4 de marzo de 2011

Cuando lo visceral prima sobre la razón: Joseph Fontana y Jordi Nadal rechazados como Doctores honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona


De cuando en cuando el panorama universitario español se ve sacudido por noticias que dejan sin palabras. Ya sé que no se debe recurrir a un acontecimiento lamentable para significar con ello lo que ocurre en una institución que, ante todo, es compleja y de una enorme heterogeneidad. De todo hay, en efecto, en ese mundo de enseñanzas e investigación merecedoras de todo tipo de balances y evaluaciones. La excelencia coexiste con la mediocridad, el oportunismo con la labor rigurosa, independiente y sacrificada. El caradura con el serio y responsable. Que cada cual asuma su cuota de responsabilidad y que los mecanismos que ponderan el trabajo realizado lo coloquen en su sitio, ya que, a la postre, tarde o temprano, se sabe diferenciar, en ese mundo heteróclito y repleto de contradicciones, lo que es ganga y lo que es mena.
Mientras tanto, resulta difícil comprender sucesos que claman al cielo y ofenden la inteligencia. En la Universidad Autónoma de Barcelona, aquélla que en los años setenta brillaba como "isla de libertad", los miembros de la Junta de Facultad de Filosofía y Letras han rechazado la propuesta de nombrar doctores “honoris causa” a los historiadores Joseph Fontana y Jordi Nadal. Han bloqueado así un proceso que debía culminar en el Consejo de Gobierno de la Universidad y en el reconocimiento merecido por dos grandes intelectuales catalanes. Apenas ha trascendido la noticia, lo que resulta escandaloso dada la relevancia del hecho. Personalmente, he tratado de averiguar los argumentos que han llevado a tomar esa decisión por parte de los colegas que, académicamente, están más vinculados a la labor realizada por ambos historiadores.

Las respuestas de quienes me han comentado el tema han sido de indignación y de rechazo, de malestar y de vergüenza, por la sencilla razón de que no hay argumentos racionales que justifiquen tamaño disparate. Simplemente se ha desestimado su nombramiento por que sí, porque no se desea reconocer lo que sus figuras significan en la historiografía española y universal. No hay más razones que las personales, aquellas que emanan de la visceralidad, de la envidia, del rechazo por motivos inconfesables, que llevan al silencio vergonzante y a la incapacidad de justificar la decisión tomada. Simplemente porque sí.


Considero que, más que de una injusticia, se trata de un insulto y una ofensa a la Universidad, a la ciencia y a la cultura. No entraré a valorar aquí la trayectoria de ambos profesionales de lo mejor de nuestra ciencia histórica, aunque ya he hecho referencia en una ocasión a Joseph Fontana, pero aconsejo consultar en Internet la trayectoria de uno y otro para darse cuenta del disparate cometido. Y no es el único, por cierto. En un marco dominado por la endogamia y la introversión curricular, los casos de rechazo al de fuera han estado omnipresentes en la Universidad española desde hace mucho tiempo, aunque paradójicamente se han agravado a raíz de la Ley de Reforma Universitaria de 1983, sin que apenas se hayan tomado medidas para evitar sus efectos más negativos y pese a que no son pocos los rectores que, una vez fuera del cargo, se lamentan de que eso haya sucedido.


Una de las experiencias más lamentables en este sentido fue la vivida por Emilio Lledó, el gran pensador y miembro de la Academia de la Lengua. Siendo catedrático de Filosofía de la UNED concursó a una plaza del mismo rango en la Complutense de Madrid. Sus méritos eran apabullantes... pero no lo consiguió. Fue desestimado, no sin antes conocer la afirmación de uno de los miembros de la Comisión encargada de resolver el concurso: “ la plaza será para Fulano (el de la casa), y la conseguirá aunque se presentara el mismo Hegel”. No es lo que siempre ha ocurrido, pero ha ocurrido en varias ocasiones.

He recibido el documento que recoge una carta de apoyo a los Dres. Fontana y Nadal. La incluyo aquí para dar cuenta de la respuesta que una medida tan arbitraria exige.


16 comentarios:

  1. Situaciones como esa me escandalizan. Son signo de una descomunal barbarie, aunque se den en el seno de la institución protectora y productora del saber. Vaya perla eso del "porque sí" como principal argumento de los "maestros" de Filosofía y Letras. No es justo generalizar, como tú mismo aconsejas, Fernando, pero tampoco creo que sean casos tan infrecuentes ni aislados. Todos conocemos alguno, al menos del estilo del que cuentas de Don Emilio Lledó. Te felicito por tu valiente denuncia y te apoyo. Saludos.

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  2. Todo lo que denuncias es fruto de esas raíces medievales que siguen caracterizando a la Universidad de este país. La máxima expresión de la endogamia universitaria está presente en los concursos y tribunales para acceder a las plazas oficiales de docencia universitaria. Antes de llevar a cabo dichas oposiciones ya está decidido quien ha de ganarlas: siempre el candidato de la “casa” , o sea el becario o asociado a un departamento del centro que convoca dicho concurso. Tiene garantizado los votos de la “casa” y a los ajenos a dicha “casa o facultad” se les exhorta a votar al mismo candidato. “Hoy por mí y mañana por ti” Es el lema.... ¡¡¡¡BOCHORNOSO!!!!

    Pero tengo la convicción de que el cambio si no se genera desde dentro nunca alcanzará esa renovación hacia un sistema más honesto y democrático.

