Sería sin duda un título exitoso para una obra de ficción si no fuera porque se trata de una terrible realidad. ¿Se imaginan lo que significa soñar con algo tan simple como un vaso de agua fría? Lejos de desplazarse a otro tipo de evocaciones o esperanzas, la mente del niño tiende en situaciones trágicas y de manera instintiva a la representación onírica de algo tan básico para la existencia como es el agua, el recurso de la vida. El valor simbólico del agua. Todo sería imposible sin ella. Hay que conocer cómo se gestiona el agua en el mundo de la aridez para darse cuenta de hasta qué punto no hay límites a la originalidad y a la inventiva para procurar que la disponibilidad de agua no desaparezca.
Los niños que sueñan con beber un vaso de agua fría residen en el territorio ocupado por un régimen criminal, ladrón y genocida, el de Israel, que se ha cebado siempre obsesiva y reiteradamente con la infancia. Según los informes presentados por Catherine Russell, Directora General de UNICEF, " 64.000 niños, entre ellos al menos 1.000 bebés, han muerto o resultado mutilados en la Franja de Gaza en los últimos dos años. Se desconoce cuántos más han fallecido por enfermedades prevenibles o están sepultados bajo los escombros. La hambruna persiste en la ciudad de Gaza y se extiende hacia el sur, donde los niños ya viven en condiciones precarias. La crisis de desnutrición sigue siendo grave, especialmente entre los lactantes. Los niños que han sufrido privación de alimentos suficientes durante meses padecen daños permanentes en su crecimiento y desarrollo" . Y por lo que respecta a Cisjordania ACNUR señala que desde octubre de 2023 a julio de 2026 el asesinato ha sido el destino de 268 niños. Destrozar a la infancia significa demoler los pilares demográficos de una sociedad. Las hordas de Netanyahu lo tienen muy claro.
No es algo que deba sorprender. Los niños y sus derechos han sido durante mucho tiempo el eje central del conflicto israelo-palestino, desde la masacre de Hebrón de 1929 y la de Deir Yassin de 1948, que provocaron la muerte de niños y precipitaron un conflicto prolongado que a menudo conllevó el desplazamiento, las lesiones y la muerte de niños y jóvenes. Su exposición a las hostilidades aumentó significativamente durante la Primera y la Segunda Intifada, cuando la dura respuesta de las fuerzas israelíes a los adolescentes y niños palestinos que protestaban contra la ocupación israelí conllevó el arresto, la detención y el asesinato de de muchos niños y jóvenes palestinos.
Los que sigan vivos continuarán soñando con un imposible vaso de agua fría

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