8 de diciembre de 2012

Al fin, el respaldo abrumador y necesario a una causa justa




Un hecho histórico, un paso importante, una reparación necesaria, un claro abierto en medio de las nieblas atroces de la injusticia, de la humillación permanente de un pueblo y de la ocupación ilegal de un territorio, vilmente expoliado. El apoyo al reconocimiento de Palestina como Estado observador en Naciones Unidas fue abrumador: 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones. Fue emocionante estar ahí cuatro días después de que ocurriera.

La comunidad internacional se ha mostrado sensible al reconocimiento de una personalidad institucional que brillaba por su ausencia, poniendo en entredicho el carácter integrador que ha de tener la ONU y la dimensión efectiva de su apoyo a las sociedades oprimidas y vejadas. Ahora ha dado prueba de esa sensibilidad tantas veces matizada. Se trata de una iniciativa irreversible e indispensable para avanzar hacia una paz justa que dignifique la vida y el espacio de vida del maltratado pueblo palestino. Se ha iniciado un camino sin retorno, que habrá de afianzarse, pese a las insidias y presiones que traten de entorpecerlo, porque así lo exige la legalidad internacional. Y buena prueba de ello lo ofrece el informe de expertos independientes, encargado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, por el que se exige a Israel el desmantelamiento de todos los asentamientos de colonos construidos en los territorios ocupados. Se trata de poner fin a una actividad ilegal, que podría ser considerada como crímenes de guerra.  





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