    Tu entrada en este blog y cartas similares a la que citas pueden abrir brecha en ese camino que tanto cuesta trazar y recorrer...

    Un abrazo

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  3. Es tremendo. Una de las dos Españs iba a helarnos...¿per saecula saeculorum?

    Gracias por informar del tema, que yo desconocía.

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  4. Algo que por desgracia sucede a menudo. No vale más el el más vale, amigo Fernando.
    ¿Quien no conoce alguna injusticia de ese tipo?

    Un abrazo

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  5. No puedo opinar porque no conozco la universidad española pero me fío de tu criterio, querido Fernando. A esos profesores no les conozco pero sí he leído al maravilloso Emilio Lledó. Me parece una mente muy privilegiada de este país. No obstante iré al link que nos proporcionas y les apoyaré. Besotes, M.

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  6. No he podido acceder al link. Besotes de nuevo, M.

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  7. En la UJI (Universidad Jaume I) de Castellón ocurre algo parecido. No sé qué pasa en las Universidades, pero la política campa a sus anchas...

    Un abrazo.

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  8. Cuesta creer que unos señores/as que se dedican a la ciencia, a la investigación, al pensamiento, al apostolado docente se dejen llevar por inquinas y gazmoñerías, por intereses extracurriculares y politequerías, que van dañando las instituciones. Cuesta aceptarlo.

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  9. No me lo puedo crer...

    Un abrazo.

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  10. Esto es una vergüenza, como puede pasar con dos de los mejores historiadores contemporáneos de nuestro país. Mi sentido homenaje a Nadal y su tesis sobre "el fracaso de la revolución industrial en España" y a Fontana y su tesis sobre "la crisis fiscal de la hacienda de Fernando VII". Seguro que sus palabras perdurarán más allá de las que han votado en contra de su legítima recompensa institucional.

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  11. ESCRITOR,POETA Y AMIGO: POR AQUI TAMBIEN SE COMETEN INJUSTICIAS SIN TENER EN CUENTA CAPACIDADES Y ESFUERZOS...
    UNA PENA...
    BESOTES
    SILVIA CLOUD

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  12. ¿Será que no ha llegado la transición democrática a la universidad española? Puesto que buena parte de las decisiones y nombramientos se realizan por cooptación, la vieja universidad franquista se mantiene viva en buena medida. Así todavía hay universidades que mantienen a Franco entre sus doctores. No entiendo cuál es la superioridad de los méritos de Serrat (por quien tengo un enorme respeto) para nombrarle doctor, en relación con estos dos historiadores de prestigio internacional contrastado. En fin, Fernando, con la mezquindad hemos topado.

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  13. No puedo opinar porque desconozco el fondo de este tema, aunque creo imaginarlo. Son muy diversos los comentarios sobre este tema, que a mi personalmente me da vergüenza, pero también es cierto que esto se multiplica por mil porque viene de Catalunya. Se diga lo que se diga.
    Las explicaciones de las “autoridades” académicas trazan un amplio arco que va desde las gastadas y conocidas excusas formales y burocráticas hasta la estupidez más evidente. Según se comenta, si bien el departamento de Historia Moderna y Contemporánea apoyó masivamente el nombramiento de Josep Fontana (52 votos a favor, una abstención, un voto en contra), departamento del que él mismo fue profesor, los llamados “minnesotes” del departamento de Economía e Historia Económica han querido, y han conseguido, hacerle la cama a Jordi Nadal. Otras voces señalan tenebrosos asuntos como la falta de catalanidad de los aspirantes (¡de risa tía Felisa!) y, en el caso de Josep Fontana, su conocida -y admirada por muchos- adscripción marxista. Como en los buenos tiempos: ¡rojos no!
    No es hacia ti, Fernando -todo al contrario- porque muy claro lo dejas, en este caso me pongo a tu lado no por quedar bien sino porque tienes razón en cuanto a Libertad y Democracia en las Universidades catalanas. Por si fallase la memoria sobre temas de catalanidad: a finales de los años cincuenta, cuando hablar en catalán en el ámbito público era asunto de alta y arriesgada tensión o cuanto menos de menosprecio, un grupo de jóvenes intelectuales publicó una revista en catalán, clandestina desde luego. Quaderns de cultura catalana era su nombre; el alma de la misma era Josep Fontana, un historiador, un maestro, del que tantos y tantos ciudadanos catalanes no hemos dejado de aprender durante décadas, y la organización en la que militaban era el PSUC, el partido de los comunistas catalanes, el partido de Joan Comorera, Gregorio López Raimundo, Teresa Pàmies y Manuel Vázquez Montalbán.

    CORNELIUS. Puedo preguntarte con todo respeto que es lo que no te puedes creer. [No hay ningún síntoma de doble intención en mi pregunta]
    JUAN NAVARRO. Doctor honoris causa es un título honorífico que concede una universidad a personas eminentes. Esta designación se otorga principalmente a personajes que se han destacado en ciertos ámbitos profesionales que no son necesariamente licenciados en una carrera; históricamente un Doctor honoris causa recibe el mismo tratamiento y privilegios que aquellos que obtengan su doctorado académico de forma convencional, a menos que se especifique lo contrario.
    Disculpa la extensión de mi comentario.
    ¡Caramba! Menos mal que no se el fondo del tema, que si no….
    Un abrazo.

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  14. Me ha encantado el blog! continuare leyendolo

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