25 de junio de 2026

La tragedia sísmica asuela Venezuela


 Es un hecho comprobado desde el siglo XVIII que la corteza de la Tierra está en continuo movimiento. Nunca se detiene. En 1912 Alfred Wegener plantea la "deriva de los continentes" como teoría científica para explicar la dinámica terrestre, aunque ese enfoque no será asumido hasta los años sesenta del siglo XX cuando se consolida - merced a las aportaciones y comprobaciones efectuadas por Morley, Vine y Matthews - como un nuevo modelo global interpretativo de la configuración geológica y geomorfológica del planeta al demostrar que el magnetismo de las rocas oceánicas registra inversiones regulares del campo magnético, dispuestas simétricamente a ambos lados de las dorsales oceánicas, confirmando así la expansión de los fondos marinos.

Su fundamento científico estriba, pues, en los desplazamientos asociados a las placas tectónicas que, movilizadas a su vez por las tensiones desencadenadas en las dorsales oceánicas, estructuran la superficie terrestre y evolucionan en función de las dinámicas ofrecidas por los dos grandes tipos de fallas que delimitan sus respectivos perímetros.



Las responsables de los seísmos que están afectando a Venezuela son las llamadas fallas de transformación o transcurrentes, es decir, las que determinan los deslizamientos de las placas tectónicas al modificar los contactos de sus superficies entre sí. El intervalo de recurrencia (es decir, el periodo entre dos eventos sísmicos comparables) es más dilatado en el tiempo que en los sistemas de fallas de subducción (responsables de los terremotos que afectan a Chile, Japón, México o Nicaragua), en los que una placa tectónica se desliza bajo otra.
El seísmo ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026 es idéntico al que sacudió a ese país en 1902. Con más de un siglo de diferencia, los terremotos han tenido su epicentro en la misma región, pues se ha comprobado que el tipo movimiento (dos seísmos con intervalo de 40 segundos) responde a la fractura en un segmento de la falla en sentido lineal que puede propagarse a otro segmento de manera casi instantánea.

El 80% de la población venezolana reside sobre las fallas de transformación más activas. Todas las ciudades principales están construidas en el límite entre las dos placas (la del Caribe y la Sudamericana). Debido a que los terremotos son relativamente poco frecuentes, la población y el gobierno tienden a olvidar que Venezuela es un país sísmicamente activo, lo que representa un factor de vulnerabilidad adicional y de insuficiente gestión de las medidas preventivas desde el punto de vista urbanístico e infraestructural. Los altos edificios construidos en Caracas y La Guaira sobre suelos sedimentarios sufrieron gravemente los embates del terremoto, como ha ocurrido en las áreas residenciales de Los Palos Grandes o Altamira, al este de la ciudad mientras los barrios construidos sobre roca madre —en particular las favelas y los edificios de poca altura— han resistido mejor la catástrofe.

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