Desde luego, son sorprendentes las iniciativas impulsadas por el nuevo presidente norteamericano en los primeros meses de su mandato. Da la impresión de que ese dinamismo que está imprimiendo a su acción de gobierno estuviese marcado por el afán de diferenciarse cuanto antes de la gestión de su predecesor y ofrecer sin demora un balance que revele el mayor nivel de coherencia posible entre lo que prometió y lo que está llevando a cabo.
Dejemos de momento las medidas de política económica y las adoptadas de cara a su propio país, y centremos la mirada en aquellas materias que van a poner a prueba un modo diferente de abordar la política exterior de Estados Unidos y su capacidad para afrontar problemas irresueltos y agravados durante muchos años. Tras tomar la decisión de poner fin a la atroz prisión de Guantánamo, llaman la atención, de momento, dos actuaciones que resultan claves para valorar hasta dónde está dispuesto a llegar el Presidente en la escena internacional, ya que en ambas su protagonismo es decisivo.

Reiterándolo, y como prueba de una arrogancia internacionalmente inadmisible, el gobierno en funciones del corrupto Olmert acaba de aprobar la construcción de 72.000 nuevas viviendas, lo que supone una afrenta a cualquier intento
de negociación, la demostración de que a ellos nadie les impide nada, que todo les está permitido. Asi están las cosas cuando en breve se constituya el gobierno ultraconservador, con connotaciones racistas (la opción de Lieberman va a ser letal para el futuro de Israel), que presidirá Benjamin Netanyahu, del que sólo se conocen sus obsesiones. En breve, pues, Obama tendrá que demostrar hasta dónde está dispuesto a transigir con las pretensiones de ese Estado que se ha creido impune ante el Derecho Internacional y que sólo aceptará la Ley si el gobierno norteamericano le obliga a ello, pues la Unión Europea hace tiempo que no pinta nada en la escena internacional. Ni para bien ni para mal. Buen papelón el de Javier Solana, cada vez más difuminado en la niebla.
Por cierto, y anecdóticamente, hace unos dias ese tal Anthony Blair, del que he hablado chuscamente en alguna ocasión, pues no otra consideración me merece, apareció por Gaza a hacerse la foto. El “mediador” nombrado en 2007 por el cuarteto para lograr la paz en la zona, ha brillado por su ausencia hasta ahora, cuando la presencia de Kerry en Gaza le ha puesto de manifiesto la ineptitud y la vergüenza con las que ha llevado a cabo esta responsabilidad por la que, sin embargo, el sujeto en cuestión ha seguido cobrando una pasta, sin que se sepa que haya hecho nada digno del más mínimo reconocimiento.