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6 de julio de 2026

Los niños que sueñan con un vaso de agua fría

 Sería sin duda un título exitoso para una obra de ficción si no fuera porque se trata de una terrible realidad. ¿Se imaginan lo que significa soñar con algo tan simple como un vaso de agua fría? Lejos de desplazarse a otro tipo de evocaciones o esperanzas, la mente del niño tiende en situaciones trágicas y de manera instintiva a la representación onírica de algo tan básico para la existencia como es el agua, el recurso de la vida. El valor simbólico del agua. Todo sería imposible sin ella. Hay que conocer cómo se gestiona el agua en el mundo de la aridez para darse cuenta de hasta qué punto no hay límites a la originalidad y a la inventiva para procurar que la disponibilidad de agua no desaparezca.




Los niños que sueñan con beber un vaso de agua fría residen en el territorio ocupado por un régimen criminal, ladrón y genocida, el de Israel, que se ha cebado siempre obsesiva y reiteradamente con la infancia. Según los informes presentados por Catherine Russell, Directora General de UNICEF, " 64.000 niños, entre ellos al menos 1.000 bebés, han muerto o resultado mutilados en la Franja de Gaza en los últimos dos años. Se desconoce cuántos más han fallecido por enfermedades prevenibles o están sepultados bajo los escombros. La hambruna persiste en la ciudad de Gaza y se extiende hacia el sur, donde los niños ya viven en condiciones precarias. La crisis de desnutrición sigue siendo grave, especialmente entre los lactantes. Los niños que han sufrido privación de alimentos suficientes durante meses padecen daños permanentes en su crecimiento y desarrollo" . Y por lo que respecta a Cisjordania ACNUR señala que desde octubre de 2023 a julio de 2026 el asesinato ha sido el destino de 268 niños. Destrozar a la infancia significa demoler los pilares demográficos de una sociedad. Las hordas de Netanyahu lo tienen muy claro.
No es algo que deba sorprender. Los niños y sus derechos han sido durante mucho tiempo el eje central del conflicto israelo-palestino, desde la masacre de Hebrón de 1929 y la de Deir Yassin de 1948, que provocaron la muerte de niños y precipitaron un conflicto prolongado que a menudo conllevó el desplazamiento, las lesiones y la muerte de niños y jóvenes. Su exposición a las hostilidades aumentó significativamente durante la Primera y la Segunda Intifada, cuando la dura respuesta de las fuerzas israelíes a los adolescentes y niños palestinos que protestaban contra la ocupación israelí conllevó el arresto, la detención y el asesinato de de muchos niños y jóvenes palestinos.
Los que sigan vivos continuarán soñando con un imposible vaso de agua fría

2 de marzo de 2026

La degradación permanente de la legalidad internacional

 Cuando se observa la secuencia de ataques contra Gaza, bombardeos en Siria, amenazas sobre Líbano y ahora golpes directos contra Irán, emerge un patrón que va más allá de la coyuntura electoral o del cálculo inmediato. La lógica parece ser otra: impedir que en el entorno de Israel exista hoy, o pueda existir mañana, cualquier actor con capacidad real de desafiar su supremacía militar y su proyecto territorial.

No es solo una forma de disuasión clásica. Es una estrategia de degradación permanente de la legalidad internacional. Golpear antes de que el adversario sea fuerte. Fragmentar antes de que se consolide. Destruir capacidades no para equilibrar, sino para garantizar que el equilibrio nunca llegue a producirse. En ese marco, Irán no es únicamente un problema nuclear, sino el último gran polo regional que podría articular resistencia política, militar o simbólica al dominio israelí, experto en robar tierras ajenas y asesinar niños. A mansalva e impunemente.
Esta doctrina se superpone con otra realidad incómoda: la consolidación prolongada de la ocupación ilegal y salvaje de Palestina. La expansión de asentamientos en Cisjordania, la anexión de facto de territorios y la fragmentación del espacio palestino han ido reduciendo progresivamente la viabilidad de un Estado palestino. En Gaza, la devastación masiva, el genocidio planificado, el desplazamiento de la mayoría de la población y la destrucción sistemática de infraestructura civil han generado acusaciones internacionales de limpieza étnica y genocidio. Más allá del veredicto jurídico final, la escala de destrucción es evidente.

21 de enero de 2026

Que nadie olvide el genocidio que no cesa


Manteniendo sin réplica su brutal estrategia de expolio y exterminio del pueblo y la tierra palestinos, el régimen genocida de Israel ha llevado a cabo la demolición de los edificios pertenecientes a la agencia de las Naciones Unidas (ACNUR/UNRWA) para los refugiados palestinos en la zona oriental de Jerusalén. Esta barbarie se corresponde con el empeño del gobierno israelí por neutralizar a esta organización, que desde 1949 desempeña un papel humanitario esencial en los territorios ilegalmente ocupados. Con esta operación el gobierno genocida israelí trata de impedir la labor de este actor clave en la protección de los refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, así como en Siria, Jordania y Líbano.

Jordania, Arabia Saudita y la Autoridad Palestina han denunciado las violaciones permanentes de los derechos de los refugiados. Según el periódico Haaretz, el terreno de la UNRWA podría utilizarse para la construcción de un nuevo asentamiento judío con más de 1.400 viviendas. El barrio de Sheikh Jarrah se encuentra bajo intensa presión política e inmobiliaria, en particular por parte de judíos ultraortodoxos que buscan desplazar, mediante la violencia como siempre han hecho, a los residentes palestinos.
La UNRWA no es el único actor internacional amenazado por el gobierno criminal de Netanyahu desde finales de 2022. Israel ha decidido modificar el procedimiento de acreditación de las ONG internacionales que trabajan en Gaza, exigiendo información previa sobre los empleados palestinos de estas organizaciones humanitarias. Un total de 37 ONG se enteraron a finales de diciembre de 2025 de que sus permisos de acceso al enclave palestino habían sido suspendidos y que sus actividades allí debían cesar. A pesar de las reiteradas solicitudes, se ha prohibido a los periodistas internacionales el acceso independiente a la Franja de Gaza durante más de dos años.
EL CRIMEN QUE NO CESA
Demolición del espacio ocupado por UNRWA en Jerusalén Este. La imagen es del 20 de enero de 2026

21 de diciembre de 2025

Que nadie olvide a Palestina en Navidad

 

