4 de noviembre de 2014

Un presidente letal para la Unión Europea

No cabe la menor duda de que el nombramiento de Jean Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea está fundamentado en la presión de los grandes lobbys o grupos de intereses que pululan por los despachos comunitarios en Bruselas y cuya fuerza ha acabado imponiéndose sin ningún pudor y con la aquiescencia de la mayoría del Parlamento Europeo. Y lo digo convencido y sin ninguna reserva. ¿Cómo es posible que la austeridad a que se han visto y se ven sometidos los países del Sur coincida en el tiempo con la acentuación de los privilegios fiscales en el seno de la Unión, que se dice integradora? ¿En qué han quedado la Carta Social Europea y los principios de la cohesión económica, social y territorial preconizados desde el Acta Única en 1986? Todo es papel mojado cuando precisamente uno de los artífices de esa ruptura de la solidaridad es el sujeto llamado a gobernar la Comisión en los próximos cinco años.

En los últimos días han aflorado por doquier los corifeos que lanzan alabanzas de la época de Durao Barroso, sin reparar en ningún momento en la catástrofe que ha supuesto la complicidad de la Comisión con los otros elementos de la troika en la política que ha destrozado la situación de los trabajadores y de los sectores más vulnerables de la sociedad, mientras pasan por alto lo que finalmente se ha descubierto, aunque todo el mundo lo sabía: el escándalo que supone la existencia de paraísos fiscales en el propio espacio comunitario, con el agravante de que el país donde solo se tributa por beneficios el 1% es el que durante años ha sido presidido por quien, sin mover un dedo en pro de los países que ven desangrarse sus capacidades recaudadoras, consiente y tolera tan ignominiosa vulneración de la solidaridad. La excelente labor llevada a cabo por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ha permitido sacar a la luz una información esencial en este sentido. ¿Quién sostiene, pues, el edificio fiscal de los Estados? Muy sencillo: los trabajadores por cuenta ajena. De ellos dependen los ingresos del Estado, obligando al endeudamiento y a la acentuación del déficit, cuya corrección recae sobre los propios trabajadores y sus derechos.

Es el círculo vicioso en el que se apoya el agravamiento de las desigualdades. ¿Cómo se puede presumir en estas condiciones de espacio integrado y cohesionado? Sencillamente, el hecho de que ese tal Juncker ostente la responsabilidad que ostenta es una indecencia. En otras palabras, el nuevo presidente de la Comisión es un elemento demoledor para la supervivencia de la propia Unión Europea tal y como creíamos que estaba concebida. Y de paso no estaría de más que la cohorte de los economistas de cámara que respaldan las políticas basadas en el austericidio social tuviera una brizna de principios éticos para considerar el hecho que comento como un factor indisociable de la crisis en vez de rendir pleitesía a los que sólo saben invocar la lógica de la flexibilidad y de la competitividad a cualquier precio para afrontar el desastre al que nos ha llevado el pensamiento único al servicio de los grupos de intereses que gobiernan la Unión Europea. Sus grandes silencios en este sentido invalidan sus diagnósticos y sus recomendaciones. 


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