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7 de junio de 2018

¿Iberia como excepción o como posibilidad en el futuro de la opción socialdemócrata?

He ahí los paises ibericos como singularidad politica en Europa. Mientras los partidos socialistas se desvanecen en Grecia, Italia y Francia, en España y Portugal gobiernan los Estados respectivos. De ahi la relevancia de su responsabilidad en la recuperación de la socialdemocracia europea. Me dicen mis amigos franceses que sus miradas observan expectantes los acontecimientos ocurridos y que han de tener lugar en las tierras de Iberia.

¿Excepción o posibilidad? No me negarán que el momento histórico y los rumbos emprendidos en esta Europa sumida en una situación crítica no son sumamente interesantes, se piense lo que se piense.

De ahi la cuestión: ¿lograrán ser los paises ibéricos las referencias potenciales del pensamiento socialdemócrata emergente, tan debilitado en la Europa unida?

25 de octubre de 2011

Nuevos rostros en el cine español: Andrea Fernández y Nuno Pessoa


Andrea Fernández en el acto de presentación de “Despedida” (Seminci, 2011)
Me comentaba ayer Fernando Herrero, conocido crítico cultural de Valladolid, que la juventud que desea hacerse un nombre y un espacio en el cine lo tiene cada vez más difícil. Tan denso, complejo y sinuoso es ese mundo de la creación cinematográfica que cualquier pretensión de abrirse camino y consolidarse en él tropieza con tal cúmulo de dificultades que sólo la tenacidad, el esfuerzo y el talento pueden, tras no pocos sinsabores, propiciarlo.
Fue ésta una conversación mantenida tras haber asistido poco antes a la presentación de una serie de cortos que habían sido seleccionados y dados a conocer públicamente dentro del programa de la 56 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). La experiencia me permitió valorar la labor realizada por un grupo de jóvenes cineastas, presentes en la sala y entusiastas partidarios de la innovación y la creatividad en un contexto donde no es sencillo individualizarse. Entre ellos, la vida y la amistad me han llevado a seguir con detenimiento y curiosidad las iniciativas llevadas a cabo por Andrea Fernández y Nuno Pessoa, dos personas jóvenes, con gran formación artística, que las circunstancias de la vida han llevado a vivir y a trabajar en Lisboa, aunque ellos mismos se muestran dispuestos a desarrollar su afán creativo en los escenarios donde esta tarea reciba el reconocimiento y el respaldo que merece. No existen fronteras cuando de explayar lo que uno sabe hacer se trata y, sobre todo, si lo hace bien y es consciente de ello.


Mi primer contacto con su obra fue a raiz de un documento impresionante que ofrecieron en una de las primeras reuniones de la Asociación Cultural Ciudad Sostenible, de la que formo parte, y en la que nos sorprendieron a todos con su Noncity”, expresión viva, crítica y de extraordinaria calidad estética sobre los espacios desolados que surgen en las periferias urbanas brutalmente impactadas por el urbanismo despiadado. Esta pieza se integra en un conjunto de aportaciones muy relevantes y que bien pudieran considerarse representativas de las modernas formas de expresión cinematográfica. Véanlas y quedarán gratamente sorprendidos.

En la sesión de la 56 SEMINCI el corto que firmaban – “Despedida”- nos trasladó a las sensaciones visuales y perceptivas que el otoño introduce en la imagen de la ciudad. Eligieron para ello Lisboa, pero no incurrieron en el tópico tan manido de lo que el cine ha descrito como “la ciudad blanca”(Alain Tanner, 1983), sino a la ciudad envuelta en la grisura de la estación casi terminal del año, donde los colores se desvanecen, al tiempo que cobran sutiles matices cambiantes, la humedad se apodera del ambiente, los horizontes se difuminan y cuanto sucede viene a identificarse con la hoja del árbol que, seca ya, se resiste a caer...hasta que, al final, mecida por el viento, cae. Es un documento repleto de simbologías, abiertas a la capacidad del espectador para descifrarlas. Lástima que, al final de la proyección, no se abriera un cambio de impresiones entre los creadores y el público.
En cualquier caso, y reconociendo que fue una experiencia culturalmente tan valiosa como grata, he querido aludir en esta entrada al empeño de ambos cineastas jóvenes por dar muestra, con la honestidad y la solvencia técnica y estética con que lo hacen, de su talento y de su sensibilidad.