Si las conmemoraciones que iluminan las calles y estimulan, a la par que el consumo, los más nobles sentimientos de amistad y solidaridad ocurrieron en la llamada Tierra Santa, no parece justo olvidar la tragedia que asuela ese territorio, que de pronto ha quedado sumida en la desatención o la indiferencia.
Palestina ya no figura con el interés hasta ahora merecido en el escenario mediático. Un deliberado manto de silencio se cierne sobre una realidad que ha conmocionado al mundo en los últimos tiempos hasta convertirse, pese a su gravedad y trascendencia, en una cuestión marginal. El que en su momento fue presentado como un acuerdo de alto el fuego, suscrito por Trump y Netanyahu, mancornados para siempre en el genocidio cometido y que no cesa, se ofreció al mundo con la idea de que los crímenes y la devastación habían terminado.
Pero lo cierto es que nada más lejos de la realidad, ya que la masacre continúa, las condiciones de vida de la población ofenden los principios más elementales de la dignidad humana, la política de expolio de Cisjordania se ha incrementado sensiblemente, la ayuda humanitaria se mantiene en niveles de restricción permanentes, mientras el silencio se impone como soporte de la impunidad. Y es que, como ha señalado Teresa Aranguren, "el acuerdo de paz ha servido para suavizar la crítica e intentar acallar la protesta, que cada vez se ha hecho más notable en las ciudades europeas y en el mundo occidental, ante la actitud cómplice de muchos de sus gobiernos”.

No parece honesto en estas fechas tan rutilantes festivas y adobadas de buenos sentimientos olvidar lo que ha sucedido y sucede en Palestina. Por esa razón me permito recordarlo.

13 de octubre de 2025

Las incertidumbres de una negociación ya definida en sus objetivos esenciales

 



No parece aventurado afirmar que las negociaciones de Egipto son más una maniobra de dilación que una oportunidad real de paz. Si partimos de la premisa de que el criminal y genocida Netanyahu está decidido a “terminar el trabajo que empezó”, lo que se ha desarrollado en Sharm el Sheij no es un proceso diplomático, sino una prolongación prevista y calculada del genocidio y el expolio bajo la cobertura retórica y falsaria de lo que debe ser una negociación.

La estrategia israelí, amparada por Donald Trump, que obsesivamente la utiliza en su obsesión por recibir el Premio Nobel (que no ha recibido) y para favorecer los intereses inmobiliarios de su yerno y la banda que lo secunda, y, lo que es más grave, tolerada por la “complicidad” europea, consiste en mantener el control absoluto sobre Gaza, seguir colonizando a lo bestia Cisjordania y culminar el desmantelamiento político y demográfico del pueblo palestino. Culminar el genocidio y la aniquilación de ese pueblo: ese es su único propósito
El texto pone al descubierto una trampa inequívoca: la “paz” que se discute no es más que la institucionalización definitiva de la derrota palestina. La referencia al “Estado palestino condicionado” repite sin pudor el mismo guion de Oslo, donde la autodeterminación quedó siempre supeditada a los intereses de seguridad israelíes. En esta lógica, el proceso negociador no es un medio hacia la soberanía y el reconocimiento conforme a los principios del Derecho Internacional, sino una herramienta obscena para aplazar indefinidamente cualquier restitución de derechos. Netanyahu ya demostró en marzo de 2025, al romper unilateralmente el alto el fuego pese a la liberación de rehenes, que no hay compromiso posible: su política se sostiene en la violencia como método de control. No entiende otro lenguaje.
La impunidad israelí se apoya en un equilibrio de intereses en el que Europa y los gobiernos árabes actúan como socios silenciosos e inanes. La “complicidad directa” mencionada por los analistas no es solo moral, sino estructural: contratos de armamento, dependencia energética, alineamiento geopolítico con Washington. En el mundo árabe, la progresiva normalización con Israel desde los Acuerdos de Abraham ha convertido la causa palestina en una cuestión incómoda, sacrificada a cambio de estabilidad económica y apoyo militar.
Dicho de otro modo, el genocidio no se interrumpe, sino que se gestiona políticamente. Las conversaciones de Egipto funcionan como pausa estratégica, necesaria para recomponer legitimidad internacional sin alterar la correlación de fuerzas sobre el terreno. Netanyahu, enfrentado a causas judiciales y a tensiones internas, necesita mostrar poder y continuidad; la aniquilación progresiva de Gaza y la ocupación irrestricta de Cisjordania le sirve tanto para consolidar su liderazgo como para satisfacer a una sociedad israelí mayoritariamente contraria a la solución de los dos Estados.
La dilación negociadora no anuncia un cese del horror, el exterminio y la muerte, sino su prolongación bajo nuevas formas. Lo que se gesta en Egipto no es la paz, sino la administración del silencio, un interesado y publicitario compás de espera, antes de la ofensiva final. El plan no tiene en cuenta la ley internacional, priva de derechos a la población de Gaza, protege a la parte que comete genocidio, permite la ocupación israelí y no garantiza que Israel respete la tregua tras la puesta en libertad de los rehenes
Solo cabe esperar que la reacción popular se mantenga, que no decaiga el rechazo al Gobierno genocida, que el mundo no pierda la conciencia que que, más allá de lo que significa el genocidio palestino, están en peligro derechos esenciales para la Humanidad toda.

16 de septiembre de 2025

Goya y Madrid con Palestina

 


Este dibujo ha sido realizado por el diseñador gráfico Julio Rey, uno de los más destacados, brillantes y comprometidos dibujantes españoles, proyectados a través de la prensa diaria. Durante treinta años ha realizado excelentes y magnificas viñetas, publicadas en el Diario El Mundo, que ha decidido prescindir, perdiendo así uno de sus mejores valores, de los excelentes mensajes transmitidos por Julio en compañía de José María Gallego.

Ya en solitario, libre y defensor de los principios- libertad, derechos humanos, solidaridad - que siempre ha defendido ha dado a la luz esta obra repleta de simbolismo al tiempo de contundente carga crítica y emocional. 

Representa una figura humana que reproduce los rasgos del inmortal cuadro que Francisco de Goya dedicó a los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 en la ciudad de Madrid durante la invasión francesa. De nuevo, dos siglos más tarde, la imagen cobra fuerza para evocar el genocidio sufrido por el pueblo y la tierra de Palestina por parte del régimen de Israel de crimen y exterminio, contando para ello con con el respaldo de Donald Trump, cuyo mandato estará marcado para siempre por su responsabilidad total en el mayor genocidio del siglo XXI. Ese será su único legado.

