15 de febrero de 2013

Otra forma de ser político



Siempre me ha atraído la personalidad de Abraham Lincoln. Su figura ha estado asociada a un momento histórico que sin duda ha trascendido a los Estados Unidos para incidir en el resto del mundo como un mensaje repleto de contenidos a favor de la justicia social y de los derechos humanos. Le costó la vida su empeño, al fin logrado, de abolir la esclavitud, objetivo al que no fue ajena la voluntad de la burguesía emergente de la costa Este de eliminar una situación social y económicamente negativa para sus intereses pero que también estaba basada en la convicción, expresamente planteada por Lincoln, de que todos los hombres - todas las personas, se diría mejor hoy - son iguales en derechos y deberes, como se recoge en la placa referida a una de las frases pronunciadas por el personaje, y que se expone en el Lincoln Memorial de Washington.





Tras ver la película que Steven Spielberg dedica a Lincoln, y que me ha parecido excelente y singular en la trayectoria del célebre cineasta, he desempolvado de mi biblioteca el libro que contiene la biografía del Presidente norteamericano, escrita en 1930 por Emil Ludwig (1881-1948), y editada por la Editorial Juventud de Barcelona en 1955. Es un biógrafo de gran calidad, muy prestigioso en su época, autor de obras reconocidas sobre la vida de Napoleón, Beethoven y Stalin, entre otros. Como posiblemente será desconocido por muchos, lo mencionó aquí porque creo que la lectura de sus obras, siempre que se encuentren ejemplares de ellas, merece la pena. 

Pero, sobre todo, el motivo de esta entrada está justificada por la sensación provocada por la lectura de una alusión que el biógrafo hace sobre el carácter del personaje, cuando escribe "Lincoln posee una naturaleza capaz de todas las renunciaciones, una naturaleza que lo hace inmune a todos los peligros de la ambición. Las cosas, más que los estímulos del egoísmo, son las que lo impulsan a obrar. En su espíritu se amalgaman una espléndida objetividad con un vivo sentimiento de la fatalidad, ambos procedentes de su juventud pobre y ajetreada, y esta amalgama lo hace incorruptible" (pág. 895). 

A la vista de lo que observamos actualmente a nuestro alrededor es un texto que hace pensar. ¿No les parece? 

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