Conviene echar un vistazo a lo que se escribe y opina en el mundo sobre la situación crítica en la que actualmente se encuentran la ciudad de Ceuta y, en ciernes, los territorios españoles en el Norte de África. Traigo a colación, a modo de muestra, esta entrevista publicada en el diario francés Le Monde, y que resulta elocuente tanto por su contenido como por el debate suscitado por los comentarios que la acompañan.
La conclusión es palmaria: España está sola ante esta tragedia, sin ningún respaldo en el mundo que asegure y avale sus posiciones. No ha habido, que yo sepa, ninguna declaración, institucional o particular de alguien relevante a ese nivel, que haga manifestación expresa de reconocimiento a los derechos que nuestro país alberga en su presencia norteafricana. Sorprende observar que, sin la toma en consideración de los hechos históricos, hay una propensión, explícita o tácita, a identificar los hechos como algo asociado a un fenómeno de carácter colonial. He seguido los argumentos en este sentido y he quedado asombrado del sesgo que ofrecen hasta relegar a España al ámbito de la crítica o de la indiferencia. Ningún organismo internacional ha dejado oír su voz de apoyo al respecto.
España se ve, pues, obligada a afrontar el problema en solitario, lo que obviamente supone un enorme desafío en todos los sentidos, con advertencias tan serias como ineludibles. Admitiendo la envergadura que esa situación requiere desde el punto de vista económico, se impone una respuesta política contundente y bien estructurada que hasta ahora se ha echado de menos. Está faltando una presencia más activa, evitando su ausencia de la escena, del ministerio de Asuntos Exteriores, pues se trata de un tema de alcance internacional, responsable de las negociaciones que, en contacto directo y permanente con Marruecos (en los que también ha de tener una posición sólida y expresa el Presidente del Gobierno), pongan de manifiesto - sobre la base de las posibilidades negociadoras de que se dispone, y que son muchas capaces de introducir efectos disuasorios del chantaje ejercido por Marruecos - la estrategia que España está dispuesta aplicar para que una situación como la vivida no se vuelva a producir.
Y, en esta misma línea, no cabe duda que la aplicación de dicha estrategia implica un gran pacto de Estado, como expresión de un compromiso político integrador de la sociedad española, que hasta ahora, y lamentablemente, ha brillado por su ausencia.

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