La oportunidad del mensaje que transmite la viñeta adquiere pleno sentido cuando Julio Rey da a conocer esta imagen al día siguiente de que la ciudadanía madrileña impidiese la finalización de la Vuelta Ciclista España motivada, sin merma de su respeto por el deporte admirable del ciclismo (vaya un aplauso enorme a Jonas Vingegaard, ganador de la Vuelta y critico con el genocidio), ante la presencia del equipo con el que ese Estado criminal ha tratado obscenamente de edulcorar su imagen.

Cuando es evidente que la política lo impregna todo, lo sucedido en Madrid guarda plena coherencia con la defensa de la dignidad humana más allá de las apariencias y los eventos pretendidamente asépticos.

7 de septiembre de 2025

En recuerdo y homenaje a los niños asesinados por Israel




Cae la noche en la Plaza de San Pablo, en Valladolid, Durante todo el día ese emblemático escenario, repleto de historia y de lo que significa el poder, ha acogido, con variables niveles de asistencia, pero nunca vacío, el clamor popular que en la ciudad castellana, bañada por el Pisuerga y la Esgueva, se ha alzado sin interrupción y con fuerza a los cuatro vientos para poner de manifiesto la sensibilidad que provoca la barbarie del Holocausto palestino llevado a cabo por el país que se ha convertido en el más criminal de la Tierra. Sólo mueve a Israel el afán expoliador de un territorio destruido para ser apropiado y robado con total impunidad, aunque la historia no dejará de poner en evidencia los niveles de perversión alcanzados por Israel y su régimen de muerte y exterminio.
Las voces reunidas en la Plaza han estado omnipresentes para evocar los nombres de los niños asesinados. Uno a uno, sin descanso. 18.500 nombres integran ese monstruoso infanticidio de responsabilidad israelí. El acto ha sido sobrecogedor. Encoje el alma la lectura sosegada de los nombres de los niños con indicación de su edad. En el inicio de la concentración se ha comenzado con los que todavía no habían cumplido el año de vida. A las 20 horas, nueve horas después, la lista llegaba a los doce años. No se pueden imaginar de qué manera esa lista conmociona la conciencia hasta el extremo de motivar el llanto incontenible de los asistentes. Resulta inconcebible que eso pueda ocurrir en la más absoluta y denigrante impunidad.
Por eso, frente a la atroz ignominia que representa la matanza de la población infantil a fuego y hambre el rechazo popular hacía el régimen salvaje y terrorista de Israel se convierte en algo más que una protesta. Representa, ayer, hoy, mañana y siempre, la defensa de la dignidad humana, de los valores que hacen a las sociedades más sensibles y solidarias, capaces de enfrentarse con la sola herramienta de la palabra a la atrocidad del mayor genocidio y expolio ocurridos en el siglo XXI. De la responsabilidad genocida de Israel quedará constancia para siempre en la Historia. Jamás ese país quedará liberado de ese estigma eterno.


31 de agosto de 2025

Viñetas que invitan a pensar. El periodismo libre es asesinado cuando informa de lo que sucede en Palestina

 


Cuando un régimen político agrede o asesina a los periodistas que cubren la información en el territorio palestino, ilegalmente ocupado y sometido a un proceso de limpieza étnica de su población, demuestra de manera fehaciente la culpabilidad de las acciones que lleva a cabo en lo que se ha convertido la mayor vergüenza del siglo XXI. La ocupación no busca únicamente derrotar a un enemigo armado, sino borrar pruebas, moldear el relato y reescribir la historia antes de que la mirada del mundo se pose sobre lo que queda de la Franja.

El Sindicato de Periodistas Palestino ha informado que, desde octubre de 2023 al menos 247 periodistas han muerto, más de 500 han resultado heridos y 650 viviendas de informadores han sido destruidas. Según el proyecto Costs of War la cifra de muertos supera el número de periodistas que perdieron la vida en las dos guerras mundiales y en los conflictos de Vietnam, Yugoslavia y Afganistán juntos.

 


Es una cifra atroz, escandalosa, indignante, a la que se ha llegado con la finalidad de amedrentar el ejercicio de una función tan decisiva como es la información sobre la tragedia a la que están sometidos la población y el territorio de Palestina. Si a ello se une la prohibición de la entrada de la prensa internacional se entenderá hasta qué punto este ensañamiento con los periodista constituye y esta vulneración del derecho a la información no sólo son una vergüenza que no debe ser ignorada sino también un punto de inflexión para el periodismo global. 

Y es que, como afirma Edith Rodríguez  Cachera vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras España y del Consejo Internacional, "no ha ocurrido nunca que nos encontremos con una presunta autoproclamada democracia que veta el acceso durante dos años a la prensa extranjera internacional y que masacra de forma deliberada sin piedad y sin testigos a la prensa local y que lo reivindique”.

 

Ahmed Abu Aziz, periodista de Middle East Eye, 29 años
asesinado por el ejercito de Israel el 25de agosto de 2025 



Estos son los nombres de los periodistas asesinados por el ejercito de Israel (The Guardian, 1 agosto 2025)


Ahmed Abu Aziz, Mohammed Salama, Moaz Abu Taha, Hussam al-Masri, Mariam Abu Dagga, Anas al-Sharif, Mohammed Noufal, Ibrahim Zaher, Mohammed Qreiqeh, Moamen Aliwa, Mohammad al-Khaldi, Ismail Abu Hatab, Moamen Abu AlOuf, Ahmad Qalaja, Ismail Baddah, Suleiman Hajjaj, Hassan Abu Warda, Hassan Samour, Ahmed al-Helou, Yahya Sobeih, Noureddine Abdo, Fatma Hassouna, Hilmi al-Faqaawi, Ahmed Mansour, Mohammed Mansour, Hossam Shabat, Mahmoud Islim al-Basos, Ahmed al-Shayyah, Ahmed Abu al-Rous, Mohammed al-Talmas, Saed Abu Nabhan, Omar al-Dirawi, Areej Shaheen, Hassan al-Qishawi, Ayman al-Gedi, Faisal Abu al-Qumsan, Mohammed al-Ladaa, Fadi Hassouna, Ibrahim Sheikh Ali, Mohammed al-Sharafi, Ahmed al-Louh, Mohammed al-Qrinawi, Mohammed Balousha, 


