17 de octubre de 2020

Ese no es Miguel Delibes

 


Fotografía: Fernando Manero

Nunca hablé con él, y mucho que lo lamento, pero le recuerdo bien. Erguido, buena planta, paso ligero, espigado (como lo define hoy José María Cillero en El Norte de Castilla); en suma, como un ciprés de larga sombra. Además las fotografías siempre han destacado reiteradamente la agudeza y la amplitud de su mirada. Y es que se pasó toda la vida oteando el horizonte, los horizontes más diversos, y sus personajes, en todos sus detalles, para plasmarlos a continuación con su inconfundible letra manuscrita. Por eso es inimaginable y sorprendente la figura de Miguel Delibes con la cabeza baja, expresión torva, mirando al suelo, con la bufanda cerrando una boca de la que hacía continuo uso para comunicar e indagar.

El arte es libre para interpretar la realidad como el artista desee. Nadie lo cuestiona. Pero cuando de reflejar la imagen simbólica de una persona para siempre se trata, la estética utilizada debe ser respetuosa y fiel a la estampa consagrada en vida, a sus rasgos distintivos y singulares, sobre todo cuando se pretende realismo y expresividad en la representación. En mi opinión, lo que hoy se ha inaugurado en Valladolid en homenaje y recuerdo a Delibes con motivo de su centenario es otra cosa. Reproduce un hombre en el declive de la vida, cerrado en si mismo, ausente de su entorno y con la vista dirigida hacia la nada, detalles que en nada se corresponden con la vitalidad y el sentido de la curiosidad que el escritor transmitió en vida y que tan bien refleja su obra.

12 de octubre de 2020

Razones para una supervivencia

 Estoy convencido de que la monarquía parlamentaria se consolidará en España una vez superada la crisis de prestigio provocada por el padre de Felipe VI. Aprendida la lección, éste es muy consciente de la tarea de recuperación que le espera y que seguramente afrontará con la inteligencia y la transparencia necesarias, cualidades de las que el Jefe del Estado deberá dar muestras fidedignas e inequívocas, capaces de calar en las percepciones del tejido social. Y es que, visto el panorama político que nos rodea y la escasa calidad de sus representantes más destacados, la sociedad acabará identificando aún más la supervivencia y vertebración del Estado con el mantenimiento del modelo constitucional vigente. 

Por otro lado, las opciones políticas mayoritarias, que, pese a las discrepancias que existen entre ellas, seguirán manteniendo su preeminencia ostensible en el escenario político, y dado el carácter crecientemente marginal de las que abogan por una alternativa tan fallida y regresiva como es la "república plurinacional", nunca, creo, se decantarán por la puesta en entredicho de la Monarquía Parlamentaria que, para los republicanos como es mi caso y el de tantos españoles con conciencia histórica, ha hecho posible, en colaboración con la sociedad, el período de mayor estabilidad y progreso de la Historia de España desde Atapuerca. No es cuestión de edad, sino de pragmatismo e inteligencia política, y de eso sabe mucho la gran mayoría de los españoles a poco que se detengan a pensar en la cuestión.

2 de octubre de 2020

Una ofensa a la memoria de Miguel Delibes

 

Miguel Delibes Setién, cuyo centenario celebraremos como se merece el próximo 17 de octubre, rechazó el premio amañado de Planeta y fue el único que dijo NO al que le ofreció un tal Cristóbal Gabarrón cuando el tal Gabarrón conseguía reunir a la flor y nata de la sociedad que se dejaba embaucar en los actos de entronización personal celebrados anualmente con toda pompa y circunstancia, y sin rubor alguno (por ahí anduvo complaciente en cierta ocasión el escritor Mario Vargas, fundido en un largo abrazo con el de los colorines), en el Teatro Calderón de Valladolid y financiado con recursos públicos ad maiorem gloriam del personaje. Inenarrable es aquella parafernalia, que avergüenza recordar. Lean el articulo que acompaña a esta nota. No tiene desperdicio.

Ese Delibes, pero... ¿a quién se le ocurre? De lo que no queda. Rechazar la millonada que le ofrecía el Sr. Lara y la estatuilla del Gabarrón, labrada en oro de dieciocho quilates y pagada por quienes ustedes saben. Ahí tienen al escritor, erguido como el pino piñonero en las tierras de Castilla y divisando sus horizontes sin mácula alguna.
¿Cabe mayor homenaje a Delibes, entre otros reconocimientos, que recordar estos hechos como réplica al disparate que se pretende perpetrar en Valladolid entronizando de nuevo al tal Gabarrón?

