11 de noviembre de 2010

El escándalo de mirar para otro lado cuando se destruye un pueblo. Nunca podremos desprendernos de la Historia del Sahara Occidental

Niños saharauis en el aeropuerto de Villanubla (Valladolid), a punto de regresar a sus lugares de vida en el exilio. Verano de 2009


Durante muchos años la tragedia del pueblo saharaui se ha identificado sobre todo con la terrible situación de los refugiados en los campamentos situados en la Hamada de Tinduf, al oeste de Argelia. Representaban el símbolo de una comunidad expulsada de su tierra, tenazmente defensora de su identidad y dispuesta a los mayores sacrificios mientras esperaba ansiosa, con la paciencia que proporciona el sentirse convencida de sus derechos, el cumplimiento de la legalidad internacional, que simplemente se limitaba, en sucesivas Resoluciones, a plantear, mediante referendum, el fin del proceso vergonzosamente iniciado con la ocupación por la fuerza en 1975. Hoy se sabe ya que aquella "marcha verde" que invadió el territorio español y que forzó al llamado Acuerdo de Madrid de cesión del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania fue apoyada, tras consulta, por Estados Unidos durante la presidencia de Gerald Ford, culminando en una de las experiencias internacionales más ignominiosas del último cuarto del siglo XX. Obviamente aquel Acuerdo fue considerado ilegal a todos los efectos. Un baldón en la Historia contemporánea de España.

Sin embargo, lo que está ocurriendo en noviembre de 2010 aporta una dimensión nueva que, además de mostrar la gravedad de las condiciones en que se encuentran los saharauis que habitan el territorio ocupado, desbarata por completo los argumentos engañosos de Marruecos y las opiniones que desde Europa secundan las pretensiones de ese gobierno autocrático al proponer una opción que la comprobación de los hechos revela tan ofensiva como insultante. El ofrecimiento marroquí de sustituir el referéndum exigido por la ONU por un plan de autonomía constituye una afrenta cuando se observan las razones que han dado origen a la instalación del campamento en las proximidades de El Aaiun, la violencia con que ha sido desmantelado, la represión, el amedrentamiento y los saqueos sufridos por la comunidad saharaui y, lo que no hay que pasar por alto, la manipulación informativa propiciada por la imposibilidad de acceder a la capital del Sahara Occidental para conocer lo ocurrido y dar cuenta de ello a la comunidad internacional.
Pues, ¿qué fiabilidad, qué garantía, tiene un plan de autonomía aplicado a un territorio que ha sido agresivamente colonizado y cuyos residentes originarios aparecen sometidos a un proceso de marginación que les convierte en súbditos discriminados, sin posibilidad de acceder a los mismos derechos que se otorga a los ocupantes? ¿qué confianza, qué credibilidad, merece un país que vulnera los derechos a la información y a la verificación de lo sucedido, demostrando con arrogancia inadmisible un desprecio absoluto a las normas que regulan la libertad de expresión y el derecho a una información veraz, máxime cuando hay pruebas evidentes de violencia y maltrato?