Iman al-Shanti, Maisara Ahmed Salah, Mamdouh Qanita, Ahmed Abu Sharia, Mahdi al-Mamluk, Ahmed Abu Skheil, Zahraa Abu Skheil, Bilal Rajab, Amr Abu Odeh, Saed Radwan, Nadia Emad al-Sayed, Haneen Baroud, Tareq AlSalhi, Mohammed al-Tanani ,AlHassan Hamad, Abdul Rahman Bahr, Nour Abu Oweimer, Wafa al-Udaini, Mohammed Abed Rabbo, Hussam al-Dabbaka, Hamza Murtaja, Ibrahim Muhareb, Tamim Abu Muammar, Mohammed Issa Abu Saada, Rami al-Refee, Ismail al-Ghoul, Mohammed Abu Daqqa, Mohammed Abu Jasser, Mohamed Meshmesh, Mohamed Manhal Abu Armana, Amjad Juhjouh, Wafaa Abu Dabaan, Rizq Abu Shakian, Saadi Madoukh, Mohammed al-Sakani, Mohammed Abu Sharia, Rasheed Albably, 


Ola Al Dahdouh, Mahmoud Juhjouh, Bahaaddine Yassine, Mustafa Ayyad, Salem Abu Toyour, Ibrahim al-Gharbawi, Ayman al-Gharbawi, Mohammed Bassam al-Jamal, Mustafa Bahr, Mohamed Adel Abu Skheil, Saher Akram Rayan, Mohamed el Sayed Abu Skheil, Tarek El Sayed Abu Skheil, Mohamed el-Reefi, Abdul Rahman Saima, Muhammad Salama, Mohamed Yaghi, Zayd Abu Zayed, Ayman al-Rafati, Angam Ahmad Edwan, Alaa al-Hams, Yasser Mamdouh el-Fady, Nafez Abdel Jawad, Rizq al-Gharabli, Mohammed Atallah, Tariq al-Maidna, Iyad el-Ruwagh,Yazan al-Zuweidi, Mohamed Jamal Sobhi al-Thalathini, Ahmed Bdeir, Shareef Okasha, Heba al-Abadla, Abdallah Iyad Breis, Mustafa Thuraya, Hamza al-Dahdouh, Akram ElShafie, Jabr Abu Hadrous, Ahmed Khaireddine, Ahmad Jamal al-Madhoun, Mohamad al-Iff, 


Mohamed Azzaytouniyah, Mohamed Naser Abu Huwaidi, Mohamed Khalifeh, Adel Zorob, Abdallah Alwan, Haneen Kashtan, Assem Kamal Moussa, Samer Abu Daqqa, Ola Atallah, Duaa Jabbour, Shaima el-Gazzar, Hamada al-Yaziji, Hassan Farajallah, Abdullah Darwish, Montaser al-Sawaf, Adham Hassouna, Marwan al-Sawaf, Mostafa Bakeer, Mohamed Mouin Ayyash, Mohamed Nabil al-Zaq, Assem al-Barsh, Jamal Mohamed Haniyeh, Ayat Khadoura, Bilal Jadallah, Mossab Ashour, Sari Mansour, Mostafa al-Sawaf, Hassouneh Salim, Abdel Rahman al-Tanani, Amal Zohud, Abdelhalim Awad, Amro Salah Abu Hayah, Yacoup al-Borsh, Moussa al-Borsh, Ahmed al-Qara, Yahya Abu Manih, Mohamed Abu Hassira, Mohamad al-Bayyari, Mohammed Abu Hatab, Majd Fadl Arandas, Iyad Matar, Imad al-Wahidi, Majed Kashko, Nazmi al-Nadim, 


Yasser Abu Namous, Duaa Sharaf, Jamal al-Faqaawi, Saed al-Halabi, Ahmed Abu Mhadi, Tasneem Bkheet, Ibrahim Marzouq, Mohammed Imad Labad, Roshdi Sarraj, Mohammed Ali, Khalil Abu Aathra, Sameeh al-Nady, Issam Bhar, Mohammad Balousha, Abdulhadi Habib, Yousef Maher Dawas, Salam Mema, Husam Mubarak, Ahmed Shehab, Hisham Alnwajha, Mohammed Sobh, Saeed al-Taweel, Ibrahim Mohammad Lafi, Mohammad Jarghoun, Mohammed al-Salhi.


27 de julio de 2025

Lo que sucede en Palestina es un Holocausto

 Hay que definir la realidad como lo que real y objetivamente es. La tragedia de Gaza representa en estos momentos, por sus características y tendencias, la mayor catástrofe humanitaria del mundo. Palestina es hoy " La brújula moral del mundo", así definida por Mazen Kerbaj en su reciente obra sobre Gaza (Actes Sud, Arlés 2025).




Disponemos ya, en efecto, de suficientes elementos de juicio para afirmar que, contando con la complicidad sin límites e inmoral del Gobierno de Estados Unidos y la tibieza vergonzosa de la comunidad internacional, la Historia del Estado de Israel quedará de manera inequívoca y para siempre identificada con el concepto de Holocausto: el sufrido por el pueblo judío durante el nazismo alemán y el practicado por el régimen de Israel con el pueblo palestino. En ambos casos la denominación responde a la realidad de los hechos, como bien ha señalado el embajador Ignacio García Valdecasas. Son dos terribles experiencias en las que la segunda emula y reproduce los rasgos de la primera. Discípulos aventajados de Adolf Hitler son ese tal Netanyahu y la criminal banda que lo arropa hasta el punto de contaminar y degradar todo cuanto tenga que ver con ese país, sumido en el mayor de los oprobios y desprestigios. Bastaría con leer la descripción que el historiador Jean Pierre Filiu hace de su reciente viaje a Gaza:

"Redescubrir Gaza en la noche de la guerra ya es inquietante. Pero estas son las zonas devastadas que emergen de las sombras a medida que avanza el convoy [de trabajadores humanitarios, controlado por el ejército israelí]. Un paisaje dantesco en el que solo se distinguen fragmentos, rápidamente envueltos por la densa oscuridad. Una letanía de ruinas, amontonadas y derrumbadas, que desfilan sin tregua hasta adquirir la consistencia de una secuencia continua de terror. Aquí es un pilono caído con ramas retorcidas, allá una casa destrozada, más lejos un edificio derrumbado. El convoy avanza al ritmo más rápido que permite el camino destrozado. (…)Es casi medianoche cuando escucho relatos conmovedores de la tragedia que continúa en Beit Lahya, en el extremo norte del enclave, que ha estado prácticamente aislado del mundo desde principios de octubre de 2024. El término "limpieza étnica" no parece excesivo para describir la expulsión metódica de la población, la destrucción igualmente metódica de edificios y el ataque a los últimos espacios habitables organizados: los hospitales. Apenas he regresado a la Franja de Gaza y la tragedia de este territorio asediado ya me abruma".