28 de septiembre de 2020

¿Qué han hecho los vallisoletanos para merecer esto?

Por más que se intente y aun teniendo las tragaderas bien abiertas, cuesta entender que algo así pueda tener lugar en una ciudad que dignamente se precie. Parece una alucinación, un despropósito. Sin necesidad de entrar en detalles, pues cada cual puede detenerse en los que más le apetezca, resulta inconcebible que, como manifestación artística de gran altura y pretendida proyección de imagen, pueda asociarse en el tiempo y en el espacio - a través de una exposición concebida ad hoc nada menos que en el Patio Herreriano, y con la opinión en contra de su director - la celebración del 75 aniversario de Naciones Unidas con la que particularmente coincide con los mismos años cumplidos de un autor de esculturas y cosas de colores muy cuestionadas y de talento no menos cuestionable como es uno apellidado Gabarrón, de nombre Cristóbal. Supone un enaltecimiento del personaje tan absurdo como inmerecido. No creo que haya precedentes de algo así. Ni creo que, por pudor, nadie se atreviera a proponerlo.


Valladolid. Plaza de San Pablo. Foto: Fernando Manero


Pero lo que realmente asusta y desconcierta también es la iniciativa de instalar un montaje de ese autor en la Plaza de San Pablo de Valladolid, compartiendo espacio con algunos de los edificios más emblemáticos y bellos de la Historia de la ciudad y de España. Conociendo los precedentes de lo que ese hombre ha ido dejando por aquí y acullá, y tomando como soporte argumental la opinión que su obra merece en la opinión cualificada, puede considerarse un tremendo disparate, una ocurrencia impensable en ninguna ciudad que valore con respeto y debidamente asesorada la calidad de su espacio público. Por favor, respeten la Plaza de San Pablo. Respeten, por favor, la opinión de los que saben, antes de que ustedes se puedan arrepentir.

31 de agosto de 2020

Irene Vallejo o la fascinación por la escritura

 



¿Cuánto esfuerzo y cuántas ilusiones tiene que asumir una persona empeñada en hacer de la escritura su forma de vida hasta ser, al fin y tras imprevisibles dificultades, valorada por ello? ¿Cuántas horas de velada forzosa necesita para avanzar con éxito y paso a paso, situándose al borde del precipicio del fracaso, para lograr una presencia reconocida en un panorama tan competitivo y exigente como es el de la creación literaria? Confieso que, si por alguien siento admiración, es por el político honesto y coherente, por el intelectual riguroso y comprometido con los problemas de su tiempo y por el hombre o la mujer que escribe bien, que atrae con sus textos, que cautiva con su modo de expresar las ideas, con su dominio impecable del lenguaje, con su erudición bien sustentada, con la originalidad de sus argumentos, con el valor, de fondo y estético, de lo que aporta hasta el punto de que, tras haber leído lo que escribe, se tiene la sensación de que la percepción del mundo y de la cultura ha mejorado. Algo cambia en uno mismo, y para bien, tras una lectura excepcional.

No la conozco, nada me une a ella e ignoro si algún día la oiré en persona, pero admito que pocos escritores como Irene Vallejo me han proporcionado en los últimos tiempos tanta satisfacción por la lectura. Y no sólo porque con su "El infinito en un junco" - qué idea tan brillante la de navegar por los laberintos del libro - se ha ganado un lugar privilegiado en la literatura a lo grande. Desde entonces, sigo de cerca sus andanzas en el timbal de las letras, donde se desenvuelve con una calidad insólita. El placer se suma al desafío intelectual, la atracción por el argumento sorprendente se enriquece con los recursos utilizados en su presentación y desarrollo. Hay muy buenos escritores aquí y allá, pero, qué quiere que les diga, en mi opinión Vallejo, alejada de los estándares y las modas comerciales al uso, roza la perfección.
Cuántos empeños habrá tenido que afrontar esa mujer para conseguirlo. Cuántas noches de insomnio. Cuánta ansiedad ante la hoja o la pantalla en blanco. Mas el balance está ahí: no hay nada tan grato y tan satisfactorio como un texto bien escrito hasta el extremo de la fascinación. Cuánto le queda aún por delante.