19 de junio de 2010

José Saramago: compromiso y coherencia de un portugués sin fronteras


Admiro la figura del intelectual comprometido. Comprometido con su tiempo, con los problemas y vicisitudes de la época que le ha tocado vivir, alerta y vigilante hacia cuanto acontece a su alrededor y con la mirada puesta en la defensa de quienes más necesitan el amparo y el aliento que hagan posible el alivio de sus tragedias. Y comprometido con su espacio también, con ese entorno convulso y repleto de contradicciones en el que todos nos desenvolvemos y que cada dia ofrece a nuestra vista perpleja las tensiones motivadas por el estigma omnipresente de la desigualdad.

Cuánta razón tenía Gabriel Celaya al escribir aquel poema que tanto me impactó en mi juventud:
(...)
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
(...)
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Sirva este recuerdo como testimonio de admiración, respeto y reconocimiento a la figura de José Saramago, el portugués de mil miradas que acaba de partir. Ninguna causa noble le supuso incomodidad. Consciente de que su palabra era un buril incisivo sobre la injusticia, jamás puso obstáculo alguno para hacerla notar y combatirla - siempre con el coraje de la palabra - allí donde era necesario. En el Sahara Occidental, en Palestina, en Haití, en el África admirada….
Su obra es inmensa, tanto como el océano que se extiende sin límites frente a las costas de Portugal, el mismo que divisaba desde su atalaya de Lanzarote. Recuerdo haberle visto en varias ocasiones en el Circulo de Bellas Artes de Madrid, en la Feria del Libro del Parque del Retiro madrileño, en el Dia del Libro y de la Rosa de Barcelona, en la manifestación contra la guerra de Irak aquel memorable 13 de Febrero de 2003 en la Plaza de Cibeles... Valiente y decidido, enamorado de la “balsa de piedra” que identificó con la Península Ibérica, nunca comulgó con la feria de las vanidades ni se sumó a la conjura de los necios. Anteponía la sinceridad a la petulancia tan frecuente en el oficio, no se recataba ante la barbarie y enarboló como nadie la bandera de la libertad.
Coherente consigo mismo, nos hizo intuir que otro mundo era posible. Un mundo alejado de la mediocridad, de la explotación, del lucro desmedido, de la banalidad y, ante todo, de la opresión y la injusticia
¿Cómo homenajear a Saramago en estos momentos?. No se me ocurre nada mejor que , recurriendo a la voz de Carlos do Carmo, traer a colación la imagen de Lisboa y el rumor del Tajo que se abren al Atlántico, y que con tanta fuerza nos evocan los aires de Portugal. Y es que, aunque hombre de un mundo sin fronteras y no bien comprendido a veces por algunos de sus compatriotas, dificilmente podría entenderse la creatividad de Saramago sin asociarla a lo más encomiable y recóndito de la personalidad portuguesa.








19 de octubre de 2009

¿Son los blogs una plataforma de expresión literaria?


Provocador, iconoclasta, defensor de causas nobles, libre como el viento, con un punto de mala uva y con mucho talento a la vez, José Saramago ha reflexionado recientemente sobre el mundo de los blogs. Al parecer, él ha puesto, de momento, fin al suyo, tras poco más de un año de cultivo, que ilusionadamente inició a sus 85 años, motivado, como en su día dijo, por el afán de rejuvenecerse. Y lo ha hecho no porque denostara esta forma de expresión, sino porque desea tener tiempo para afrontar otro proyecto intelectual que cristalizará en un libro.