Israel, artífice del Holocausto palestino, se ha convertido en la vergüenza de la Tierra. La imagen de ese país quedará para siempre dominada, identificada y estigmatizada, por más que trate de neutralizarla o enmascararla, con la propia e inherente a un Estado paria cimentado sobre el Holocausto palestino. Jamás se olvidará. Será esa su principal, y posiblemente única, seña de identidad.

23 de julio de 2025

La implicación de Donald Trump en el genocidio palestino no puede ser reconocida con el Nobel de la Paz

 


Ignoro si los asesores de Donald Trump le han advertido de los riesgos que corre manteniendo su connivencia total con el Holocausto, la Nakba, de Palestina. A medida que se agravan las manifestaciones derivadas de la limpieza étnica que el régimen criminal de Israel lleva a cabo sobre la sociedad y el territorio palestinos, se afianza la idea de que ese genocidio sería imposible sin el respaldo, apoyo y obscena sumisión de la presidencia norteamericana. Es en ella donde hay que centrar la atención para poner en el lugar que corresponde al exterminio y el expolio llevados a cabo impunemente y de forma inhumana por Israel.


La complicidad internacional de que goza la estrategia del criminal y corrupto Netanyahu queda sin duda supeditada a la implicación decidida que en esa catástrofe ha asumido con todas sus consecuencias el ocupante actual de la Casa Blanca. Si la historia de la colaboración de Estados Unidos con Israel es inherente a la impunidad de que siempre ha disfrutado el gobierno de Tel Aviv frente a toda norma de Derecho y Justicia, nunca como en estos momentos esa mancuerna ha alcanzado los niveles de corresponsabilidad en acciones de genocidio y expolio tan atroces, que están conmocionando al mundo.

El norteamericano parece obsesionado con su reconocimiento con el Premio Nobel de la Paz, respaldado hasta ahora por algunos de los regímenes y dirigentes más indecentes de la Tierra. No es buen asidero el sostén de tamaña gentuza. Y sin duda, las expectativas de alcanzar ese objetivo habrán de quedar para siempre anegadas, si el Comité del Nobel de Oslo deseara mantener la dignidad y prestigio del galardón, mientras ese Trump no ponga fin a su decisiva implicación en la aniquilación de Palestina, a sabiendas de que, a la postre, habría de ser su máximo y principal responsable. Responsabilidad de la que la Historia dejará constancia de manera fidedigna e inequívoca, hasta el punto, opino, de que será el más importante y denigrante testimonio de su funesto legado para el mundo y para su propio país.

20 de julio de 2025

Israel utiliza también el hambre para el exterminio de los palestinos

 

¿Cabe mayor abyección, mayor depravación moral y vileza política que utilizar el hambre y la sed como arma para aniquilar a una población indefensa?



Jonathan Whittall, director de la oficina humanitaria de la ONU para el territorio palestino ocupado, y a quien el gobierno de Israel ha decidido no renovar su visado, lo expresa de esta manera: "Cadáveres yacen en los pasillos de los hospitales. Madres se aferran a sus hijos heridos. Niños arriesgan sus vidas por unos cuantos sacos de harina. Las muertes han aumentado cerca de los puntos de distribución de ayuda. El mero deseo de sobrevivir se ha convertido en una sentencia de muerte. Munición real, bombardeos, bandas armadas, emboscadas: cualquier intento de transporte se convierte en una emboscada. Quienes son alcanzados a menudo están fuera del alcance de las ambulancias. Hay personas desaparecidas, dadas por muertas. Esto ya no es una trágica cadena de circunstancias, sino un sistema de terror. Todo lo que acabo de describir es totalmente evitable. Estas son condiciones creadas para matar».
Y continúa: "El nuevo mecanismo de la llamada 'ayuda humanitaria' es una abominación que humilla y degrada a las personas en apuros. Es una trampa mortal que cuesta más vidas de las que salva. El sábado, en Estambul, ante los ministros de Asuntos Exteriores de los miembros de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), el Sr. Lazzarini acusó a la comunidad internacional de pasividad culpable. Esta tragedia es la culminación de veinte meses de horror, inacción e impunidad». Asimismo ha descrito las condiciones en Gaza como incomprensibles, con escasez de alimentos y palestinos recibiendo disparos mientras buscaban comida. Acusó a Israel de incumplir su obligación, en virtud de las Convenciones de Ginebra, de atender las necesidades de los civiles bajo su dominio. También ha señalado que el 56 % de las entradas denegadas a Gaza en 2025 fueron para equipos médicos de emergencia, personal de primera línea que salva vidas.




¿Cómo es posible que la Unión Europea no reaccione contra esa barbarie, contra ese genocidio, del que no cabe ya duda alguna? ¿Es consciente la UE de hasta qué punto su tolerancia y complicidad inequívoca con el exterminio de Palestina va a pesar para siempre, negativamente y como una losa, en la historia y en la conciencia del proyecto europeo hasta poner en entredicho los valores que encierra y las realizaciones llevadas a cabo?

He dedicado buena parte de mi vida académica y científica a estudiar y explicar lo que es y representa la Unión Europea. Hoy me invade la vergüenza y la desazón cuando observo su connivencia impúdica con el Gobierno criminal de Israel. He declinado tres invitaciones para hablar de la política europea, consciente de que la vergüenza y la indignación sentidas me impedirían abordar el tema con la serenidad y la objetividad con que hasta ahora lo he hecho. Nunca imaginé que esa indecencia comunitaria fuese posible.