30 de agosto de 2020

Mensajes en la calle: Espacios desinfectados

 


Mensajes de la calle en tiempos de pandemia

Nunca habíamos visto un cartel así. Por eso llama la atención y justifica que el paseante, ojo avizor, se detenga en él y lo retenga para que no se olvide. Se trata de un espacio amplio y posiblemente concurrido, como templo que es, en esta mañana de domingo. El caminante lo observa desde fuera. Por casualidad. Llega el momento de vaciarlo para proceder a su limpieza, desinfección lo llaman, pues todas las precauciones son pocas para luchar contra el patógeno que no cesa. Lo abandona la última persona mientras la puerta se cerrará tras ella hasta nuevo aviso.
Nos estamos habituando a percepciones nuevas, que conducen al silencio y a la preservación de la distancia cautelosa. Ya no se habla a la salida de los espacios que concitan la afluencia temporal de las personas. El paseante no observa corrillos dispuestos a aprovechar por un momento las ventajas del encuentro dominical apetecido. Por el contrario, el presbítero que cierra la puerta apremia para que el vacío impere en el entorno. Cada cual a su casa, con la boca cerrada, con la cabeza baja y sin mirar para atrás.

29 de agosto de 2020

Colorines en el Cantábrico

 En principio, todo cabe o todo es posible en el irrefrenable mundo de la expresión artística. Las sensibilidades son diversas, por lo que la controversia es inherente a la obra que la imaginación produce. Pero en esto del impacto en el paisaje, creo, conviene ser precavido, pues el paisaje - y el entorno que crea- marca, o debiera marcar, la pauta a seguir. Trato simplemente de dar mi modesta opinión a propósito de lo que se ha hecho en el faro de Ajo, en Cantabria, otrora provincia de Santander, de la que tan orgullosos se sentían Don Marcelino Menéndez y Pelayo y Don José María Pereda, entre otros próceres de conspicua alcurnia santanderina.



La polémica está servida. Nadie y nada están libres de ser cuestionados. Lo que no se critica no existe.
El espacio del Cantábrico - el Atlántico Norte - es verde, azul y embarnecido con las múltiples y cambiantes tonalidades del gris. Un escenario relajante en su sobriedad. Mezclar colorines de lo más variopinto y abigarrado es fácil. Muchos lo hacen, ofreciendo una obra que, pasada la novedad, acaba en la indiferencia o en el hartazgo. Lo difícil es integrar cromáticamente la estructura en el espacio natural, como un complemento inteligente y respetuoso del paisaje. Pero, a todo se acostumbra uno, incluso a que el artilugio distraiga de la perspectiva de un entorno incomparablemente más bello, que es lo que merece la pena, no los pastiches como el que nos ocupa. Así lo entendió Chillida en Gijón y San Sebastián. Sin comparación. ¿Se imaginan la torre de Hércules en A Coruña de colorines?
Pero Miguel Ángel Revilla, del que no se sabe si va o viene, no cabe en sí de gozo. No es que le guste: es que le encanta, y hoy por hoy es el que manda y paga ( a costa del presupuesto, naturalmente). Según él, puede ser un "revulsivo". Todo se puede justificar, por fas o por nefas.




Hace años, el centro de la ciudad de Valladolid se llenó de figuras de colorines, colorines y más colorines, que evocaban, según se dijo, las torres de la Alhambra de Granada, el monumento más visitado de España. Una joya de la Humanidad. Los característicos y discretos ocres originales de sus torres y adarves, de diseño ortogonal, se tornaron, por obra y magín de Cristóbal Gabarrón, en irregulares y retorcidos trozos de todos los colores imaginables. a cual más estridente a la vista. Alguien dijo también que era un "revulsivo", palabra utilizada para explicar lo inexplicable. Aquello fue un horror. Por fortuna, no ha vuelto a ocurrir. ¿Serán también un "revulsivo" las puertas de la fachada principal de la Catedral de Burgos, encargadas por el cabildo de marras a Antonio López, y más allá del coste que ello pueda suponer?

27 de agosto de 2020

La Historia como enseñanza permanente

 La Historia es la herramienta intelectual que ayuda a las sociedades a tomar conciencia de las luces y las sombras que configuran su pasado. Es un saber esencial del que nunca debemos prescindir. Profundizar en lo sucedido desde la perspectiva temporal no sólo es conveniente sino también una necesidad. Los pueblos que olvidan su historia corren el riesgo de volver a repetirla, se ha dicho y con razón.

