11 de febrero de 2017

La dignidad de la Dra. Rosa Berganza Conde



Como universitario y como burgalés me siento orgulloso de Rosa Berganza Conde. Es la primera vez que he leido unas declaraciones tan contundentes sobre la situación de una Universidad. Las hace con valentía, con seriedad, con conocimiento de causa, con inteligencia, con sentido de la ética y de la responsabilidad que se presumen inherentes a una entidad pública de esa envergadura.

En medio de un ambiente condicionado por el modelo de gestión mafiosa llevado a cabo por Pedro García-Trevijano y Fernando Suárez, el indecente rector plagiario (contrastado y verificado), la Dra. Berganza asume, al presentar su candidatura al Rectorado de la Universidad Rey Juan Carlos,  la tarea de intentar contrarrestar y poner fin a esa hidra de corrupción en la que, al parecer, ambos sujetos han convertido durante sus mandatos a esa Universidad madrileña. Sin duda, no lo va a tener fácil, pues el panorama con el que se encuentra está mediatizado por intereses y sinecuras que se verían amenazados de triunfar una candidatura crítica y honesta. Pero la verdad es que sólo el hecho de denunciar ese lodazal y de atreverse al propósito de limpiarlo hace de mi paisana una colega merecedora de la mayor admiración y del deseo más ferviente de que el éxito le acompañe.

Representa además un símbolo valioso para ese conjunto de la sociedad burgalesa, repleto de personas valiosas, que sobrevive, autodignificada, en una ciudad donde han sido y siguen siendo innumerables las muestras de caciquismo, mediocridad y espiritu reaccionario. Cada vez que recuerdo que un rector de la UBU se negó a dar el nombre de Clara Campoamor a la Biblioteca de la Universidad mientras nombró a Rouco Varela doctor honoris causa, siento que se me abren las carnes.

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