12 de julio de 2025

De la Geografía del Horror a la Economía del Genocidio

 Conozcamos y difundamos con fuerza la figura y la labor de la diplomática italiana Francesca Albanese, representativa de la dignidad y el reconocimiento alcanzados por su responsabilidad como relatora de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados de Palestina



Francesca Albanese
United Nations Special Rapporteur on the Occupied Palestinian Territories



Valiente y honesta mujer, ha sido brutal e injustamente sancionada por aplicación de una orden de Trump, el cómplice inequívoco y principal responsable del mantenimiento del genocidio de Israel en Palestina, para bloquear activos y retirar el visado estadounidense a cualquier persona que colabore en la investigación de la Corte Penal Internacional (CPI) sobre Israel. Aún late en la memoria, y se mantendrá para siempre, el doloroso e impresionante informe por ella elaborado en octubre de 2024 con el expresivo título El genocidio como supresión colonial, en el que analizó con gran rigor la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967.
La sanción que ahora se le impone no es casual. Coincide con el informe elaborado por Albanese sobre la complicidad del tupido entramado empresarial configurado para hacer negocios con el genocidio en Palestina. Identificada acertadamente como "la Economía del Genocidio", se trata, en efecto, de una densa urdimbre de intereses que, como el gráfico refleja, comprende e integra una gran pluralidad de sectores y firmas que, arropados por la mancuerna estratégica construida por Estados Unidos (con una presencia muy activa de la familia mafiosa de Trump) e Israel, han hecho de la destrucción del territorio y el exterminio sistemático de la sociedad palestina unas poderosas y obscenas fuentes de beneficios sobre los cimientos de decenas de miles de asesinatos y desplazamientos forzados. Que nadie lo olvide. Y, aunque los silencios internacionales y de quienes gobiernan el mundo sean clamorosos, con muy escasas excepciones, ningún ciudadano con un mínimo de sensibilidad puede permanecer indiferente.
Como puede verse, al tiempo que prosiguen los asesinatos y la muerte por inanición de población palestina, la estrategia desplegada constituye un sistema vertebrado en torno a tres eslabones (destrucción-desplazamiento, proveedores, sustitución-reconfiguración del espacio) como plasmación de un plan de ordenación perversa del territorio con implicaciones geográficas que no pueden ser ignoradas. Una vez más el conocimiento geográfico ratifica su dimensión como compromiso científico y reflexión ética.
He ahí, amigos y amigas, el informe de Francesca Albanese y el motivo de la persecución a la que está sometida
Empresas implicadas en la Economía del Genocidio. Una lista que sobrecoge. Palestina convertida en el Patio de Monipodio multinacional. Verbigratia, echen un vistazo a la labor de esa tan conocida como Amazon.

3 de julio de 2025

La estrategia de Israel en Palestina o la GEOGRAFIA DEL HORROR

 


La cartografía siempre ayuda a identificar e interpretar una realidad. Lo que sucede en Gaza, y el proceso brutal de limpieza étnica, aniquilación socio-cultural y saqueo territorial a que se encuentra sometido este espacio palestino por parte de Israel, es un ejemplo inequívoco de lo que significa la ocupación planificada de un territorio para destruir a su población, desarticularlo, robarlo y ponerlo a disposición de los nuevos colonizadores.

No otro es el objetivo del Gobierno de Israel, acusado de crímenes contra la Humanidad. Hace tiempo que lo he señalado en este foro: la estrategia de Israel ha consistido en conquistar Palestina y exterminar a su población para convertirla en un territorio a colonizar sin restricciones de ningún tipo. El genocidio impune como sistema. Israel representa la Geografía del horror, imposible de ocultar aunque lo pretenda. Jamás se liberará de ese estigma.
Jean Pierre Filiu, autor de la mejor monografía publicada hasta ahora sobre Gaza ( Gaza: a History. Hurst & Co, 2014. 424 págs) acaba de escribir en Le Monde (1.6.25):
"La guerra inhumana en Gaza se ha convertido en un fin en sí misma para el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien la ve como la forma más segura de aferrarse al poder. Los supremacistas, que son esenciales para la coalición gubernamental, ahora tienen toda la libertad para promover su propia visión de una Gaza vaciada de su población en beneficio de colonos que son a la vez vengativos y mesiánicos".

20 de mayo de 2025

El viejo sueño israelí de vaciar Gaza

 

RECOJO AQUI, TRADUCIDO DEL FRANCÉS, EL EXCELENTE ARTICULO DE ALAIN GRESH SOBRE LA HISTORIA DE LA POLITICA DE ISRAEL EN GAZA Y SOBRE LA TEORÍA DE "LA GRAN CONMOCIÓN" QUE HA DADO ORIGEN AL EXTERMINIO QUE EN TODOS LOS SENTIDOS PADECEN LA SOCIEDAD Y EL TERRITORIO PALESTINOS. IMPORTANCIA DE LA GEOGRAFÍA Y LA HISTORIA PARA ENTENDER LO QUE PASA.


La propuesta del presidente estadounidense Donald Trump de deportar a más de dos millones de palestinos gazatíes a Egipto y Jordania ha suscitado reacciones muy diversas y un importante apoyo en Israel. Se corresponde con viejos proyectos del movimiento sionista y del establishment israelí, para el que este territorio representa, desde 1949, un obstáculo duradero que debe ser erradicado.

“Me gustaría que Gaza se hundiera en el mar”. Estamos en septiembre de 1992. La Unión Soviética ha desaparecido y, una tras otra, las diversas crisis internacionales que jalonaban la Guerra Fría, desde África meridional hasta Centroamérica, se van cerrando. Israel discute en Washington con los países árabes, así como con una delegación jordano-palestina sobre el futuro de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. El hombre que ha expresado el deseo de ver cómo desaparece Gaza a la vez que negocia con los palestinos acaba de ganar las elecciones israelíes de junio de 1992, en las que ha derrotado a una coalición de derecha dirigida por Isaac Shamir. Se llama Isaac Rabin. Un extremista judío lo asesinará dos años después por firmar los Acuerdos de Oslo de 1993. Aunque Rabin precisa entonces que su deseo de ver cómo Gaza se hunde en el mar le parece poco realista, sabe que gran parte de sus compatriotas y de sus oponentes políticos comparten su afán de acabar con este territorio donde las esperanzas de terminar con el pueblo palestino llevan cincuenta años estrellándose.

