¿Dónde están los límites y las fronteras de la expresión artística? ¿Hasta qué punto los cánones convencionales han quedado, sin necesidad de que hubiera un debate al respecto pero tampoco sin eludirlo ni posponerlo, alterados por el amplio campo de perspectivas y posibilidades abiertas por la creatividad libre, sin restricciones ni estimaciones o prejuicios predeterminados? ¿Se está o no de acuerdo con la afirmación de Eric Sadin cuando define la creación artística "como un gesto singular, en diálogo con la realidad que recompone"?
Si son numerosas las manifestaciones que expresan esta tendencia, lógica por otra parte, hacia el reconocimiento de la heterodoxia estética, el aficionado al disfrute del arte siente un fuerte impacto visual cuando entabla contacto con autores y autoras como Lara Almarcegui. Queda sorprendido cuando trata de profundizar en el significado que la autora otorga a los elementos más deleznables de la Naturaleza antropizada. Derrubios, graveras, arenales, desmantelamiento de suelos, acumulaciones de rocas, materiales de construcción, edificios en demolición y espacios desolados por la marginalidad urbanística (lo que ella llama descampados). Ofrece imágenes provocadoras, refractarias a la indiferencia. Me ha recordado mucho la fotografía impactante de Ricardo González, cuya obra también ha atraído al Museo Patio Herreriano de Valladolid.
Es Almarcegui una autora audaz, que merece ser reseñada. Por los temas y escenarios elegidos, y por su compromiso a favor de la conservación de los paisajes. Con la conciencia de que algo hay que hacer en este sentido, ha trabajado en la gestión y negociación de contratos de derechos minerales, mediante firma de contratos para la protección de suelo, en los que las autoridades dan permiso para la explotación.
Merece la pena adentrarse en ese mundo, que personalmente me atrae, pues me ha permitido descubrir lo que no sabía. Y lo he hecho motivado por el afán de percibir y valorar el significado espacial que tienen los Museos como elementos esenciales del espacio público. Y es que, más allá de ser custodios de colecciones, estas instituciones se transforman en agentes activos de cambio social, tecnológico y territorial.
En un mundo donde la sostenibilidad y la interconexión son prioritarias, estos espacios deben repensar la función que desempeñan y para la que fueron concebidos. Pues el fin no puede ser otro que el de hacerlos mejor conocidos y más participativos Es un gran desafío que exige repensar la relación con sus públicos, abriendo las puertas a todas las voces y demostrando lo mucho que la creación artística puede dar de sí.
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