6 de marzo de 2026

La venganza de la Geografía



 Una vez más se pone en evidencia la importancia del conocimiento riguroso del territorio para explicar e interpretar lo que sucede. No es posible entender el significado de los procesos políticos, y las tendencias que los definen, sin analizar a fondo el contexto geográfico en el que tiene lugar. Por esa razón, he vuelto a leer esta obra que, muy aconsejable, es una referencia obligada cuando se trata de analizar los problemas de nuestro tiempo sobre la base de su fundamentación histórica y de los hechos que definen y configuran la tan compleja como desconocida realidad territorial iraní.

La mancuerna formada por Trump y Netanyahu ha desencadenado una guerra ilegal en uno de los escenarios más convulsos de la Tierra. No carece de sentido, dada la gravedad de los hechos, reflexionar sobre sus implicaciones y derivaciones, recurriendo a la interesante y rigurosa explicación que Robert Kaplan hace - en La venganza de la Geografía (RBA, 2012) - de Irán ( que el autor identifica como "el pivote iraní) , el país que, situado en la encrucijada más tensa del mundo y con fronteras invariables a la largo de la Historia, jamás fue invadido. Mucho cuidado con ese complejo país asiático, sin olvidar las lecciones aportadas por las experiencias bélicas de Estados Unidos en Vietnam, Irak y Afganistán. Todas desastrosas.
Y es que, como es bien salido, el conocimiento geográfico ayuda a interpretar hasta qué punto adentrarse en el espacio más anfractuoso de la Tierra puede constituir una terrible experiencia. Ay, los Montes Zagros y el Estrecho de Ormuz, donde todo es posible.

4 de marzo de 2026

Un mensaje decisivo del Presidente del Gobierno de España


He oído, íntegra, la intervención del Presidente del Gobierno de España a las nueve en punto de la mañana. Eran las nueve en todos los relojes. Eran las nueve en punto de la mañana del día 4 de Ventoso de 2026.

No tengo constancia de que ningún otro dirigente del mundo haya hecho declaraciones similares en el terrible momento histórico que estamos viviendo. Sus invocaciones al Derecho internacional, a la diplomacia, a los derechos humanos y a la paz nunca han sido, por excepcionales, tan necesarias como ahora.
España queda así significada y dignificada frente a la barbarie y la ilegalidad. Orgullo de país.
Vivimos tiempos electorales. Aboguemos por el voto coherente con la defensa de la dignidad defendida desde La Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno de España.

2 de marzo de 2026

La degradación permanente de la legalidad internacional

 Cuando se observa la secuencia de ataques contra Gaza, bombardeos en Siria, amenazas sobre Líbano y ahora golpes directos contra Irán, emerge un patrón que va más allá de la coyuntura electoral o del cálculo inmediato. La lógica parece ser otra: impedir que en el entorno de Israel exista hoy, o pueda existir mañana, cualquier actor con capacidad real de desafiar su supremacía militar y su proyecto territorial.

No es solo disuasión clásica. Es una estrategia de degradación permanente de la legalidad internacional. Golpear antes de que el adversario sea fuerte. Fragmentar antes de que se consolide. Destruir capacidades no para equilibrar, sino para garantizar que el equilibrio nunca llegue a producirse. En ese marco, Irán no es únicamente un problema nuclear, sino el último gran polo regional que podría articular resistencia política, militar o simbólica al dominio israelí, experto en robar tierras ajenas y asesinar niños. A mansalva e impunemente.
Esta doctrina se superpone con otra realidad incómoda: la consolidación prolongada de la ocupación ilegal y salvaje de Palestina. La expansión de asentamientos en Cisjordania, la anexión de facto de territorios y la fragmentación del espacio palestino han ido reduciendo progresivamente la viabilidad de un Estado palestino. En Gaza, la devastación masiva, el genocidio planificado, el desplazamiento de la mayoría de la población y la destrucción sistemática de infraestructura civil han generado acusaciones internacionales de limpieza étnica y genocidio. Más allá del veredicto jurídico final, la escala de destrucción es evidente.
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