La ciudad portuaria de Gaza tiene una larga historia, en ocasiones gloriosa, que se remonta a la Antigüedad. Pero la “Franja de Gaza” nunca constituyó una entidad administrativa homogénea, ni en tiempos del Imperio otomano ni bajo el mandato británico (1922-1948). La guerra árabe-israelí de 1948-1949 dibujó sus contornos. Tras ella, Israel aumentó su territorio en comparación con el plan de reparto de Palestina aprobado el 29 de noviembre de 1947 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. De esta ampliación escaparon Cisjordania y Jerusalén Este (que se verían anexionados por Jordania), así como 365 kilómetros cuadrados en la frontera con el Sinaí: un jirón de tierra que incluía la ciudad de Gaza. Su estatuto seguiría siendo incierto durante mucho tiempo, ya que Egipto, que la controlaba, entró en un periodo de convulsiones con el derrocamiento del rey Faruk el 23 de julio de 1952.Gaza se caracterizaba por una gran proporción de refugiados en su población. A los 80.000 habitantes originales procedentes de la Nakba [la ‘catástrofe’] de 1948-1949 se les añadieron entre 200.000 y 250.000 palestinos expulsados de sus hogares. 

Una única esperanza los movía: el regreso. Aquellos a quienes Israel denuncia como “infiltrados” atraviesan la línea de alto el fuego para recuperar sus bienes confiscados o bien para vengarse. Fue Moshé Dayán, el por entonces jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, quien mejor comprendió su mentalidad tras el asesinato del miembro de un kibutz cercano a la frontera con Gaza, en abril de 1956: “No culpemos a los responsables de su muerte —declaró en el funeral de un joven oficial—. Llevan ocho años instalados en campos de refugiados y nos apropiamos ante sus ojos de las tierras y los pueblos donde vivían ellos y sus padres”.A las acciones individuales de los “infiltrados” les sucedieron las acciones colectivas de una nueva generación de militantes. Primero, contra las mortíferas incursiones de Israel, que creó una unidad secreta para “atacar en origen los núcleos de la infiltración” (1) dirigida por un ambicioso oficial que acabaría convirtiéndose en primer ministro del país, Ariel Sharón; y, más adelante, contra el proyecto concebido por El Cairo junto con la Agencia para los Refugiados de Palestina (UNRWA) de instalar a decenas de miles de refugiados en el Sinaí.

 El mortífero ataque israelí del 28 de febrero de 1955, que causó decenas de víctimas mortales, llevó a una intifada en Gaza el 1 de marzo, animada por un comité de coordinación que agrupaba a Hermanos Musulmanes, comunistas, nacionalistas e independentistas. “Firmaron el proyecto del Sinaí con tinta, nosotros lo tacharemos con nuestra sangre”, “Traslado no, asentamiento no”, se coreaba en las calles de la ciudad y, al cabo de poco, en todo el territorio. Los manifestantes abucheaban a Israel, a Estados Unidos y al nuevo hombre fuerte de Egipto, Gamal Abdel Nasser. Reclamaban armas, entrenamiento militar y el derecho a organizarse. El movimiento se extendió hasta El Cairo. El rais aceptó recibir a los organizadores, prometió abandonar el proyecto de asentamiento y ayudar con la creación de milicias. 

Fue entonces cuando Nasser formalizó el estatuto del territorio. El 11 de mayo de 1955 promulgó una “ley fundamental de la región bajo control de las fuerzas egipcias en Palestina”. La ley convirtió Gaza en la única porción de la Palestina histórica que conservaba la autonomía y mantenía viva la idea de un Estado y la del drama de los refugiados palestinos.Nasser se radicalizó a medida que perdía la fe en las negociaciones para llegar a una paz supervisadas por británicos o estadounidenses. Asistió a la conferencia de países no alineados de Bandung en abril de 1955; firmó un acuerdo de compra de armas con Checoslovaquia, hecho público en septiembre de 1955 —rompiendo así lo que era un monopolio occidental en Oriente Próximo—; y anunció también la creación de unidades palestinas en Gaza, aunque bajo vigilancia estricta: el rais desconfiaba de toda acción que corriera el riesgo de embarcarlo en una guerra con Israel, y no dudaba en perseguir y encarcelar a los militantes más exaltados. 

En el horno de Gaza se forjaron los dirigentes que tuvieron un papel de primera importancia en Al Fatah, en especial Jalil al Wazir (Abú Yihad) y Mohamed Jalaf (Abú Iyad), que serían los principales ayudantes de Yasir Arafat (2). Dadas las fluctuaciones de Nasser y la subordinación de sus reivindicaciones a la política regional e internacional de El Cairo, conservaron una desconfianza duradera a propósito de los regímenes árabes. La liberación de los palestinos solo podía llegar de manos de los propios palestinos.

 “Por razones de seguridad”

En abril de 1955, el Gobierno israelí discutió una propuesta de David Ben-Gurión, el por entonces ministro de Defensa, para ocupar Gaza. El Gabinete la rechazó, pero no pasó de ser un aplazamiento. Cuando, el 26 de julio de 1956, Nasser nacionalizó la Compañía del Canal de Suez, los Gobiernos británico, francés e israelí decidieron derrocarlo. Cada capital perseguía sus propios objetivos. París quería ganar en Egipto la guerra que estaba perdiendo en Argelia, eliminando los envíos de armas al Frente de Liberación Nacional (FLN); el Reino Unido confiaba en recuperar su declinante influencia en Oriente Próximo, e Israel se proponía ampliar sus conquistas, especialmente en Gaza. 

La ocupación de este último territorio se extendió del 2 de noviembre de 1956 al 7 de marzo de 1957. Fue preciso un ultimátum estadounidense para imponer la retirada a un Gobierno israelí que se mostraba más que reticente a emprenderla. Conocemos bien los episodios de lo que se dio en llamar la “crisis de Suez”, pero algo menos lo que sucedió en Gaza durante aquella primera ocupación. Con muchos de los dirigentes palestinos encarcelados en Egipto, los intentos de resistencia armada fueron limitados. No así la represión israelí. “Con entre 930 y 1200 personas asesinadas (para una población de 330.000 habitantes), el saldo en víctimas mortales […] fue terriblemente elevado —recuerda el historiador Jean-Pierre Filiu—. Si a ello le añadimos el número de heridos, encarcelados y torturados, cerca de un habitante de cada cien sufrió en sus propias carnes la violencia del invasor”.