Tinduf, Gdeim Izik. He ahí dos lugares que se unirán para siempre en la historia de la infamia y en la vulneración de los derechos humanos. Por si faltara una muestra más de la magnitud en que se plantea la tragedia saharaui, ya no hay duda que valga. Todo ha quedado en evidencia: tanto los exiliados como los residentes conforman una comunidad que siempre será maltratada por Marruecos. El colonialismo ha quedado en evidencia a través de la usurpación de los derechos y las propiedades. En el Sahara Occidental lo mismo que en Palestina. Dos situaciones que se entrelazan mientras los grandes del mundo asisten impávidos y cobardes a la ceremonia implacable de la destrucción. De ambas me he ocupado varias veces en este blog, pues son causas que defiendo de manera decidida.
Y, por lo que respecta al Sahara Occidental, a la tierra de Saguia el Hamra y Río de Oro, no cabe otro sentimiento que el que mezcla la solidaridad con la decepción. Solidaridad que será larga pues la batalla se muestra interminable. tras siete lustros de ilegalidad impune. Y decepción brutal y desconsolada ante lo que estamos viendo: silencios clamorosos en los cuatro vientos, muestras indecentes de hipocresía, ningún atisbo de condena ni denuncia de los hechos (salvo las honrosas excepciones de los Parlamentos de Andalucía y Navarra), miembros del gobierno español que se contradicen con declaraciones lacónicas y de circunstancias sin saber qué más decir, visitas vergonzantes a Argelia para aplacar al Frente Polisario, declaraciones contemporizadoras y elusivas del problema, Unión Europea sumida en sus aspavientos sin rumbo, en manos de liderazgos mediocres, mientras consiente con todo lo que debiera indignar su personalidad tradicionalmente defensora de los derechos humanos, intelectuales de fuste a los que solo interesa destacar “au dessus de la mêlée”, tertulianos de rabia incontenible que apenas mascullan vaguedades cuando de la catástrofe se trata, infomativos de la televisión pública que relegan la noticia al cuarto plano. Miseria por doquier, adobada de mala conciencia que fuerza a bajar la vista y hundir la cabeza. ¿Sensación de impotencia, olvido deliberado, hastío incontenible?
En fin, mi amiga Antonia Pons Valldosera, a quien admiro desde que la conocí en este espacio y luego personalmente, y que se ha revelado como una luchadora sin fisuras por esta noble causa, mostraba hace unos días aqui mismo su fatiga, su pesar porque el paso del tiempo es ya excesivo y demoledor. Comparto su sensación, pero me resisto a hundirme en ella. No podemos tirar la toalla, por más que el panorama de los que debieran hacer algo sólo invita al desencanto. Y es que, ocurra lo que ocurra, la historia del Sahara Occidental siempre habrá de ir unida a la de los españoles. Jamás nos podremos desprender de ella.

11 comentarios:

  1. ¿Y cual es la postura oficial del gobierno español sobre este tema? Me encantaria conocerla.

    Un abrazo amigo.

    ResponderEliminar
  2. Cornelivs,
    No hay postura. Demasiado arriesgado.
    Uff, qué duro decir esto.Perdona Fernando, pero este tema me toca tan dentro...
    Por un lado la falta de humanidad de los humanos y por otro mi indignación contra un pueblo al que aquí le damos todo.
    Recuerda, vivo en Almería, en donde hay poblaciones en las que el 30% de los habitantes son inmigrantes en su mayoría marroquíes.
    Y perdemos tanto los de aquí por dárselo a ellos...
    Lo siento, de veras, pero es así.
    HOy estuve en el hospital.
    6 meses para una cita.
    Un inmigrante la tiene de inmediato.
    :(
    Y ellos ...

    ResponderEliminar
  3. Yo viví en El Aaiún desde 1965 hasta 1974, aunque con los años ha variado mi opinión sobre todo aquello. No quiero volver allí porque lo que hay ahora no es lo que yo conocí y no deseo ver en qué se ha convertido. Me parece vergonzosa y lamentable la situación de los saharahuis, pero no soy nada optimista sobre su futuro. NADIE va a enfrentarse a Marruecos por ellos. ¿Cuántos son? ¿Setenta mil? ¿Un millón? ¿Quién va a jugársela por darles un país, una identidad física y política? España se juega la pesca, los acuerdos sobre inmigración y lucha contra la droga, entre otras cosas. No entiendo ni torta de relaciones internacionales pero sé que ese delicado equilibrio se basa en buenas palabras, medidas con mucho cuidado, y pocas acciones siempre cautas, no vaya a ser que provoquemos un conflicto de imprevisibles consecuencias. ¿Tendrá que ser otra vez el amigo americano el que de un plumazo instale un gobierno afín a sus intereses? Quién sabe... Mi cuñada y mis sobrinos quieren llevar las cenizas de mi hermano a El Aaiún, pero ya ves qué panorama...
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. La cosa está muy mal y opino lo mismo, España no se va a implicar más de lo que lo está haciendo. ¿Cual es para mí el problema más grave?, la cantidad de vidas que se está cobrando esta guerra, independientemente de todo lo demás aunque todo lo demás es lo que ha desarrollado todo lo que está sucediendo.
    Entiendo y me solidarizo con esa rabia e impotencia que percibo en tus palabras.

