23 de abril de 2026

¿Es aplicable el principio de la "prioridad nacional" en la gestión pública?

 "Común es el sol y el viento/común ha de ser la tierra/que vuelva común al pueblo/lo que del pueblo saliera".

Son algunos de los versos simbólicos del Himno Comunero que durante años se han cantado en la campa de Villalar y en las tierras inmensas y deseosas de esperanza de Castilla y de León cada 23 de abril.
Cobran fuerza en esta efeméride y también pleno sentido cuando en España se extiende el fantasma de la aberración que puede derivar del pacto de la vergüenza que, suscrito por PP y Vox en la entrañable tierra extremeña, avala obscenamente los instrumentos de la exclusión social asociados a la proclama de la "prioridad nacional" como principio determinante y socialmente discriminatorio de la gestión pública. ¿No les recuerda aquello de "Deutchland, Deutchland über alles"?
Personalmente dudo de que se pueda aplicar, pues los criterios que se esgrimen no sólo conculcan la Constitución sino que al tiempo tropiezan con la propia realidad social, más compleja y renuente a la rigidez discriminatoria que los adalides de esa siniestra idea pretenden llevar a cabo. ¿Cómo establecer los criterios de la prioridad en función de la pluralidad y gravedad de las situaciones planteadas y cómo fijar los indicadores del nivel de "arraigo", noción utilizada como un paliativo amortiguador de la infamia? ¿Cómo imponer a los sanitarios o educadores las formas de discriminación y segregación sin cuestionar o poner en entredicho sus pautas de dignidad profesional?
Para mí la gravedad de la cuestión reside en el mensaje cruel y malsano que se transmite a la sociedad, preñado de ostensible perversión educativa. Preconiza la división, la marginalidad, la fractura, el rechazo a los fundamentos de una sociedad cohesionada e integrada tal y como establecen los pilares en los que se sustentan los derechos humanos. Es un disparate, que inculca en la sociedad un sentimiento de repulsión hacia el otro y hacia quienes están sumidos en la emergencia vital, la necesidad y la pobreza. Supone ese acuerdo una regresión ignominiosa y un deterioro de los principios de solidaridad y respeto que creíamos consolidados hasta qué la xenofobia trata de imponerse sin escrúpulo alguno como guadaña demoledora de lo que la humanidad representa.

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