Sobre esta base, desearía plantear una cuestión: que levante la mano, ya sea República o Monarquía, el país del mundo que no tenga que asumir con sensación de vergüenza e indignación muchos de los hechos acaecidos en su territorio a lo largo del tiempo. Son a mansalva, individuales y colectivos, de gobernantes y del pueblo llano. ¿Que no hay ninguno con la mano en alza? ¿En ninguna parte? Me lo temía. No es cuestión de que los tontos nos consolemos con el mal de muchos, sino de que, tontos o listos, nos sintamos partícipes de una realidad que resulta tan generalizada como incuestionable.

Por eso me resisto al regodeo que significa la redundancia obsesiva sobre las maldades o perversiones de tal o cual dinastía aprovechando que el tema está de moda y de que el Arlanzón pasa por Burgos. Desde tiempo inmemorial me conozco al dedillo esas maldades y quienes las protagonizaron. Además de condenables, son archisabidas y más manidas que el picaporte de la iglesia de San Cebrián de Mazote. No las olvido pero ya no forman parte de la vida porque está todo dicho, escrito y subrayado. Están en la Historia, de la que nunca saldrán.

De ahí que, a estas alturas de la vida, con las preocupaciones que nos atenazan en el horizonte, mientras veo el discurrir de la vida alrededor y afanado en la salud y en la felicidad de mi familia, lo único que me interesa de la Historia de España, entendida como soporte de su futuro, es la consideración y el respeto por las instituciones nacidas con la Constitución ratificada por los españoles el 6 de diciembre de 1978, incluida lógicamente la Jefatura del Estado de acuerdo con el modelo constitucionalmente reconocido como Monarquía Parlamentaria, prevalente - conviene recordarlo - sobre las personas que la hayan ostentado u ostentan. Y, como valoro y respeto las instituciones, y sin perder un ápice de visión crítica, también confío en el Estado de Derecho que asegure, para todos sin excepción, el cumplimiento de las leyes. Lo demás es irrelevante.


23 de agosto de 2020

Mensajes en la calle: incomunicación espacios compartidos

 


Mensajes de la calle en tiempos de pandemia

No he sacado la fotografía por pudor. Pero la escena es real, doy fe de ella. Son las 11 horas del 23 de agosto. Mientras disfruto de la prensa en papel frente a la fachada del Colegio de San Gregorio (uno de los mayores placeres que existen para mí), observo la escena que sucede a poco más de tres metros. Están sentados en la terraza un matrimonio de unos sesenta años con su hijo, en la treintena. Los dos hombres están enfrascados en sus móviles, tecleando de manera compulsiva. Cada cual absorto en su privacidad. Todos pasan del espacio de arte que les envuelve. La mujer, que no tiene móvil, les contempla. Se siente fuera de lugar. No para de mover las manos, con un tic nervioso incesante. Intenta hablar, mantener algún tipo de conversación, sentirse acompañada, pero nadie le hace caso. Silencio. Móviles a todo tren en manos del dueto masculino. Nuevo intento de la mujer por comunicarse con los que tiene delante. Uno la replica con un gesto de desdén. Silencio. Miro el reloj. Han pasado quince minutos. Sigo leyendo y observandoles a la vez. Silencio. Teléfonos que rompen la convivencia. Mujer incómoda en su soledad. Incomunicación absoluta en un entorno presencial, que tanto aporta y tanto se echa de menos.
Contemplo la orfebrería en piedra de la espectacular fachada. No soporto más la escena. Recojo el papel, tras leer los artículos de Remedios Zafra y de Vidal Arranz y reflexionar con la siempre provocativa y atinada viñeta de Rafa Vega, Sansón. Emprendo mi paseo por Cadenas de San Gregorio para enredarme en La Rondilla. Patear las calles, observar lo que ocurre en los barrios. Apreciar, cabreado, los matices innumerables de la soledad.

