Universidad de Salamanca
En el nuevo gobierno de Castilla y León, basado en la mancuerna PP-Vox, la competencia en materia universitaria se desagrega de la correspondiente al sistema educativo. Se pone en marcha la llamada Consejería de Industria, Universidades, Empleo y Comercio. No sé si ésta es la jerarquía del polinomio. Pero, abriendo una reflexión a modo de debate sobre el tema, considero que se hace un flaco favor al complejo universitario - y al modelo educativo en general - al adoptar una denominación que tiene más de marketing y muestra de ignorancia que de iniciativa solvente y operativa.
Y es que la asociación del término universitario al entramado económico sectorial constituye, a mí modo de ver, una simplificación o un reduccionismo que evidencia la ignorancia de quienes así lo plantean.
El hecho de que la Universidad aparezca integrada, y así se ha entendido racionalmente, como un eslabón del proceso educativo no impide, cuando más bien estimula, que una parte sustancial de su labor pueda estar ligada a la gestión de los procesos innovadores que contribuye al desarrollo del entramado empresarial. Así ocurre hasta ahora y así seguirá ocurriendo pues ese engarce resulta consustancial y esencial a la proyección universitaria y a la captación de recursos. Las aportaciones empíricas realizadas en este sentido lo avalan con fuerza.
Considerarla de manera desagregada de la estrategia educativa no aporta nada nuevo, salvo un enfoque que minimiza y relega a una función meramente instrumental el alcance de la función universitaria asimilándola a los paradigmas de simple mercadotecnia cultivadas por las universidades de gestión privada, cuya parafernalia, con un balance cualitativamente muy cuestionado, parece prevalecer en la mentalidad de ese gobierno que se vislumbra en Castilla y León con más sombras que luces.

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