Aludo aquí al afamado escritor portugués porque hace unos días planteó una reflexión sobre este mundo de las escrituras abiertas, imprevisibles e indómitas, que desearía comentar. En un encuentro cultural dijo de forma provocativa que “los blogs son una forma de literatura como otra cualquiera… No hay diferencia entre la escritura de un blog y la literatura. Creo que al público le es indiferente ese debate sobre la inmediatez del periodismo”. Lo ha dicho en Italia, en el hotel Parenti de Roma, donde hablar de lo que se quiera no es fácil cuando la mirada siniestra de Berlusconi asoma por la nuca. De hecho el nefasto "caimano" ha vetado la publicación de una de sus obras.

Nunca habia oido este tipo de reflexión, referida a una forma expresiva que se ha abierto a los vientos del mundo sin reservas, ataduras ni limitaciones. Quizá quede mucho por debatir en torno a esta cuestión si es que merece un debate, superando el escenario habitual de las controversias circunscritas al ámbito académico y al veredicto implacable de la crítica. No trato de introducir aquí polémica alguna, pero, a raiz de la opinión de Saramago, me asalta la curiosidad de saber qué puede haber de verdad o de "boutade" en una reflexión que no parte de ningún necio. Pocos pueden negarle autoridad en la materia, aunque algunas de sus novelas no sean fáciles de roer.

En otra ocasión he aludido a lo que, a mi juicio, significan los blogs con motivo de un interesante encuentro organizado en Burgos hace un año por estas fechas. Desde entonces he procurado seguir con cierta atención, y dentro del escaso tiempo de que dispongo, las manifestaciones expuestas en esta plataforma de comunicación, que merecerían una investigacion, sociológica, cultural y hasta psicológica. Me limitaré simplemente a señalar que, más allá de la diversidad de perspectivas, temas y estilos que confluyen en este ágora de perfiles indefinidos e infinitos, creo que, en el fondo, no es desacertada la opinión del Premio Nobel portugués.

Pues si la literatura consiste en escribir a partir de la imaginación, de la creatividad y del empeño que quien lo hace pone por transmitir a los demás algo propio, ¿sería justo invalidar este califificativo cuando se trata de textos que en no pocos casos revelan talentos, inquietudes y estilos que se abren al ciberespacio con total libertad, exonerados de las servidumbres que con frecuencia aquejan a los escritores que hacen lo que sea con tal de entrar en el mercado o se pliegan a las exigencias de las editoriales con merma de su autonomía y de su libertad, a la par que se enredan en telas de araña marcadas por la inquina, la difamación y la envidia?. No siempre ocurre, pero ocurre, ¿o no?.

En otras palabras, ¿donde están en estos tiempos de fronteras difusas los límites que determinan lo que es una creación literaria?. José Saramago lo aclaró también en su intervención romana: "los limites están en la calidad de las ideas, no en el formato"

15 de septiembre de 2009

Elecciones en Portugal: ¿España como pretexto?



Nada de lo que sucede en Portugal debe resultarnos indiferente. No sólo la contigüidad física justifica ese interés; también contribuye a ello la constatación de que la historia ha trabado una relación estrecha entre ambos países, con momentos de encuentro y desavenencia propios de una relación de vecindad que nunca ha sido fácil y que, por tanto, se ha traducido en un desconocimiento bastante acusado, en recelos que afloran sin provocarlos y en actitudes aviesas que, analizadas con la perspectiva de nuestros días, no resulta fácil entender.

Personalmente siempre he sentido un gran interés por Portugal, país que visito a menudo, sobre el que he trabajado alguna vez, en el que tengo excelentes amigos y que me encanta cuando de disfrutar de los paisajes, de la cultura o de la gastronomía se trata. Viví muy de cerca la conquista de la libertad a mediados de los setenta y desde entonces no hay suceso político en la patria de Miguel Torga, Dulce Pontes y Orlando Ribeiro que no me suscite, cuando menos, curiosidad.

Comentando hace unos días con mi amigo Mariano Fuertes, esforzado médico español que trabaja en la bella ciudad de Mirandela, en la región de Tras-os-Montes, la situación existente con motivo de las elecciones legislativas del 27 de Septiembre, he tratado de ponerme al dia con el fin de interpretar el complicado panorama del marco político de ese país y, sobre todo, el sentido de los debates, que siempre dan idea de por dónde van las sensibilidades, las inquietudes… y las demagogias características de toda campaña electoral.

