21 de octubre de 2012

El legado de Patxi López: una huella imborrable en la historia de Euzkadi y de España



Deseo reivindicar aquí, y con plena convicción, la figura y la obra de Patxi López y de su gobierno en el País Vasco. En mi opinión, no creo que haya habido otro en la historia de esa Comunidad con tanto sentido de la responsabilidad colectiva y de la integración social y cultural a la par que con tanta dignidad  en sus comportamientos y actitudes. Echaremos de menos su lenguaje sensato, ponderado y sincero, sus reflexiones constructivas, sus advertencias bien pensadas y oportunas, sus ideas en pos de una Euskadi diferente de lo que ha sido mientras ha estado sojuzgada por la muerte y la extorsión, con las que tantos han contemporizado y que ahora se alzan con el salto y la limosna. En su época de gobierno se ha alcanzado la paz. ¡Al fin la paz en Euzkadi ! Que nadie lo olvide o ignore. 

Si las críticas de sus adversarios han hecho sobre todo hincapié en los efectos que la crisis ha tenido durante su mandato- por más que al tiempo haya hecho mella sobre el conjunto de España y en la mayor parte de la UE con niveles aún más acusados -,  es difícil cuestionar el valor aportado por la imagen de cordura y sensatez que se echaba de menos en ese territorio repleto de gritos, soflamas, demagogias, exclusiones y violencia de toda laya y condición. Al parecer poco han importado sus cualidades comprobadas en un escenario donde el espíritu de revancha y de tópicos vertidos sin pudor hasta la saciedad crearon una atmósfera en la que la sensibilidad hacia el diferente y el acosado tenían insuficiente cabida. Sus aportaciones al debate político son tan meritorias como lúcidas, fiel reflejo de una postura decididamente empeñada en despejar con sólidos argumentos las adherencias equívocas o las manipulaciones programáticas defendidas desde el soberanismo, ya sea en Euskadi o en Catalunya,  deliberadamente sesgado y falto de la indispensable claridad con la que debería ser sometido al juicio de una ciudadanía consciente. 


Nos costará a muchos no sentir desde los órganos de responsabilidad las voces de Rodolfo Ares, de Isabel Celáa y de tantos otros y otras que, con educación y prudencia, han hecho ver la calidad que poseen algunos de los políticos que enriquecen el debate en ese país tan interesante y hermoso como atormentado. Me cuesta entender el resultado de esas elecciones que han dado la victoria a un político como Iñigo Urkullu, del que hasta ahora no se ha conocido otro arte que el de la descalificación desde la arrogancia del que considera al País Vasco como su patrimonio. Veremos qué nos depara el futuro, ni fácil ni seguramente confortable para un amplio sector de la sociedad vasca cuando precisamente López trató de integrar a toda ella, a la que le apoyaba y a la que no, en un ambicioso proyecto colectivo como jamás se había visto en la tierra de los hijos de Aitor. 

Mientras tanto, y recordando la figura del gran lehendakari que ha sido Patxi López, qué menos que despedirle con un abrazo mientras se le desea la mejor de las suertes a los compases del Agur, Jaunak.




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