20 de diciembre de 2012

El desastre de las Cajas de Ahorros españolas: la crónica (salvo muy contadas excepciones) de un cataclismo anunciado. El caso de Castilla y León




Resulta sorprendente observar cómo se fueron desvaneciendo, apenas formuladas, y hasta extinguuirse las posibilidades de alcanzar ese "músculo financiero" que pretendía el gobierno de Castilla y León y que, al final, aparece como el ejemplo o la manifestación de una enorme desbandada, de una inmensa frustración para quienes pensaron que el objetiva de articular el potencial financiero de la Comunidad iba a ser posible. Se ha producido, en cambio, una centrifugación en todas las direcciones, en paralelo a su debilitamiento. Fidedigno y elocuente testimonio entre muchos, lo sucedido en la que antaño fue la Caja de Salamanca y Soria (más tarde Caja Duero), y en la que personalmente deposité durante algún tiempo mi confianza, refleja el que cada vez se reafirma más como uno de los principales factores del hundimiento de la economía española y del descrédito creciente, y quizá irreversible, de los que en España se dedican a la política, que tuvo en las Cajas de Ahorros el factor de una parte sustancial de su corrupción. Interesante es la crónica de ese gran periodista que es Pedro Vicente

Basta leerlo para darse cuenta de hasta qué punto el Patio de Monipodio que tan agudamente describiera Cervantes es tan solo un pálido reflejo de lo que han sido la pésima gestión de la casi totalidad de las Cajas de Ahorro Españolas y del foco de corruptelas y perversiones financieras en que se han convertido y que tanto, tanto, tanto nos va a costar hacer frente. Pocas, muy pocas, pueden mostrar una imagen liberada de la impresión de desbarajuste, que define a la mayoría. Sumidas en la lógica rentabilista bancaria, que finalmente las ha hecho suyas - así como a su patrimonio -  garantizando a bajo precio  la supervivencia de sus restos minimizados, se limitan simplemente a conservar una Obra Social residual, declinante, fundamento histórico de su razón de ser y sobre la que, a decir verdad, se cierne un futuro más bien sombrío, cercano, dentro de pocos años, a la irrelevancia e incluso la desaparición, pues apenas poseen ya margen de maniobra financiera que permita asegurar, pese a la grandilocuencia de las declaraciones de sus responsables, la cobertura de los compromisos antaño contraídos

Mientras tanto, los causantes del desaguisado tratan de pasar desapercibidos, eluden aparecer en público, evitan la calle, impúdicamente se muestran ajenos o "ignorantes" del desastre en el que estuvieron implicados y por el que ahora se les imputa... pero sus cuentas corrientes y la fortaleza de su peculio permanecen a buen recuerdo de cara a un retiro inimaginable para la mayoría de los ciudadanos que asisten indignados a un espectáculo indecente. Ninguno, en toda España,  ha sido sancionado o está en prisión. 

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