El regreso de la administración egipcia, reclamado unánimemente por la población de Gaza, abrió un periodo de relativa calma. Las incursiones israelíes se volvieron menos numerosas, al igual que los “infiltrados”. Nasser consolidó su liderazgo en el mundo árabe y se impuso la idea de que la unidad árabe permitiría la liberación de Palestina. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), estrechamente controlada por El Cairo, nació en 1964 a partir de una decisión de la Liga Árabe, mientras que Al Fatah, creado por Yasir Arafat, realizó sus primeras acciones armadas desde Jordania en enero de 1965. Entretanto, Gaza se convirtió para Nasser en un escaparate del calvario palestino. Por allí pasaron Ernesto “Che” Guevara (1959), así como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir (1967). El viaje de la célebre pareja les inspiró escasa empatía por los refugiados; frente a su sino, la autora de El segundo sexo se preguntaba: “¿No eran en parte responsables?” (3).

En los meses que siguieron a la guerra de junio de 1967 y la nueva ocupación de Gaza, el Gobierno israelí expulsó a Jordania a 75.000 personas —la primera ministra Golda Meir los acusó de constituir una “quinta columna”—, mientras que a 25.000 más, que se encontraban en el exterior en el momento del conflicto, se les impidió volver. Entre 40.000 y 50.000 civiles huyeron. En 1968 se crearon dos colonias israelíes en Gaza. Aunque los fedayín (combatientes) lanzaban desde Jordania acciones armadas en Cisjordania, fue en Gaza donde se organizó la resistencia armada más larga, sin retaguardia, apoyada de forma masiva por la población de los campos. Se creó un frente amplio, pero sin los Hermanos Musulmanes, que eligieron la vía de la legalidad hasta 1987, con la creación de Hamás. Hubo que esperar a 1971 para que el Ejército israelí asegurara su control sobre Gaza bajo la dirección de Ariel Sharón, cuyos buldóceres abrieron grandes vías para permitir el paso de los vehículos blindados. Decenas de miles de habitantes de los campos de refugiados fueron perseguidos y miles de viviendas, destruidas. Las masacres de 1970 y 1971, tras las de 1956, se marcaron en la piel y en la memoria de los palestinos, sin mermar su voluntad de resistencia.

De ahí la recuperación de una vieja idea del movimiento sionista, “el traslado”, púdica palabra para referirse a una limpieza étnica, a la expulsión de los habitantes de sus hogares. “El traslado —como resume el periodista e historiador israelí Tom Segev— es la esencia misma del sueño sionista”. En el seno de un Gobierno israelí dominado por la “izquierda”, los ministros debatieron durante meses sobre el asunto, sin tabú alguno (4). “Les decimos que se vayan a El Arish [en el Sinaí] o a otra parte —explica uno de ellos—. Les damos primero la posibilidad de hacerlo voluntariamente. Si la persona en cuestión no recoge sus cosas, hacemos venir un buldócer para demoler su casa. Si aún queda gente, la expulsamos. Les damos 48 horas”. Otro admite: “Si queremos que este territorio sea parte del Estado de Israel, debemos deshacernos de una parte de su población, cueste lo que cueste”. Un tercero añade que no debe dudarse en usar la coerción: “Se trata de un dolor puntual y se puede explicar que es necesario por razones de seguridad”. Uno de los ministros, tras reconocer que no se dan las condiciones a nivel internacional para una operación semejante, hace la siguiente observación premonitoria: el uso de la fuerza solo será posible en el contexto “de una gran conmoción”.

Espíritu de resistencia gazatí y "la gran conmoción"


Una vez aplastada la resistencia armada en Gaza, la política pasó al primer plano. La OLP y sus diversas organizaciones se consolidaron en detrimento de las élites tradicionales. Poco tiene de casual que la primera intifada estallara en el enclave el 9 de diciembre de 1987. El conflicto supuso una importante alteración del orden de cosas y desembocó en la proclamación del Estado palestino durante una reunión del Consejo Nacional Palestino en 1988, en el marco de lo que se llamaría el “proceso de Oslo”. Su fracaso reforzó a Hamás, que lo había denunciado y que venció en las elecciones legislativas de 2005. 

La negativa de Estados Unidos y la Unión Europea de aceptar el resultado electoral, así como las diversas presiones árabes e internacionales y el sectarismo tanto de Al Fatah como de Hamás alimentaron las divisiones y llevaron a que el segundo se hiciera con el poder en Gaza. Israel decretó entonces un bloqueo del territorio y emprendió media docena de guerras sucesivas hasta el ataque del 7 de octubre de 2023.La tan esperada “gran conmoción” sacudió Israel, que volvió a impulsar el proyecto de expulsión que el presidente Donald Trump ahora respalda. Es, sin duda, la primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial que un jefe de Estado llama abiertamente a perpetrar lo que el derecho internacional califica de “crimen contra la humanidad”. En una mezcla de cinismo y avaricia, los oligarcas de su entorno ven la creación de la “Riviera de Oriente Próximo” como una oportunidad para hacer buenos negocios inmobiliarios.

El Gobierno de Israel no ha tardado en abalanzarse por la brecha abierta. El ministro de Defensa Israel Katz le ha pedido al Ejército que se prepare para la “marcha voluntaria” de los palestinos de Gaza, a lo cual añadió con patente desvergüenza: “Los habitantes de Gaza deberían ser autorizados a abandonar la región y emigrar, como sucede en todas partes del mundo” (The Times of Israel, 6 de febrero de 2025). Katz olvida que, desde 1967, Israel no concede esta “libertad” sino a condición de no volver. Bien lo saben los palestinos que, por centenares o miles, a pie, a caballo, en carreta, solos o con la familia, con o sin equipaje, han regresado a su hogar arrasado para instalarse bajo tiendas de campaña pese a todos los peligros, las bombas sin explotar o los derrumbamientos. Con ello demuestran el apego que sienten hacia su tierra y un espíritu de resistencia que no han quebrantado décadas de guerra y ocupación.

(2Lire « Gaza l’insoumise, creuset du nationalisme palestinien », Le Monde diplomatique, août 2014.

(3Simone de Beauvoir, Tout compte fait, Gallimard, Paris, 1972.


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