1 de mayo de 2026

Una reflexión en el Dia del Trabajo

 A punto de asistir, como todos los años, a la manifestación convocada con motivo del Dia del Trabajo (para mí, una de las fechas más simbólicas del año), considero pertinente hacer, a vuela pluma, una reflexión sobre lo que esta fecha significa y lo que puede representar en un momento en el que la propia noción de TRABAJO aparece sometida a enormes transformaciones en virtud de los impactos que la afectan tanto conceptualmente como en sus propias pautas organizativas y de funcionamiento.

No hay que ignorar que nos encontramos situados en la mitad de la década en la que están teniendo lugar cambios decisivos en la estructuración de las dinámicas laborales como jamás se había visto en la historia. A poco que se analice la información sobre las tendencias registradas desde el punto de vista laboral es evidente que estamos asistiendo a una evolución del trabajo caracterizada por un cambio sustancial hacia modelos flexibles, relacionados con el auge del teletrabajo, la automatización y el auge de la IA, lo que contribuye a la transformación de las jerarquías, las competencias, las habilidades, el nivel de cualificación y las relaciones entre los trabajadores, y de éstos con las empresas.
Recientemente la OCDE ha estimado que el 80% los empleos actuales se verán profundamente afectados en el quinquenio que resta hasta 2030, lo cual aparece enmarcado en un proceso en el que necesariamente se ha de producir una modificación de las competencias y de las formas de ejercer la actividad laboral en consonancia con la defensa por parte de las empresas de sus objetivos a favor del mantenimiento de la competitividad sin omitir los efectos que pudieran desencadenar las deslocalizaciones.
Dentro de este panorama, que procuro seguir de cerca por las decisivas implicaciones geográficas que encierra (en varios aspectos, traumáticas), es absolutamente necesario abogar por las estrategias empresariales que sitúen a las personas en el centro de su estrategia de gestión, devolviendo el sentido al trabajo en equipo y anticipándose con habilidad a los cambios previsibles en la formación y en el desarrollo competitivo del sector de actividad, procurando la dignificación salarial del trabajo (que el propio mercado requiere) y la preservación de los derechos de los trabajadores tan costosamente conseguidos y hoy en situación tan frágil, con todos los desafíos que ello implica para el sindicalismo en una etapa que nada tiene que ver ya con el modelo taylorista en el que ha fundamentado tradicionalmente su fortaleza.

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