    Un abrazo, didi.

    ResponderEliminar
  5. Mi adhesión a todo lo que expones es total e incondicional. Y antes que caer en la desesperanza total, me quedo con tus palabras que hago mías:

    "No podemos tirar la toalla, por más que el panorama de los que debieran hacer algo sólo invita al desencanto".

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Fernando, pasé ayer por aquí, leí tu artículo y no sabía qué decir, qué añadir a la indignación, primero porque no tengo tantos datos como tú, segundo, porque ya no se sabe cómo expresar tanto cabreo (perdona esta palabra). Veo las noticias y no sé qué hace el gobierno español dando excusas ante esa foto trágica de un hombre atropellado con crueldad por la policía marroquí. Y esa es sólo la parte visible, porque el asesino no quiere testigos de sus tropelías, así que medios de comunicación fuera, no vayan luego y lo cuenten. Se están poniendo al nivel de los israelitas con la franja de Gaza. Me da mucha pena, porque yo he vivido en Marruecos y le tengo mucho cariño a su pueblo, que, por cierto, está absolutamente convencido, en general, de que el Sahara es suyo y nada más que suyo. En fin, lo que sobra allí no es conciencia ni cultura, y sus gobernantes no les van a dejar informarse más allá de lo que les convenga. En fin, un terrible episodio más de violencia y genocidio que añadir a la escalofriante lista.

    ResponderEliminar
  7. Mira, no puedo decir más de lo que ya te dije en el post anterior y creo que lo que dice YOLANDA, desgraciadamente, es muy certero. Ningún país se va a enfrentar a Marruecos por un millón de habitantes. Cuando los "intereses" son tan importantes y vemos cada día como lo material, el dinero, es lo que más importa hoy en día... Besotes, M.

    ResponderEliminar
  8. Me duele ver como se dice: "Qué entre unos y otros..."

    Parece que nos hacemos insensibles a los problemas, nos interesa más cualquier (famosete/a) a nivel de calle que estos conflictos que duelen tanto y tanto daño hacen.
    No tenemos perdón por mirar para otro lado.
    La solución... creo que se llama Conciencia.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  9. Siento dolor (¡tanta gente sufriendo tanto injustamente) y vergüenza (¡tantísima gente mirando para otro lado y silbando una cancioncilla...!).

    ResponderEliminar
  10. Fernando; sabes que me uno a todo lo que dices y me adhiero a que no debemos arrojar la toalla pero, me temo que nadie va salir en defensa de esas pobres gentes por lo que en otras ocasiones hemos comentado ... Y lo peor de todo, es que siempre les toca a los más débiles ... ¿ Por qué Marruecos siempre se aprovecha de nuestra debilidad....? Me imgino que tú, lo sabes igual que yo.... Sólo nos queda un poquito de esperanza que es lo mismo que se haga justicia con ellos.Que tengas una estupenda semana y, recibe un abrazo cargado de esperanza por las causas que nos parecen más justas

    ResponderEliminar
  11. ESCRITOR,POETA Y AMIGO:
    LEERTE ES UN PLACER.EXPLICAS LAS COSAS CON UNA CLARIDAD UNICA..
    ESPAÑA ALGUNA VEZ DEBERA JUGARSE DANDO SU OPINION PUBLICAMENTE.
    BESOTES
    SILVIA CLOUD

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails