9 de noviembre de 2016

La victoria de Mr Trump o los riesgos de la irracionalidad

Numerosos son los síntomas que apuntan al hecho preocupante de que un fantasma de irracionalidad e insolidaridad recorre el mundo. Uno se resiste a admitirlo, se rebela contra la tendencia, no se resigna a asumir que los avances conseguidos con enorme sacrificio puedan ser reversibles. Da la impresión de que, bien por silencio o por incapacidad para detectarlo, los sondeos demoscópicos arrojan resultados que inducen a la confianza y a la idea de sentir que los deseos acabarán identificándose con la realidad. Sin embargo, el viraje histórico que ha tenido lugar en la segunda década del siglo XXI está dando al traste con las seguridades que creíamos definitivamente conquistadas. El Brexit, el rechazo al plan de paz de Colombia, la defenestración de Dilma Rousseff, el auge del Frente Nacional en Francia, los liderazgos xenófobos respaldados en Hungría y Polonia... son los precedentes con los que guarda coherencia el triunfo de la xenofobia, la zafiedad, la misoginia y el rechazo a lo público ocurrido con el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Varios denominadores comunes presiden la escena: el racismo y el rechazo al diferente, el populismo demagógico, el afán de revancha, la destrucción de la cultura, el insulto, la descalificación y la falta de respeto al adversario. Tiempos de irracionalidad, miseria moral y pérdida de perspectiva histórica. Es lo peor que nos puede suceder. El rearme ideológico para contrarrestarlo no parece fácil pero sin duda es indispensable y urgente. Nos va en ello la supervivencia.



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Da la impresión de que cuando las votaciones son decisivas se impone el silencio. La demoscopia entra en crisis cuando amplios sectores de la sociedad se muestran irreductibles a la sinceridad. Contra eso poco puede hacerse. Es el signo de los tiempos, marcado por la ocultación de los sentimientos inconfesables. "Ya se enterarán" parecen decir los que no dicen nada o miran para otro lado cuando alguien se interesa por lo que piensan hacer ante una urna. Algo muy grave está ocurriendo, pues, en las sociedades democratizadas. Desconfianza, recelo, vergüenza, afán de revancha, egoismo, introversión... Si se es consciente de que la xenofobia y la misoginia son perversiones del comportamiento, ¿cómo reconocerlo ante quien no se conoce?

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