5 de febrero de 2015

La defensa de los derechos de los ciudadanos como principio de la acción pública


He seguido el acto de investidura del nuevo Presidente de la República italiana, Sergio Mattarella. Me he quedado con una frase que me parece digna de ser subrayada: "Mi pensamiento está, por encima de todo, en las dificultades y las esperanzas de los ciudadanos". Ahí se resume lo más digno de la política y lo más defendible precisamente porque ha sido lo más vulnerado. El futuro de Europa pasa por la recuperación de la confianza en la política y en quienes la ejercen, siempre que sean capaces de merecerla. Sin duda eso va a requerir un gran esfuerzo y una catarsis profunda en el seno de los responsables de la acción pública. 

La rabia acumulada, el malestar generalizado, el rechazo contundente tienen plena justificación porque sólo a través de estas actitudes por parte de la ciudadanía será posible orientar la política en la dirección que más necesitan los ciudadanos incluso por encima de las diferencias tradicionales de clase y de ideología: evitar el deterioro del Estado del Bienestar, cuya impronta en la mentalidad de la sociedad europea es tan fuerte que la resistencia a que desaparezca motiva ese repudio incontenible - sobre todo cuando se ven desprovistos de ella - hacia quienes considera responsables del deterioro al tiempo que decantan su respaldo a favor de los que basan esencialmente su señuelo más en lo que rechazan que en lo que proponen.

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