dinamismo que está imprimiendo a su acción de gobierno estuviese marcado por el afán de diferenciarse cuanto antes de la gestión de su predecesor y ofrecer sin demora un balance que revele el mayor nivel de coherencia posible entre lo que prometió y lo que está llevando a cabo.

Dejemos de momento las medidas de política económica y las adoptadas de cara a su propio país, y centremos la mirada en aquellas materias que van a poner a prueba un modo diferente de abordar la política exterior de Estados Unidos y su capacidad para afrontar problemas irresueltos y agravados durante muchos años. Tras tomar la decisión de poner fin a la atroz prisión de Guantánamo, llaman la atención, de momento, dos actuaciones que resultan claves para valorar hasta dónde está dispuesto a llegar el Presidente en la escena internacional, ya que en ambas su protagonismo es decisivo.



De un lado, vientos de cambio se detectan en relación a la política mantenida con Cuba, con síntomas reveladores de que posiblemente ya nada será igual que antes. Se comienza a hablar de acabar con el bloqueo histórico a la isla, de fomentar acuerdos para la creación de empresas mixtas, de levantar las limitaciones a los flujos de divisas, de facilitar la movilidad de las personas. Son conocidos los contactos regulares con el Gobierno de la Habana, que parece haber captado el mensaje a través de una decisión política sorprendente: el cese fulminante de Carlos Lage y de Felipe Pérez Roque tiene un significado político extraordinario. Emblemas indiscutibles del castrismo clásico y ligados al viejo comandante en jefe por estrechos lazos de lealtad (¿porqué Fidel les ha llamado ahora "indignos" cuando lo han dado todo por él?) , han dejado de formar parte ya de esa nueva clase política que emergerá en breve con el fin de poner en práctica una estrategia de desarrollo similar a la de China o Vietnam, haciendo quizá algunas concesiones a los cubanos del exilio y poniendo fin así a un periodo de tensiones excesivamente dilatado en el tiempo. Los días de desavencias entre Washington y La Habana están contados, en mi modesta opinión. Está por ver, sin embargo, la capacidad de Raúl Castro para mantener el control de una situación en la que las confrontaciones no son descartables.


Y, de otro, mayor expectación suscita lo que pueda ocurrir en Oriente Medio y particularmente en el castigado escenario palestino. La visita de John Kerry a la franja de Gaza (nunca habia sucedido algo así) y de Hillary Clinton a Ramallah, donde ha dejado bien claro su posición a favor de un Estado palestino, son coincidentes con las advertencias que la Secretaria de Estado norteamericana ha planteado sobre la política ilegal de expansión de las colonias judías en los terrenos robados a los palestinos en Cisjordania. Cuando se contempla el modo de ocupación de este territorio palestino (ver Mapa), uno queda sobrecogido. Y no sólo porque sea la manifestación de una estrategia de permanente ilegalidad, sino porque ha consagrado la lógica del "apartheid", la fragmentación brutal del territorio, la segregación más ignominiosa que el mundo contemporáneo haya conocido nunca.... y además con pretensiones declaradas de irreversibilidad por parte de quienes lo han planificado de esa manera propia de los regímenes decididamente excluyentes y xenófobos.
Reiterándolo, y como prueba de una arrogancia internacionalmente inadmisible, el gobierno en funciones del corrupto Olmert acaba de aprobar la construcción de 72.000 nuevas viviendas, lo que supone una afrenta a cualquier intento de negociación, la demostración de que a ellos nadie les impide nada, que todo les está permitido. Asi están las cosas cuando en breve se constituya el gobierno ultraconservador, con connotaciones racistas (la opción de Lieberman va a ser letal para el futuro de Israel), que presidirá Benjamin Netanyahu, del que sólo se conocen sus obsesiones. En breve, pues, Obama tendrá que demostrar hasta dónde está dispuesto a transigir con las pretensiones de ese Estado que se ha creido impune ante el Derecho Internacional y que sólo aceptará la Ley si el gobierno norteamericano le obliga a ello, pues la Unión Europea hace tiempo que no pinta nada en la escena internacional. Ni para bien ni para mal. Buen papelón el de Javier Solana, cada vez más difuminado en la niebla.
Por cierto, y anecdóticamente, hace unos dias ese tal Anthony Blair, del que he hablado chuscamente en alguna ocasión, pues no otra consideración me merece, apareció por Gaza a hacerse la foto. El “mediador” nombrado en 2007 por el cuarteto para lograr la paz en la zona, ha brillado por su ausencia hasta ahora, cuando la presencia de Kerry en Gaza le ha puesto de manifiesto la ineptitud y la vergüenza con las que ha llevado a cabo esta responsabilidad por la que, sin embargo, el sujeto en cuestión ha seguido cobrando una pasta, sin que se sepa que haya hecho nada digno del más mínimo reconocimiento.