Y hete aquí que de nuevo surge España como motivo de controversia, suscitando una polémica que sorprende tanto por su atavismo como por su impertinencia cuando ambos países forman parte de la Unión Europea, por lo que todo va más en la línea de la desconfianza que de la aproximación en un escenario compartido. El detonante lo ha marcado la líder de la derecha recalcitrante que se agrupa en torno al PSD, dirigido esta ocasión por una mujer, llamada Manuela Ferreira Leite. Poco le importa a la señora haber formado parte del Consejo de Administración del Banco Totta, filial del Santander, o haber sido ministra del Gobierno que negoció con España la integración de las líneas de alta velocidad ferroviaria.

El espíritu de buena armonía ya no sirve cuando lo que interesa es sacar votos a costa de la animadversión hacia el vecino, a modo de chivo expiatorio de las autocarencias inconfesables. Y en ello ha debido ver esa señora un caudal inmenso de posibilidades de victoria al oponerse de manera furibunda a la integración de los ejes internacionales del AVE con Vigo y con Madrid, pese a estar auspiciados por los fondos europeos. Es una infraestructura que favorece el enlace, que estimula la comunicación, que alienta los espacios de confluencia de intereses. “No me gustan los españoles metidos en la política portuguesa, porque Portugal no es una provincia española”, ha dicho Ferreira Leite frente a José Sócrates, confundiendo, nunca mejor dicho, la velocidad con el tocino. Y es que la demagogia en política no admite límites. Así que a partir de ahora, ya se sabe: el slogan electoral de la senhora Ferreira está cantado. De Espanha nem bon vento, nem bon casamento nem comboio de alta velocidade”. Cada uno por su lado y el que venga atrás que arree. Cuando no hay ideas con gancho, buenas son las que despiertan las vísceras del agravio, aunque sea ficticio.

Imagen: Perspectiva del rio Douro cerca de Peso da Règua

10 de septiembre de 2008

Mensajes en la calle: la cortesía portuguesa


Merche Pallarés, persona cosmopolita y sensible donde las haya, nos habla en su blog de Portugal en un tono emocionado, evocando la experiencia del periodo de su vida transcurrido en el país de Lobo Antunes y de Orlando Ribeiro, entre otros. Esa evocación me da paso para traer a colación una faceta conocida de los portugueses, o al menos de una mayoría, como es la cortesía y las buenas formas. "Es usted más cumplido que un portugués" se dice a veces en España cuando se quiere resaltar el sentido reverencial que nuestros vecinos del Oeste dan al que, ante una puerta por franquear, siempre le ceden el paso con una sonrisa que invita a devolverla.

Recurren a fórmulas de tratamiento que ya no se ven en ningún sitio, como la que figura en este cartel de acogida y llamamiento a la buena costumbre, que ví de pronto en el bus de una ciudad de Tras-os-Montes no ha mucho; y cuando consigues labrar amistad con uno de ellos, ya sea de la ciudad o del campo, del Minho o del Alemtejo, prepárate, pues las atenciones van a estar muy por encima de tus expectativas. Y lo hacen sin engolamientos ni hipocresía. Les sale del alma, como esas canciones que impregnan el ambiente de un sabor melancólico al que uno se acostumbra y del que no es fácil desprenderse una vez sumergido en él. Basta simplemente deleitarse con la voz Carlos de Carmo, de la que aquí se incluye un ejemplo, para darse cuenta de ello. E incluso puedo decir que poco a poco van superando esa desconfianza histórica hacia los castellanos de la Vieja Castilla, es decir, de la mía, de la que nunca han querido "nem bon vento, nem bon casamento". Cosas del pasado, pues sé de parejas formadas por personas de Coimbra o Leiria con otras de Salamanca y Zamora más sólidas que los berrocales de la magnífica Serra da Estrelha.

