2 de septiembre de 2016

Visitando a los grandes maestros de la Rusia eterna


No es hoy mi compositor preferido, pero en mi juventud muchas de sus obras me entusiasmaron. De cuando en cuando me deleito con algunas de ellas y me siento reconfortado. Por esa razón no he desaprovechado la oportunidad de rendirle un pequeño homenaje acercándome al lugar donde reposa en el pequeño cementerio situado al comienzo de la Avenida Nevsky en San Petersburgo.





Alli recordé, entonándolos discretamente en medio de un silencio total, algunos compases de su Obertura 1812 y del segundo movimiento de La Sinfonia núm. 6 Patética. Se trata de Pyotr Tchaykovski. A su lado descansan, entre otros genios, Borodin, Glinka, Cui, Stravinsky, Mussorsky, Risky Korsakov, el gran Dostoyevsky y mi admirado Lomonosov, el naturalista que descubrió las discontinuidades de la corteza terrestre. Respeto, evocaciones y admiración por todos ellos. Eso es lo que inspira aquel lugar.

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