1 de enero de 2009

Cuba: 50 años de Revolución y un futuro por descubrir



No es posible pasar por alto una efeméride como ésta. Nadie discute que lo sucedido en La Habana el dia 1 de Enero de 1959 constituye uno de los principales acontecimientos históricos de la época contemporánea. Recordarlo es obligado, no tanto para centrarse en un análisis de lo que ha supuesto el gobierno de Fidel Castro en la isla caribeña durante medio siglo como para plantear las expectativas que se abren para un país llamado a experimentar a plazo no demasiado largo cambios sustanciales.

Durante todo este tiempo hemos leído, analizado, comentado y discutido sobre los aciertos y fracasos de la Revolución cubana, ha sido un tema estrella en las Universidades, en los foros políticos e intelectuales de todo el mundo. También constituye una referencia incuestionable de las tensiones desencadenadas en el marco de la “guerra fría”, que convirtieron a la “isla más bella” en un lugar de confrontación entre las grandes potencias contendientes a la par que sirvieron para incidir con fuerza en la trayectoria política de Latinoamérica y de una buena parte del mundo del subdesarrollo. Queda todavía mucho por investigar sobre el tema, pero las líneas maestras de lo sucedido están claras: Cuba simboliza a la vez lucha y sacrificio, voluntad de independencia y alineamiento internacional, esperanzas y frustraciones, logros y fracasos, adhesiones y rechazos, confianza e incertidumbres. Es la expresión de las contradicciones que aquejan a nuestra época, ejemplificadas en un pequeño país con enorme resonancia en todo el mundo.

Pase lo que pase, siempre quedará impreso en la historia contemporánea el nombre de Cuba con letras muy destacadas.A nadie ha dejado ni dejará indiferente. Medio siglo es mucho tiempo, el suficiente para hacer un balance no exento de polémica y de una controversia que surge enérgica a nada que se plantee lo que ha sucedido y cómo ha sucedido a lo largo de estos años.

Sorprende, empero, que el tono de la voz aparezca amortiguada ahora cuando se habla de futuro. De un futuro que ya es presente. Ni siquiera los encarnizados opositores de Miami lanzan, salvo unos pocos, los gritos que en otro tiempo acompañaban a sus afanes de revancha y a la desesperación que genera el exilio. Leyendo la prensa de uno y otro lado del estrecho de Florida se observa gran expectación, una actitud vigilante y el convencimiento de que el modelo no va a sobrevivir, con los rasgos que ha mantenido hasta ahora, al líder de Sierra Maestra cuando la vida de éste se extinga. Los adversarios más pragmáticos reconocen los logros alcanzados al tiempo que los partidarios de la Revolución admiten que las cosas no pueden seguir invariables, conscientes de que han existido derivaciones que contradicen las conquistas inherentes a una política que pretendía lograr el paraíso en la tierra.

Ni infierno ni paraíso. Se trata simplemente de afrontar el futuro teniendo en cuenta la realidad de la que se parte y abriéndola a nuevos procesos que, en paz y con voluntad integradora, restablezcan la libertad, garanticen el respeto a los derechos humanos, modernicen la maltrecha e ineficiente economía del país y favorezcan la plena inserción de Cuba en un mundo globalizado, muy distinto ya al de 1959. Lo que ha de hacerse en una época en la que un nuevo Presidente, al parecer diferente, asume el poder en Estados Unidos, cuando se ha obtenido un fuerte respaldo en la I Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) celebrada en Sauipe el pasado 16 de Diciembre y que ha traido consigo la consideración de Cuba como miembro de pleno derecho del Grupo de Río, y procurando que las conquistas de la Revolución, cuando realmente han existido, no lo hayan sido en vano.
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