19 de agosto de 2020

En contra del escrache como practica politica

Es el llamado 'escrache" una práctica agresiva, impúdica y perversa que nunca debiera haber tenido lugar y menos aún sido justificada. Porque no sirve para nada, es dañina y ofensiva para quien la recibe y pone en evidencia las miserias políticas de quien la realiza o promueve. Nada tiene que ver con la libertad de expresión, manifestación y critica que el sistema constitucional reconoce y ampara. Alguien, haciendo gala de un cinismo superlativo, lo llamó alguna vez “ jarabe democrático “ como si de una pócima curativa se tratase, otorgando al furibundo y sistemático ataque personal connotaciones obscenamente salutíferas mediante su realización en pos de objetivos que siempre van en detrimento, al reclamarlos de esta forma, de la dignidad de quien es forzado a tragarse el brebaje. Si nunca tendrá justificación tampoco la "naturalización del insulto", preconizada por el mismo personaje, tampoco lo tendrá la violencia verbal o física contra nadie, por muy criticable que una persona, pues de persona se trata, sea. No se puede ser equidistante ni mirar para otro lado cuando se baja la cabeza o no se quiere mirar de frente. De eso se quejó el juez Llarena cuando asaltaban su casa en la provincia de Gerona o los guardias civiles, insultados y acosados vilmente en Alsasua, y a quienes muy pocos de los hoy tan indignados manifestaron su solidaridad cuando más la necesitaban.

La palabreja ( y su uso miserable y cobarde) surgió y cobró fuerza en la Argentina, ese país tan admirable en tantos aspectos y valores como representativo a veces de lo peor de la política y de quienes la ejercen. En las calles de Buenos Aires alcanzó niveles de agresividad y estupor que debieran haber advertido, antes de aplicarse en España, sobre lo bárbaro y lo estéril que resulta el procedimiento escracheador.
Cuidado con los experimentos que propenden a la violencia acosadora e insultante, pues siempre deparan derivaciones no deseadas cuando no acaban justificando el efecto bumerán. Cuidado con las piedras que irresponsablemente se lanzan sobre la lámina de agua, ya que nadie puede prever la intensidad y desolación provocadas por la onda expansiva. Mucho cuidado con las cajas de Pandora.

16 de agosto de 2020

Kamala Harris: una figura necesaria, una esperanza para el mundo




Nos interesa a todos. Interesa al mundo. Tras haber observado muchísimos procesos electorales en Estados Unidos, confieso que el que vamos a vivir este año es, en mi opinión, y junto al que enfrentó a Kennedy con Nixon en 1960, uno de los más apasionantes. Los debates prometen ser una delicia. Hay que estar atentos. Nos jugamos mucho.


Ante el enorme desastre que ha supuesto la presidencia del personaje más inepto, ignorante y vulgar de la historia estadounidense de las últimas décadas, y escépticos en principio con las expectativas de Joe Biden, la elección de Kalama Harris para el tándem demócrata es una noticia de primera magnitud. Buen ojo el de Biden, inteligencia por parte del Partido Demócrata. La biografía de Miss Harris es impresionante. Representa lo mejor y más valioso de la variedad socio-cultural norteamericana, de la sociedad cimentada en las oportunidades que el esfuerzo favorece. Es el Estados Unidos del siglo XXI. Se puede, y se debe, ser muy crítico con ese país, pero la verdad es que en su seno encierra posibilidades, iniciativas y tendencias que a menudo resultan asombrosas.

10 de agosto de 2020

¿De qué república estamos hablando?

 Como estamos en un foro de libertad, aborrezco las ambigüedades y equidistancias, rechazo las consideraciones simplemente basadas en el presentismo, y una buena amiga me ha pedido una opinión clara sobre el tema que nos ocupa, diré lo siguiente, aun a riesgo de debilitar (espero que sin llegar a perder) amistades que valoro por encima de las discrepancias. Es mi opinión.