23 de mayo de 2008

También en Portugal la música levantó la niebla

Deseo dejar claro que la evocación que hice ayer del concierto de Raimon en Madrid el 18 de Mayo de 1968 no se apoya en la nostalgia de un tiempo pasado sino en la convicción de que es necesario de vez en cuando desempolvar los recuerdos para que los hechos históricos - y ése lo fue - no caigan en el olvido, lo que sería de lamentar dada la formidable resonancia cultural y política que en su momento tuvieron. Es ésta precisamente la motivación que me lleva hoy a refrescar la memoria con otra de las referencias simbólicas de lo que significó la música en el levantamiento de la pesada niebla que cayó durante décadas como una losa sobre los dos países que integran la Península Ibérica. ¿Cómo celebrar a Raimon sin considerar al tiempo la figura de José (Zeca) Afonso en el vecino y entrañable Portugal? ¿Cómo no asociar, con todos los matices que se quieran, el ímpetu de "Al vent" con los acordes, más suaves pero no menos contundentes, de "Grândola, vila morena"?




No asistí en su día al concierto de Raimon en Madrid, pero sí recuerdo, como si fuera hoy, la estatura inconfundible de Zeca en el Pavilhão dos Sportos de Lisboa en la tarde de un día de Mayo de 1975, cuando Maria Antonia, Antonio García Colomo y yo visitamos el Portugal democrático en los dias en que Vasco Gonçalves era Presidente del Gobierno. Han pasado muchos años, y el pais que vio nacer a Fernando Pessoa ha cambiado muchísimo, pero aquel paisaje de la Lisboa exultante en la calles, llenando la Praça de Rossio, gritando a pleno pulmón en la Rua Augusta, en Bélem y en la Praça do Comerço o tumbados al sol primaveral en el Parque que se extiende junto a la Plaza del Marqués de Pombal no se me olvidará, no se nos olvidará, jamás.


Era el "Portugal resuscitado dapois da fome et da guerra", como se cantaba en Alfama y en O Chiado, en Belem y en Setúbal. "O povo unido nunca mais sera vencido", repetía el estribillo una y otra vez. Y también se cantaba en el tren que nos condujo hasta la estación lisboeta de Santa Apolonia. A la vuelta, de camino a España, aún se seguía cantando, pues en apenas cuatro días las frases más comunes salían de corrido. Sabiamos portugués por un tubo. Pero al llegar a Fuentes de Oñoro todo el mundo tenía que callar, porque primaba el silencio sobre la voz. Se entraba en el otro trozo de "la balsa de piedra" (Saramago) y la niebla del franquismo, cerrada y aburrida, impedía cantar, lo oprimía todo. Poco faltaría para que, al fin, despejara, pero lo cierto es que en la primavera del 75 todavía era densa, plúmbea, miserable. Recuerdo la llegada a la estación de Valladolid, donde la policia se apostaba para tomar nota de los españoles que venían llenos de posters y de morriña. De repente caras serias, silencio y niebla por doquier. Tendrían que pasar dos años, hasta el 15 de Junio de 1977, para que saliera el sol, empezáramos a reirnos y pudiéramos cantar y aplaudir a los que queríamos.


Recordemos la canción mítica del Portugal que despertó a la libertad con los claveles en la boca de los fusiles. Recordemos a José Afonso, que se fue. Música para todos y todas, pero en especial para Patricia y Selenia, que desde Braga y Salvador de Bahia me estimulan de vez en cuando a leer en la lengua de mi admirado Miguel Torga. Nada de nostalgia, que quede claro; simplemente evocaciones, llamaradas de la memoria que sobreviven, vívidas, al paso del tiempo.

19 de mayo de 2008

Portugal y Galicia: culturas compartidas, culturas complementarias, culturas universales

Patricia França nos informó hace unos días en su magnífica ventana bloguera de la manifestación, convocada este domingo 18 de Mayo en Santiago de Compostela, por la Mesa pola Normalización Lingüística en defensa del desarrollo del gallego y de su reconocimiento como parte de la lusofonía, es decir, de ese espacio culturalmente integrado por la lengua portuguesa. La manifestación se ha celebrado con normalidad y la asistencia a ella no ha sido desdeñable. Más de 8.000 personas, según la policía, y 25.000, a juicio de los organizadores, recorrieron en tono festivo las calles de Santiago, desde la Alameda hasta la Plaza de A Quintana arropando el lema "'Polo dereito a vivirmos en galego".

