Una vez más se pone en evidencia la importancia del conocimiento riguroso del territorio para explicar e interpretar lo que sucede. No es posible entender el significado de los procesos políticos, y las tendencias que los definen, sin analizar a fondo el contexto geográfico en el que tiene lugar. Por esa razón, he vuelto a leer esta obra que, muy aconsejable, es una referencia obligada cuando se trata de analizar los problemas de nuestro tiempo sobre la base de su fundamentación histórica y de los hechos que definen y configuran la tan compleja como desconocida realidad territorial iraní.
La mancuerna formada por Trump y Netanyahu ha desencadenado una guerra ilegal en uno de los escenarios más convulsos de la Tierra. No carece de sentido, dada la gravedad de los hechos, reflexionar sobre sus implicaciones y derivaciones, recurriendo a la interesante y rigurosa explicación que Robert Kaplan hace - en La venganza de la Geografía (RBA, 2012) - de Irán ( que el autor identifica como "el pivote iraní) , el país que, situado en la encrucijada más tensa del mundo y con fronteras invariables a la largo de la Historia, jamás fue invadido. Mucho cuidado con ese complejo país asiático, sin olvidar las lecciones aportadas por las experiencias bélicas de Estados Unidos en Vietnam, Irak y Afganistán. Todas desastrosas.
Y es que, como es bien salido, el conocimiento geográfico ayuda a interpretar hasta qué punto adentrarse en el espacio más anfractuoso de la Tierra puede constituir una terrible experiencia. Ay, los Montes Zagros y el Estrecho de Ormuz, donde todo es posible.


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