Observo, con una mezcla de asombro y prevención, cómo la ofensiva, verbal por ahora, de quienes cuestionan el modelo organizativo del Estado nacido de la Constitución de 1978, se apoya fundamentalmente en opciones cuyo objetivo declarado consiste en poner en entredicho la existencia misma del Estado, aprovechando cualquier motivo o pretexto, pues siempre lo han hecho, para justificar su revisión total sin plantear con la claridad necesaria la alternativa que preconizan. Son sin duda grupos legales y legítimos, pero los fundamentos y las estrategias sobre las que se sustentan entran en flagrante contradicción con la estructura misma del Estado que constitucionalmente los alberga y ampara. Y, sobre todo, nos sitúan ante un escenario de tanta incertidumbre como confusión. Cuidado.
Defensoras en unos casos de la independencia de los territorios en los que tienen cierto arraigo electoral, constituyen, y así lo han demostrado en el tiempo, la expresión comprobada de identidades cerradas, excluyentes, de fundamentación mendaz, que incluso llegan a rozar la xenofobia, cuando no respaldan (apreteu, apreteu, dijo uno de cuyo nombre no quiero acordarme, el mismo que habló de "bestias con forma humana", en referencia a los españoles que no son como él) sabotajes y manifestaciones de carácter violento, de los que hay patentes testimonios. Hay otros que plantean su horizonte propositivo a través de lo que definen como una República plurinacional, a sabiendas, porque lo saben, de que se trata de una postura anacrónica, profundamente reaccionaria e históricamente fracasada por más que traten de edulcorarla con el epíteto de "solidaria". Ignoro el alcance efectivo y conveniente de tales posiciones, pues en ellas se confunden alternativas que contradicen los principios de integración, soberanía compartida y equidad. Tratándose de una regresión en toda regla, no hay que olvidar que la literatura sobre los nacionalismos y las repúblicas plurinacionales lo demuestra ad nauseam.
Qué quieren que les diga. No cuestionaré que la Monarquía como institución nos retrotrae, en principio, a un concepto del pasado, como del pasado y anacrónicos son los fueros y privilegios que algunos territorios esgrimen como fundamento de su singularidad, pero, cuando uno observa el panorama que brindan las opiniones y el modo de actuar de sus más furibundos detractores y a la vez el balance ofrecido en Europa por las monarquías parlamentarias, situadas, según todos los indicadores al uso, entre las democracias más avanzadas del mundo, uno, pese a su edad y consciente de las lecciones extraídas de la experiencia vivida, cada vez lo tiene tan claro como el agua que fluye del árbol del avellano. Tan claro como el convencimiento de que el Estado de Derecho y la acción de la Justicia deben prevalecer sin reconocimiento de privilegio alguno.

7 de agosto de 2020

Cuando el verso es desafortunado

 A veces de grandes poetas emanan versos convertidos en tópicos que deben ser cuestionados. No basta el prestigio de su autor para avalar lo que esas ideas significan. A modo de nuestra, hay dos que me resultan particularmente incómodos, cuando, amparados en la reconocida imagen de su autor, se siguen esgrimiendo como argumentos utilizados en nuestros días, y desde la ignorancia, para identificar realidades injustamente tratadas y mal interpretadas.

Considero desafortunada y falaz la definición que el gran Antonio Machado hace de Castilla como región "miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora". Cuanto daño ha hecho esa frase, que ha llegado a eclipsar el maravilloso texto de "Campos de Castilla". Es una terrible descripción, con la que en nuestros días aún me sigo topando con la risita habitual de quien la rescata en encuentros pretendidamente cultos dentro y fuera de Castilla y León. Peor aún es la de Jaime Gil de Biedma cuando escribe: "De todas las historias de la Historia, la más triste sin duda es la de España, porque termina mal". Asi, sin más, siempre mal, como una fatalidad insuperable. Me rebelo contra este estigma, uniéndome al rechazo que de él hace Jose Maria Calleja cuyo libro - Lo bueno de España - acabo de leer y del que estoy elaborando una reseña que daré a conocer.
Qué fácil es incurrir en ese sentimiento trágico de la vida, que tanto cultivaron Unamuno y Rosalía, entre otros ilustres escritores, y que ha impregnado mentes y plumas de las que cabría esperar una postura más decantada hacia los valores que el país encierra. Prefiero volver a las baldas donde descansan las obras de Galdós, Pardo Bazán o Baroja, diseccionadores implacables de su tiempo y a la vez testigos de una realidad cuyos valores reconocen, para tener la sensación de que el tópico fatalista no está omnipresente en la creatividad de los que marcan el rumbo a seguir.