Sé que éste es un tema muy debatido en Galicia. Así que poco más tengo yo que decir, salvo destacar lo establecido en los Arts. 5 y 27.20 del Estatuto de Autonomía, que garantizan el fortalecimiento de la lengua gallega. En todo caso, que hablen los lingüistas, que los políticos asuman el alcance y significado de la iniciativa, que todos comprendan el sentido y la conveniencia de una conexión lógica, en la que no hay - ni debiera haber- amenazas o recelos para nadie y por parte de nadie. Pero, si de lo que se trata es de fortalecer las relaciones entre las lenguas de Galicia y Portugal, no cabe duda de los estrechos vínculos que históricamente han unido a ambos territorios, por lo que sólo cabe defender que nos sigan aportando experiencias y resultados que evidencien lo mucho que representa el mensaje trasmitido desde la bellísima lengua de Camoëns, Pessoa, Saramago o Torga, del mismo modo que nos adviertan de que jamás podremos pasar por alto el valor de las obras de Castelao, Cunqueiro, Rosalía o Manuel Rivas. Un patrimonio inmenso para todos.

Y todos nos sentiremos siempre enriquecidos con todo lo que nos venga del Oeste, de las tierras que han mirado históricamente al Atlántico y que hoy dirigen el otro de sus ojos hacia Europa en una complementariedad de enfoques y miradas que les procura admirable personalidad. Vivo cerca de Portugal, tengo excelentes amigos portugueses y disfruto cuando visito ese país, como también me encuentro a gusto divisando el océano desde Finisterre, desde Camariñas o desde la Estaca de Bares. En Tras-os-Montes tomé hace años esta fotografía, que dedico a todos los amantes del ámbito galaico-portugués.

