8 de junio de 2013

Las Cajas de Ahorros de Castilla y León o la gran desbandada



Mañana de sábado. Día nuboso y primavera rezagada. Regreso de dar un largo paseo junto al río y trato de ordenar algunos de los viejos papeles que ocupan mi espacio. En medio del fárrago, me encuentro con esa portada que no recordaba. Han pasado cuatro años pero parecen muchos más. Conservaré esa revista, porque significa mucho. Ahí están, sonrientes, alegres, encantados de haberse conocido, con corbatas rutilantes y ternos impecables, convencidos de que son alguien, orgullosos de lo que hacen, seguros de lo que dicen, respetados, según creen, por los que les adulan y por los que aún confían en ellos. La imagen de la vanidad cuando todo era vanidad, prestigios infundados, burbujas insaciables y negocios suculentos a costa de los ahorradores embaucados por quienes creían que eran merecedores de su confianza. Han pasado cuatro años y todo eso se ha derrumbado como un edificio de lucro desmedido, edificado sobre la especulación, la insensibilidad, el engaño y la ineptitud para ejercer sus responsabilidades con la profesionalidad que se les presumía y que, sin merecerlo, les situaba en la cúspide de la pirámide social. 

Los gobernantes regionales hablaban entonces del poderoso "músculo financiero" que se iba a lograr con la fusión de las seis cajas de ahorros domiciliadas en una de las regiones con mayor capacidad de ahorro de España. Todo ha quedado en nada, porque bien poco han demostrado valer los que las dirigían. Ni ellos ni la cohorte de consejeros que los acompañaban en el aquelarre financiero y que también y tanto se han beneficiado de él. 

Al final ha ocurrido lo que nadie preveía, aunque, a decir verdad, a nadie sorprende:  la gran estampida, la fuerza centrífuga en todas las direcciones, la desbandada que demuestra la incapacidad para entenderse y para sobrevivir al escándalo. Fotografía imposible de repetir, los que en ella aparecen ejemplifican la catadura de los que gestionaron la mayor parte del ahorro de los ciudadanos en Castilla y León, confiados en sus Cajas de toda la vida. Caja España, Caja Duero, Caja Burgos, Caja Círculo, Caja Ávila, Caja Segovia. Todas desaparecidas nominalmente, todas descapitalizadas,  con fuertes reducciones de plantilladesprovistas de su patrimonio, desacreditadas, con Obras Sociales mutiladas, meramente testimoniales o extintas. Ya no sonríen entre sí los tipos que ahí aparecen. Y es probable que ni siquiera se saluden. Sonríen para sus adentros, satisfechos de que su futuro no corre peligro y seguros de que el tiempo acabará difuminando sus "habilidades". Todos son conocidos, pero ninguno, ninguno, vale gran cosa
, por más que sus cuentas corrientes y sus jubilaciones estén henchidas de muchos ceros a la derecha. Los ceros a la izquierda son, en cambio, para los demás. Que nadie olvide, empero, sus rostros y sus nombres. La historia dejará constancia de ello. La historia y la justicia, de ese rayo que no cesa.  

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