4 de agosto de 2020

La Justicia como garantía de las instituciones

Nadie echa ya a nadie de España. Cualquier ciudadano puede decidir dónde organizar su vida libremente, en el país o en el extranjero. España ya no es país donde la gente tenga que partir a la fuerza, pues a todos ampara el Estado de Derecho. Por tanto, la aplicación de la ley con todas sus consecuencias y procedimientos, desde la acusación a la defensa, ha de imperar por encima de cualquier otra consideración y por encima de la decisión individual de poner pies en polvorosa para eludir la resolución del problema que le afecta, acentuando así perceptivamente la sensación de culpabilidad, a falta de quedar demostrada.
Es la tesitura en que se encuentra el monarca que gobernó la transición a la democracia y abdicó hace seis años. Compartiendo plenamente la opinión de quienes le reconocen grandes servicios al país, creo que la actitud más digna y valiente consiste en no eludir sus responsabilidades cuando pintan bastos.
La cuestión, en el fondo, es bien sencilla. Aplicación de la norma, de la mano de la Fiscalía de Delitos Económicos del Tribunal Supremo y de la Agencia Tributaria, y clarificación de lo cometido, sobre la base de la contundencia que las pruebas aporten. El Estado de Derecho, el Estado que él gobernó, dirá la última palabra, sin menoscabo de los recursos que puedan alegarse hasta la sentencia final. Marcharse del país nadie se lo pide. Se acabaron los exilios en España. Y hasta es probable que, a la postre, si valientemente da la cara, la Historia le absolverá.

28 de julio de 2020

Descoordinación frente a la pandemia y crisis turística

En situaciones como la que está viviendo el país durante la crisis provocada por la pandemia es cuando mejor se aprecia y valora internacionalmente la existencia de una política común y bien coordinada bajo la capacidad vertebradora del Estado. Es el interlocutor a escala global y la entidad de referencia ante el mundo. Todos lo saben, incluso los que lo cuestionan. Sin embargo, demasiado pronto se ha casi desvanecido la unificación de criterios apoyada en la comunicación e intercambio de información y estrategias entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas. El presidente del Gobierno apenas habla del tema, Salvador Illa ha desaparecido y las declaraciones del Sr. Simón son desconcertantes o tan vagas que no merecen comentario.
El resultado está a la vista: la lesión hacia el exterior de la imagen de España como destino turístico. Posiblemente - lo planteo como mera hipótesis - las medidas restrictivas aplicadas por diferentes países claves de la demanda de ocio para visitar España tengan que ver con esta especie de "sálvese quien pueda" que, como imagen de país, se ha impuesto en un momento especialmente critico, el peor y más inoportuno en un período tan sensible para España como es el verano. Ninguno del Mediterráneo se ha visto afectado por las cautelas aplicadas al nuestro. Inconcebible.
No sorprende, en fin, que, ante las previsiones realizadas y la constatación de que el problema sanitario dista mucho de haberse resuelto, la política española frente a la evolución de la pandemia, adoptada cuando más se necesitaba una visión efectiva, puede generar un impacto disuasorio a todos los niveles.

23 de julio de 2020

El Plan de Recuperación: un catalizador para la economía y la gobernanza en España

Un verdadero y poderoso catalizador. Eso es lo que va a suponer, en mi opinión, el efecto consecuente a la aplicación efectiva de las cantidades asignadas a España en el plan de recuperación aprobado por la Unión Europea hace unos días, y que representa el mayor volumen de inversión pública de dimensión supraestatal jamás aprobado en el mundo.
Concebido con un horizonte de seis años, y a través de un proceso de seguimiento y vigilancia que no va a ser de mero trámite, no cabe duda que su impacto va a trascender lo meramente económico para revestir una importancia política desde el punto de vista de la gestión estricta del fondo. Lo que subyace bajo ese plan no es en modo alguno baladí. Lisa y llanamente, implicará un enfoque disciplinado, riguroso y coherente de la toma de decisiones bajo los principios que armonicen la eficiencia con la sostenibilidad, con la mirada puesta en la superación de la crisis a escala del proyecto europeo en su globalidad. Asumiendo, como ha quedado acordado, que el plan de actuación no ha de lesionar el gasto social, la cuestión básica estriba en la defensa de un modelo de funcionamiento basado en la coordinacion entre administraciones y en la cooperación entre el sector público y el privado. Es decir, disciplina, efectividad y buena gobernanza aplicables a los grandes retos a los que el país se enfrenta: transición energética, reindustrialización, equilibrio interterritorial, actuaciones contra la crisis demografica, calidad ambiental, lucha contra la desigualdad en sus diferentes manifestaciones, defensa de la ética y la ejemplaridad, responsabilidad fiscal...
Fuera, pues, veleidades y demagogias, fuera trasnochadas y reaccionarias soflamas supremacistas y, como réplica, defensa de las buenas prácticas en la gestión de los recursos en un Estado integrador. Se abren siete años decisivos para España, que seguramente repercutirán en una mejora sensible de la forma de hacer política.
Entre tanto el proceso catárquico a que se halla sometida la Casa Real quedará resuelto con la penalización, jurídica y moral, del escándalo-delito que la afecta y de su responsable y con la preservación del modelo constitucionalmente establecido, que, con todas las limitaciones que se quiera, ha asegurado el período de libertad y progreso más dilatado en toda, toda, la Historia de España. Es lo que creo.