11 de febrero de 2008

Portugal, tan cerca y a la vez tan lejos



Como ha señalado el ex Presidente Mario Soares en el Diário de Notícias lisboeta, la última Cumbre hispano-portuguesa, celebrada en Braga a finales de Enero, “ha constituido un paso importante en las relaciones peninsulares, abriendo una oportunidad única, que no se debe perder, para los dos Estados, en el dominio de las convergencias políticas y económicas, en el marco europeo en particular, pero también en relación al Mediterráneo, al Atlántico y a América Latina”.Objetivos encomiables que seguramente han sido reiterados en ediciones anteriores con la misma grandilocuencia, aunque su repetición no haga sino destacar que una estrategia que debiera estar ya consolidada aparece en este XXIII Encuentro como la manifestación de un deseo aún por cumplir.
Sin embargo, y a la vista de lo acordado, es evidente que los avances en la cooperación entre ambos Estados han ido adquiriendo entidad a través de realizaciones importantes, cuya incidencia habrá de notarse tanto globalmente para cada uno de ellos como para las regiones y lugares en las que se materialicen. No son desdeñables las comprometidas en esta reunión, donde se ha acordado la instalación en Braga del Laboratorio Internacional Ibérico de Nanotecnología, o proseguir en el camino, ya emprendido, hacia la integración energética. Un proyecto tan ambicioso como necesario, cuyos hitos más relevantes han de venir dados por los avances en la compatibilidad reguladora y convergencia tarifaria en el sector energético que permitan configurar un Mercado Ibérico de la Electricidad (MIBEL), acordado en 2004, por la política de fomento conjunto de las energías renovables, y por la ordenación del Mercado Ibérico del Gas (MIBGAS), todo ello con la mirada puesta al tiempo en la creación de un gran operador del Mercado Ibérico de la Energía (OMI).
Ahora bien, el buen funcionamiento de los vínculos entre los dos países no ha de limitarse sólo a los grandes acuerdos interestatales, que dan cumplimiento al Tratado de Amistad y Cooperación, suscrito el 22 de Noviembre de 1977. Desde que, tras la caída de las dictaduras que los distanciaron durante décadas, vieron la luz los primeros intentos de crear espacios de relación a menor escala basados en estrategias compartidas de desarrollo, la cooperación transfronteriza descentralizada se ha convertido en el punto de referencia esencial a la hora valorar el éxito o la frustración de esa voluntad de encuentro a favor de estrategias beneficiosas para ambas partes. Se trata de una cuestión cuya dimensión como problema, variable en su gravedad según los espacios concernidos, no ha dejado de persistir a o largo del tiempo, por mor de unos resultados que ni siempre pueden calificarse de satisfactorios ni, menos aún, incurrir en la autocomplacencia.
Los estudios sobre el tema son tan explícitos que no ha lugar al equívoco cuando ponen al descubierto las insuficiencias de desarrollo o los crónicos problemas de regresión global de estas áreas, que siguen acusando, salvo excepciones singulares, el estigma de la fragmentación histórica. Algo que resulta particularmente perceptible en el tramo de la “raya” correspondiente a la Comunidad de Castilla y León, que sigue siendo el más refractario a la rentabilización de las posibilidades permitidas por la confluencia de fuerzas a uno y otro lado, como ya puse de manifiesto en estas mismas páginas hace años (El Norte de 21 de Mayo de 2001). De manera puntual algunas iniciativas revelan el alcance del esfuerzo realizado y de las ayudas que lo han hecho posible, pero en la mayor parte de los casos son precarias o carecen de las condiciones capaces de asegurar su continuidad en el tiempo como garantía para la creación de oportunidades de desarrollo realmente consistentes. Recurrir para explicarlo a la debilidad demográfica nos lleva, en mi opinión, a un argumento no cuestionable pero insuficiente. Pues cuando ha existido verdadera voluntad de avanzar en la formación de espacios de encuentro creativos e innovadores, la experiencia ha servido para lo que se pretendía, es decir, para fijar población y crear expectativas, y sobre todo confianza, hacia el futuro.
Y es que, en general, la cultura de la cooperación transfronteriza deja todavía que desear: ni está asentada en el conjunto del territorio ni es asumida como una opción estratégica integradora, por más que las proclamas entusiastas que de vez en cuando se hacen den la impresión de lo contrario. De todos modos, para que los propósitos bienintencionados se conviertan en logros contundentes no es necesario improvisar instrumentos de cooperación sino aprovechar convenientemente, y sobre la base de los recursos disponibles, los ya creados y garantizar su operatividad. En resumen, bastaría con centrar la atención en dos soportes de actuación esenciales. Por un lado, en el fortalecimiento de las posibilidades permitidas por la Fundación Rei Afonso Henriques y por el Instituto Interuniversitario asociado a ella, evitando que languidezcan o que sus actividades sean poco más que acciones esporádicas o de mera intencionalidad; y, por otro, dar consistencia a la voluntad política de aplicar en Castilla y León, con fuerte implicación de los municipios y las organizaciones más dinámicos, las directrices contempladas en los acuerdos adoptados en el Encuentro Luso-Español sobre Cooperación Transfronteriza de 13 de Enero de 2006, que fijaron los principios en los que se apoya la programación de los Fondos Europeos para el periodo 2007-2013. Si se tiene en cuenta que la próxima Cumbre (¿porqué no en Zamora?) va a celebrarse en Castilla y León – una oportunidad para recabar la implantación de iniciativas innovadoras de alcance interestatal, como se ha hecho en Braga - y que las posibilidades de las Comunidades de Trabajo constituidas con las regiones Norte y Centro de Portugal están avaladas por la contundencia de los diagnósticos y por el convencimiento de que existen potencialidades que han de ser aún valorizadas, nos encontramos ante una ocasión histórica que en modo alguno puede quedar desaprovechada, pese a que las inercias heredadas obliguen aún más a la prudencia que al triunfalismo. 
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