El mundo se está volviendo cada vez más caótico y difícil de interpretar. La guerra ha vuelto a estar presente, los desastres ecológicos se suceden uno tras otro, las sociedades se fracturan, las solidaridades se quiebran y la extrema derecha, con su simpleza ideológica, parece ganar terreno por doquier. Podemos percibir que en este desorden generalizado aparecen entreveradas tres crisis —los tres pilares de nuestro problema—, aparentemente independientes, pero en realidad estrechamente interconectadas: una crisis económica, una crisis ecológica y una crisis antropológica.
Las tres se sustentan en la misma dinámica: la acumulación desaforada del capital, con sus efectos destructivos sobre las economías, la naturaleza y la humanidad. Como resultado, estas crisis se retroalimentan entre sí y no se vislumbra ninguna solución, al menos no mientras las sociedades sigan centrando su atención en el capital y en menoscabo de la sociedad y de la preservación de la Naturaleza.
Por ahora, el fracaso del neoliberalismo está dando origen a un monstruo: un nuevo tipo de capitalismo de Estado, expresivamente identificado con China y Estados Unidos, que gestiona la emergencia exclusivamente en interés del capital y encuentra su expresión política en la extrema derecha. Este «capitalismo de emergencia» no ofrece más que destrucción y exacerbación de la desigualdad.
Ante este panorama quienes pretenden frenar este movimiento deben replantearse por completo su estrategia y sus objetivos
No hay comentarios:
Publicar un comentario