29 de marzo de 2020

Clara Ponsati o la indignidad personificada







No ha habido frase más abyecta, cruel y miserable en el panorama actual que la proferida hace unos días por una mujer catalana. Que nadie olvide su nombre. Clara Ponsati se llama. Se dice de ella que forma parte de los políticos vinculados al independentismo catalán. No. No creo que esa corriente política haya caído tan bajo como para albergar en sus filas a persona tan indigna de formar parte de una formación política que se precie y pretenda la respetabilidad de los demás.

A medida que pasan los días, y mientras el mundo entero y España asisten sobrecogidos a la mayor catástrofe planetaria de los últimos setenta años, cuando la cifra de fallecidos por contagio de coronavirus no cesa de aumentar, la frase de Ponsati - "De Madrid al cielo" - para referirse específicamente con enorme desprecio a los que mueren día tras día en Madrid, resuena en todos los oídos y en todos los horizontes como la manifestación más patente de la bajeza moral a que pueden conducir el fanatismo, la insensibilidad y la falta de inteligencia. No es posible mayor muestra de inhumanidad y de falta de escrúpulo y de solidaridad.

Ante el espectáculo atroz del Palacio de Hielo de Madrid y de sus camposantos a rebosar, Clara Ponsati no ha rectificado ni pedido perdón. Da igual que lo haga a posteriori, visto el rechazo suscitado. El mero hecho de que esa idea pasara por su cabeza y la lanzara sin pudor a los cuatro vientos demuestra sin equívoco alguna la infima calidad moral que la distingue. Mil vidas que tuviera, esa infamia le perseguirá para siempre. Será su marchamo sempiterno. Su único marchamo en la vida. No podrá jamás desprenderse de él. Que nadie lo olvide.

23 de marzo de 2020

Lecciones para los días que vendrán

Qué principios fundamentarán los comportamientos humanos en los días que vendrán? Un nuevo escenario se abre ante nosotros tras las lecciones aprendidas y conscientes de que en adelante muchas actitudes y posturas han de cambiar. La dureza de la experiencia no permite afrontar el futuro como si nada hubiera pasado o con la idea de que lo ocurrido es un mero paréntesis en nuestra singladura por la vida.

Es probable que, cuando volvamos a la calle, veamos de nuevo a nuestros amigos, recuperemos la cercanía de la familia, coincidamos con el vecino, entremos en el establecimiento de proximidad que siempre nos acogía - el único apetecible para mí - o acudamos a una consulta médica, tres nociones claves sobrevolarán nuestros pensamientos. A saber, reconocimiento de la extrema vulnerabilidad en que vivimos, sentido de pertenencia a un espacio de riesgos y solidaridades compartidos, afianzando la conciencia de que no estamos solos, la ponderación inequívocamente positiva de los servidores públicos y de los oficios dedicados a atender las necesidades de la ciudadanía... y apoyo sin fisuras a los investigadores que ayudan a que las sociedades sobrevivan a la catástrofe.

Todo se resume en la valoración de quienes menos reciben, de los peor pagados, de quienes están sumidos en el anonimato sin otra compensación que la que aporta el orgullo por la labor cumplida. Toda una lección laudatoria de la humildad y la honradez profesional, que quizá trascienda al modo de entender el ejercicio de la política.


¿No les parece? ¿O será acaso un sueño, afectado por la atmósfera de la peste?


21 de marzo de 2020

Premonitorio









Lo escribió mi hermano Tomás Salvador González hace dos años y ahora se publica póstumamente en De Aleda a Aldea, editado por la Universidad de León, con prólogo de Luis Marigómez.

Premonitorio, lo traigo aquí con motivo del Día Mundial de la Poesía.

20 de marzo de 2020

Cuando la presencia humana desaparece, la naturaleza se apodera del espacio



Paseo de Zorrilla. Valladolid. 20-marzo-2020
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